martes, septiembre 09, 2014

Extraterrestres HdP: Llévenme con su líder... me lo voy a comer a él primero (Parte 1)



Ya he hablado de vampiros, hombres lobo, momias y del mismo Diablo, así que decidí expandir el radio de búsqueda y extenderlo al infinito y más allá. Hoy hablaremos de extraterrestres, pero no de esos que vienen a enseñarnos de paz, amor, nuestra unión con el universo y toda esa mierda hippie. No, acá vamos hablar de ese extraterrestre que viene a conquistar tu planeta, comerte y poner sus huevos en tu interior, o como yo les defino, extraterrestres hijos de puta. Por otro lado, no es mi pretensión entrar en la discusión acerca de la existencia o no de vida extraterrestre, sino cómo aparece en nuestra ficción.

Se reconoce como los padres de la ciencia ficción moderna a dos escritores del siglo XIX. El primero es el francés Jules Verne y el otro el inglés Herbert George Wells, aunque ambos son muy diferentes a la hora de abordar sus temáticas. Verne suele ser muy meticuloso en cuanto a las bases científicas en las que cimenta su historia, mientras que Wells se concentra en la aventura, no preocupándose que a veces sus justificaciones científicas sean inverosímiles. 


Es gracias a H. G. Wells que nace el extraterrestre hijo de puta (EHdP de aquí en adelante) en su novela de 1898 “La Guerra de los Mundos”. Inspirado por el descubrimiento del astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli acercas de formaciones marcianas en la superficie semejantes a canales, Wells se imaginó qué pasaría si la civilización marciana viniera a la Inglaterra Victoriana para conquistarla. El relato nos lleva al mismo 1898 con un montón de objetos cilíndricos que caen por la campiña inglesa como si fueran meteoritos y que en cuyo interior viaja la fuerza invasora. Llegados a la Tierra, los marcianos arman unas máquinas trípodes (sí, son horribles ingenieros, ya lo dijo Mr. Hyde) que disparan rayos caloríficos, esparcen un gas negro tóxico y recolectan humanos para drenarles la sangre.



Hay varios detalles interesantes en el planteamiento de Wells. Primero tenemos que le da una bofetada al amor propio victoriano, ya que se sentían la cúspide de la cultura occidental y una civilización extraterrestre les barrió sin mayor esfuerzo. Lo otro es el hecho de que no imaginó extraterrestres antropomorfos, como muchos después de él, sino horribles cefalópodos que se alimentan de la sangre de los humanos y plantan una hierba roja en todas partes para volver la tierra más parecida a Marte. Por último, mucho menos evidente que todo lo anterior, está la crítica contra el ideal colonialista que imperaba en Gran Bretaña y el resto de las potencias europeas, las que se comportaban con la misma indiferencia alienígena con los pueblos originarios de sus colonias.
El libro fue un éxito y sentó las bases del EHdP, dando pie para algunos de los casos de histeria colectiva más extraños que han ocurrido. Pero eso vendrá luego.
Con el principio del siglo XX el extraterrestre quedó algo relegado de la literatura y del nuevo medio del cine. No obstante, desde un segundo plano, se estaba gestando en un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra llamado Providence algo realmente nuevo.
Siempre hablo de él, pero creo que ahora es el tema en que realmente se lució. Howard Phillips Lovecraft fue quien realmente hizo la unión de la ciencia ficción y el terror en la que el EHdP se mueve como pez en el agua. De hecho, las criaturas de los mitos lovecraftnianos son en realidad entidades extraterrestres tan poderosas y ajenas a la naturaleza humana que a nuestros ojos parecen dioses. 


Hay mucho a lo que recurrir, pero sólo haré mención de dos ejemplos de EHdP en la obra de Lovecraft por estar más directamente relacionados con el tema. Primero tenemos “El Color que cayó del Cielo” de 1927, un relato que nos habla de un meteoro que cae cerca de la ficticia ciudad de Arkham, viniendo dentro de él una extraña criatura que se refugia en un pozo y envenena el agua y la tierra. La criatura luego se va de la Tierra, pero la radiación que deja comienza a mutar la flora y fauna del lugar, llegando incluso a cambiar a los habitantes de las granjas cercanas en seres horripilantes. El problema es que la contaminación se extiende cada vez más.


