sábado, marzo 28, 2015

Robots: 01110010 01110101 01110100 01101001 01101110 01100001 00100000 00110001 00111010 00100000 01100100 01100101 01110011 01110100 01110010 01110101 01101001 01110010 00100000 01101000 01110101 01101101 01100001 01101110 01101111 01110011 (Parte 3)


Seguimos con el recuento de las distintas facetas del robot en nuestra imaginación. Sin embargo, debo devolverme algunos años en el tiempo para hacer justicia con una serie importantísima. En el capitulo anterior hablé en mucho de las series de robots japonesas, pero me salté una que nos ha hecho reír a muchas con sus historias simples pero imaginativas. “Doraemón, el Gato Cósmico” es un manga creado por un dúo de autores que usaban el seudónimo de Fujiko Fujio, tratando acerca de un gato robot venido del futuro enviado por un joven llamado Sewashi Novi para arreglar la vida de su abuelo, Nobita, un holgazán que nunca consiguió nada en su vida. Doreamón es un gato azul sin orejas y con un saco marsupial del que saca un sinnúmero de alocados inventos que terminan metiendo en problemas a Nobita y a sus amigos. Un clásico que se mantiene tan fresco como en un principio.



También casi quedándose en el tintero, y cumpliendo lo que le dije a un amigo, tenemos que el robot aparece en la música. En 1982 el grupo Styx gravó una canción del compositor Dennis deYoung llamada “Mr. Roboto” para su disco “Kilroy was here”. La canción llegó al 3° lugar del Billboard.

(Soy yo o el robot de este vídeo es creepy)

Recapitulando, 1984 fue buen año para los amantes de lo robots. En el cine estaba T-800 tratando de cargarse a Sarah Connor y en televisión los robots eran más de lo que se ve.
Una alianza entre las jugueteras japonesa Takara Tomy y la americana Hasbro sacaron una serie basada en una línea de juguetes de robots que se transformaban en vehículos de todo tipo, la cual fue un éxito en Japón y se llamaban Diaclone. Hasbro quería comercializar estos juguetes en el resto del mundo, así que pidió a varios escritores (entre ellos Dennis O’Neil) que crearan un trasfondo para ellos. Así, en Japón la serie se llamó “Toransufōmā”, lo cual en occidente es “Transformers”. La serie nos cuenta acerca de una raza de robots extraterrestres, los Transformers, quienes están divididos en dos bandos en constante guerra; los nobles autobots y los viles decepticons. En la anterior frase resumí exactamente de qué se trata todo, aunque con el tiempo la historia se fue haciendo más compleja gracias a comic y una película animada donde prestaron sus voces Leonard Nimoy y Orson Welles.


Ahora, mostrando una mirada optimista acerca de los robots tenemos “Cortocircuito”, película de 1986. En un proyecto de robots construidos para uso militar, uno de ellos recibe un rayo por accidente, lo que cambia su programación, transformándole en un ser racional con sentimientos. Debido esto, escapa de la base en que se encuentra, comenzando una aventura en la que luchará por ser reconocido como un ser vivo. Muy buena película y con un robot que se ha vuelto identificable por todos: Johnny 5.


En 1987 apareció el film “RoboCop” del director Paul Verhoeven. En un Estados Unidos donde el capitalismo es llevado al extremo y grandes corporaciones gobiernan, transformando el país en una distopía con criminales campando en las calles y corrupción a todos los niveles, un policía es acribillado salvajemente en la ciudad de Detroit. Como la policía pertenece a una de las corporaciones, ellos toman el cuerpo del policía muerto – llamado Alex J, Murphy – y lo transforman en un policía Cyborg. No obstante, los recuerdos de Murphy siguen presentes en el cyborg, por lo que buscará vengar su muerte y enfrentará a la corrupción y a robots gigantes asesinos. La película cuenta con un par de secuelas, unas cuantas series y un remake, todos malos, pero si tiene un buen comic a cargo de Frank Miller.


Ese mismo año también pudimos ver otra película de robots buenos, esta vez producida por Stephen Spielberg. “Batteries no Included” nos cuenta acerca de dos robots extraterrestres con forma de pequeños platillos voladores que llegan a un edificio en Nueva York que está a punto de ser demolido y ayudan a los pocos residentes que quedan a arreglar sus vidas. Tierna y con buenos efectos especiales.


