domingo, agosto 17, 2014

Y el Diablo metió la cola (Parte 3)



Hay un tópico del tema del Diablo que he pasado por alto involuntariamente y que no deseo omitir antes de seguir con mi relato. Si existe algo que ha atraído desde siempre a Lucifer es la música, pero al parecer hay un instrumento que es su favorito y este es el violín.

Hay dos casos muy pintorescos en los que el demonio se ve asociado con la composición de piezas para violín. El primero data de 1713 y tiene como protagonista al compositor italiano Giuseppe Tartini. Cuenta la leyenda que una noche Tartini soñó que el Diablo se le aparecía para forjar un pacto con él y que le enseñaba muchos secretos, entre ellos sus técnicas para tocar el violín. Basado en la música que escuchó en su sueño, Tartini compuso la Sonata para Violín en Sol Menor, más conocida “El Trino del Diablo”, que, según su autor, es solo una pálida copia de lo que le escuchó tocar a Satanás.


El otro caso es también de un italiano: Niccolò Paganini. Nacido en Génova en 1782, es el violinista más eximio que alguna vez haya existido. Se dice que era capaz de tocar con el instrumento boca abajo, o sacar tres de las cuatro cuerdas y seguir tocando con normalidad. Si a esto le sumamos que Paganini cultivaba una imagen algo siniestra, pronto en toda Europa se habló del violinista que tenía pacto con el Diablo. Murió de sífilis en 1840.


Recapitulando, si bien el cinematógrafo fue inventado a finales del siglo XIX, fue en el XX (más exactamente, después de la Primera Guerra Mundial) que se transformó en una entretención de masas, un negocio lucrativo y un arte (no siempre las tres cosas o en el mismo orden).
También la derrota en la Primera Guerra Mundial dio origen al cine impresionista alemán, del cual sus películas más conocidas son “Metrópolis” (Fritz Lang, 1927), “El Gabinete del Dr. Caligari” (Robert Wiene, 1920) y “Nosferatu, una Sinfonía de Horror” (F. W. Murnau, 1922). Este último director, en 1926, llevó al cine al ya mítico doctor Fausto. Con efectos especiales revolucionarios para su época y un cuidado en la atmosfera, el director alemán creó una obra de arte visual inspirado por la versión de Fausto de Goethe.


Ahora, por esos mismos años la literatura de terror sufre un cambio de foco encabezado por H. P. Lovecraft, quien se separa del terror gótico del siglo XIX (aunque en un principio era su fuente de inspiración) y crea una macabra mitología cósmica en que mezcla terror, fantasía y ciencia ficción. Lo curioso es que en las obras de Lovecraft y en la de sus discípulos el Diablo no asoma los cuernos por ningún lado. Es sabido que el autor, un ateo recalcitrante, no sentía mucho cariño por los mitos cristiano. Por otro lado, Lovecraft pobló su imaginario de dioses malvados de inconmensurable poder e incomprensibles para la mente humana, entre los cuales el Ángel Caído era solo una pálida leyenda para asustar niños.
Pero también había un terror real que se estaba gestando en Alemania: el de los Nazis.
El escritor Karl Mann, hijo del afamado novelista Thomas Mann, basándose en la historia de Fausto, hace una denuncia de cómo el totalitarismo nazi sedujo y corrompió las almas de los alemanes en su novela “Mefisto” de 1936. En esta novela se cuenta la historia de un actor llamado Hendrick Höfgen, en principio un buen tipo con tendencias comunista, pero que es seducido a vender su alma al status quo nazi para conseguir fama y fortuna. Acá no hay un Diablo explicito, pero está ahí, en las esvásticas, los uniformes y el resto de la parafernalia fascista. 


