miércoles, marzo 18, 2015

Robots: 01110010 01110101 01110100 01101001 01101110 01100001 00100000 00110001 00111010 00100000 01100100 01100101 01110011 01110100 01110010 01110101 01101001 01110010 00100000 01101000 01110101 01101101 01100001 01101110 01101111 01110011 (Parte 1)





Cuando vemos las líneas de ensamblaje de cualquiera de las empresas automotrices del mundo, el trabajo que realizan los brazos con pinzas encargados de acoplar las piezas para los vehículos nos parece tan normal el día de hoy que es casi risorio asociar esta realidad con los entes mecánicos y cibernéticos de nuestra fantasía.



Si bien el robot como tal es una creación moderna, criaturas mecánicas animadas e inteligentes existen en nuestra imaginación desde la antigüedad. El dios griego herrero Hefestos, llamado Vulcano por los romanos, contaba con el auxilio de autómatas doradas creadas por el mismo y llamadas Kourai Khryseai. También está la historia de Galatea, la estatua esculpida por Pigmalión que vive debido al deseo de este último, quien se había enamorado de su creación.


Otro antepasado del robot es el gigante Talos, quien era una estatua de bronce de varios metros de alto que protegía la isla de Creta. Creado por Hefestos o por el mismo Zeus, este ser contaba soóo con una vena que alimentaba de sangre todo su cuerpo, teniendo el fin de la vena en su talón, con un pequeño tapón para que la sangre no se escapara (los griegos no eran muy originales para ubicar el punto débil de alguien en su cuerpo).


Los mitos también nos hablan del rey Salomón, quien supuestamente fue un avezado mago, que poseía un trono con la forma de un árbol de bronce, rodeado de varias aves y leones mecánicos.
En China existe la leyenda del hombre de madera construido por el emperador Tach’uan 2000 años antes de Cristo, aunque hay muchos más antecedentes recientes, hablándose de animales y humanos mecánicos al servicio de los Emperadores Chinos. Por su lado, en Japón aún existen los “karakuri” que son autómatas usados tanto en el teatro, en fiestas religiosas y como juguetes en el hogar.

 Karakuri

Pero hay un sinnúmero más de historias en la antigüedad acerca de autómatas, en especial en Grecia, donde se habla de estatuas de templos que se movían gracias a artilugios hidráulicos o a rudimentarias máquinas de vapor. Existen posibilidades ciertas de que esas historias sean reales, ya que se ha descubierto que la tecnología de la edad clásica era mucho más adelantada de lo que se pensaba hasta hace poco.


En el Medievo se continuó con los esfuerzos por crear seres mecánicos que imiten nuestros movimientos.  Se dice que mentes tan brillantes como Alberto Magno, Al-Jazari, Leonardo da Vinci y René Descartes diseñaron y construyeron autómatas destinados a sorprender a los grandes señores de la época y al público en general, hablándose de artilugios del diablo en algunos casos.

 Reconstruccion del Autómata de da Vinci

También medievales son las leyendas judías del Golem. La leyenda ocurre en Praga, donde el rabino Judah Loew crea un ser de barro (como Adán) al que insufla vida a través de un conjuro que consistía en escribir la palabra “Emet” (verdad) en su frente. El Golem se encargaba de proteger el Gueto de Praga de ataques antisemitas. La leyenda ha sido retomada por varios autores (Meyrink, Leivick y Borges) y fue llevada al cine en 1915 por Henrik Galeen y Paul Wegener. 


Pero fue el siglo XVIII la época de oro para los autómatas, gracias al desarrollo de la mecánica, de la relojería y a la belleza con que los artesanos los manufacturaron. Hoy podemos apreciar su trabajo en varios museos, muñecas que tocan el clavicordio o bailan al ritmo de dulces melodías; también están los muñequitos  de los relojes que tocaban la campanilla cada hora, los pájaros cucú y las cabezas parlantes que hacían predicciones del futuro, aunque el más popular y que más ha alimentado la imaginación de autores es El Turco.


Inventado por el húngaro Wolfgang Von Kempelen en 1769, se trataba de un maniquí vestido de oriental adosado a una mesa con un tablero de ajedrez, siendo capaz de disputar partidas del deporte ciencia con humanos. Este autómata hizo giras por todo el mundo, enfrentándose al mismo Napoleón, aunque fue realmente un fraude, pues había un sujeto adentro que a través de un intrincado sistema mecánico, hacía los movimientos de El Turco. Este jugador mecánico atrajo el interés del mismo Edgar Allan Poe, quien escribió un artículo acerca de él y el secreto de su funcionamiento.


Otro antecedente del Robot, aunque no lo asociemos en la actualidad a este último es el engendro creado por Victor Frankenstein. “Frankenstein” nos habla de la creación de vida artificial y aunque el cine nos haya acostumbrado al cuento del monstruo hecho con partes de cadaveres, la verdad es que también pudo ser un ente mecánico, ya que Mary Shelley no especifica su origen, sólo el hecho de que es una criatura antinatural.


