miércoles, enero 07, 2015

El Derecho a Decir lo que nos dé la Puta Gana



“No hablemos de política, religión ni futbol” es un dicho muy común en mi país, donde el deseo de “vivir la fiesta en paz” es un concepto casi patológico enquistado en nuestras mentes. Decir lo que pensamos acerca de temas que generan pasiones, en muchos casos es una vía rápida a la generación de conflictos, pues para algunos hay cosas que no se pueden poner en entredicho, como son la creencia en algún dios, la gloria del club deportivo de nuestros amores y la forma de ordenamiento de nuestra sociedad soñada.



Soy ateo y creo sinceramente que TODAS las religiones son una nociva superchería institucionalizada; cuentos chinos destinados a alimentar nuestros egos y hacer más acogedor un Universo demasiado enorme para nuestras insignificantes existencias. Me gusta el fútbol y mi equipo es la Universidad de Chile, aunque deploro de los simios estúpidos e inútiles que forman las barras bravas y piensan que todo el que no lleve sus colores es un enemigo. Mi pensamiento político oscila peligrosamente hacia anarquismo, lo cual puede tener sentido sólo dentro de mi cabeza, pero funciona para mí. ¿Es muy terrible lo que acabo de decir? ¿Mi opinión acaba de destruir la mente de algún presunto lector? ¿Algún fanático tiene ganas de quemarme en la plaza pública?... espero que no.
Uno de los derechos que más ha ayudado al avance de la humanidad es el de Libertad de Expresión, pues permitió que las ideas se discutan, crezcan, cambien y mueran, como si nuestra conciencia colectiva fuera un ecosistema en constante evolución. Es muy decidor que las entidades más deplorables y recalcitrantes de nuestra historia hayan perseguido a las ideas; recordemos a Giordano Bruno, Galileo Galilei, Nicolás Copérnico y otros que fueron víctimas de la Inquisición; Sigmund Freud sufrió la quema de sus libros en las hogueras nazis por ser considerados “pornografía” y en nuestras dictaduras hispanoamericanas las obras de Marx casi desaparecieron por completo.


El problema es que aún hoy la expresión de nuestras ideas con libertad es algo que escuece los culos de muchos, por lo cual piensan que deben poner trabas a este derecho o, de frente, eliminarlo (de forma violenta en algunos casos). En estos momentos en mi país se está estudiando en el congreso una ley que pretende regular la existencia de medios electrónicos, lo cual tiene un peculiar tufillo a intento de coartar la Libertad de Expresión en internet a blogers, youtubers o gente común que da noticias y opiniones a través de facebook o twitter. El problema es que estas leyes aparecen con diferentes disfraces en otras latitudes del mundo, algunas aduciendo que su fin es defender los derechos intelectuales y cosas por el estilo.


Existen otros que justifican sus aprensiones acerca de la Libertad de Expresión aduciendo que hay demasiada basura circulando por ahí impunemente, amparada gracias al anonimato que proporciona la red. Es verdad; hay mucho pendejo por acá tratando de compensar su atrofia mental y genital con sus opiniones presuntamente lapidarias, agudas y graciosas; siendo energúmenos que gritan muy fuerte basura sin sentido. ¿Es correcto restringir la libertad de hablar a través de las redes sociales por un grupo de imbéciles? Creo que la respuesta es más que obvia.
Pero, como guinda de la torta, hay quienes aún creen que la Libertad de Expresión puede avasallarse con violencia. Hoy, en París, el semanario satírico Charlie Hebdo fue atacado por terroristas, dejando a doce personas muertas y diez heridos. Supongo que para el momento en que alguien lea esto ya habrá más datos al respecto de lo que ocurrió y de quiénes son los culpables, pero sea como fuere, no queda otra reacción más que horrorizarse frente a este crimen. Es sencillamente la vieja reacción de golpear cuando los argumentos no nos acompañan. Puede que los chistes publicados por el semanario hayan caído mal a ciertas personas debido a su religión, pero bajo ningún punto de vista es justificable cometer actos de violencia a manera de venganza. Francia es uno de los países donde nació el concepto de Libertad de Expresión (el otro fue Estados Unidos) y este es un duro golpe en contra de estas ideas.


Ahora, si tomamos en cuenta cómo hace un par de semanas un grupo de hackers obligó a Sony a desistir de estrenar una comedia en la que se ridiculizaba al gordito megalómano de Corea del Norte, la cosa se ve negra. Viniendo de una familia en que se hacen llamar líderes excelsos, supremos y amados, era de esperarse que el gordito no tolerara que todo el mundo se riera de él. Para bien de todos, la película es de libre acceso en internet y, como sucedió hace años con “La Última Tentación de Cristo”, hoy puede ser que se cuenten por millones los espectadores que la han visto debido a la curiosidad que la polémica suscita.


Pues es así como nos pueden poner mordazas en este día, con leyes maliciosas, ciber-ataques a mansalva o la vieja y conocida violencia. Hoy un grupo de periodistas y caricaturistas fueron asesinados por decir lo que pensaban, exactamente como Giordano Bruno hace 500 años, y eso nos debe llamar a pensar acerca de que los trogloditas imbéciles han actuado de la misma manera siempre. No se debe caer en los lugares comunes que los medios explotan descarada e inmoralmente, tratando de mostrar a estos periodistas como héroes o mártires; ellos son víctimas de la intolerancia de quienes piensan que hay cosas que son tan sagradas como para matar por ellas.

Giordano Bruno


“Eppur si muove” (Y sin embargo, se mueve) fueron las palabras que el mito atribuye a Galileo haber dicho luego que la Inquisición le condenara a prisión domiciliaria y a nunca divulgar sus descubrimientos astronómicos. Ese es el espíritu que se debe tener en estos momentos; porque, a pesar de todo, las ideas se seguirán moviendo, ya sea en la red, en papel impreso, escritas a mano, garabateadas en un muro o de boca en boca. La Libertad de Expresión es un vendaval que, una vez desatado, no puede ser parado por ningún imbécil, aunque tengan un arma en las manos.

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