miércoles, julio 23, 2014

El Hombre Lobo: Viejo y Peludo Amigo (Parte 3)



La principal diferencia entre el vampiro y el hombre lobo en cuanto a su periplo cultural radica en su llegada a la pantalla grande. El vampiro llegó con todo una carga mitológica establecida por la novela Drácula, oficializando todo aquello de los ajos, las estacas, el sol, la forma en que se crean nuevos vampiros y todos los poderes con los que cuentan. Por su lado, el hombre lobo era sencillamente un sujeto que se transformaba en lobo, siendo a veces sanguinario, en otras un animal tan normal como los otros. Todos los detalles que conocemos en la actualidad acerca del licántropo provienen casi exclusivamente del cine.

La primera película de hombres lobo fue hecha en 1913, pero no queda ninguna copia de esta. Hay otros dos en la década de los veintes de los que tampoco queda mucho que rescatar, por lo que si debemos pensar en la película más antigua que hoy podemos ver íntegramente es “El Hombre Lobo de Londres” de 1935. Producida por Universal (que ya para esa época eran expertos en cine de terror), cuenta la historia de un investigador inglés que es atacado en el Tíbet por un hombre lobo y que cuando vuelve a Londres comienza a mostrar los signos de licantropía, desatando una serie de asesinatos. Aquí es donde por primera vez vemos la imagen de un ser quimérico, mezcla de lobo y hombre, cosa que nunca fue parte del mito. Ahora, para los gustos modernos, la película puede parecer hasta cándida, en especial tomando en cuenta la primera escena donde vemos al protagonista transformado en licántropo y que, movido por su instinto asesino, se preocupa de ponerse su abrigo y gorra antes de salir a matar… no vaya a ser que afuera estuviera muy frío.


Pero el verdadero clásico del subgénero se estrenó en 1941, siendo uno de los últimos éxitos de terror que tuvo Universal, empezando después una larga decadencia. “The Wolfman” tiene como protagonista al hijo homónimo de una de las leyendas del cine de terror, Lon Chaney. Siguiendo los pasos de su padre, este actor representó uno de los licántropos emblemáticos del cine, el pobre Larry Talbot. Hijo de un noble galés, Larry vuelve a su tierra natal y es atacado por un hombre lobo, lo cual produce que él se transforme en uno cuando la luna esté llena, sintiéndose impulsado a asesinar indiscriminadamente. Desesperado por esto consulta a una gitana, quien le dice que solo la muerte lo liberara de la maldición y esta solo puede llegar con un arma hecha de plata.


Hay tanto que hablar de esta película que cuesta sintetizarlo todo en unas pocas líneas. Entre los datos curiosos está la pequeña participación de Bela Lugosi (el Drácula original) como el hombre lobo que infecta a Talbot, pero lo más importante es el establecimiento del mito del hombre lobo. El contagio de la licantropía es vía una mordedura, la transformación que solo ocurre cuando la luna está llena y las armas de plata son cosas que aparecen en este film, no de las leyendas que originaron el mito. Incluso la pequeña estrofa que declaman los gitanos no es antigua, sino invento de los guionistas.

Incluso el hombre de corazón puro

que dice sus oraciones por la noche

puede transformarse en lobo cuando el acónito florece

cuando la luna de otoño brilla

Es imposible en la actualidad pensar en el hombre lobo sin hacer referencia de alguna manera a “The Wolfman”. Más que los libros, en el caso del licántropo fue una película la que encasilló al mito en nuestro subconsciente.
Durante la década de los cuarentas se hicieron otros tantos filmes del hombre lobo con Lon Chaney Jr., algunas en que se hacen cruces con los otros monstruos de la productora (principalmente Frankenstein y Drácula), incluyendo una comedia en que participaron los famosos humoristas Bud Abbott y Lou Costello.


Luego, como sucedió con los vampiros, los años cincuentas fueron dominados por las películas de monstruos radiactivos e invasores extraterrestres, dejando en un segundo plano a los clásicos del cine de terror gótico. No obstante, una película merece ser mencionada. No es por su calidad que “I Was a Teenage Werewolf” de 1957 es conocida, sino más bien por la recurrencia del tema. En esta película vemos la historia de un chico de secundaria problemático que se transforma en un hombre lobo, interpretado por un muy joven Michael Landon (Para los más viejos, el padre de la familia  Ingalls de la serie “La Pequeña Casa en la Pradera”). Luego, en 1985, el tema vuelve a ser tomado por “Teen Wolf”, con el actor Michael J. Fox. Ahora se trata de una comedia que toma a la licantropía como una alegoría de los cambios de la adolescencia. Por último, y siendo una revisión de la anterior, la serie adolecente “Teen Wolf” de 2011 retoma a los personajes de la película del ’85 pero en un ambiente más serio y terrorífico.


Volvamos atrás, a los maravillosos años sesentas. Como dije en mis artículos acerca del vampiro, la productora inglesa Hammer tomó la posta de Universal, creando nuevas versiones para todas las películas clásicas de terror.
“The Curse of the Werewolf” se estrenó en 1961 y contaba con la actuación de Oliver Reed. Esta fue una adaptación de Hammer a la novela de Guy Endera “El Hombre Lobo de París”, pero cambiando el escenario a la España del siglo XIX. La historia es prácticamente la misma, ya que León Corledo es un hombre lobo cuya concepción fue producto de una violación y que está enamorado de Cristina, lo cual no lo salva de su maldición.


