miércoles, junio 25, 2014

De Cómo los Vampiros se transformaron en Esferas de Disco (Parte 3)



Para la década de los setentas la cosa estaba un poco gastada. Si bien Lovecraft y Matheson habían intentado hacer algo diferentes desde sus respectivas trincheras, la imagen del noble vampiro, y de Drácula en particular, se había enquistado en la mente del público y de quienes no tenían intención de hacer algo nuevo y solo repetir una y mil veces lo ya probado.

No solo fueron los productores de Hammer quienes tomaron al conde y contaron nuevamente su historia, sino que hubo muchos otros y en la misma época. En la década de los setentas no solo Christopher Lee fue la imagen del conde, sino que Jack Palance, Frank Langella y Louis Jourdan se pusieron la capa del vampiro, lo cual es literal, ya que todos, incluso Lee, nunca se sacaron de encima el estereotipo de Lugosi.


También estaban las copias descaradas que sencillamente no se esforzaban mucho en evitar las miradas suspicaces: El conde Yorga era un vampiro que llega a Los Ángeles y ataca chicas guapas para engrosar el grupo de sus novias, usa una capa (un poco más corta que la de Drácula) y un traje negro con reminiscencias victorianas. Por otro lado, tenemos a Blacula, un vampiro de color con capa, traje ad hoc y estilo funky que, por ridículo que suene, protagoniza una película en nada mala. 


Y no podemos olvidar las sátiras (las de arriba son películas serias, aunque no lo crean) en que algunas fueron más acertadas que otras. El conde que cuenta de Plaza Sésamo (Un juego de palabras ya que contar y conde en inglés son la misma palabra: count), el chistoso abuelo de la familia Munsters y el pato vampiro Duckula (Pátula en algunos países) son el conde no muerto en su versión descafeinada para niños.


Pero hay quienes no están felices con lo que hay hasta ese momento e intentan renovar con éxito el género. En 1966 se crea una telenovela de terror gótico cuya trama ocurría en Nueva Inglaterra y giraba en torno a los secretos de una pudiente familia del lugar; pero el programa solo tuvo real éxito hasta que aparece un viejo pariente de la familia Collins, Barnabás. Si bien no era el protagonista desde el principio, es imposible no asociar la telenovela “Sombras Tenebrosas” con el vampiro Barnabás Collins, quien, maldito por una bruja y encerrado en una cripta por más de 100 años, vuelve para vivir entre los humanos. Con Collins se retoma algo que se había dejado atrás con el vampiro Varney y es el no muerto que no está feliz con su estado, guardando suficiente humanidad como para sentir culpa por sus acciones. Es algo semejante a los problemas de adicción, y en esto el vampiro se vuelve la alegoría de algo nuevo, pues Barnabás Collins no puede evitar los dictados de su naturaleza, pero luego de darse un buen atracón de sangre con alguna atractiva chica hippie, siente la resaca y a su conciencia diciéndole que es malo lo que hace.


En esa época también aparecieron en la industria del comic menciones al vampiro, en especial con “La Tumba de Drácula” de Marvel. Si bien, retomaba la historia del conde, la adapta al universo de superhéroes de la editorial y crea personajes nuevos para su línea de terror, como lo son el cazador de vampiros Blade, el detective vampiro Hanibal King y el malvado no muerto Deacon Frost.


Pero debía llegar uno de los maestros del terror moderno para poder dar un giro horroroso (en el buen sentido que se le puede dar a esta palabra según el contexto) al vampiro en la literatura. Stephen King había sorprendidos a todos cuando su novela sobre una chica con poderes telequinéticos salió a la venta. Con “Carrie” como primer éxito, King quiere retomar un clásico del terror gótico y darle su toque personal. En su segunda novela, llamada “El Misterio de Salem’s Lot”, nos narra la historia de un pueblo pequeño que de pronto se ve atacado por una extraña ola de desapariciones desde la llegada de un misterioso forastero a la ciudad llamado Kurt Barlow.


