miércoles, diciembre 10, 2014

Científicos Locos: Vive! Vive!... Vive!!!! (Parte 1)


Hay arquetipos en nuestra fantasía y en el terror que no llevan milenios a nuestro lado, sino que son producto de concepciones modernas, como los Científicos Locos. Por lo general, los distintos personajes que plagan las historias de terror representan nuestros miedos, no siendo la excepción los genios desquiciados, pues ellos encarnan la desconfianza acerca de los avances de la ciencia y cómo esta nos puede deshumanizar.

Si bien el personaje del Científico nace en el siglo XIX, hay varios antecedentes, tantos en nuestra imaginación como reales. Se pueden rastrear los orígenes de este personaje a los mitos griegos de Dédalo, el fabuloso ingeniero y arquitecto que construyó el laberinto de Knossos para encerrar al minotauro. Él y su hijo Ícaro fueron encerrados en ese laberinto y solo pudieron escapar gracias a unas alas construidas por Dédalo. Por desgracia, el invento de Dédalo le significó la muerte para su hijo cuando cayó de lo alto.


Esto marca una constante en las historias de los Científicos locos, pues sus experimentos, de una forma u de otra, generalmente terminan en desastre.
Ahora, los antecedentes reales son de los más variados y algunos bastante importantes. Tenemos a los alquimistas medievales, con sus experimentos que dieron inicio a la química como ciencia; a Leonardo da Vinci con su diseño de ingenios adelantados a su época y sus tétricos estudios de anatomía con cadáveres; Newton, quien además de física y cálculo, fue aficionado a la alquimia, y un sin número de otros personajes que se movieron en el límite entre la ciencia y la superchería. No obstante, el verdadero hombre de ciencia desquiciado sería conformado por una chica de 18 años.


Ya he contado varias veces esta historia, pero no está de más recordarla, pues es el momento donde nace el terror y la ciencia ficción modernos. 1816 fue el año sin verano en Europa, debido a la erupción del volcán Tambora de Indonesia. Fue en esa fecha que el poeta Percy Shelley visitó a su amigo y colega Lord Byron en la villa Diodati de Suiza. Con Shelley venía su joven esposa, Mary Wollstonecraft. En las noches ellos y otros invitados se entretenían con historias de fantasmas, siendo en este contexto en que Byron propone a sus invitados un concurso literario acerca de quién podía hacer la historia más aterradora. Mary escribió una que llamó “El Moderno Prometeo”, pero todos la conocemos como “Frankenstein”.


Victor Frankenstein es un doctor suizo obsesionado con los misterios de la muerte y cómo contrarrestarla. Mientras estudiaba medicina en la ciudad de Ingolstadt  inició experimentos que le llevaron a la creación de un ser artificial que resultó ser monstruoso, por lo que Victor le abandona a su suerte. No obstante, su creación sobrevive y persigue a Frankenstein en busca de venganza, matando a varios miembros de su entorno.


A diferencia de otros arquetipos que fueron tomando forma a lo largo de los años hasta la llegada de una obra en que asume todas las características y las establece (como Drácula en el caso de los vampiros), Mary Shelley creó un tópico totalmente maduro y, de paso, un nuevo género: la ciencia ficción. Es difícil imaginar que una chica de 18 años haya sido capaz de tomar un tema tan escabroso y darle una profundidad donde las caricaturas moralistas no tienen cabida. Victor Frankenstein no es el loco megalómano que nos ha mostrado el cine, sino un genio obsesionado que en su búsqueda de conocimiento no se da cuenta de las repercusiones que pueden tener sus acciones (hoy diríamos que incurre en faltas a la bioética), así como su monstruo no es un engendro de maldad concentrada, sino que un ser que sufre y tiene sentimientos, siendo su furia asesina una respuesta al rechazo que la humanidad siente por él.


Como dije anteriormente, además de ser una historia de terror,”Frankenstein” es también la primera novela de ciencia ficción como tal, aunque el género no tomó ese nombre hasta el siglo XX, siendo conocido en ese entonces como Romances Científicos. Uno de los más grandes cultores de este tipo de historias fue Julio Verne, quien a su haber tiene un par de ejemplos de científicos locos que son dignos de mencionar.
En “20.000 Leguas de Viaje Submarino” de 1879 se nos presenta a Nemo, un ingeniero adelantado varios años a su época que construyó un increíble submarino llamado el Nautilus. Nemo es un hombre educado y un ingeniero notable con un pasado oscuro, quien recorre los mares investigando sus misterios y atacando a navíos con bandera británica. Luego, en otro libro llamado “La Isla Misteriosa” (1874) sabríamos acerca del origen indio, siendo un príncipe de Dakkar, hijo de un Rajah.


Otro ingeniero loco de Verne es Robur el Conquistador. Aparecido en una novela homónima en 1886, se trata de un ingeniero americano que trata de demostrar que las naves más pesadas que el aire pueden ser mejores que los globos aerostáticos que se estaban investigando en la época. Por ello crea una especie de barco volador impulsado por hélices llamado el Albatross con el que secuestra a un grupo de científicos para que den razón a su punto de vista.


