lunes, octubre 06, 2014

Monstruos Gigantes: El Tamaño sí Importa (Parte 1)



Por alguna razón, desde los albores de nuestra historia hemos fantaseado con monstruos gigantes que vienen a hacer mierda todo lo que hemos construido y amamos. Es una especie de pesadilla colectiva, pues no conozco a nadie que alguna vez no haya soñado con estas bestias que nos demuestran lo pequeños que somos frente a un universo infinito y hostil.
Los mitos sobre la creación de las diferentes religiones antiguas por lo general tienen alguna leyenda de monstruo gigante que representa al caos primigenio, generalmente asociado con el mar, lo cual es un detalle importante a tener en cuenta. Los babilónicos tenían a Tiamat, una especie de dragón hembra representante del caos creador, quien fue asesinada por el dios Marduk para que el mundo pudiera ser lo que es hoy. 


En Egipto estaba Apep o Apophis, una enorme serpiente que intentaba devorar Carro de Ra todas las noches. Los aztecas cuentan acerca de Cipactli, un monstruo femenino enorme, medio pez, medio lagarto, al cual los cuatro dioses principales asesinaron para poder crear el mundo. No obstante, los que se llevan los laureles en los juegos olímpicos de engendros tamaño mega familiar son los griegos. 


Al parecer, la Grecia mítica sufría una plaga de monstruos gigantes. El más grande de todos fue Tifón, quien intento destruir a Zeus después que éste derrocara a su padre Cronos y le enviara al Tártaro. Tifón era un monstruo tan grande que alcanzaba las estrellas, sus dedos eran cabezas de dragones, sus piernas estaban hechas de multitud de serpientes, escupía lava y tiraba fuego por los ojos. Fue el mayor reto que enfrentó Zeus, quien le venció y encerró bajo el monte Etna.


Ahora, la mayoría de los héroes de los mitos griegos enfrentaron monstruos de grandes proporciones. Hércules se enfrentó a leones gigantes, aves gigantes, perros gigantes de tres cabezas… un gigantesco establo lleno de mierda. Pero lo que más se recuerda es su pelea con la hidra, un monstruo de nueve cabezas, que cada vez que le era cortada una, crecían dos en su lugar. Al final logró vencerla quemando el muñón de su cuello para que no volvieran a salir más cabezas.


Otro famoso en la actualidad por enfrentar a un bicho gigante es Perseo, en especial por las dos versiones de la película “Furia de Titanes”. La leyenda cuenta que la reina Casiopea dijo que su hija Andrómeda era más hermosa que las nereidas. Para castigar su orgullo, Poseidón envía un monstruo marino a asolar el reino hasta que la princesa sea sacrificada. Debo acotar que, a diferencia de lo que aparece en el cine, el monstruo no se llamaba Kraken, que pertenece a una cultura totalmente diferente a la griega, y que Perseo llegó a rescatar a la chica por pura casualidad. La vio encadenada a una roca y se acercó a ver qué pasaba.


Otros dos monstruos famosos en la mitología griega eran unos que se la ponían difícil a los marinos. Escila fue una hermosa ninfa que fue transformada en un enorme monstruo con seis cabezas de perro que asechaba en los rocosos acantilados del estrecho de Mesina. Su vecino era Caribdis, un monstruo primigenio tan enorme que cuando abría su boca para alimentarse creaba un remolino que se llevaba a los barcos con sus tripulantes. Ambos monstruos representaban lo peligroso que era cruzar el estrecho que separa Italia de Sicilia, con aguas torrentosas y rocas traicioneras.


Acá es importante detenerse, pues la creación de estos monstruos en la imaginación de pueblos antiguos no es sólo una muestra de mucha creatividad. No es casualidad que los monstruos estén asociados con algún aspecto de la naturaleza, en especial con el mar. Para el hombre primitivo esa inmensa cantidad de agua que se alzaba impetuosa en sus costas era aterradora ¿Imaginan qué pensaron cuando vieron la primera ballena? ¿Cuándo se adentraron en las cascaras de nuez que eran los primeros navíos y fueron atrapados por una tormenta? Hoy seguimos poniendo el origen de la mayoría de nuestros monstruos en el mar, lo cual no es ninguna coincidencia. 


Lo otro tiene que ver con la visión cósmica de estos pueblos, la imposición de un orden, representado por los dioses, ante el caos de los monstruos primigenios. Los dioses erradican a los monstruos y establecen la civilización, eliminan el canibalismo, doman la naturaleza y enseñan a los hombres los rudimentos de la agricultura, la astronomía y otras tantas ciencias. El mundo que nos rodea ya no es amenazante, sino que está nuestro servicio para que tomemos sus recursos… aunque a veces los monstruos vuelven a despertar.