Los vampiros de King dejan de lado la sexualidad y erotismo que hasta ese momento imperaba en sus historias, apelando a un terror visceral en su representación. Después de muchos años, los no muertos volvían a ser lo que fueron en un principio, materia de pesadillas, cosa que se hace patente con las escenas míticas que plagan el libro y que hielan la sangre. Hay una muy conocida en que un niño vampirizado se aparece en la ventana de uno de sus amigos para alimentarse de este último mientras vuela envuelto en niebla. Estos chupasangres son representaciones de la corrupción de la sociedad americana en esa época, con Vietnam en la televisión y Nixon en la Casa Blanca.


Sin embargo, aún quedaba un gran cambio para el vampiro y nacería del dolor de una pobre mujer alcohólica que había perdido a su pequeña hija de 5 años. Anne Rice y su esposo Stand sufrieron la pérdida de su hija Michele debido a la leucemia, lo cual sumió a la pareja en la adicción al alcohol. Mientras estaban inmersos en este estado, Anne comenzó a escribir una novela de vampiros con la intención exorcizar los demonios que la atormentaban, tanto debido a su hija muerta como a los tabúes inculcados por su educación católica; así nació “Entrevista con el Vampiro”, la primera novela de las “Crónicas Vampíricas”.


Los vampiros de Anne Rice no pueden ser llamados en ningún caso no muertos, pues son todo lo contrario. Están tan vivos y llenos de pasión que contradicen todo aquello que se había establecido hasta ahora. No hay cruces, ni estacas o ajos, solo el sol y el fuego les destruyen, siendo todos bellos de una forma casi etérea. En ellos Anne se interna en tabúes que hasta ese momento no habían sido si quiera tímidamente mencionados por otros autores antes. Homosexualidad masculina e incesto son tratados con exquisita elegancia por la pluma de Rice, incluso la relación entre el protagonista de “Entrevista con el Vampiro”, Louis de Pointe du Lac, con la pequeña vampira Claudia se nos presenta como una relación romántica y hermosa, a medio camino entre padre e hija y amantes (suena feo, pero así es).
Pero lo más importante de esta serie de novelas fue el nacimiento de un personaje que, por primera vez en casi un siglo, era capaz de rivalizar con el conde decimonónico de Stoker. Lestat de Lioncourt es un noble francés del siglo XVIII con un hambre por la vida devorador, cosa que solo aumenta exponencialmente cuando se transforma en vampiro. Caprichoso, elegante, seductor y sensible, Lestat es el héroe oscuro que protagoniza casi todas las novelas de la serie y que ha cautivado a lectores por años. Mucho más cercano a la humanidad que sus antepasados literarios, Lestat es más un ángel oscuro que un monstruo demoniaco.


Tanto las obras de Rice como King tienen sus respectivas adaptaciones a medios audiovisuales. Dos miniseries de televisión están basadas en “El Misterio de Salem’s Lot”, una de 1979 y otra en 2004. Por su parte, de las novelas de Anne Rice han sido llevadas al cine “Entrevista con el Vampiro” y “La Reina de los Condenados”.
Luego vinieron los ochentas, el boom  neoliberal, los yuppies y el new wave. Con todo esto, también llegaron nuevos vampiros por diferentes medios. En 1981 Whitley Strieber narró la historia de una hermosa vampira que desde la época del Antiguo Egipto vaga por el mundo prestando parte de su vida eterna a sus amantes humanos. En esta novela, llamada "El Ansia", nuevamente se nos muestra el vampirismo como una condición biológica, postulando a los chupasangres como una especie diferente a la nuestra pero que eran capaces de retrasar el envejecimiento de los humanos dándoles de beber su sangre. Esta historia tuvo su película en 1983 con las actuaciones de Catherine Deneuve, David Bowie y Susan Sarandon, además de un magnifico cameo del grupo de rock electrónico Bauhaus entonando una canción muy ad hoc al film: Bela Lugosi’s dead.