Volviendo al cine, en 1941 se estrenó un film americano del director alemán William Dieterle, llamado “El Diablo y Daniel Webster”, basada a medias en la leyenda de Fausto y en el cuento de Washington Irving “El Diablo y Tom Walker”. En esta película vemos la historia de un pobre granjero que pacta con el Diablo para salir de sus deudas y lograr una vida prospera. No obstante, esto no le trae la felicidad y, cuando Satanás viene a cobrar su deuda, un probo y paternalista político local, Daniel Webster, se enfrenta al Demonio en un juicio. Esta película ha sido satirizada en los especiales de Halloween de los Simpson.


Después del interregno que las películas de terror clásico tuvieron durante la década de los cincuenta, en los sesenta el Ángel caído volvió con más fuerza y nuevo aspecto. Una vez más (como si ya no tuviéramos suficiente) hay nuevas versiones de Fausto, ambas de 1967. La primera, llamada “Doctor Fausto” con Richard Burton y Elizabeth Taylor, es una representación de la obra de Christopher Marlowe bastante colorida, con un marcado sabor isabelino en su ejecución.


La otra es una comedia muy sesentera llamada “Bedazzled”, donde un total perdedor (interpretado por Dudley Moore) le vende su alma al Diablo (Peter Cook). Esta comedia tiene un remake en el año 2000 con Elizabeth Hurley como el Diablo y Brendan Fraser como el perdedor.


En el mismo 1967 vio la luz una novela de terror escrita por el americano Ira Levin, la cual fue llevada al cine un año después por el director Roman Polanski; hablamos de “El Bebé de Rosemary” o “La Semilla del Mal” como es conocida en España. Tanto en la película como en el libro se cuenta la historia de una joven pareja que se muda a un edificio en Nueva York donde la esposa, Rosemary Woodhouse, comienza a sentir que algo malo pasa a su alrededor, viéndose inmiscuida en los planes de una secta satánica para traer al Anticristo al mundo. Con la actuación principal de Mia Farrow, se ha tejido un sinnúmero de leyendas alrededor del film. De hecho, el edificio donde se rodó, llamado Dakota y ubicado frente al Central Park, se piensa maldito, pues allí vivieron Boris Karloff, Aleister Crowley y John Lennon, quien fue asesinado en su puerta principal. Por otro lado, no es cierto el mito que dice que Anton Szandor LaVey, fundador de la Iglesia de Satán, haya hecho el papel del Diablo en la película.


En 1950, el escritor William Peter Blatty se enteró de un caso de posesión demoniaca a un chico ocurrido en 1949. Basado en él, en 1971, publica “El Exorcista”, que será llevada a la pantalla grande 2 años después por William Friedkin. La trama nos habla de una niña que comienza a tener un comportamiento perturbador y errático, lo cual preocupa a su madre que la lleva a diferentes médicos. No obstante, el problema empeora y la chica parece otra persona, su cara se desfigura malévolamente y habla con una voz ronca profiriendo obscenidades y blasfemias. Al final no queda otra cosa que recurrir al viejo ritual de la Iglesia Católica para expulsar al demonio.


De todas las películas de terror hechas hasta hoy, si “El Exorcista” no es la más terrorífica de todas, pega en el palo. De hecho, cuando se estrenó, la gente salía del cine a mitad de la función, impulsadas por el pavor. Esto porque sacó el terror definitivamente de los castillos medievales y lo llevó a lo cotidiano, a una casa de los suburbios, en la cual, en una de sus habitaciones, el mal se anidaba.
“El Exorcista” tiene dos secuelas, ambas de muy buena calidad, aunque no tuvieron el éxito de la original. Por otro lado, también tiene dos precuelas, pero esto por una razón un poco más rara. la primera precuela estaba a cargo del director Paul Schrader, quien la terminó y se la entregó a los ejecutivos de Warner, a quienes no les gusto y contrataron a otro director, Renny Harlin, para hacer otra película. Schrader no se quedó tranquilo y fue a tribunales para conseguir que su película fuera estrenada, cosa que ocurrió. “El Exorcista: Dominion” de Schrader salió el 2005, un año después que “El Exorcista: El Comienzo” de Harlin. Paradójicamente, Dominion tuvo mejor critica que El Comienzo.


