jueves, diciembre 04, 2014

LoEG: Viaje al Corazón de las Tinieblas (Acto VI)

La Venganza del Demonio de Jade

Mina miraba por una de las claraboyas del Albatross el mar de nubes que cubría la campiña británica. Habían pasado tantas cosas desde que volvió a Londres que apenas había tenido tiempo de digerirlas. La habían sacado de su retiro, obligándola a volver a un trabajo que detestaba; su amante estaba en estado vegetativo, el hombre que la había reclutado parecía ser inmortal y habían resucitado a un monstruo hecho con partes de cadáveres ¡Toda en dos días!

Pendragon, desde el inquietante incidente de su caída desde las alturas, evitaba estar a solas con ella, seguramente porque no deseaba darle mayores explicaciones, aunque la mente de Mina ya estaba atando cabos a una velocidad impresionante, pero sus conclusiones le parecían demasiado alocadas. 
Estaba inmersa en esas cavilaciones cuando escuchó una dulce melodía que venía desde algún lugar de la nave. Movida por la curiosidad, Mina caminó en búsqueda del origen de la música hasta que llegó a una especie de biblioteca y estudio que tenía el Albatross, donde además se encontraba la sala de planos y mapas de Robur. Ahí, sentados en dos divanes, uno frente al otro, con un ventanal detrás de ellos, se encontraban Strogoff y Frankenstein. No obstante, la sorpresa de Mina fue inmensa al darse cuenta que era el monstruo quien tocaba la melodía con una pequeña flauta. Era casi imposible pensar que una criatura de su clase pudiera tener la sensibilidad necesaria para la música… pero eso era una idea preconcebida, porque ella había conocido a un par de monstruos y esa criatura sólo era alguien atrapado en las circunstancias de su existencia.
Por otro lado, el coronel Strogoff le perecía un hombre del todo agradable y confiable. Se le notaba curtido por el ambiente extremo de las estepas rusas, de carácter proverbialmente sereno. Había visto las mismas cosas aterradoras que ella, pero nada de esto perturbaba su estoica tranquilidad.
Mina buscó algo que leer en los estantes de la biblioteca y se sentó a compartir un rato la serena contemplación de esos dos personajes. Fue sorpresivo, como si se tratara de una especie señal, ver el lomo de un libro antiguo: “Historia Regum Britanniae” de Geoffrey de Monmouth. Mina comenzó a hojear el libro, fijándose en las ilustraciones con caballeros, dragones y damas en peligros. Aunque parezca tonto, trato de buscar algún parecido en ese rey de cuentos con el hombre que la había convencido para que formara parte de ese equipo. No; de seguro eran cosas de su imaginación y Pendragon jugaba con ella.
Estuvo un rato leyendo antes que se pudieran ver las fumarolas de las chimeneas de las casas e industrias de Londres por las ventanas. Era increíble el contraste que existía entre el campo y la urbe, siendo esta última un manchón sucio lleno de miseria. Las bondades de la modernidad que tanto se habían pregonado sólo eran útiles para algunos, mientras a otros les tocaba suciedad y comida de mierda.


