miércoles, marzo 11, 2015

LoEG: Viaje al Corazón de las Tinieblas (Acto VIII)

East End



En el precinto de Whitechapel, como en todos los del East End de Londres, estaban acostumbrados a ver lo peor de la ciudad. La escoria más abyecta pululaba por los callejones de esa parte de Londres, entre putas de poca monta, revolucionarios marxistas, inmigrantes que hablaban un inglés a penas entendible y fenianos con gritos de independencia. No obstante, en un lugar donde todo se podía esperar, los agentes e inspectores de Scotland Yard quedaron sorprendidos cuando entró al vestíbulo un variopinto grupo comandado por un elegante caballero con una escopeta en la mano que dijo:
- ¿Alguien podría decirme dónde puedo encontrar al inspector Abberline?.

Mina y el resto de los miembros del grupo no esperaban un comportamiento así por parte de Péndragon, porque ¿Quién en su sano juicio entra así a un cuartel policial? Era como uno de esos vaqueros de los que hablaban las revistas o los que  acompañaban a Buffalo Bill en su circo; gente torpe y desprovista totalmente del civismo que es común a los británicos.
Los agentes de Scotland Yard presentes se quedaron como estatuas de sal. No tenían armas en ese momento para repeler algún posible ataque, sólo sus macanas, por lo cual no querían hacer ningún movimiento brusco que pudiera despertar la ira de ese sujeto. No obstante, de una de las oficinas de más al fondo, se asomó un hombre de edad madura, con sendas ojeras y mirada enrojecida, quien le dijo a los policías que no se preocuparan, que él se encargaría de ese hombre.
Pendragon, contento con el resultado de su espectáculo, le sonrió a sus compañeros y les indicó que lo siguieran a la oficina del sujeto. Por su lado, Mina no estaba para ese tipo de bromas, pues la vida de su pequeño estaba en peligro, así que cuando pudiera pondría a Jack en su lugar.
Todos entraron en la pequeña oficina, en cuya puerta podía leerse: “Inspector Frederick Abberline”. Una vez que ya estuvieron a solas, el inspector le dijo Jack:
- Sabía que tarde o temprano volvería a verlo, y no es una idea que me parezca agradable, señor… ¿Cómo debo llamarlo ahora?.
- Jack, mi querido inspector.
Pendragon dijo esto acentuando el “Jack”, cosa que hizo que Abberline torciera el gesto en un rictus de desagrado. Todo londinense medianamente informado sabía que hace diez años el inspector Abberline había intentado dar caza al destripador que sembró el terror entre las prostitutas de Whitechapel, fallando estrepitosamente. 

