jueves, julio 31, 2014

Momia: La Maldición del Egipcio Vendado



Ya que me lancé a hablar acerca de distintos monstruos y sus diferentes encarnaciones en nuestra literatura y cine, ahora tomaremos a uno que viene de tumbas ocultas por las doradas arenas de Egipto.


A diferencia de los vampiros y los hombres lobo, quienes tienen antigua data en nuestras leyendas, la momia como monstruo solo aparece en la literatura gótica de principios del siglo XIX. Si bien siempre han existido leyendas acerca de maldiciones que persiguen a quienes violan las antiguas tumbas egipcias, a nadie se le ocurrió que estas podían tomar la forma de un cadáver momificado.
Primero hay que contextualizar la época en que nacieron las primeras historias de momias. En 1798, la República Francesa surgida de los rescoldos de la Revolución decidió dar un golpe a los eternos enemigos de la patria: los ingleses, cortando sus vías de comunicación con la India, por lo que decidieron enviar una expedición a Egipto. Al mando de esta loca aventura iba un general corso de meteórica carrera llamado Napoleón Bonaparte, quien llevaba junto a sus soldados una tropa de eruditos con la misión de develar todos los misterios de la ancestral cultura egipcia. Militarmente la expedición fue un fracaso, pero en el ámbito científico tuvo logros realmente importantes.


La investigación de los 167 expertos que acompañaron a Napoleón puso de moda todo lo que fuera egipcio, propiciando el nacimiento de la Egiptología como ciencia separada. No obstante, también generó un saqueo constante de antigüedades que fueron a parar a los museos de las grandes naciones o a colecciones privadas. Dentro de estas antigüedades, las que sufrieron el peor trato fueron las momias, pues en la época de las maquinas a vapor, fueron usadas como combustible, o pulverizadas y transformadas en ungüentos supuestamente milagrosos como medicina.
Debido a este explosivo interés por todo lo que sea egipcio es que aparece la primera historia con una momia como protagonista. En 1845 Edgar Allan Poe publica en el periódico American Review de Nueva York el relato “Conversación con una Momia”. Inspirado por Frankenstein de Mary Shelley  (aparecido en 1818), Poe cuenta como un grupo de investigadores conectan una momia egipcia a una pila voltaica, consiguiendo que la electricidad le devolviera a la vida. La momia se llama Conde Allamistakio y entabla una interesante conversación con los investigadores acerca de cómo ellos imaginaban el Egipto de los faraones  y como era en verdad.


Poe no entrega datos reales de Egipto a través de Allamistakeo, sino cosas imaginarias que contradecían  lo que se manejaba en la época. Por ello, “Conversación con una Momia” no es una historia de terror, sino una sátira  de la moda por el interés en Egipto y la ciencia.
Nos saltamos a 1892. El famoso Arthur Conan Doyle nos relata en su cuento “Lote Nº 249” la historia de un estudiante que ayudado por magia egipcia revive a una momia y le ordena que mate a toda la gente por la que siente rencor. A diferencia de Poe, Doyle le da misticismo a su historia y la momia se transforma en el monstruo terrorífico que conocemos hasta la actualidad, un vengador de algún tipo de ofensa que persigue a los culpables hasta las últimas consecuencias.


En 1898 aparece “La Historia de Baelbrow”, parte de una serie de relatos que tenía como protagonista al detective sobrenatural Flaxman Low, creado por E. y H. Heron. En ella se cuenta la historia de una casa que siempre ha contado con un fantasma, pero que no era nocivo para los habitantes. No obstante, ahora las cosas han cambiado debido a los ataques de una momia. La historia podría considerarse hoy en día algo inocente en cuanto a su planteamiento, porque las conversaciones acerca de lo sobrenatural entre Flaxman Low y las victimas de los ataques de la momia son casi como quien habla con plagas domesticas comunes: “Su problema no es un fantasma ni un vampiro, es simplemente una momia, pero eso se soluciona mucho más fácil”.