Otra película que es digna de mención es "The Lost Boys", una especie de versión en clave  terror de Peter Pan. En ella los vampiros pierden todo elegancia señorial para transformarse en pandilleros en motocicletas que buscan nuevos miembros para su banda en la costa oeste de Estados Unidos. Esta imagen más punk del no muerto es muy influyente para los autores que seguirían ampliando el mito en la siguiente década.


Para los noventas, los vampiros cambian el énfasis y se vuelven una alegoría de los conflictos adolecentes de la mano de una rubia y guapa porrista. Salida de una película de mala calidad, la serie de Buffy la Cazavampiros fue un éxito por varios años. Inspirada en diferentes fuentes del terror gótico, lo que en realidad quería el creador de esta serie (el afamado director y productor de cine Joss Whedon) era hablar de las cosas que preocupan a los adolecentes en su camino hacia la adultez. La autoridad de sus mayores, la definición sexual, los romances juveniles y temas más escabrosos como las matanzas con armas de fuego en las escuelas americanas fueron tocados en ese programa, logrando una gran teleaudiencia en el público juvenil. Además, la serie fue la primera en crear arcos argumentales que unían los capítulos de toda una temporada, cosa que hoy es una práctica común en televisión.


También por esa época, exactamente en 1992, vuelve el conde Drácula a las pantallas de cine de la mano del director Francis Ford Coppola, quien, casi 100 años después de la publicación del libro, hace la primera adaptación que intenta ser fiel al libro de Stoker. Ninguno de los guiones anteriores hizo plena justicia a la novela original, cambiando personajes, eliminando a algunos o sencillamente transformando tanto la historia que de Drácula solo quedaba el nombre del vampiro. Con Gary Oldman como el conde, la capa y el frac quedaron olvidados para mostrar a un elegante vampiro de pelo largo, traje gris, sombrero de copa y lentes de sol azules.


Un poco antes de eso un producto literario poco común vio la luz y fue el germen de miles de historias de vampiros caceras. Vampiro La Mascarada era un juego de rol de la editorial White Wolf que toma todos los arquetipos anteriores del vampiro y los junta para que puedan ser usados por sus jugadores. Por primera vez en uno de estos juegos, el jugador podía representar al villano en sus historias y esto le encantó a la gente. Mascarada fue tan popular que llegó a competir de igual a igual con uno de los clásicos del género: Calabozos y Dragones.


Hacia el 2002 las editoriales de comic independientes intentaban buscar diferenciarse de las dos grandes e IDW lo logró con “30 Días de Oscuridad”. La historia nos cuenta como un pueblo en Alaska es atacado por hordas de vampiros debido a que en ese lugar la noche boreal dura un mes completo. Estos no muertos son muy parecidos a los de Stephen King en Salem’s Lot y es una excelente historia de terror que ya lleva varios capítulos publicados.


No obstante, antes de seguir, hay que ser justos y mencionar otras obras interesantes que vienen de Japón y que han sabido representar de forma emocionante al viejo chupasangre. Si bien en oriente tienen sus propios mitos de vampiros, en Japón Drácula y la tropa de no muertos que le acompaña desde occidente son muy populares, por lo que se pueden mencionar dos obras que han tenido gran repercusión en nuestro lado del mundo. Ambas tienen su versión manga y anime y son “Vampire Hunter D” y “Hellsing”. Sin complejos en recurrir a la ultra violencia y el Gore, ambas historias nos muestran cazadores de vampiros que al mismo tiempo son no muertos y que están dispuestos a dejar un mar de sangre tras de sí si es necesario para exterminar a sus congéneres.