Frederick Abberline

Pero ese momento no era para bromas de doble sentido, por lo que Mina intervino:
- Recuerde que vinimos por información acerca del paradero de mi hijo, no para hacer muestras de su ingenio, señor Pendragon.
Jack tuvo que aceptar la reprimenda en silencio e ir al grano:
- Inspector, hemos venido a pedir su colaboración. La señora Murray ha sufrido el rapto de su hijo por parte de la mafia china de Limehouse. Necesito de todo la información que tenga acerca de ellos.
Abberline, con desconfianza, paseó su vista por el extraño grupo que acompañaba a Jack. La dama en cuestión le pareció una mujer constreñida por el dolor, lo cual cuadraba, pero la mujer china de mirada torva no parecía una sirvienta, el sujeto con uniforme militar no era inglés, aunque parecía un buen cristiano, mientras que ese hombre grande y lleno de cicatrices no le gustaba para nada. No obstante, la mirada desesperada de Mina le terminó de convencer.
- El jefe de Scotland Yard Lestrade ha ordenado investigar los nexos que los chinos tienen con el bajo mundo de Londres. Está de más decir que dominan los fumaderos de opio y varias casas de lenocinio, pero por lo visto tienen negocios nuevos, en especial con los fanáticos fenianos... de seguro usted puede decir más de ellos, señor Pendragon. Si pudiera darles un lugar en concreto donde buscar, lo haría, pero son varias decenas los fumaderos de opio, casas de putas y otros lugares que ni sospechamos en que podrían haberlo escondido. Lo siento.
Con una rápida mirada a la manera de comportarse del inspector uno podía darse cuenta de que era un hombre hastiado, alguien que miraba con impotencia al mundo girar a su alrededor sin poder hacer algo de importancia. Le habían acusado de ineptitud en los diarios y, a pesar de los años, nunca los londinenses se habían olvidado que unas mujeres fueron asesinadas horriblemente en las calles de la ciudad sin que ellos pudieran decir nada acerca de quién fue el culpable.
Jack sonrió y agradeció cortésmente la ayuda de Abberline, instando luego a su grupo a que prosiguieran con la investigación en otro lugar. No obstante, antes de salir, el inspector les advirtió:
- Nosotros deberíamos encargarnos de encontrar al niño, es nuestro trabajo. Además, no debería dejarlo ir así como así, es un enemigo de Inglaterra.
Pendragon se quedó mirando al inspector por un rato, como si sus voluntades pugnaran en silencio, pero luego agregó:
- Por ahora estamos del mismo bando, inspector. Quizá mañana las cosas vuelvan a su normalidad.
El grupo salió de ahí sin claridad alguna acerca de si realmente había valido la pena la visita, pero Jack les tranquilizó diciendo que era conveniente ir a lo de los fenianos, porque él tenía grandes amigos entre ellos. 
Así partieron a otro de los parajes del East End, confiando aun en que Jack supiera qué estaba haciendo.


