viernes, junio 20, 2014

De Cómo los Vampiros se Transformaron en Esferas de Disco (Parte 2)



Drácula vio la luz casi al despuntar el siglo XX, el cual traería cambios significativos en la forma en que la gente se asustaba y entretenía. El cinematógrafo, inventado por los hermanos Lumière, en un principio solo era visto como una entretención sin ningún valor artístico, hasta que a alguien se le ocurrió proyectar historias dramatizadas en la pantalla y nacieron las películas, un género que se alimentaría de las grandes obras de la literatura.

Pero el miedo también cambiaría en las primeras décadas del siglo, y todo esto vendría de la mano de un extraño y larguirucho caballero proveniente de Providence, Rhode Island. Howard Phillips Lovecraft, junto con Poe, Stoker y el más moderno Stephen King, es una de las figuras capitales del terror. Sin la nueva impronta que le dio al miedo en sus escritos, películas tan conocidas como "La Cosa" o "Alien" nunca hubieran existido. No obstante, el vampiro que se venía desarrollando en el siglo anterior y que es definitivamente establecido por Stoker casi está ausente en la obra de Lovecraft. Los no muertos del “Solitario de Providence” responden a su estilo más barroco y, al mismo tiempo, más crudo,  extirpando toda sensualidad o toque de seducción. Con él vuelve el muerto viviente repulsivo, que a veces ni siquiera se alimenta exclusivamente de sangre, habiendo incluso vampiros psíquicos, pero que se encuadran en esa mitología terrible de Lovecraft, donde enormes entidades alienígenas (tanto de otros planetas como de otras dimensiones) asechan a los humanos desde la oscuridad.


Pero nuestro viejo conocido se guareció en la luz parpadeante de los proyectores cinematográficos. Hubo dos adaptaciones anteriores del libro Drácula (rusa y húngara), pero de las que no quedan registros, así que fue en la Alemania de la postguerra donde el ya conocido conde de Stoker saltó a la pantalla definitivamente, pero con un nombre totalmente diferente. En 1922, Friedrich Wilhelm Marnau deseaba fervientemente hacer su adaptación cinematográfica de Drácula, pero no logró conseguir los derechos, por lo cual decidió hacer sutiles cambios a la historia para que pasara por algo diferente. En “Nosferatu, Una Sinfonía de Horror”, Drácula se transforma en el conde Orlok,  un espectro repulsivo con rasgos que nos recuerdan a una rata y que, a diferencia de su contraparte literaria, viaja a Alemania donde extiende la peste en la ciudad de Viborg. Acá vuelve a emerger la vieja imagen del no muerto repulsivo de la edad media, no contando con el toque señorial con que Stoker sazona a su Drácula. No obstante, sigue subyaciendo la lujuria del deseo de sangre del vampiro.


Marnau no fue muy bueno escondiendo que su película no era sino un plagio de Drácula, cosa que la viuda de Stoker no perdonó. Ella consiguió en un juicio que todas las copias del film se destruyeran, aunque un par sobrevivió gracias a las cuales podemos conocer esta joya del cine mudo impresionista alemán. Era una película que hermanaba al vampiro con los miedos que asolaban a Alemania luego de su derrota en la Primera Guerra Mundial, con ratas que propagan la peste del no muerto en una ciudad gris y deprimente. Nosferatu influenció mucho a los directores que luego quisieron adaptar obras del terror gótico al cine, especialmente en su ambientación opresiva y lúgubre. En 1979 el alemán Werner Herzog hizo un remake de la Nosferatu original muy recomendable para quienes no se animan a ver la versión muda y, en el 2000, se exhibió La Sombra del Vampiro, donde se plantea cómo hubiera sido el rodaje de Nosferatu  si el actor que encarnó al conde Orlok, Max Schreck, hubiera sido un verdadero vampiro.
Pero el conde Drácula merecía tener su película como tal, cosa que ocurrió en 1931. Los estudios estadounidenses Universal habían comprado los derechos de varias novelas románticas y góticas para adaptarlas al cine. Ya para ese entonces habían montado con éxito “El Jorobado de Notre Dame” y “El Fantasma de la Opera”, ambas con la actuación de una leyenda del cine de terror, Lon Chaney Sr., quien tuvo siempre la ilusión de representar al monstruo más famoso de todos: Drácula. No obstante, Chaney muere antes de que comenzara a rodarse la película y hubo que buscar otro actor para el protagónico. Al final, los productores se decidieron por un actor que había interpretado al conde en el teatro; se trataba del húngaro Béla Lugosi.



