lunes, junio 30, 2014

El Asesinato que mató a Millones



Con todo el alboroto del Mundial de Futbol, muchos no tuvieron en cuenta una importante fecha que se conmemoró este fin de semana pasado. El 28 de junio se cumplieron 100 años desde el atentado y asesinato del Archiduque heredero al trono del Imperio Austrohúngaro Franz Ferdinand de Habsburgo-Lorena, lo cual desató la Primera Guerra Mundial.

Franz Ferdinand


Es casi paradójico pensar que al igual que hoy, muy pocos supieron darle la importancia que tenía a este suceso. Solo los con visión más aguda vieron en ese hecho aislado era el empujón que necesitaba la máquina de guerra europea que se había mantenido en espera desde finales del siglo XIX. Sencillamente, una vez que ocurrió el hecho fortuito que pusiera en guardia a las alianzas de Europa, nada ni nadie fue capaz de detener lo que se avecinaba.


Ahora, no es que la guerra estuviera predicha en las estrellas y fuera un destino fatal inevitable, sino más bien que las acciones e ideas estúpidas de quienes detentaban el poder antes, durante y después del conflicto fueron decisivos. Es como si todos los obtusos, pusilánimes e inflexibles líderes de la historia de la humanidad se hubieran puesto de acuerdo para atormentarnos con su presencia en una misma época. Por lo mismo, es triste pensar que Franz Ferdinand, heredero de un trono autocrático, era un reformista, convencido de que Austria-Hungría sólo podía subsistir si empoderaba al pueblo y respetaba a  las diferentes etnias presentes en sus territorios. Pensaba en la creación de un Imperio Federal con una monarquía constitucional y parlamentaria que diera el salto a la modernidad de la añeja Europa Central.
Nunca sabremos que hubiera sido de Europa si el atentado no hubiera ocurrido o el asesino (un pésimo tirador, que de milagro acertó al Archiduque y a su esposa mientras paseaban por las calles de Sarajevo en un auto descapotable) fallara. La cuestión es que la Primera Guerra Mundial cortó la vida de millones y las del Archiduque y su mujer solo fueron las primeras.


Pero recordar esto como un suceso demasiado antiguo para preocuparnos es un error. Los problemas no solucionados y las ideas que engendró aún nos penan. ¿Han escuchado de los conflictos en Medio Oriente? Pues se deben a que Francia e Inglaterra después de la guerra crearon protectorados que luego se transformaron en naciones  y que no responden a ningún criterio geopolítico, lo cual engendró guerras civiles con origen en las diferencias religiosas y étnicas. Otro caso es el del nazismo, que nace en Alemania debido al sentimiento de humillación que quedó en las mentes de los alemanes debido a la paz draconiana que les impusieron los Aliados. No es que Hitler y sus cómplices hayan inventado el racismo, pero lo sistematizaron y desde entonces siempre hay cabezas huecas con esvásticas dibujadas en alguna parte de su ropa reclamando la supremacía para su raza (sea cual sea a la que ellos pertenezcan).


Los anteriores son solo dos ejemplos, pero solo hay que leer un poco para darse cuenta de cuán determinante fue la Primera Guerra Mundial en nuestros días y cómo no debemos confiarnos de la estabilidad reinante. A pesar de las crisis económicas de principios de nuestro siglo, no se han desatado grandes revoluciones ni vemos la guerra a nivel global como una amenaza latente, pero ¿No es esto lo mismo que ocurrió al principio del siglo XX? La llamada Belle Époque va desde 1900 hasta el estallido de la Gran Guerra y se llama así por un sentimiento de esperanza que impregna principalmente la sociedad europea y norteamericana. Las guerras y horrores del siglo XIX habían quedado atrás y la prosperidad comenzaba a reinar en estos países, por lo que el nuevo siglo solo podía traer cosas buenas. A nadie le importó la miseria de la las clases obreras que se venía gestando desde la Segunda Revolución Industrial o el descontento entre los habitantes de las colonias de las potencias occidentales, quienes eran tratados como seres de segunda clase en sus propias tierras. La Guerra simplemente dejó todo al descubierto dolorosamente.
Hoy los problemas son otros: desigualdad social, apatía, desinterés en el medio ambiente y un largo etcétera. Esperemos que no ocurra un hecho aislado pero determinante que obligue a nuestros líderes a actuar nuevamente como imbéciles, lo cual nos llevaría de nuevo al desastre.

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