Al final caminaron unas cuantas manzanas hasta llegar a una taberna donde la gente cantaba canciones acerca de una isla esmeralda y el amor que dejaron ahí. Cuando estaban a punto de entrar, algo puso en alerta tanto a Chia como a Frankenstein, quienes pararon en seco ante la mirada extrañada de sus compañeros. Era distintos lo sentidos que usaron: Chia su mística capacidad de sentir los flujos de chi, mientras que el monstruo simplemente se valió de su oído y olfatos superiores, pero estaban completamente seguros de que alguien les miraba de cerca. 
Y esa seguridad simplemente se vio reafirmada cuando se vieron rodeados de sujetos vestidos de negro y armados hasta los dientes. La mayoría de los presentes nunca habían visto armas semejantes, pero Chia y Pendragon las reconocieron como armas blancas chinas. Todos se pusieron en guardia a la espera de un ataque por parte de esos tipos, pero sólo les rodearon. Luego pusieron un paquete en la puerta de la taberna y desplegaron una mecha que encendieron, produciendo una explosión aparatosa, aunque no excesivamente destructiva. Obviamente, todos los que estaban en el interior del edificio salieron alertados por la estampida, pero prontamente fueron contenidos por los chinos, quienes con sus armas lista estuvieron prestos a evitar cualquier maniobra hostil por parte de los fenianos.
Entonces, emergiendo de las sombras y la niebla de la noche londinense, apareció esa extraña mujer. Sus ropas eran de color purpura, violeta y dorado, con hermosos bordados que representaban grullas. El rostro lo llevaba delicadamente maquillado de blanco, con los labios de un rojo cereza y el cabello recogido en un tocado de intrincado diseño. La mujer se movía con gracia y elegancia, como si flotara sobre el piso, y cuando estuvo frente al Mina se detuvo, esbozó una pequeña sonrisa y dijo:
- Esto es realmente una vuelta inesperada del destino. La famosa liga de caballeros extraordinarios acá, tan cerca de mis manos y sin que me esfuerce en sobremanera. Me presento ante ustedes, damas y caballeros, mi nombre es Fa-Lo-Sue, hija del Doctor Fu-Manchú y nueva líder del Si-Fan.
Hablaba un inglés perfecto, como si se hubiera educada en la mejor escuela para señoritas de Londres; pero lo peor y que sacó de sus casillas a Mina, es que sonaba totalmente afable.
- Si dijera que es un placer conocerla mentiría señorita Fa-Lo-Sue - le contesto Mina, con los dientes apretados - Ahora ya nos tiene aquí, por lo que le agradecería que soltara a los inocentes que tiene raptados y que no han hecho nada como para que les reserve maltratos.
Fa, al escuchar lo dicho por Mina, se rió de forma musical; casi sería una risa agradable si no fuera por las circunstancias. No obstante, la mirada de la chica tenía un dejo de crueldad, y lo hace más evidente cuando dice:
- No tengo intención en hacerle daño a ninguno de ustedes, señorita Murray. Veníamos a hacer acordar a nuestros amigos irlandeses acerca de una pequeña deuda que tienen con nosotros. Cada cosa debe tener su tiempo y cuando este llega, ya veremos qué hacer. Por ahora le puedo decir que su hijo y el señor Quatermain se encuentran en perfectas condiciones... son nuestros huéspedes. Ahora, si me perdona, prefiero retirarme, que estos tugurios no son dignos de personas como nosotras.
Chia, quien recordaba a la perfección la fotografía que Karamaneh le había mostrado, reconoció a la hija de Fu Manchú mucho antes de que esta se presentara a sí misma, aunque nunca se imaginó que de verdad fuera tan joven, pues apenas debía bordear los 16 o 17 años. No obstante, con descaro, El Dragón Negro se acercó a Fa, la miró de pies a cabeza y le dijo en mandarín:
- Yo no sé de Ligas ni de nada parecido. Estoy con ellos sólo porque nuestros caminos apuntan en el mismo sentido. Vengo aquí con una misión encargada por el mismo Dangjin Huangshang, quien no está para nada contento con tus acciones. Además, sé que estás trabajando con un sujeto llamado Nyak;  si me lo entregas con prontitud, prometo no causarte demasiados problemas.
Fa no se impresionó en lo más mínimo por el aire amenazante de Chia. Sacó de entre sus ropas un abanico y lo puso delante de su boca, dejando solo ver sus extraños y perversos ojos de jade cuando contestó:
- Deduzco que eres Hēilóng, la hermana de Nyak. Él te recuerda mucho y me dijo que tarde o temprano aparecerías por acá. La verdad es que no pienso entregarte a tu hermano, incluso si el Señor de los Diez Mil Años lo ordena. Sus conocimiento son de gran ayuda para el Si-Fan y… digamos que sus poderes me han brindado gran entretención por las noches.
El descaro de la chica le agradó a Chia, aunque jugaba con fuego si es que en verdad le había hecho un espacio en su cama a Nyak. Entonces, con la intención de tantear el terreno, Chia dio un par de pasos más para acercarse a Fa, cosa que de inmediato alertó a sus hombres, quienes la rodearon con las armas prestas para defenderla. El Dragón Negro perfectamente hubiera podido enfrentar  a esos tipos, pero aún tenían al hijo de Mina y no quería llevar la vida de ese chico en su conciencia.
