domingo, octubre 12, 2014

Monstruos Gigantes: El Tamaño sí Importa (Parte 2)



Con la llegada de la edad de los descubrimientos geográficos la creencia en Monstruos gigantes fue decayendo, pues nunca se encontraron los grandes dragones, gigantes o serpientes marinas que, se suponía, estaban ahí afuera. Ellos sencillamente brillaban por su ausencia. 


Y es que, como con otros monstruos míticos, las bestias gigantes eran tenidas por reales incluso entre gente erudita. Una de las razones para que esto ocurriera fue la aparición de fósiles que la gente de esa época mal interpretó su origen. Los huesos de animales prehistóricos muy anteriores a que el humano caminara por la tierra siempre han aparecido cuando escavamos un poco, pero nadie sabía de esos animales, por lo que los relacionaron con sus propias leyendas.
Los monstruos gigantes no estuvieron muy presentes durante la época de los grandes descubrimientos y aún menos en el Iluminismo, donde todos estos conceptos fueron pasto de burlas por los ultra racionales pensadores de la época. Sólo en el siglo XIX y con la llegada de lo que se conoció como romances científicos (novelas de ciencia ficción en la actualidad) el monstruo gigante volvió a emerger de las profundidades.
El primer antecedente de esa época está inspirado en la cacería de ballenas que se dio globalmente durante el siglo XIX. En 1851 Herman Melville nos presenta la historia acerca de un duelo personal entre un capitán obsesivo con una pata de palo y un enorme cachalote blanco de proporciones imposible. Esta novela “Moby Dick” es mucha más simbólica y existencialista, pero nadie puede negar que la enorme ballena blanca es por derecho un monstruo gigante.


El género de la ciencia ficción nace con “El Moderno Prometeo” de Mary Shelley, pero llegó a su apogeo con un francés llamado Jules Verne. Este escritor se basó en una ciencia nueva para crear una de sus grandes novelas de aventura. En 1822 el geólogo Gideon Mantell descubrió un fósil al que llamó Iguanodonte, lo cual dio inicio a la paleontología y al entendimiento de los dinosaurios como especias totalmente diferentes que nunca fueron conocidos por el hombre. Por su lado, en “Viaje al centro de la Tierra” de 1864, Verne nos cuenta acerca de una expedición que intenta alcanzar el centro de la Tierra a través de un volcán en Islandia. Basado en la teoría de la Tierra Hueca (algo que aún cuenta con entusiastas), Verne pone todo un ecosistema prehistórico bajo nuestros pies, con enormes lagartos gigantes que evocan a los dinosaurios que se estaban descubriendo en ese momento.


Otra novela de 1870 es “Veinte mil Leguas de viaje Submarino”. Todos tenemos alguna noción de la historia de Nemo y su submarino el Nautilus, pero lo que nos convoca son los monstruos de grandes proporciones y en esta categoría la novela retoma la imagen del kraken. Si bien Verne no hace referencia a la bestia legendaria, sino al calamar gigante que recorre los océanos del mundo, la parte en que aparece es una de las más emocionantes de la novela.


También inspirado en los descubrimientos acerca de dinosaurios, el padre del famoso Sherlock Holmes, Arthur Conan Doyle, publicó en 1912 “El Mundo Perdido”. Como en todas estas aventuras, hay una expedición científica a un valle escondido en Sudamérica que se encuentra, nuevamente, con fauna prehistórica, en especial con dinosaurios.


Terminando con el ciclo de monstruos que más o menos se pueden agrupar en la misma categoría, hay una película de 1933 que marca un hito para el monstruo gigante. Un director de cine llamado Carl Denham escucha leyendas acerca de una isla en que se encuentra un gorila gigante que es adorado por los nativos de ese lugar. Buscando hacerse famoso, Denham organiza una expedición a la isla para capturar al gorila y traerlo a Estados Unidos para ponerlo en exposición. “King Kong” tiene un montón de versiones a través del tiempo, cada una con el uso de los mejores efectos especiales de su época, pero siempre la original es mucho más determinante. Las escenas de stop-motion con los dinosaurios y el gorila, o la de Kong enfrentando los aeroplanos en la punta del Empire State es una de las joyas del cine de todos los tiempos.


