lunes, julio 14, 2014

El Hombre Lobo: Viejo y Peludo Amigo (Parte 2)

Para desgracia de muchos, entre los siglos XVI al XVIII el mito del Hombre lobo se volvió demasiado real. Miles fueron llevados ante los tribunales eclesiásticos, tanto de católicos como de protestantes, y enfrentaron torturas y muertes inenarrables solo porque a alguien se le ocurrió que podían transformarse en lobos. Todos hablamos de la época de la Caza de Brujas, pero también hubo una gran cantidad de hombres lobo entre quienes tuvieron que enfrentar las hogueras.
También hay otros hechos misteriosos donde la realidad se asemeja demasiado a la ficción. Entre 1764 y 1767, en las cercanías del poblado francés de Gévaudan una bestia desconocida atacó y asesinó alrededor de un total 120 personas, desatando una histeria pocas veces vista desde la época de la Caza de Brujas, cosas que para entonces estaban quedando en el pasado gracias al Iluminismo. Hoy existen diferentes teorías para explicar esta matanza, las que van desde un asesino en serie, conspiraciones de las autoridades locales, un animal desconocido traído a la campiña francesa o, para algunos creyentes, el ataque de un hombre lobo. El misterio seguirá siendo la única constante.


Pero durante esa época muchos investigadores y escritores comenzaron a tomar historias populares entre la gente, en especial aquellas destinadas a la educación de los niños, y a ponerlas por escrito en colecciones de cuentos. Los más famosos recopiladores de los cuentos que pronto serían conocidos como “de hadas” son el francés Charles Perrault y los hermanos alemanes Jacob y Wilhelm Grimm, quienes, separados por más de un siglo, incluyeron en sus recopilaciones la historia de una niña con una capucha roja y de un lobo que quiere comérsela.


Si bien no puede ser considerada una historia de hombres lobo en toda regla, el cuento de la Caperucita Roja habla de muchos de los tópicos que se le atribuyen a los licántropos, sirviendo de inspiración a escritores hasta la actualidad. Como todos estos relatos, la historia busca dejarles una enseñanza a los niños, mostrando cómo una chica no debe ir al bosque sola ni hablar con extraños que pueden no tener buenas intenciones con ella. En las versiones originales las intenciones del lobo eran mucho más libidinosas para con la chica, pero al final quedó como lo conocemos en la actualidad, con el lobo comiéndose a la abuelita e intentando hacer lo mismo con Caperucita.
Ahora, antes de seguir, debemos hacer una revisión de las características que el lobo aporta al hombre al combinarlos en la figura del licántropo. Hay una irrefrenable rabia y ferocidad contra sus semejantes, el hambre por la carne humana (canibalismo) y un deseo sexual exacerbado. Si todo esto lo comparamos con los lobos reales tenemos que, si bien son animales feroces, no son asesinos indiscriminados, matando solo las presas necesarias para su alimentación; tampoco sienten una especial predilección por las presas humanas, siendo sus ataques a personas extremadamente raros. En cuanto a lo de la sexualidad, en las manadas los únicos que tienen el derecho a aparearse y tener crías son la pareja de alfas, por lo que no son animales precisamente promiscuos.


Con la llegada del romanticismo y la novela gótica, nuevamente el hombre lobo llama la atención de los escritores. No obstante, a diferencian de su contraparte no muerta, los licántropos no tuvieron grandes novelas, sino más bien cuentos cortos que lo establecieron en el mundo del terror.
Muchos escritores que hoy son poco conocidos crearon historias de licántropos, pero también otros consagrados, como Alexandre Dumas y Joseph Rudyard Kipling, hicieron lo suyo. En la mayoría de los casos las historias están ambientadas en el mundo rural, donde el estilo de vida medieval no había sido del todo desterrado por la modernidad (había lugares en la Europa del este donde se seguía viviendo de la misma manera que hace 5 siglos atrás), soliendo tener como protagonistas a personajes atormentados por su condición de licántropo, ya que no tenían control sobre sus acciones cuando el animal se apoderaba de ellos. Aquí yace un nuevo aditamento al terror que el hombre lobo inspira y es la pérdida de control sobre nuestras  acciones debido a una rabia incontrolable que deriva en un salvajismo asesino. Esta idea fue explorada por el escritor Robert Lewis Stevenson en su famoso “El Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, que si bien no habla de un hombre que se transforma en lobo, tiene muchos detalles homologables a la licantropía.


También por esta época aparece otra variación del monstruo, siendo su encarnación femenina. Es raro, pero en la leyenda son pocas las menciones de féminas que tomen la forma de lobo; incluso en la época de la casa de brujas, por lo general a las mujeres se le acusaba de entregar a los hombres los medios para cambiar de forma, pero ellas mismas no hacían uso de ellos. En cambio, la mujer lobo que nos presentan las historias del siglo XIX es un femme fatale que usa de sus encantos para atraer a sus víctimas. Por lo general el relato es de un noble que conoce a una chica extremadamente hermosa de la que se enamora perdidamente, cuando le declara su amor a solas, ella se transforma en loba y mata al pobre enamorado. La historia con variaciones propias es tomada en “El Lobo Blanco de las Montañas Hartz” (1839) de Frederick Marryat, en “The White Wolf of Kostopchin” (1889) de Sir Gilbert Campbell y en “Were-Wolf” (1896) de Clemence Housman.


Con la llegada del siglo XX continuaron escribiéndose historias sobre licántropos, pero su popularidad y calidad no podían competir con las de vampiros. Se dice que H. P. Lovecraft publicó una carta en la revista Weird Tales sugiriendo la posibilidad de que alguien escribiera una historia novedosa sobre hombres lobos. H. Warner Munn asumió el desafío y escribió el relato seriado “El Hombre Lobo de Ponkert”  (1925) en que la historia es contada desde el punto de vista del mismo licántropo.
Pero el hombre lobo debía esperar hasta 1933 para contar con una novela que estableciera al personaje definitivamente. “El Hombre Lobo de París” de Guy Endore es para el licántropo literario lo que Drácula para el vampiro. La historia se desarrolla durante los hechos que desencadenaron la Guerra Franco-Prusiana y la Revolución de la Comuna de París de 1870. Endore nos cuenta la triste vida de Bertrand Caillet, cuya concepción fue producto de una violación, y que desde pequeño sufre la maldición de la licantropía. La novela tiene de todo, una relación incestuosa entre Bertrand y su madre, la posibilidad de salvar su alma gracias al amor que una hermosa chica llamada Sophie profesa por él y la persecución que el tío de Bertrand, Aymar Galliez, emprende para evitar que su sobrino continúe con los cruentos asesinatos que comete cuando se transforma en lobo. 


Ahora, la obra tiene varios ripios en el relato y, a nivel literario, no se puede comparar a su contraparte vampírica, Drácula. No obstante, es el establecimiento definitivo de la figura del licántropo que no desea transformarse en lobo, pero que no puede evitar eso ni cometer los sangrientos asesinatos que la rabia animal le obliga realizar. También está la relación con sus seres queridos, quienes no están a salvo de las depredaciones de la bestia, lo cual es la principal fuente de sufrimiento para el hombre lobo.
“El Hombre Lobo de Paris” aparece en el momento justo para inspirar las adaptaciones del personaje a la pantalla de cine. No obstante, a diferencia del vampiro, la mayoría de las características que nosotros asociamos en la actualidad al licántropo no proceden del mito original, sino que son producto de las películas de terror en blanco y negro.

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