La otra historia es “En las Montañas de la Locura”, novela de 1931. En ella se relata los acontecimientos acaecidos durante una expedición científica a la Antártida.  En este viaje encuentran una enorme ciudad en lo alto de unas montañas, construida mucho antes de que el ser humano caminara por la faz de la tierra. Ahí se topan cara a cara con los constructores de la ciudad, unos extraterrestres con cuerpos como pepinos, cabezas en forma de estrella, tentáculos y alas membranosas.


Ambos relatos representan tópicos interesantes y que serán retomados en mayor o menor medida por los autores que vendrán. Está la contaminación con un ente biológico del espacio exterior que transforma nuestro propio entorno y a nosotros mismo en algo desagradable y corrupto. En tanto, “En las montañas de la Locura” plantea de que los extraterrestres crearon una gran civilización antes de nuestra aparición (Sí, como el tipo de History Channel que dice que todo lo hicieron los alienígenas) y que somos para ellos el equivalente a lo que es para nosotros una hormiga.
Ahora, si bien se dijo que H. G. Wells fue el iniciador del género de los EHdP, fue Lovecraft quien les dio la viscosidad, bocas y ojos extras, acompañado de la mala leche inherente. Sin el viejo H. P. no existiría “La Cosa”, “Alien” o “Depredador”.
No obstante, aunque hoy se ve a Lovecraft como uno de los autores más influyentes del siglo XX, en su época sus historias y las de quienes seguían sus temáticas eran consideradas literatura de cuarta categoría, difundida por revistas como Weird Tales o Amazing Stories, que estaban dirigidas a niños y adolecentes principalmente, aunque sabemos que su público era mucho más amplio. Sin embargo, el tema de los extraterrestres se volvería mucho más serio debido a mítico programa de radio.


El 30 de octubre de 1938 por las ondas de CBS se escuchó la información de que unos extraños objetos habían caído desde el espacio en Nueva Jersey. Se trataba de unos cilindros metálicos en los cuales venía una fuerza de invasión marciana. Sí, es exactamente la misma historia de Wells trasladada a los alrededores de Nueva York, pero no era tan conocida en ese entonces y la gente creyó que ese noticiero falso era real. El pánico se generalizó, aunque nunca se ha demostrado que hubiera muertos como cuenta la leyenda urbana, pero sí colapsó la policía y los diarios por la gente que deseaba saber qué estaba pasando. Al final, el cerebro tras de todo esto, el hoy mítico Orson Welles, debió pedir disculpas por el pánico generado entre la gente debido a lo que fue pensado como una transmisión de Halloween. 


¿Por qué la gente creyó algo tan improbable? Pues porque confiaban en lo que los medios les decían (aún lo hacemos) y la época era lo suficientemente tumultuosa para hacer aflorar ese tipo de miedos. Recordemos que es un año antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial y el mismo en que Francia e Inglaterra apenas lograron evitar la debacle, permitiendo que Hitler desmembrara Checoslovaquia. Ahora, hay que pensar también que la de Welles no ha sido la única adaptación radial de “La Guerra de los Mundos”, sólo fue la primera. En las que siguieron y usaron la misma fórmula de falso noticiario, siempre hay personas que caen, incluso en años recientes.
Luego no se necesitaron EHdP, pues durante la Segunda Guerra Mundial tuvimos fascistas hijos de puta que pusieron todo patas arriba. Sin embargo, apenas terminado el conflicto comenzó la enemistad entre los antiguos aliados dando principio a la Guerra Fría, lo cual fue terreno fértil para el EHdP volviera en gloria y majestad.
La década del cincuenta fue sin duda la era dorada del extraterrestre en el cine y la literatura. No obstante, miremos algo un poco más antiguo: En 1938 John W. Campbell Jr. escribió un cuento titulado “Who Goes There?”, el cual inspiró una de las primeras películas de EHdP, y que ha sido versionada ya un par de veces. “The Thing From Another Space” de 1951 nos cuenta la historia de una expedición que viaja al polo norte y encuentran una nave espacial marciana (¿?) que se desintegra al incendiarse su fuselaje de magnesio. No obstante, logran recuperar un espécimen congelado, teniendo la mala idea de sacarlo de su ataúd de hielo, lo cual da paso al horror.