Las anteriores obras las he agrupado como hermanadas entre sí porque corresponde a una forma de ver al monstruo gigante. Todas están encuadradas en una visión de finales del siglo XIX y principios del XX en que los monstruos son criaturas del pasado insertadas en una época diferente. Es común a la mayoría cosas como un santuario donde la fauna del pasado ha sobrevivido por alguna razón incógnita, los típicos aventureros y la chica en peligro. No había nada sobrenatural en esto, sino que eran bestias fuera de lugar en tiempo y espacio.
Ahora, los monstruos primigenios estaban buscando la forma de volver, y encontraron la puerta de entrada a este mundo en la mente de un sujeto extraño de Providence, Nueva Inglaterra.
Esto debe ser lo más majadero de todas mis revisiones de criaturas de terror que he hecho hasta ahora, pero una figura tan importante como H. P. Lovecraft no puede ser pasada por alto cuando se habla de terror. Sin embargo, antes de entrar a hablar sobre los monstruos llenos de tentáculos de Lovecraft, hay que explicar cuál era la cosmología nacida de la mente de este genio. En comparación con las creencias antiguas, donde la imposición del orden sobre el caos primigenio es un hecho casi natural e inevitable, para Lovecraft el caos y la entropía es el estado natural del universo, donde los dioses son en realidad monstruos absolutamente ajenos a cualquier sentimiento humano.


Monstruos gigantes Lovecraft tiene a montones, miríadas de ellos, pero obviamente tenemos que hacer mención del más importante de todos, más que nada porque tiene a la tierra por hogar. Cthulhu es un monstruo de enormes proporciones (tiene 10 kilómetros de alto, sólo comparable con el Tifón de los griegos) que se estableció en la tierra junto con sus servidores, haciendo la guerra a una raza conocida como los Antiguos o Primordiales, que no son otros que los extraterrestres hijos de puta de “En las Montañas de la Locura”. Cthulhu duerme en la actualidad bajo un sello en la ciudad hundida de R’lyeh, en el océano pacífico (si despierta algún día lo veré desde la ventana de mi casa).


Hay miles de dioses en la mitología de Lovecraft, muchos más grandes y poderosos que Cthulhu, pero ninguno tan popular. Cthulhu ya es ícono cultural y muchos conocen su estampa (cabeza de pulpo, cuerpo de dragón y alas membranosas) pero no su trasfondo. Hay juegos, películas,  canciones, figuras coleccionables, hasta peluches de Cthulhu. Además, como Lovecraft creó un universo abierto donde cualquier autor podía hacer su aporte y expandir una y otra vez los mitos en que Cthulhu es la estrella, no dejan de aparecer nuevas historias acerca de él.


No obstante, los monstruos de Lovecraft existían a medio camino entre la ciencia ficción y la fantasía, pero con el final de la Segunda Guerra Mundial un hecho cambiaría el origen de nuestros miedos.
La Segunda Guerra mundial terminó con una gran luz que cambió la mentalidad completa de la humanidad, pues por primera vez, en toda nuestra historia, teníamos el poder de acabar con nosotros mismos y cambiar drásticamente la biología de nuestro planeta a través de la mutación debido a la radiación. 


Contrario a lo que todos creen, la primera película de monstruos gigantes con origen atómico apareció en Estados Unidos en 1953, aunque el monstruo no es producto de la radiación, sino que se trataba de un dinosaurio que había hibernado durante 100 millones de años en el hielo (¿?). “The Beast of 20.000 Fathoms” nos presenta al Rhedosaurio, que es un lagarto gigante que arrasa varios poblados de estados unidos hasta que llega a la Gran Manzana, donde, además de matar inocentes, infecta todo con un virus prehistórico. Lo importante de esta película es que muestra detalles que se volverán clichés, como los militares enfrentando al monstruo, maquetas de ciudades siendo destruidas y gente corriendo por las calles despavorida.