Como en la ocasión anterior, el Albatross se posó en los campos de Heathrow, a la espera de recibir las órdenes de cómo seguirían con su misión. Allí, esperándoles el lado de un carruaje, se encontraban el señor Cratchit y el doctor Watson, quienes parecían muy preocupados. Ambos hombres se acercaron a saludar al grupo cuando  bajaron del Albatross, aunque vieron con cierta desconfianza a Frankenstein, quien trataba de pasar desapercibido en un segundo plano. Como la preocupación era evidente en la cara de los hombres, Pendragon les preguntó si algo malo pasaba, entonces Cratchit dijo:
- Verá, señor Pendragon, su casa ha sido allanada por desconocidos. No estamos seguros de cómo pasó, pero asesinaron a las sirvientas, robaron algunas cosas y… el señor Quatermain ha desaparecido.
Que a Pendragon le hayan robado, la tenía sin cuidado, y las muertes de las chicas eran lamentables; pero que Allan hubiera desaparecido casi hace que el corazón de Mina se detuviera. Obviamente esto no era un producto del azar, pues que atacaran la casa de Jack podía deberse a la misión que estaban a punto de encarar, o a querer robar algunas de esas rarezas que Pendragon estaba empeñado en amontonar en su casa, pues Mina vio cosas muy antiguas y una colección de libros bastante exóticos, por decirlo de algún modo.
Frente a esta situación, deciden ir de inmediato a la casa de Pendragon para tratar de ver si los que habían entrado en la casa dejaron alguna pista que pudieran seguir, mientras que Bond iría a los cuarteles de la Inteligencia por si había información de nexos entre el robo y la desaparición de Quatermain con el asunto que llevaban entre manos.
Mina, Cratchit, Pendragon, Strogoff y Frankenstein se subieron al carruaje y emprendieron el viaje a la casa de Jack. Durante el camino, miles de posibles situaciones pasaron por la mente de Mina, pero pronto se daría cuenta de que lo que le esperaba era mucho peor que aquello que se imaginación podía concebir.
La casa estaba hecha un desastre, con las cosas por el suelo y los cadáveres de las pobres sirvientas aún ahí, con las gargantas y los estómagos abiertos. Rápidamente, Jack sacó unas cortinas y cubrió los cuerpos de las chicas, indicándole a Cratchit que se encargara de tuvieran un funeral decente y que compensara a las familias. Luego comenzaron a revisar toda la casa en busca de pistas, pero los ladrones se encargaron de dejar bien claro cuáles fueron los motivos para esto.
Jack llamó a todos desde su estudio. Cuando llegaron, Jack tenía una hoja de papel en la mano y se la extendió a Mina. Ella la tomó y pudo ver que era papel de arroz con escritura que reconoció como china; sin embargo, no entendía nada de eso y Pendragon, con un tono grave, le dijo:
- Dice: Nos hemos llevado al anciano enfermo y tenemos otro rehén importante. Tráigannos a la mujer con el cuello marcado.
Mina se puso lívida al entender cuál era el móvil de la desaparición de Quatermain. Cuando Jack les explicó a los otros la situación, el resto también pudo entender:
- Hace un poco más de un año, la señorita Murray y un grupo de otros agentes ingleses desbarataron las operaciones de la mafia china en el sector este de Londres. De seguro esto tiene que ver con algún tipo de venganza de los chinos en contra de miss Murray.
Pero lo que rondaba en la cabeza de la mujer era que mencionaran a otro rehén en el mensaje, lo cual la puso en alerta y preocupada. No obstante, la respuesta a esta incógnita llegó justo en ese momento.
Un sujeto entró como un energúmeno al estudio. Era joven, quizá de unos treinta años, pero con el pelo extrañamente encanecido. No saludó a nadie y se lanzó en pos de Mina, tomándola por los brazos y zarandeándola mientras dice:
- ¿Qué le has hecho a mi hijo, maldita mujer? Han asaltado a mi casa y se lo han llevado... ¡Devuélveme a mi hijo!
Antes de que el tipo se pusiera más violento, Pendragon lo tomó del hombro y apretó con fuerza, haciendo que esté soltara a Mina debido al dolor:
- Cálmese o tendré que sacarlo de mi casa, señor – le dijo Jack en tono amenazante.
El hombre miró con gesto desafiante a Pendragon, aunque no pudieron cruzar palabra.
- Se han llevado a mi hijo… - Dijo primero Mina con los ojos llenos de lágrimas, pero luego su mirada se encendió y le encaró - ¡Tú! ¡Te atreves a exigirme algo a mí! Ese niño salió de mis entrañas y ni siquiera quieres dejarme verle ¿Así pretendías cuidarlo? ¿Dejando que se lo llevaran? Voy a encontrarlo y, cuando lo haga, te juro por mi vida que no lo volverás a ver, aunque tenga que esconderlo en el fin del mundo ¿Me oyes? ¿Te ha quedado claro?
Mina, siempre tan propia y fría, en ese momento dejó salir toda su mala leche contra ese hombre, lo cual permitió a Pendragon saber con quién trataba. Era el ex marido de Mina, Jonathan Harker.
En ese momento, superado por la ira, Harker levanta la mano para descargar una bofetada en la cara de su ex esposa, pero Jack detuvo el golpe y le advirtió:
- Creo que aun no entiende su situación, Harker. Esta es mi casa y no permitiré que le ponga un sólo dedo encima a la señorita Murray. Si quiere ser de alguna utilidad díganos lo que sabe, si no, le recomiendo que se vaya antes de que en verdad me enfade.
Había tal decisión en los ojos de Jack que Jonathan dudó y optó por comportarse por un momento. Por su lado, sin poder soportar el dolor, Mina se dejó caer en uno de los asientos, sollozando. Por su lado, Strogoff, paternal, le lleva algo de beber a Mina para reconfortarla.