Otra obra de aventuras que puede ser asociada a la momia es “Pharos el Egipcio” del escritor australiano Guy Boothby. Pharos es un hechicero que se enfrentó a Moisés en la época del Éxodo, pero como su vara-serpiente fue devorada por la de Moisés, se ganó la reprimenda  de su patrón. Maldito por el Faraón con la inmortalidad, aparece en 1899 como una brillante mente criminal que intenta poner bajo su yugo al civilizado mundo occidental (¡como un Osama Bin Laden vistoriano!) . Más novela policial que de terror, “Pharos el Egipcio” se encasilla en un tipo de villano semejante al  profesor Moriarty de Doyle y al satánico doctor Fu Manchú de Rohmer.


Y como era de esperarse, como todos los arquetipos del terror gótico, en algún momento fue adoptado por la pluma del más grande escritor del género. En 1924, en la revista Weird Tales, H. P. Lovecraft publicó una historia dedicada al famoso escapista Harry Houdini, teniéndole también por protagonista. Llamada “Bajo las Pirámides” o “Encerrado con los Faraones”, en esta historia se nos cuenta cómo el ilusionista llega a los pasadizos subterráneos bajo las pirámides y la esfinge de Giza. Allí se enfrentará contra momias híbridas de humano y animales, comandadas por los faraones Khephren y Nitokris y lista para conquistar el mundo.


Unos años antes, en 1922, una de los descubrimientos más espectaculares de la arqueología despertó la imaginación de muchos. El investigador Howard Carter fue el primero en entrar en la tumba KV62 del Valle de los Reyes. Se trataba del lugar de reposo de un Faraón de poca importancia llamado Tut-Anj-Amón, sucesor del hereje Amenothep IV, más conocido como Akenatón. Los tesoros encontrados eran fabulosos, pero lo que en realidad interesó al grueso del público fue la supuesta maldición que persiguió a quienes entraron a esa tumba. La verdad es que las muertes fueron exageradas por la prensa y, en definitiva, tenían una razón muy sencilla que las justificaba: La gente se muere. Un dato para la causa: Lord George Edward Stanhope Molyneux Herbert, V Conde de Carnarvon, quien dio el dinero para la excavación, murió a los pocos meses del descubrimiento producto de una picadura, lo que generó la leyenda de la maldición de Tutankamón; pero Howard Carter, quien fue el primero en entrar a la tumba y rompió los sellos sagrados de la puerta, murió en 1939, 17 años después. La maldición funciona más lento para algunos.


No tuvo que pasar mucho tiempo para que el personaje de la momia pasara a formar parte de la fauna del cine de terror. En 1932 Estudios Universal filmó la película “The Mummy”, con la participación del afamado actor inglés Boris Karloff. En ella se cuenta la historia del sacerdote Imhotep, quien se enamora de una princesa egipcia que muere prematuramente, por lo que intenta realizar un ritual prohibido para devolverla a la vida. Al final es descubierto por la guardia del Faraón y condenado a ser momificado en vida. Ya en la actualidad, un grupo de arqueólogos entran a la tumba de Imhotep y leen en voz alta un papiro con el sortilegio para volverlo a la vida. Ahí  se desata el terror.


Es una pena, pero muy pocos saben que en la historia hubo un Imhotep real, siendo una de las mentes más brillantes de su época, destacado en ciencias diferentes, como la medicina, la astronomía y la arquitectura. Una de sus obras más perdurables fue la tumba del Faraón Zoser, la pirámide escalonada de Saqqara.


No hubo ninguna secuela de  "The Mummy", haciendo la misma Universal otro film de momias de bajo presupuesto en 1940 llamado “The Mummy’s Hand”. La historia era casi la misma que en la película de 1932, pero el nombre de la momia cambia por Kharis. Esta película si tuvo tres secuelas: en 1942 “The Mummy’s Tomb”, en 1944 “The Mummy’s Ghost” y “The Mummy’s Curse”, todas con Lon Chaney Jr. como protagonista, aunque el actor es mucho más conocido por el hombre lobo Larry Talbot.


Al final de esta época, el personaje pierde cualquier dejo de seriedad cuando se estrena “Abbott  and Costello Meet the Mummy”, con el mismo personaje de Kharis que protagoniza las anteriores.
El viejo egipcio seco se quedó descansando casi toda la década del cincuenta, hasta que  Hammer consiguió los derechos de los personajes de terror gótico, también volviendo la momia en 1959. Por extraño que parezca, no tomaron como modelo al original de Boris Karloff, sino la serie B del 40, por lo que Kharis ahora es encarnado por el señor Christopher Lee, siendo otro éxito de la productora. Hammer hizo 3 secuelas con la historia de Kharis.