Como suele suceder en estos casos, en nuestra memoria está más clara la versión de Carpenter de “The Thing”, pero fue en 1951 en que la gente tuvo sus primeras pesadillas con el monstruo que dormía en el hielo. Ahora, también es muy curioso ver como la influencia de Wells sigue en el género, pues hasta ese momento todos los extraterrestres vienen de Marte.
Un  año después fue estrenada la primera versión cinematográfica de “La Guerra de los Mundos”, a cargo del director Byron Haskin. Como en la versión de radio, acá la acción deja la campiña inglesa de 1800 para trasladarse a Estados Unidos en 1950. Tampoco aparecen los famosos trípodes, sino naves parecidas a platillos voladores que destrozan todo lo que se les interpone. Los marcianos también cambian a un diseño vagamente humanoide, con tres ojos en el pecho de colores azul, verde y rojo.


Siguiendo con los marcianos, una de las más conocidas y que también tiene su versión ochentera es “Invaders from Mars” de 1953. Un chico llamado David McLean ve desde la ventana de su habitación cómo a lo lejos cae un meteorito, cosa que le cuenta a su padre científico que va a investigar. Al regresar, el padre ha cambiado y ahora es distante y frío, mostrando una extraña herida en el cuello. El problema que muchos en el pueblo muestran las mismas características que el padre de  David, por lo que va a investigar él mismo el lugar. Ahí se encuentra a un marciano (una cabeza con pequeños tentáculos, como Krang de las Tortugas ninjas), quien, ayudado por unos mutantes verdes, intenta evitar el desarrollo de cohetes nucleares por Estados Unidos.


“Invaders from Mars” tiene la particularidad de tener una lectura más retorcida que la obvia. Por esa época Estados Unidos se veía afectado por una paranoia que pretendía ver por todos lados espías comunistas. Unos marcianos del planeta ROJO que lograban dominar a humanos comunes y corrientes para que les ayuden en sus planes son la alegoría perfecta de rusos infiltrando la sociedad americana.
En este contexto nace lo que se conoció como el Macartismo, llamado así por el tristemente célebre senador Joseph McCarthy, siendo una doctrina que promovía la delación y persecución de cualquier americano que fuera sospechoso de tener alguna actitud antiamericana (entiéndase comunista) lo que produjo la persecución de inocentes y gente que sencillamente tenía ideas demasiado liberales para los cánones establecidos.
Inspirada en esto, llega a los cines “Invasion of the Body Snatchers”, en que vemos cómo unas esporas espaciales llegan a la tierra y generan unas vainas de las cuales salen copias exactas de las personas, pero que no poseen ningún tipo de emoción. Se trata de una invasión silenciosa, que reemplaza a las personas casi de forma imperceptible y sólo se hace evidente cuando ya la situación es desesperada. 


A medio camino entre la propaganda anticomunista y la crítica contra el macartismo, “Invasion of the Body Snatchers” tiene la gracia de ser mucho más novedosa que otras películas de la época. No hablamos de naves espaciales que vienen a reventarnos con rayos de calor, sino plantas que buscan crear una utopía igualitaria a costa de nuestra existencia en la Tierra.
Pero aún quedan más intento de invasión de los que hablar, extraterrestres que vienen a comer todo lo que hay en la tierra y otros que sólo vienen a EXTERMINATE!!!!... pero eso en el próximo capítulo.

Leer parte 2

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