Tratando de poner cierto orden a la situación, Jack les dice:
- La situación es la siguiente: Quatermain y el hijo de Mina han sido secuestrados por la mafia china. Quieren a la mujer con el cuello marcado, así que la cosa es con usted Mina. Lo importante es saber dónde los tienen antes que los chinos les hagan daño. Así que lo más conveniente es ir a Limehouse y Whitechapel para ver que averiguamos.
Harker, no pudiendo soportar más, les dijo:
- Yo no voy a ningún lugar con este montón de fenómenos, ni menos con esta mujer de mal vivir - Entonces mira a Mina con profundo desprecio y le dice - Desde que dejaste que ese maldito transilvano te tocara todo lo bueno en ti se volvió sucio y ruin. Voy a ir a Scotland Yard para que me ayuden en esto.
Mina no tenía fuerzas como para contestar a los insultos de Harker, pero Pendragon tenía la lengua filosa como una navaja:
- Trata con mucha dureza a su ex esposa, señor Harker, como si tuviera la altura moral para hacerlo. Leí los informes de su caso; usted pasó varias semanas en el castillo de Drácula disfrutando con tres vampiras… y no sólo le extrajeron sangre, por lo que sé.
Harker miró a Jack con tanta indignación que posiblemente le hubiera golpeado, pero la actitud desafiante de Pendragon le hizo dudar y sólo pudo lanzarle una mirada airada y salir de ahí. Fue entonces que todos cayeron en cuenta de una silueta que se recortaba en la penumbra de la puerta y que fumaba un cigarro; se trataba de Bond. Pendragon le ladró:
- Espero que para la próxima me pregunte cuando quiera traer esa calaña de idiotas a mi casa.
- Es un padre desesperado por encontrar a su hijo, señor Pendragon. Pero ahora ira a Scotland Yard en donde encontrará ayuda de verdad, así que usted no necesita preocuparse por ello… - le contestó Bond.
- Por el contrario- rebatió Jack -  Me encargaré personalmente de que la señorita Murray pueda reencontrarse con su pequeño y que el señor Quatermain esté sano y salvo.
- Eso no está entre sus deberes, Pendragon. La misión que tienen ustedes es mucho más importante. 
Jack paseó su mirada por sus compañeros, quienes le apoyaron tácitamente. Luego le dijo a Bond:
- La misión continuará una vez que solucionemos el problema de la señorita Murray. Si quiere puede mandarles un telegrama a los americanos para que me amonesten si lo estiman conveniente.
Bond sabía que no tenía autoridad para darle órdenes a Pendragon, por lo que sólo le quedó aspirar una bocanada larga de su cigarro, botarla por la nariz y salir de ahí sin despedirse de nada.
Por su lado, Mina, quien se mantenía abstraída, pensando en los peligros que estaba corriendo su pequeño, al fin logró serenarse, ordenar sus pensamientos y decir:
- Si lo que quieren es a mí, haga un trato con ellos Pendragon. Mi hijo y Quatermain a cambio de que yo me entregue y no, no voy a aceptar una negativa como respuesta. Si no hace el trato usted, Jack, lo haré yo.  Estoy segura de que Jonathan podrá seguir ocupándose de mi pequeño me pase lo que me pase a mí.
Pero fue Strogoff quien se acercó a la mujer, tomó su mano con un gesto paternal y le dijo:
- Entiendo su pesar, Mina, pero no puede actuar a tontas y a locas en este momento. Que se entregue no nos asegura que Quatermain y si hijo serán dejados en libertad. Déjenos ayudarla y le prometo que haremos todo lo necesario para salvar a sus seres queridos.
Las lágrimas cayeron por las mejillas de la chica, sintiéndose algo reconfortada por las palabras del ruso. Al final, sin saber a ciencia cierta si lo que estaba haciendo era lo correcto o una sentencia de muerte para quienes ella amaba, aceptó.
En ese punto, Jack volvió a tomar las riendas de la situación. Fue a uno de los muros de su estudio y golpeo el panel de madera hasta soltarlo. Sorpresivamente, resultó que tenía escondido armamento en un espacio hueco del muro; rifles, pistolas armas blancas y munición. Repartió armas a todo el grupo, pero Frankenstein se negó a aceptarlas, diciendo que se valía de sus propias manos para defenderse. 
- Bien, conozco un par de lugares donde podemos encontrar ayuda e información acerca de los movimientos de los chinos. Vamos rápido.
Todos salieron tras de Jack después que les dijera esas palabras. Pendragon y Strogoff llevaban Winchester de repetición, además de dos revólveres, mientras que Mina sólo llevaba un revolver. El carruaje esperaba por ellos al frente de la casa, pero Jack se detuvo en seco sin dejar que el resto abordara. Luego, sin razón aparente, apunto su escopeta hacía la niebla a penas iluminada por la luces a gas de los faroles y dijo:
- ¡Déjate ver! ¡Sé perfectamente que estás ahí!
Sus acompañantes se miraron entre sí sin alcanzar a entender, pero al instante una silueta emergió entre la niebla. Cuando se acercó más a ellos se dieron cuenta de que se trataba de una mujer china con abrigo y gafas oscuras. Pendragon dijo:
-  Yo soy Jack Pendragon. Si vienes de parte de los que se llevaron al señor Quatermain y al hijo de la señorita Murray, deja tu mensaje y vete.
La mujer pareció no entender lo que el hombre le decía, además que no debía de estar cómoda con un cañón rifle apuntándole a la cara. Al final dijo en perfecto inglés:
- Soy Chia y vengo en nombre del Emperador de China a ofrecerles ayuda.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario