martes, junio 10, 2014

Funar


Etimológicamente la palabra funar viene del mapudungun (lengua de los indígenas ubicados en el sur de Chile y parte de Argentina) y se traduce literalmente como “Podrir”. En Chile le damos muchos usos diferentes a esta palabrita, pero principalmente la utilizamos para denotar que algo se ha ido notoriamente al carajo.
¿A qué viene todo lo anterior? Pues apareció en mi mente dicha palabra cuando hace algunos días leí la noticia de que (sic) “Slender Man se habría cobrado su primera víctima”. Si alguien no conoce de qué hablo, resumo: Slender Man es un personaje de terror nacido en foros de internet y que ha ganado gran popularidad entre quienes gustan del género del miedo, presentándose principalmente en montajes fotográficos y relatos conocidos como creepypasta. La mitología de este personaje, creada y enriquecida por miles de autores anónimos, nos explica que Slender Man es un ente extra dimensional con la apariencia de un hombre alto y delgado, de traje negro y sin ningún rasgo apreciable en su cara blanca, que persigue a niños y preadolescentes con intenciones misteriosas. Sus víctimas terminan perdiendo la razón y desaparecen, encontrándose de ellos sólo sus ropas, como si se hubieran desmaterializado.


Eso es a somero modo lo que se puede decir del personaje, pero fue la noticia de su primera víctima lo que en realidad me impulsa a escribir. A principios de este mes dos chicas de 12 años en el estado de Wisconsin (E.E.U.U.) apuñalaron a una amiga de su misma edad repetidas veces, supuestamente influenciadas por Slender Man, quien les pidió que asesinaran a su amiga. Las versiones de ambas chicas se contraponen, pues una de ellas aduce que el monstruo la coaccionó, amenazándola con matar a su familia, mientras  la otra dice haber actuado para demostrarle al mundo la existencia de Slender Man y ganarse un lugar en su mansión perdida en el bosque.



No tengo los datos ni las competencias mínimas como para dar un diagnóstico asertivo de qué hay en las cabezas de esas dos chicas, sólo puedo decir lo que nos dicta el sentido común, y es que algo no funciona correctamente en sus azoteas. Lo que en realidad me preocupa es cómo un acto desquiciado sencillamente funa (pudre) el trabajo de muchos.
No es un caso aislado ni mucho menos la primera vez que ocurre. En 1954 un psiquiatra llamado Fredric Wertham escribió un ensayo bautizado como La Seducción del Inocente, en el que achacaba todos los males de la sociedad americana y, en especial, de su juventud a las revistas de comic. En una investigación con análisis antojadizos determinó que la mayoría de los delincuentes en las cárceles leían comic, así que para él fue más que obvia la conclusión y, en un país donde la paranoia de la Guerra Fría estaba haciendo estragos, siempre hubo gente que estaba dispuesta a escucharlo. Al final, una de expresiones artísticas y de entretención más importante antes y durante la 2ª Guerra Mundial se fue a la ruina. Las editoriales tuvieron que recurrir a la autocensura para sobrevivir, mientras que otras sencillamente desaparecieron ahogadas por la debacle de la falta de lectores. El comic, por excelencia un medio contracultural, se dedicaba a presentar historias sonsas mientras los jóvenes de los 60’s intentaban cambiar el mundo, teniendo que esperar hasta mediados de los 70’s para ser nuevamente una expresión artística respetable, aunque como negocio nunca ha llegado a recuperarse.



1985, Reno, Nevada. Dos amigos fanáticos del heavy metal y borrachos toman una escopeta y se dirigen a un parque de la ciudad. Uno de ellos se voló la tapa de los sesos y el otro trato de imitarlo pero sólo quedó horriblemente desfigurado. Esto fue pasto para los grupos ultraconservadores americanos y llevó a una de las bandas más importante del mundo, Judas Priest, a presentarse a un juicio para demostrar que sus canciones no ocultaban mensajes que incitaban al suicidio, la prostitución, violencia contra las mujeres y el consumo de drogas. Menos mal que las pruebas de la fiscalía eran tan risibles que nadie con el mínimo del sentido común podía darles crédito. El problema es que aún hoy se cree que el rock y, en especial, el heavy metal son corruptores de la mente juvenil (aunque al lado del reggaetón el metal es el equivalente a música sacra).



Recordemos dos más, muy parecidos pero separados por el tiempo y el océano atlántico. En 1996 un grupo de chicos provenientes de uno de esos pueblitos llenos de puritanos del medio oeste de E.E.U.U. se creen un clan vampiro liderados por un tal Rod Ferrell, que también se hace llamar Vesago el Vampiro, matan a los padres de la novia de este último y se toman la sangre de los cadáveres. Entre los referentes vampíricos en los que se inspiraba este supuesto “clan” estaban las películas clásicas de terror, las famosas novelas de Ann Rice y el juego de rol Vampiro la Mascarada.



El otro ocurrió dos años antes en Madrid, España. Dos amigos, Javier Rosado y Félix Martínez, participan en un juego de rol creado por uno de ellos (Rosado) llamado Raza. Mataron a un transeúnte llamado Carlos Moreno en una parada de autobús. En ambos casos se apuntó a los gustos de los chicos, pero en especial su afición a los juegos de rol. No obstante, contrario a toda idea preconcebida, en América no le dieron tanta importancia a lo circunstancial y se concentraron en lo obvio, que era el hecho de que Rod Ferrell era un psicópata. Lo mismo no sucedió en España, donde se escribieron ríos de tinta acerca de los efectos perjudiciales del rol, como que alienaba la mente, creaba ignorancia y inhibía la imaginación. Costó mucho demostrar que estos son casos aislados y que el rol busca todo lo contrario a lo que le achacaba la mala prensa. Por desgracia, cada vez que alguien quiere atacar a estos juegos, esgrime este par de casos como argumento.



Se pueden encontrar un montón de otros hechos de la misma calaña, algunos muy conocidos, mientras que otros sólo de repercusiones locales.
¿Pero ahora qué nos queda? Pues la posibilidad que el acto irracional de dos chicas perturbadas acabe con una creación colectiva llena de talento. No es un secreto que el género del terror no pasa por sus mejores momentos, sólo siendo salvado por algunos juegos con un tema novedoso y películas que nos llegan de oriente. Por ello, los creepypasta de internet son la renovación que se necesitaba, siendo Slender Man su mayor símbolo, pues era el trabajo de muchos que tomaron al personaje y aportaron un poco para crear un verdadero mito urbano. Es tan así esto que me ha tocado ver algunos reportajes donde se da por hecho de que el monstruo existe en verdad y se toman las historias de los creepypasta y los montajes de fotografías y videos para presentarlos como evidencia real.
Ahora los padres reaccionaran como se espera de ellos, torpes y asustados, prohibiéndoles a sus hijos cualquier contacto con el terror que se crea en internet y habrá de nuevo que explicar que los suicidios, asesinatos y otros actos demenciales no tienen que ver con lo que lees, escuchas o ves en una pantalla, sino que responden a razones más profundas que, en la mayoría de los casos, hay temor de abordar. Por cada desquiciado aficionado a algo hay miles, o decenas de miles de personas que entienden que todo ello es sólo entretención y nada más.

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