Es con Lugosi que la imagen de Drácula que todos tenemos nace. Fue él quien le imprimió su estampa noble, la mirada intensa que hipnotiza a sus víctimas, el movimiento de las manos como garras para atraerlas, el acento del conde y su manera de jugar con la capa. Como he dicho, antes de Béla Lugosi, Drácula era un noble que poseía a las mujeres por la fuerza, subyugándolas a sus deseos sin importarle nada más, pero a partir de la película de 1931 el conde se vuelve un seductor elegante al cual sus víctimas se entregan voluntariamente, sin poder resistir la atracción sexual que él ejerce sobre ellas.
Es tal la influencia del Drácula de Lugoci que no habrán grandes cambios en la fisonomía del conde a lo largo de los próximos 50 años. Incluso otros vampiros inspirados en él copiarán su talante al dedillo.
El vampiro en el cine de terror reinaría con sus compañeros Frankenstein, el hombre lobo y la momia hasta la llegada de la Segunda Guerra Mundial. Luego, durante lo que quedó de los cuarentas y gran parte de los cincuentas, el género será dominado por monstruos del espacio que intentan conquistar la tierra, algo mucho más a fin con la Guerra Fría.
Pero la literatura es generalmente el lugar donde el vampiro se metamorfosea para estar ad hoc a su época. En 1954, Richard Matheson publica una novela apocalíptica llamada "I am Legend" (Soy Leyenda), en la que nos muestra como el mundo ha sido arrasado por una guerra biológica que ha infectado a los humanos con un virus que produce las mismas características de un vampiro. Gracias a esto, ahora nacían los vampiros biológicos que no achacaban su condición a una maldición mítica, y de paso, uno de los miedos de la Guerra Fría tomaba el disfraz de los chupasangres: ¿Qué sería de nosotros luego de un Armagedón nuclear o biológico? ¿En qué clase de criaturas degeneraremos?. Pues según Matheson en seres paliduchos que duermen de día.


El vampiro biológico no tuvo el éxito que su antepasado mítico, no pudiendo competir con un recién llegado que se adaptó demasiado bien al medio de la ciencia ficción: el zombi. De hecho, cuesta un poco saber en las adaptaciones que se han hecho de "Soy Leyenda" para el cine ("El Último Hombre en la Tierra" [1964], "El Hombre Omega" [1971] y "Soy Leyenda" [2007]) si vemos de vampiros o zombis en la pantalla. No obstante, la obra y las películas son de cita recurrente en la cultura popular estadounidense, siendo incluso parodiadas por los Simpson en unos de los especiales de Noche de Brujas.



Pero los viejos clásicos siempre vuelven. En 1958 el vampiro renace gracias a la productora inglesa Hammer, que consigue los derechos para hacer filmes inspirados en los clásicos de la literatura gótica, presentando dicho año una nueva versión de Drácula llamada “Horror of Dracula”. No era que cambiara demasiado de las películas de Universal, aunque estás eran en color, con un Drácula que mostraba los colmillos (si, aunque no lo crean, Lugosi no uso nunca colmillos postizos) y la sexualidad era más descarada… teniendo en mente lo que se puede considerar descarado para la época.


Pero es un hecho que la serie de Drácula de Hammer no sería lo que fue sin su protagonista. Christopher Lee era un actor inglés que ya había hecho algunos papeles antes (incluyendo el monstruo de Frankenstein) pero que se hace famoso por interpretar al conde transilvano. Su gran estatura (1.96) y su voz profunda le dieron al vampiro una imponencia en la pantalla que no había tenido hasta ese momento. De todas las encarnaciones de Drácula, la de Lee es mi favorita no solo por su excelente actuación, sino porque fue al que conocí desde pequeño, cuando las películas de Hammer llegaron a televisión.
De los filmes del Drácula de Hammer recomiendo dos que le dan un aire novedoso al conde no muerto: Una es "Dracula 1972 AD" y la otra es "The Satanic Rite of Dracula", ambas ambientadas en la década de 1970 (imaginen a Drácula mordiendo chicas hippies) y con la actuación del mejor Van Helsing de todos: Peter Cushing.


Pero Hammer también se dio maña para llevar a la gran pantalla a la antecesora femenina del conde, Carmilla, interpretada por la bella actriz polaca Ingrid Pitt. En estos filmes la productora se atrevió a forzar los límites de lo que era aceptado en la gran pantalla, llegando a mostrar algunos desnudos femeninos parciales y sin sonrojarse al tratar el tema del erotismo lésbico. Fue tan así, que muchas de esas películas fueron catalogadas como pornográficas en algunos países y aún hoy es raro verlas en los canales de cine clásico. De esta serie se pueden también recomendar dos: "The Vampire Lovers" y "Lust for a Vampire".


Pero a pesar de estas películas, existía el problema de que simplemente se recreaban una y otra vez los clásicos del siglo XIX. No obstante, a partir de la década de los setentas nuevos creadores nos mostrarían al no muerto de formas que nunca nos hubiéramos imaginado.

Leer parte 3

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