- Creo que esta reunión inesperada ha llegado a su fin. Si desea volver a ver a su pequeño y al señor Quatermain con vida, señorita Murray, la espero al amanecer en el puente de Londres. Aún le quedan unas horas para que ponga en orden sus asuntos.
Y sin más, se retiraron los chinos como sombras que se escurren en la oscuridad.
Impotente ante esto, Mina solo hizo rechinar los dientes y dos lagrimones corrieron por sus mejillas. Jack intentó consolarla, pero la mujer le dirigió una mirada asesina y se contuvo. No era el momento para ello.
Pero las cosas no habían mejorado en lo más mínimo, porque ahora eran los irlandeses quienes miraban con cara de pocos amigos. Pero en esta ocasión, Pendragon tomó la precaución de guardar su arma bajo el abrigo, y les dijo:
- Busco a la señora Butler. Soy un viejo amigo.
En ese momento el grupo abrió paso a dos mujeres. Una debía rondar los sesenta años, aunque aún mostraba recuerdos latentes de su pasada belleza. Llevaba un vestido a última moda parisina, tan verde como sus propios ojos, y al sonreír su rostro se iluminaba como el de una quinceañera. Tras de ella, como si fuera su versión joven, venía una chica muy guapa de ojos pardos que parecía no importarle nada aparte de la presencia de Jack en ese lugar.
- Como siempre, Pendragon trae problemas o mujeres bonitas, incluso las dos cosas a la vez – Dijo la mujer de más edad.
Jack sonrió frente a la ocurrencia, aunque a Mina le importaba un carajo parecerle bonita a alguien en ese momento. Luego, la mujer mayor volvió a hablar:
- Han pasado muchos años desde la última vez de que viniste a visitarme, viejo amigo – dijo la anciana.
- Fue en el funeral de Rhett… - contestó, Jack, quien luego se fijó en la jovencita y se sorprendió - ¿Es ella la pequeña Cat? Se ha vuelto una mujer muy hermosa.
Pero antes de que siguieran con las cortesías de viejos conocidos, Mina carraspeó y Jack asintió. Le dijo a la señora que venía por ayuda, pues algo muy malo había pasado. La mujer, alertada, les condujo al interior de la taberna, en la cual se podían ver las banderas verdes con el harpa dorada de Irlanda por todos lados. Cuando estuvieron sentados, les dijo:
- Soy toda oídos y espero poder ayudarles.
La mujer no hablaba con el acento de los irlandeses, sino una variación del americano algo más musical, posiblemente del sur de ese país. Se llamaba Scarlett O’Hara Butler y perecían conocerse hace mucho con Jack, mientras la chica era su hija Cat. Al escuchar el relato acerca de por qué estaban ahí, Scarlett se horrorizó al saber que había un pequeño en problemas.
- Señora Murray, le doy mi palabra de dama sureña que haré todo lo posible para ayudarla; yo también soy madre. La relación que tienen mis amigos con los malditos chinos es que les vendían explosivos para sus “protestas”, cosa que dejó de suceder hace un par de meses. Ahora sólo quieren el pago de lo que le adeudan y he escuchado historias de que tienen un barco en los muelles lleno de pólvora como para volar medio Londres.
Todos en ese momento se miraron entre sí, pues por primera vez tenían un lugar al cual podían acudir. Fue Mina quien exteriorizó este pensamiento y les dijo que debían ir inmediatamente a investigar ese barco, pero antes de que sus compañeros aprobaran la moción, un extraño sentado en una mesa cercana dijo:
- Su hijo no está en el barco, sino en una fábrica de juegos artificiales controlada por los chinos en Limehouse.
Obviamente la interrupción intempestiva no fue recibida de buena manera, ya que Pendragon y Strogoff se pusieron de pie de inmediato y apuntaron con sus armas al tipo que, sin ponerse nervioso, se paró y se acercó a ellos. Era joven, de cabello oscuro traje barato y gorra, como cualquier paisano del East End. Cuando estuvo al lado de ellos, abrió su chaqueta con cuidado para que vieran que no escondía nada peligroso y sacó una placa de policía.
- Soy el agente Dennis Noyland Smith de Scotland Yard y estoy investigando al Si-Fan. Su chico fue raptado esta misma noche y llevado a esa fábrica. Además, mis contactos me han informado que tienen al anciano que nombraron en un fumadero de opio.
La verdad es que la aparición providencial de ese agente era demasiada coincidencia para no desconfiar. En cuanto a si se trataba o no de un policía, la placa era real, aunque sólo un loco diría pertenecer a Scotland Yard en medio de un nido de fanáticos fenianos, en especial pensando que ya no sólo le apuntaban dos armas, sino que casi dos docenas.
Pero lo importante es que por primera vez tenían una pista real acerca del paradero de los raptados. El problema era cómo poner a los dos a salvo.

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