martes, julio 08, 2014

El Hombre Lobo: Viejo y Peludo Amigo (Parte 1)



En artículos anteriores expliqué en extenso el viaje del vampiro desde los nobles perversos del siglo XIX hasta el metro sexual adolecente que brilla a la luz del sol en la actualidad. Hay que ser justo, ya que dentro de la fauna gótica quienes siguen en popularidad a los chupasangres son sus contrapartidas peludas, los hombres lobos.

Increíblemente para muchos, el hombre lobo como personaje literario le lleva más de 1800 años de ventaja al vampiro, teniendo sus primeros cameos en las leyendas griegas que luego fueron tomadas por sus poetas. En Las Metamorfosis del poeta romano Ovidio  (que vivió repartido entre el antes y el después de Cristo) nos cuenta la historia de Licaón, un Rey de Arcadia que en su celo por rendirle culto a Zeus llega a dedicarle sacrificios humanos. Obviamente, a Zeus no le agradó la mala publicidad y se disfrazó de un mendigo para ver con sus propios ojos lo que el Rey y sus familiares hacían en sus templos. Por su lado, Licaón al ver a este personaje sospecha su identidad divina y, para probarlo, le sirve carne humana en la cena. En vista de este sacrilegio, Zeus hace una de sus conocidas rabietas y transforma al Rey y a sus cincuenta hijos en lobos. Al tiempo, decepcionado por la maldad mostrada por la humanidad, Zeus se pone de acuerdo con su hermano Poseidón para ahogarlos a todos con un diluvio (… esto me parece haberlo escuchado en otro lado).


Esta historia se alimenta directamente de leyendas muy antiguas, tanto como para remontarnos  a la prehistoria. La relación del hombre con el lobo es de vieja data, siendo primero una competencia en la obtención de presas y luego un socio gracias a algunos lobos que pasaron a ser los antepasados de nuestro perro moderno. Como nosotros, los lobos se agrupan en grandes familias y saben que el poder de la cooperación les hace más fuertes. Sin embargo, su ferocidad nos aterra, siendo siempre puesto en contraposición con sus dóciles descendientes perrunos.
La leyenda que nos narra Ovidio representa en el lobo la incomodidad que sienten los miembros de la cultura grecolatina ante unos de los tabús más grandes que estableció nuestra vida civilizada: los hombres no comen carne de sus semejantes. De hecho, la mayoría de los héroes civilizadores de la antigüedad les enseñan a sus pueblos los secretos de la agricultura y les prohíben cualquier práctica del canibalismo. El hambre por la carne humana es representada por los lobos, que en ese momento eran los depredadores más grandes de Europa.
Pero en la antigüedad también es conocido un aspecto más benévolo y real del lobo. Hasta nuestros días, el símbolo de Roma es la imagen de una loba alimentando a dos bebés con su leche, lo cual es sacado de la leyenda de Rómulo y Remo, los gemelos hijos del dios Marte que de adultos fundarán la Ciudad Eterna. Es paradójico, pero un animal que ha ganado una reputación tan injuriosa en nuestras leyendas es el único que tiene el instinto de criar cachorros humanos. Hay miles de historias acerca de pequeños perdidos en bosques y selvas que son acogidos por lobas maternales y terminan siendo criados como uno más de la manada, cosa que ni nuestros primos primates más cercanos son capaces de hacer.


Esta relación bipolar con los lobos es lo que engendra los principios de la leyenda, sin Luna llena, mordeduras de lobo o plata, solo hombres que se transforman en lobo por una maldición o por un don propio concedido por arte de magia. Y aquí hay que remarcar otro detalle, y este es que los primeros licántropos (del griego lycos = lobo y anthropos = hombre) se transformaban en lobos, no existiendo la imagen moderna del monstruo híbrido entre lobo y humano, sino un simple lobo, a veces más grande y mostrando una astucia superior, pero lobo después de todo.
Después de la caída del Imperio Romano y, con él, de toda la cultura clásica en el occidente europeo, el hombre lobo desaparece por un tiempo de la literatura en espera de una época donde las letras vuelvan a cobrar importancia.
Existe una creencia errónea de que luego de la desaparición de Roma vinieron mil años de barbarie y obtuso dominio de la iglesia que llegó a su fin con el Renacimiento Italiano y el desarrollo del pensamiento humanista. Por el contrario, durante los mil años del Medievo hubo varios movimientos culturales que intentaron sobreponerse al oscurantismo, aunque no lograron eclosionar como el Renacimiento Italiano. Uno de estos movimientos es el Renacimiento Provenzal, con foco geográfico en el sur de Francia, en los dominios de Aquitania y el Reino Transpirineico de Aragón. La expresión literaria típica de esta época es la novela de caballería y es en ella donde aparece de nuevo el hombre lobo.
La historia tiene distintas versiones, con diferentes protagonistas o variaciones pequeñas, pero a grandes rasgos es esto: Un caballero que se transforma en lobo (por maldición o don mágico) se enamora de una doncella y se casa con ella. Luego, la esposa, intrigada por las ausencias del marido en algunas ocasiones, le logra sacar el secreto de su transformación. En la mayoría de los casos hay una condición que produce la transformación en uno u otro sentido; la postura de un anillo o sacarse y ponerse la ropa, por ejemplo. La esposa descubre la mecánica de la transformación y consigue evitar que el caballero vuelva a su forma humana para ella poder escapar con su amante. Como lobo, el caballero asola la zona debido a su despecho, pero vuelve en sí por la intervención del soberano al que sirve, quien se da cuenta de que es su siervo en forma lobuna. Por lo general el Rey lleva al hombre lobo con su mujer adultera y su amante,  a quienes le permite atacar como castigo por su fechoría. Luego el caballero consigue volver a su forma humana.


La mayoría de estos romances fueron escritos en el siglo XIII y están ambientadas generalmente en la mítica Corte del Rey Arturo, en la de Carlomagno o sencillamente una idealización atemporal de la Francia Medieval. En ellos el hombre lobo se vuelve en el símbolo del despecho del marido cornudo, personaje tan recurrente en esta clase de novelas, teniendo como al más icónico de todos al mismo Rey Arturo.
Después, cuando los relatos de caballeros pasaron de moda, el hombre lobo hizo su aparición en el mundo real y esto fue la perdición de un montón de personas. Durante las cacerías de brujas que tanto católicos como protestantes llevaron a cabo en los territorios que dominaban, las mujeres eran acusadas de brujas adoradoras del diablo y los hombres de ser licántropos que atacaban por la noche a los buenos cristianos. Los diferentes, los locos, quienes contaban con la envidia en sus vecinos por sus tierras o quienes vivían como ermitaños y que inspiraban desconfianza por su forma de vida tuvieron que enfrentarse a la tortura y la muerte  por culpa de la malas intenciones y la mentalidad obtusa de las autoridades religiosas. Deberían pasar varios años para que los hombres lobos volvieran al plano de la fantasía, donde siempre debe estar.


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