Pero el lado literario de la momia se fue quedando atrás hasta que una de las escritoras más talentosas del género de terror lo tomó. Anne Rice presentó en 1989 la novela “The Mummy, or Ramses the Damned”, en que nos cuenta la trágica historia del Faraón Ramsés, quien bebe un elixir que le da la vida eterna y vaga por el mundo sin nunca poder saciar sus deseos. El Ramsés de Rice tiene un tórrido romance con Cleopatra (le gustaban las mujeres narigonas) y trata de reeditarlo con una dulce chica que conoce en 1914.


También se adaptó a las momias para el público infantil. En 1997 aparece en los televisores “Mummies Alive”, una serie animada de la productora DIC Entertainment. En ella se muestra la historia de cuatro momias que vuelven a la vida en la actualidad para proteger a un chico americano que es la reencarnación de un príncipe egipcio que es perseguido por un malvado hechicero.


Para la década de los 90’s el cine buscó reeditar los clásicos del terror apoyándose en las nuevas técnicas de efectos especiales. Así, Francis Ford Coppola participó en adaptaciones a los dos más importantes: Drácula y Frankenstein, siendo verdaderos éxitos tanto en taquilla como calidad. Entonces Universal, que todavía contaba con los derechos de la historia original, decidió hacer un remake, el cual se alejó totalmente de la atmosfera de terror de la de 1932. En un principio se buscó a consagrados directores del género de terror para que se hicieran cargo de la producción, pero ninguno se embarcó en el proyecto, así que se lo entregaron a Stephen Sommers, quien transformó la historia en una de aventuras como las de Indiana Jones. Es el mismo cuento de la original, con el amor prohibido entre el sacerdote Imhotep y una de las esposas favoritas del Faraón, la condena a ser momificado vivo y el regreso a la vida en los años 20’s del siglo XX (cuando lees lo anterior en voz alta es redundancia). Claro, en esta ocasión se olvidaron del cadáver seco y cubierto de vendas que arrastra los pies para caminar y, aún así, alcanza a sus víctimas para matarlas; las momias modernas son hiperlaxas, trepan por las paredes, se comportan como si estuvieran bajo los efectos de la anfetamina y abren la boca mucho para rugir… mucho.


“The Mummy” de 1999 fue una película de aventuras que cumple cabalmente lo que se propone: entretener. No hay terror en ella, solo efectismo y espectacularidad. La película tuvo dos secuelas y otras tantas precuelas, algunas con una calidad bastante baja.
Si lo pensamos detenidamente, la momia siempre se mueve a medio camino entre el terror y la aventura exótica. Es un muerto resucitado que podría plantearse como pariente del zombi moderno, pero mucho más glamoroso, con sus joyas de oro y lapislázuli con formas de cobra, buitre o escarabajo; además de una dieta algo vegana, donde ni la carne humana o los cerebros se incluyen.
Hay un detalle algo más triste en cuanto a las momias y viene directamente de la época en que se las usaba para hacer betún o para alimentar las calderas de las maquinas de vapor. Esos cadáveres fueron preservados por dolientes familiares que esperaban para ellos una vida después de la muerte, tal como en la actualidad nosotros llevamos a nuestros difuntos a descansar a un cementerio. Hoy, gracias a la toma de conciencia y al deseo de los egipcios por recuperar los tesoros que le fueron robados por las potencias coloniales durante los siglos XIX y XX, muchos de los restos de estos egipcios vuelven a reposar en su tierra natal y se les da el respeto que merecen. Un caso que demuestra el cambio de mentalidad es el de la momia del Faraón Ramsés II El Grande, el mayor constructor de la historia de la civilización del Nilo. Cuando comenzó a sufrir deterioros debido hongos tuvo que ser trasladado a París. Al llegar a la Ciudad Luz no fue recibido como una pieza de museo, sino con los honores más altos para lo que fue Ramsés en vida; un Jefe de Estado.


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