Es interesante notar que los científicos locos de Verne son principalmente ingenieros, lo que demuestra el interés del autor por esta rama de las ciencias y la importancia que tiene para su época. Por otro lado, él le da una impronta megalomaniaca al científico loco que sería aumentada de manera siniestra por el autor que viene a continuación.
La ciencia ficción tiene una madre que es Mary Shelley, pero dos padres (es un genero promiscuo desde su origen); uno de ellos es el ya mencionado Julio Verne, mientras el otro es el inglés H. G. Wells, quien en 1896 publicó “La Isla del Doctor Moreau”. Un naufrago es rescatado por un barco que lleva un cargamento de animales a una isla sin nombre. En esta isla conoce al extraño y frío doctor Moreau, quien hace innombrables experimento con seres humanos y animales, creando híbridos abominables. Esta historia causó gran polémica en la época de su publicación, pues tocaba dos temas que eran delicados en la sociedad victoriana: uno era la vivisección de animales, considerada en extremo cruel ya para ese entonces, y la evolución de las especies descrita por Darwin, que ponía a la humanidad sólo como una más de las especies animales. Además, con Wells el científico loco toma realmente el papel de villano que tendrá en las historias que se generarán en el siglo que está arribando.


El siglo XX continuó con lo que los padres de la ciencia ficción iniciaron y lo desarrolló de maneras bastante originales, valiéndose de los nuevos medios a disposición. Ya no sólo estaba la literatura, sino que teníamos los radioteatros, el cine, los cómic y, más tarde, la televisión  e internet. Una muestra de esta explosión de la ciencia ficción fue el primer filme que intentó adaptar la historia de Frankenstein, producido por el mismo Thomas Alba Edison en 1910.


También tomando al científico loco, pero dándole un matiz nuevo, aparece lo que llamaríamos luego el súper villano, siendo el primero de una larga lista uno venido de las exóticas tierras de Oriente. El escritor Sax Rohmer creó en 1913 al siniestro doctor Fu Manchú, un genio científico y criminal chino que busca la destrucción de la cultura occidental a toda costa, teniendo como oponente a un decidido detective inglés llamado Denis Nayland Smith.


Otro ejemplo del científico loco criminal es el Dr. Mabuse, creado por el escritor luxemburgués Norbert Jaques, pero hecho famoso gracias a las películas del director alemán Fritz Lang. Mabuse es un villano con una inteligencia privilegiada, poderes hipnóticos y un genio del disfraz que planifica sus fechorías con una precisión  casi de reloj.


Y es en el cine alemán que nació después de la Primera Guerra Mundial donde el científico loco tuvo sus encarnaciones más interesante, siendo protagonista de un par de joyas del séptimo arte que son estudiadas hasta en la actualidad por su magistral ejecución.
En 1920 apareció “El Gabinete del Dr. Caligari” del director Robert Wiene. Caligari es un charlatán que recorre pueblos de Alemania con un sujeto sonámbulo llamado Cesare, quien está hipnotizado por Caligari para que conteste las preguntas que el público le hace en el show que monta. No obstante, por las noches, el sonámbulo Cesare ejecuta los asesinatos que le manda su amo, provocando el pánico por donde pasan. “El Gabinete del Dr. Caligari” es una alegoría al proceder del gobierno Imperial Alemán durante la guerra, obligando a su pueblo a cometer crímenes (la guerra misma). Otra cosa que debemos acotar es que Caligari usó por primera vez el recurso del final inesperado, cosa que hoy en día ha caído en un abuso descarado, lo cual resta cualquier sorpresa que se buscaba obtener.


Pero la obra de ciencia ficción más maravillosa del cine de esa época, y seguramente de todas las épocas, es “Metropolis” de Fritz Lang. Estrenada en 1926, nos muestra una mega ciudad-estado en el año 2026 que es gobernada por una casta de pensadores que disfrutan de su vida en la superficie, mientras los obreros trabajando en los subterráneos para mantener en funcionamiento la ciudad y se sienten cada vez más enojados por su situación. En este contexto conocemos al científico Rotwang, quien se aprovecha de la situación de tensión social para orquestar una venganza personal hacia el gobernante de la ciudad: Crea una mujer robot que hará que el odio entre las clases lleve a la revolución. Es obvia la representación de las revoluciones proletarias que amenazaban con desatarse en las potencias capitalistas de la época; pero no sólo por ello “Metropolis” es cautivadora, sino por la fuerza de sus imágenes, el cuadro que nos presenta de esa urbe fuertemente tecnificada y un subsuelo que muestra lo peor de la revolución industrial llevado al futuro. Sin “Metropolis” no existiría “Blade Runer” ni todo el ciberpunk que vino en los 70’s.


Ahora, en cuanto a Lovecraft, que por lo general debe ser nombrado en todo lo respecto a terror y ciencia ficción, también tiene su propia versión del científico loco. “Herbert West Re-animador” nos cuenta la historia de un médico de la Universidad Miskatonic de Arkham que investiga los secretos de la muerte y la reanimación de cadáveres.  Inspirado por “Frankenstein”, Lovecraft deja de lado un poco su terror cósmico para hablarnos de algo más terrenal y la obsesión de dos médicos (West y el narrador anónimo) por encontrar la manera de volver a la vida a gente recién muerta, teniendo resultados horrorosos en el proceso.



En las décadas siguientes, con las nuevas tecnologías, el científico loco tendría nuevas áreas del conocimiento en las que desarrollar sus experimentos, pero de ello hablaremos luego.

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