Ahora, donde si hablamos de un autómata es en el relato de 1817 “Der Sandman” de E.T.A. Hoffmann. En él nos cuenta la historia de un chico llamado Nathanael que tiene una relación con una muchacha  llamada Clara. No obstante, conoce y se enamora perdidamente de Olimpia, la hija del profesor Spalanzani, quien en verdad es una autómata creada por este último. Se trata de la típica historia gótica, con melodrama y final trágico.


Otro paso importante se da en 1878 con la novela “L’Eve future” (La Eva del Futuro) del escritor francés Auguste Villiers de l’Isle-Adam. Según su historia, lord Ewald se enamora de Alicia, una mujer hermosa pero tonta. Por ello Thomas Alba Edison le construye una mujer mecánica llamada Hadaly, que cuenta con el ideal de belleza que admira Ewald, además de una mente y espíritus elevados en comparación a la pueril Alicia. Esta novela es una de las obras que cimentaron la ciencia ficción y en la que se usa por primera vez la palabra “androide”, pero también es profundamente misógina.


Una que quizá no nos suene a robot es “Las Aventuras de Pinocho” de Carlo Collodi. Es conocida por todos la historia de la marioneta de madera construida por un carpintero en reemplazo del hijo que nunca tuvo, por lo cual es animada por un hada. No obstante, en cuanto al tema que nos atañe, Pinocho nos habla del deseo de un ser artificial de llegar a ser un humano real, cosa que será retomada por muchos autores en el futuro.


Pero un hito en la historia del autómata es la obra de teatro de 1920 “R.U.R (Rossumovi Univezální  Roboti) del escritor checo Karel Čapek. En ella nos habla de una fábrica que crea seres artificiales para el trabajo y como estos terminan revelándose en contra de sus amos humanos. Dos cosas son muy importantes de esta obra; la primera es que plantea la posibilidad que nuestras creaciones se vuelvan en nuestra contra, lo que fue analizado por “Frankenstein” pero a una escala personal, mientras que Čapek lo hace a nivel de la humanidad. Por otro lado, Čapek es el primer autor en usar la palabra “Robot” que proviene del checo robota, que significa “trabajo forzado”.

 Escena de R.U.R (Rossumovi Univezální  Roboti)

No pasaría mucho antes de que el cine se hiciera cargo de los robots. La primera aparición de un androide en la pantalla grande ocurre en la película alemana de 1927 “Metropolis” de Fritz Lang. Ya hablé de esta película en mi revisión de los científicos locos, pero en ella también aparece una ginoide (robot con características femeninas) inventada por Ratwang para ser el vehículo de su venganza. Como dije, la película es una joya que no tiene nada que envidiarle a las modernas (superando a varias que sólo se sustentan en los efectos digitales). El diseño de la ginoide es precioso y clásico para los entendidos en ciencia ficción.


Ahora, el  robot no tendría una participación destacada en la ciencia ficción durante los siguientes 30 años, siendo en casi la mayoría de las obras un invento de algún villano loco que intentaba conquistar el mundo. Hubo que esperar a los años cincuenta para ver a estos seres artificiales con nuevos ojos.
Se puede decir que una de las mejores épocas de la ciencia ficción fueron los años cincuenta, pues los saltos tecnológicos producidos por la Segunda Guerra Mundial incentivaron a varios autores jóvenes a innovar lo que se estaba haciendo hasta ese momento en el género, dándole mayor seriedad filosófica y peso científico. Uno de estos autores fue el escritor y divulgador científico americano-ruso Isaac Asimov. 


Los cuentos de Asimov acerca de robots son los mejores en su género, llegando más allá de lo obvio y planteándonos cómo sería la reacción de la humanidad ante estos seres artificiales con los que tienen que convivir en sus casas y trabajos. En el futuro pensado por Asimov, la empresa US Robots and Mechanical Men. Inc crea el cerebro positrónico que permite a los robots pensar de manera independiente y compleja, lo cual significa que poseen inteligencia artificial. Lo anterior produce que se creen nuevas ciencias, como la robopsicología, y que nuestra civilización comience a avanzar a pasos agigantados. Pero hay quienes ven en los robots una amenaza para la humanidad o no se sienten cómodos con su presencia, cosa interesante en los textos de Asimov, pues para él los robots no son el problema, sino los atávicos prejuicios humanos; abordando en sus cuentos de forma simbólica tópicos como el racismo, la religión y la verdadera definición de ser humano.


Pero quizá lo más importante de los cuentos de Asimov, porque tienen aplicación en la realidad, son “Las Tres Leyes de la Robótica”. Los robots de Asimov eran programados con tres axiomas primarios que no podían violar por ningún motivo y que normaban la relación de estos con los humanos. Las tres leyes son:
  1.  Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitirá que un humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto cuando estas órdenes entren en conflicto con la primera ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o segunda ley.


Al contrario de muchos autores de ciencia ficción, para Asimov el futuro del hombre era esperanzador y terminaríamos conviviendo en paz con los robots, siendo estos, quizá, el siguiente paso en nuestra evolución. No obstante, vendrían visiones no tan halagüeñas, con las máquinas como agentes del apocalipsis o testimonios patentes de nuestra propia deshumanización. 

Leer parte 2

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