Entonces viene lo que el título de estos artículos ha adelantado: La Edad de las Bolas de Disco. Seamos claros, no es que las novelas de la serie Crepúsculo sean la debacle del vampiro, y de hecho, todo apuntaba a que las cosas devenían a esto. Ya la escritora L. J. Smith había tocado el tema de vampiros y chicas de secundaria en su serie de novelas The Vampire Diaries, que varios años después fue llevada a televisión y que a muchos que no la conocían les pareció un plagio de Crepúsculo. Sin ir más lejos, Buffy la Cazavampiros y, aunque algo más lejanas, las novelas de la Anne Rice pueden también tomarse como antecedentes.


Sería fácil en este momento caer en el lugar más común de todos y decir que lo que escribió Stephanie Meyer fue lo peor que se les hizo a los vampiros, pero no sería justo. Algún valor debe tener una obra que ha hecho que una generación que parecía perdida para la lectura volviera acercarse a los libros.
Si analizamos la saga de Crepúsculo sin prejuicios es fácil entender cuál es la razón de su éxito. Es sencillo, la protagonista es como cualquier chica común y corriente, el máximo común denominador adolescente, pero logra llamar la atención del tipo más guapo y popular (1) de la secundaria. De hecho, este tipo está perdidamente enamorado de ella y la lleva a unirse a los de su grupo, los populares (1), sin que la chica común se olvide de sus otros amigos, algo perdedores. No obstante, hay otro chico guapo (2) que se interesa en la chica, pero este tiene un aire algo rebelde, cosa que igual atrae a la chica, aunque sigue enamorada del tipo popular que, además de ser insufriblemente guapo, es un caballero intachable que está tan enamorado como para querer casarse con ella. Inserten la palabra vampiro (1) u hombre lobo (2) en la explicación anterior donde corresponda y ya está.


No quiero trivializar en exceso todo esto. No es que todas las chicas sueñen con un romance de este tipo o que solo las adolescentes lo hagan. Ni siquiera tiene que ver con el sexo, pues hay una cantidad apreciable de varones que son fanáticos. El problema es que el vampiro de Meyer se aleja tanto del seductor cargado de erotismo que ha imperado en la mayoría de las novelas, películas y series de TV que era imposible que muchos no arrugaran sus narices ante él. No obstante, se debe reconocer que algunas críticas son totalmente válidas. ¿Es Stephanie Meyer una buena escritora? La verdad es que a mi apreciación no, pasando a penas su prosa cualquier prueba básica de calidad. Ahora, las objeciones que hay acerca de su postura puritana frente al sexo sencillamente no toman en cuenta  que ella es una mormona practicante, siendo esta religión uno de los núcleos más conservadores de Estados Unidos. Por otro lado, que sus vampiros tengan pieles que brillan en a la luz de sol y que nunca duerman es un intento de darle originalidad a su concepción que quizá no fue del todo afortunado, aunque no será ni el primero ni el último caso en que esto suceda.
Punto a parte es el fenómeno de los fanboy y fangirl, que quizás merecerían un artículo completo para su análisis, ya que no solo se da en el ámbito de Crepúsculo. Estos fans duros que predican que la saga de Meyer es poco menos que la obra cúlmine de la literatura universal son sencillamente chicos atrincherados en concepciones carentes de fundamentos. No es que sea malo admirar y que te guste algo, pero el fanatismo simplemente priva a quienes lo padecen de conocer cosas diferentes que enriquecerán a su persona.
¿Es esta la evolución final del vampiro? ¿Ser el protagonista de fantasías románticas adolescentes? Obviamente no. De hecho tenemos el caso de True Blood, la serie de televisión inspirada en las novelas de Charlaine Harris en que nos muestra cómo sería si los vampiros se revelaran ante el mundo, con lo cual nuevamente se metamorfosea a los chupasangre en una nueva encarnación: víctimas del racismo.



Creo que como personaje mitológico, el viejo no muerto es tan vasto que siempre habrá nuevas interpretaciones que vendrán a convivir con las antiguas sin anular a estas últimas. Edward Cullen con su piel brillante no desterrará al conde Drácula o al descarado Lestat de Lioncourt, ni viceversa.

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