Pero el verdadero país de los monstruos gigantes radiactivos es Japón. Cuando eres la única nación a la que han atacado con armas nucleares, ese horror te marca de alguna manera, especialmente en tus pesadillas. En 1954, la productora nipona Toho nos presenta la primera película de daikaiju (monstruo gigante) llamada “Gojira”; no obstante, al llegar a occidente se le cambió el nombre a “Godzilla, King of the Monster” y el monstruo quedó como Godzilla. Con un origen algo misterioso, pero obviamente relacionado con las pruebas nucleares en el Pacífico, Godzilla es el más popular de los kaijus japoneses y un ícono cultural de ese país. Tiene 28 películas en Japón, un remake americano de 1998 (malo, malo, malo!!!) y la de este año que es coproducción americano-japonesa y que tiene opiniones divididas.


Pero Godzilla sólo fue el primero de una vasta familia de monstruos que destruían Japón cada cierto tiempo. Es imposible hablar de todos acá, pero hay dos que merecen ser mencionados. Mothra es una oruga gigante que luego se transforma en una mariposa que principalmente protege la tierra y sus habitantes. Proviene de una isla tropical y dos pequeñas hadas son quienes lo controlan. En varias ocasiones a compartido pantalla con Godzilla, algunas como enemigo y otras como aliado.


Por otro lado tenemos a King Ghidorah, quien es un dragón de tres cabezas venido del espacio exterior. Se trata de un mal antiguo, destructor de varias civilizaciones, entre ellas la venusina. Ghidorah se ha enfrentado en varias ocasiones con Godzilla y Mothra, teniendo estos tres una excelente película 2001 donde no dejan nada de píe en suelo nipón.


Japón ha mantenido constante el interés en el género de monstruos gigantes hasta la actualidad, cosa que ha ocurrido sólo esporádicamente en occidente. Si bien, tenemos un remake de King Kong en 1976 que tuvo varias secuelas y fueron de una calidad aceptable, sólo con la llegada de los gráficos por computador fue que el monstruo gigante volvería a occidente de una manera increíble.
En 1990 Michael Crichton escribió una novela llamada “Jurassic Park” sobre un millonario que invierte en un parque temático con dinosaurios de verdad obtenidos gracias al proceso de la clonación. Luego, en 1993, Steven Spielberg llevó los dinosaurios a la pantalla, impresionando al público por la visión realista (siempre según los conocimientos científicos de la época) de estas bestias; los únicos monstruos gigantes que realmente pisaron la tierra.


Por su parte, en 2005, Peter Jackson, famoso en ese entonces por poner en la pantalla la saga de “El Señor de los Anillos”, hace un remake de King Kong basado directamente en la película original. Con efectos nuevos, se le da un aire fresco a esta extraña versión de La Bella y la Bestia.


Otro del que siempre tengo que hablar, porque es uno de los escritores más influyentes de la actualidad, es Stephen King. En 1983 escribió una novela corta titulada “La Niebla” acerca de un pueblo en el que hay una tormenta violenta y repentina, dejando después una espesa niebla que lo cubre todo. En el supermercado del pueblo, varias personas quedan atrapadas por esta niebla y algo que se mueve en ella: enormes monstruos que desean matar gente. La historia fue adaptada al cine en 2007.


Hay dos películas actuales que le dan un muy buen trasfondo al monstruo gigante. “Cloverfield” es una película de 2008 que une el falso documental con nuestro viejo y enorme amigo. Ocurre en Nueva York durante una fiesta que es gravada por uno de los asistentes justo en el momento en que la ciudad es atacada por un extraño monstruo gigante. Cuenta con la mayoría de los elementos de las películas del género, pero en esta ocasión es visto todo desde la perspectiva de una víctima del ataque, lo cual le da otra escala al asunto.


Por último, tenemos “Pacific Rim” de Guillermo de Toro. Influenciada por los clásicos japoneses, el film nos muestra un futuro cercano donde unos monstruos llamados kaiju (como en Japón) vienen a destruir a la humanidad. Las naciones del mundo, para enfrentarlos, crean unos robots gigantes llamados jaegers, los cuales defiende a la humanidad a la vieja usanza: con los puños. 


A diferencia de mucho de los monstruos de los que he hablado anteriormente, los cuales actualmente sufren una época de declive debido a que su foco ha cambiado y se han transformado en fantasías erótico-santurronas de adolescentes, los gigantes tienen la misma fuerza de la antigüedad, primigenia y cruda. Tengo esperanzas en que el futuro le dará nuevas oportunidades a las mega bestias para que vengan una y otra vez a ponerlo todo patas arriba.

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