Con “El Bebé de Rosemary” y “El Exorcista” la industria del cine se dio cuenta de que el Diablo estaba de moda, así que debían seguir sacándole provecho. El siguiente paso fue una trilogía que relatara acerca del nacimiento y ascenso del Anticristo. “La Profecía” o “The Omen” como se llama en inglés nos muestra a Demien Thorn, nacido en el seno de una influyente familia estadounidense, pero que resulta ser el Anticristo. En la primera película se habla sobre su niñez y cómo se deshace de sus padres; en la segunda de su adolescencia y de la aceptación de su papel como Anticristo; mientras que la tercera nos presenta un Demien adulto y exitoso, listo para asumir su destino. Hay una cuarta entrega para la televisión y un remake de 2006, pero esas son mejor olvidarlas.


Desde “La Profecía” en adelante el Diablo sufre de los mismos males que muchos otros íconos del cine: se lo descafeiniza o se plagian una mil veces las apuestas exitosas. Ya había pasado con Fausto, que una y otra vez aparecía de distinta manera ¿Cuántas películas de exorcismos han parecido en estos años que no son más que una repetición de las formulas de “El Exorcista”? Niñas en camisones de dormir vomitando obscenidades y sopa de guisantes están a la orden del día.
Por otro lado, el tema del nacimiento del Anticristo está tan trillado como el del demonio mefistofélico. “Corazón de Ángel” de 1987 nos presenta nuevamente al diablo buscando el alma de alguien, pero en clave de cine negro y con un Robert De Niro salvando la película con su interpretación. Lo mismo pasa con “The Devil’s Advocate” de 1997, donde Keanu Reeves es un abogado que entra a trabajar en una firma satánica. De no ser por la actuación de Al Pacino y su memorable monólogo final, la película sería una más del montón.


Para cosas nuevas, hay que buscar en lugares menos convencionales.
Uno de mis escritores favoritos es Neil Gaiman, el mismo del comic Sandman, quien escribió en 1990 en colaboración con Terry Pratchett “Buenos Presagios”. La historia va que un ángel y un demonio llevan tanto tiempo en la tierra que terminan haciéndose amigos y acostumbrándose al vecindario. No obstante, se dan cuenta que se viene el Apocalipsis y no desean dejar su estilo de vida, así que hacen un plan: cambiarán al Anticristo por un niño común y corriente para que el Fin del Mundo no ocurra. Una excelente sátira con un humor inteligentemente británico.


También salida de una de las creaciones de Gaiman es la siguiente obra. En las páginas de Sandman nos enteramos de cómo Lucifer se aburre de reinar en el Infierno y lo deja todo para venir a vivir un cómodo retiro en la Tierra. Luego, en un spin-off llamado Lucifer, nos enteramos de sus siguientes aventuras a través de los muchos universos.


Por último, en el mundo particular de los juegos rol se encuentra “Demonio La Caída” de la editorial White Wolf, que se inspira en la visión heroica que nos da “El Paraíso Perdido” de la rebelión de Lucifer e invita al jugador a ponerse bajo la piel de ángeles caídos que vuelve a la Tierra después de milenios de exilio en el Infierno.


Así, desde la serpiente del Edén a una mascota de clubes deportivos, pasando por el tentador, el enemigo de Dios y de los hombres y un personaje de ambigua sexualidad en “Las Chicas Superpoderosas”, el Diablo tiene el poder de metamorfosearse en lo que desee. No es raro pensar que aún tenga mascaras que no ha utilizado y con las que nos sorprenderá en el futuro.

1 comentario:

  1. buena men, no tenia idea que tenias tantas weas escritas, bkn siguele asi, que estan buenas XD (Bryan)

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