No son conocidos por tener una imaginación tan fértil como los griegos, pero los hebreos también tienen su colección de monstruos en la biblia. En el libro de Job se nos presentan dos monstruos, Leviatán y Behemoth; el primero es un cocodrilo o serpiente marina, mientras que el segundo es semejante a un hipopótamo, ambos con un alto consumo de esteroides. Por otro lado está Daniel y los cuatro monstruos que salen del mar: un león con alas de águila, un oso con gusto por la carne humana, un leopardo con cuatro cabezas y cuatro alas y uno que no es tan bien descrito, pero que tiene garras y colmillos de hierro, además de diez cuernos. 


Cuando de la religión judaica se escindió el cristianismo, tomaron estas visiones proféticas y las plagiaron en el Apocalipsis. Acá aparece la Trinidad Satánica de Monstruos Gigantes: el dragón rojo de siete cabezas y diez cuernos que quiere comerse a una mujer en el cielo, la bestia que sale del mar con siete cabezas y diez cuernos  (otra vez) que parece un felino, y el que sale de la tierra semejante a un cordero que habla como dragón. 


Todas estas criaturas no encarnan lo mismo que los monstruos paganos, pues no hay un concepto de un caos poderoso que hay que erradicar con batallas en la cosmovisión hebreo-cristiana. El dios del génesis sencillamente habla y las cosas suceden, ordenando el cosmos por puro poder de su voluntad. Por esto, lo que simbolizan los monstruos de la biblia son los enemigos del pueblo de dios, sean estos los judíos o los cristianos.
Ahora, los pueblos del norte, en especial los germanos y vikingos, tenían igual este concepto del caos y el orden representado por la lucha entre dioses y monstruos. Odín y sus hermanos Vili y Ve vencen y matan al gigante de escarcha Ymir y con su cuerpo crean Midgard, el mundo. Después, uno de los principales dioses, Thor, tuvo durante toda su vida una disputa enconada con la Serpiente de Midgard o Jönmurdgarden, la cual sólo se decidió en el Ragnarok o fin del mundo vikingo. En ese mismo final de película aparece Fenrir, el lobo monstruoso que se comería al sol para dar inicio al gran invierno del fin del mundo. 


Más tardío y, quizá, basado en avistamiento de un animal real, son las leyendas del kraken. Ya lo dije y lo repito, el kraken no tiene nada que ver con la mitología griega más allá de lo que dice el cine y no se parece mucho al monstruo de la pantalla. Este nativo de las frías aguas del norte es un pulpo enorme, capaz de hundir él solo a un barco. Hoy sabemos de la existencia  de calamares gigantes que pueden llegar a medir 14 metros de largo.


Otros que tienen tradiciones de monstruos gigantes son los hindúes, con sus dioses de muchos brazos. Los asura son demonios enfrentados a los dioses que a veces toman forma de grandes monstruos. Uno de estos asura es Vritrá, una serpiente que seca los ríos de la India. El dios Indra, señor del cielo y del rayo, lo destruyó y terminó con la sequía.


Por otro lado tenemos la leyenda de Mahisha, un usura con forma de un toro gigante que ataca a los dioses sin que nadie pueda detenerlo, pues sólo podía ser destruido por una mujer. Entonces Shiva,  Brahma y Vishnú combinan su poder para crear a la encarnación del supremo poder femenino, la diosa Durga, que montada en un tigre o león, y con un arma especial en cada uno de sus diez brazos, mata al demonio y su ejército.


Volviendo a Europa, ya instalada la edad clásica, los griegos y luego los romanos se dieron cuenta de que los monstruos gigantes de los que tanto habían escuchado no estaban en ninguna parte. Por ello, en esa época comenzaron a aparecer en los mapas representaciones de monstruos en mares extraños o en zonas desconocidas. Para los europeos, los monstruos se encontraban más allá de la tierra en que habitaban


Pero hay un monstruo que es común a todas las culturas humanas y es el dragón. Hemos nombrados ya algunos representantes de esta especie más arriba, pero los diferentes aspectos de esta criatura son tantos que es difícil hacer referencia a todos. En las culturas del Extremo Oriente son deidades sabias y símbolos de la eternidad, mientras que en occidente es la representación del mal para los cristianos y algunos paganos, aunque también es un fiero protector.


La leyenda cristiana del caballero que mata dragones por antonomasia es la de San Jorge de Capadocia. Originalmente Jorge era sólo un soldado de la guardia del emperador Diocleciano que sufrió el martirio hacia el 303 de la era común. No obstante, hacia el siglo XI aparecieron leyendas que plagiaban la historia de Perseo y donde el santo encontraba a una doncella a punto de ser devorada por un terrible dragón, por lo que la salva. Jorge terminó transformándose en el santo patrono de los caballeros y el dragón en la más mortífera bestia a la que podían enfrentar.


Los bestiarios medievales estaban llenos de animales fantásticos y monstruos que, como dije, habitaban tierras lejanas y mares hostiles. No obstante, con la llegada de la Era de los descubrimientos geográficos pasaron definitivamente a la literatura fantástica.

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