Pero no sólo en películas hay robots. En 1987 apareció el primer “Megaman” de Capcom para la consola Nintendo. Es doctor Light es un experto en robótica que crea robots especializados para ayudar a la humanidad, pero el doctor Wily está envidioso de los logros de su colega y consigue controlar a los robots de Light e intentar con ellos dominar el mundo. por ello, el doctor Light modifica un robot doméstico transformándolo en robot de pelea para que defienda a la humanidad: Megaman.


A finales de la década nace uno de los clásicos del ciberpunk: “Ghost in the Shell”. Manga cuyo autor es Masamune Shirow, y nos relata la historia de Motoko Kusanagi, una cyborg que trabaja para una agencia gubernamental de seguridad llamada “Sección 9”. A Motoko ya no le queda casi nada de humana, sólo existiendo en su cuerpo unas cuantas neuronas de su cerebro original, lo que le lleva a pensar si ese cuerpo cibernético puede albergar un alma (de ahí el título).


Ya pasando a la década siguiente, una de los íconos característicos de los noventas fueron los “Power Rangers”. Siendo la versión americana de la serie japonesa “Super Sentai”, “Power Rangers” trata sobre un grupo de chicos que son elegidos para formar un equipo de superhéroes que usan uniformes de colores con un casco que mantienen sus identidades en secreto, ganando fuerza y resistencia sobrehumanas. Pero otra ventaja de los rangers es que pueden pilotear los zords, que son robots gigantes con forma de animales en la mayoría de los casos y que pueden combinarse para formar un Megazord: un robot antropomórfico que pelea con el monstruo de turno. Si bien la serie repite la fórmula una y otra vez en cada una de sus generaciones, “Power Rangers” siempre ha tenido gran aceptación y un número considerable de fanáticos que hacen poses ridículas cuando hablan.


Una vez más mostrándonos que son los reyes de los robots gigantes, en 1995 los japoneses nos presentan “Neon Genesis Evangelion”. Creada por Yoshiyuki Sadamoto, la acción ocurre en Neo Tokio, una ciudad futurista y post apocalíptica. La humanidad está siendo atacada por unos misteriosos seres conocidos como Ángeles, por lo que una organización llamada NERV crea unos biorobots llamados EVAs para enfrentar la amenaza. Profundamente psicológica, incluso surrealista en varios pasajes, Evangelion se alimenta de sus antecesoras en el género de Mechas y de cosas tan raras como la Cábala. Las opiniones son muy reñidas en cuento a esta serie, para muchos el mejor animé de todos, mientras que otros la encuentran presuntuosa y sobrevalorada. Yo digo que la vean y juzguen.


Después de casi diez años, la franquicia de los transformes se había mantenido vigente, aunque sin lograr el éxito de la primera generación. No obstante, en 1995 aparece “Beast Wars”, la primera serie con animación 3D para la televisión. Con una buena historia y recuperando los hechos de la primera generación, fue un éxito que duró hasta 1999.


Con el fin de milenio volvemos a pensar en el apocalipsis traído por las máquinas; en esta ocasión en la versión que nos presenta “Matrix”. En un futuro distante, las máquinas han esclavizado a la humanidad, manteniéndola como fuente de energía mientras están conectados a una simulación de la realidad de 1999. Acá entra en juego la resistencia, que busca la liberación de los humanos atrapados en la Matrix y esperan la llegada de un mesías que los guiará a la victoria. Si bien acá los robot no son protagonistas, pues aparecen en el hilo secundario de la historia, siendo el verdadero escenario la realidad virtual, en una colección de animaciones conocida como Animatrix tenemos algunas historias acerca los robots y cómo estalló la guerra. Matrix fue una revolución en el momento que fue estrenada, aunque la historia se fue desinflando con las dos secuelas que le siguieron.


Por esa época también Asimov es llevado a la gran pantalla. En 1999 aparece “El Hombre Bicentenario” basada en un cuento que Asimov escribió para conmemorar los 200 años de independencia de Estados Unidos. Andrew es un robot modelo NDR para quehaceres domésticos que empieza a tener pensamientos independientes y creativos. De a poco, Andrew comienza a transformarse más en humano, diseñando artilugios electrónicos que emulen el funcionamiento del cuerpo humano, aunque esto no le vale el reconocimiento como una persona y no una maquina. Una buena adaptación de la obra de Asimov con la actuación del fallecido Robin Williams.



Esta es la segunda vez que tengo que estirarme un capitulo extra, pues me faltan varios robots; algunos alcohólicos, boxeadores, gigantes, de limpieza y más de alguno que se me haya escapado hasta ahora.

Leer parte 4

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