Pero España no solo es un escenario de películas anglosajonas, sino que también hizo lo suyo al producir una recordada saga de hombres lobo. En España durante los sesenta y setenta se crea un género conocido como Fantaterror, mezcla de fantasía y terror (Duuhhh!), que se inspiraba en Hammer, pero era mucho más estilizado. En este contexto nace un famoso licántropo llamado Waldemar Daninsky, interpretado por el actor Paul Naschy. De hicieron 12 películas de Daninsky entre 1968 y 2004, poniendo al personaje casi a la misma altura del famoso Larry Talbot.


En el ámbito literario, desde “El Hombre Lobo de París” casi ningún otro texto de licántropos tuvo impacto alguno. Entonces el maestro Stephen King toma al licántropo y, como lo hizo con el vampiro en “El Misterio de Salem’s Lot”, le da nuevos bríos terroríficos en “El Ciclo del Hombre Lobo” de 1983. Como siempre en la obra del autor, todo ocurre en un pequeño pueblo de Maine, donde comienzan a haber horrendos crímenes que pueden ser atribuidos al ataque de un hombre lobo y que nos lleva a preguntarnos ¿Quién de todos los apacibles habitantes del pueblo es LA BESTIA?. Este libro fue adaptado al cine en 1985 con el nombre de “Bala de Plata”.


Un poco antes, en 1981 dos películas cambian la fisonomía del hombre lobo definitivamente. “Un Hombre Lobo Americano en Londres” y “The Howling” se estrenaron con una diferencia de meses, y en ambas vemos escenas memorables de transformación. Si me lo preguntas, el mejor montaje de cómo el cuerpo de un hombre cambia para tomar características lobunas es el de “Un Hombre Lobo Americano en Londres”, sin nada de efectos digitales, solo prótesis, juego de cámara e ingenio. Ahora, la historia no es nada de otro mundo: Dos turistas americanos son atacados en la campiña inglesa por un hombre lobo y uno muere mientras el otro queda herido y contagiado con licantropía. Cuando la luna vuelva a estar llena, el sobreviviente sembrará el terror en Londres.


En el caso de “The Howling”, la historia es mucho más elaborada. Una reportera es acosada por un asesino en serie que termina siendo un hombre lobo, viendo la reportera como se transforma pero olvidándolo debido al shock. Luego, a causa del trauma, es enviada con su marido a un lugar llamado “La Colonia”, donde sus encuentros con licántropos continúan. El guión de esta película es muy bueno y su final es aún mejor, no obstante, las escenas de transformación no son tan espectaculares como en “Un Hombre Lobo Americano en Londres”.


Como dije, estas dos películas cambiaron diametralmente la imagen del hombre lobo. Teniendo como modelo al licántropo de “The Wolfman”, los hombres lobo parecían osos de peluches con rabia, pero los modernos son monstruos enormes con cabeza de lobo y cuerpos de hombre que pueden caminar tanto en dos como en cuatro patas.
“Un Hombre Lobo Americano en Londres” tuvo una secuela en 1998 llamada “Un Hombre Lobo Americano en París”, malísima, con efectos digitales que no le llegan ni a los talones a los de la original. “The Howling” también tiene secuelas, siete en total, las cuales compiten por ser más mala que las otras.
Otro film digno de mencionarse es “En Compañía de Lobos”, del director irlandés Neil Jordan. Basada en un libro de la escritora Angela Carter, que une el terror con la fantasía, dándonos una versión más adulta del ya conocido cuento de La Caperucita roja.


En otro medio totalmente distinto, en 1992 la editorial de juegos de rol White Wolf publicó “Hombre Lobo: El Apocalipsis”, dando una vuelta nueva de tuerca al tema. En estos juegos los licántropos son conocidos como garou y se trata de un ancestral pueblo encargado de proteger a la Madre Tierra de las depredaciones de una entidad cósmica que representa a la corrupción. Acá la condición de hombre lobo no es contagiada por una mordedura, sino que es adquirida genéticamente.


Durante los noventas aparecieron muchos otros filmes y libros de hombre lobo, ninguno de una calidad notable. Solo en 2002 una idea refrescante es llevada al cine en la película de terror británica “Dog Soldiers”. En las Tierras Altas de Escocia, un grupo de soldados británicos terminan en una casa en medio de la nada rodeados por hombres lobo. La idea es muy simple, pero funciona mejor que otras mucho más elaboradas.


Como dije, hay un montón de libros dedicados al hombre lobo que han pasado sin pena ni gloria por nuestras librerías. Entre ellos se comenzó a gestar una idea muy particular en la cual el licántropo se transforma en un interés erótico y sentimental, dotados de un salvaje atractivo. Esto decantó en lo que luego fueron los hombres lobo de la saga Crepúsculo.


Es chistoso, pero hasta cierto punto los hombres lobos de Crepúsculo responden a pie juntilla al mito original: gente que se transforma en lobo, sin ningún otro agregado. Ahora, como ocurre con el vampiro, el licántropo pasa a ser la encarnación de fantasías románticas adolecentes, más rustica en este caso que su contraparte, con aroma a almizcle animal.
Pero no todo está perdido. En 2010 se hizo un remake de “The Wolfman” con Benicio del Toro, Anthony Hopkins y Emily Blunt, siendo una adaptación novedosa y digna del original del 41.



El hombre lobo es una parte constituyente de nuestra fantasía y lo seguirá siendo, representando cosas que al mismo tiempo nos atraen y dan miedo. Esto es debido a que siempre temeremos a ese animal que se anida en lo más profundo de nuestra psiquis, escondido bajo todo ese enchapado de humano civilizado.




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