lunes, mayo 18, 2015

Empatía ¿Es mucho pedir?


ADVERTENCIA: Este artículo habla sobre la actualidad de mi país, Chile, por lo que puede no tener interés para quienes no viven acá. De todas formas, voy a tratar de ser muy explicativo en cuanto al tema del que trata si alguien del extranjero decida seguir leyendo.

La semana recién pasada en mi país murieron dos jóvenes baleados en las calles de Valparaiso. Esto se da en el marco de las movilizaciones que exigen una educación de calidad y gratuita (la educación superior pública chilena fue semi privatizada por la dictadura militar que gobernó el país de 1973 a 1989), en una marcha que se replicó en las principales ciudades del país. Sucedió en una de las tantas plazas del principal puerto de Chile, donde unos jóvenes hacían rayados en el frontis de una casa y el dueño salió a increparlos, cosa que devino en un extraño incidente que terminó con el hijo del dueño de casa disparando a dos de los manifestantes.
Esos son los hechos, a los que se han ido sumando nuevos antecedentes, como grabaciones del incidente previo entre los manifestantes y el hijo del dueño de casa y relatos de testigos. Todas esas cosas tienen que ver con la investigación y no las trataré acá, porque no es el fin de este artículo.
De lo quiero llamar la atención es de comentarios aparecidos en redes sociales a raíz de lo ocurrido. Debo reconocer que un gran número de personas lamenta los hechos y están meridianamente claras en que no se puede tolerar en una sociedad civilizada el uso indiscriminado de armas de fuego. Sin embargo, para mi sorpresa, hay otros que matizan esta posición o sencillamente rebaten estos argumentos. “Es malo lo que pasó, pero rayaron una muralla”, “El sujeto que disparó estaba defendiendo su propiedad”, “Es culpa de la gente que llama a protestar” son algunas de las cosas que he leído y que me llevan a pensar en la falta de humanidad de algunos. No se puede justificar un asesinato con la defensa de la propiedad, porque si el mundo funcionara así seríamos la caricatura de una película de western. Un rayado en la pared se soluciona con una nueva mano de pintura, pero la muerte de estos dos estudiantes no tiene vuelta atrás; es así de sencillo.
Pero hay otros que son menos neoliberales a la hora de escribir estupideces. Estos no pretenden defender el derecho a la propiedad por sobre el de la vida, sino que vomitan sin vergüenza la bilis negra que les corroe el interior. “Se lo merecían por ser comunistas”, “¿Quién les manda a andar protestando huevadas?” son frases que parecen de la Guerra Fría, pero se escriben en la actualidad. Es tal el arraigo de estas ideas que incluso son acompañadas de perorata conspiranoica, como que la educación gratuita solo es el primer paso para transformar a Chile en Venezuela, Cuba o Corea del Norte. También hay quienes que, en un intrincado acto de prestidigitación lógica, hacen una relación entre Stalin, Mao, Pol Pot y cuanto tirano comunista haya existido y los jóvenes muertos, demostrando que pertenecían a una agrupación malvada y que merecían la muerte. Puede que no estés de acuerdo con el comunismo o con las demandas de los estudiantes, pero pretender que alguien es merecedor de la muerte por sus ideas es, a lo menos, medieval. Si las cosas realmente funcionaran de esa manera, aún tendríamos a la inquisición torturando gente y en nuestras plazas públicas se alzarían hogueras con gente que pensó distinto.
Y las justificaciones peregrinas no se quedan ahí, pues otros ponen a las dos víctimas en la categoría nebulosa de delincuentes, lo cual es paradójico, porque al ejecutor de los disparos resultó que guardaba en su casa clorhidrato de cocaína y tiene antecedentes delictuales; así que eso de separar el mundo entre buenos y malos tampoco funciona.
Y me quiero detener un poco más en esto, porque para muchas mentes la solución mágica al problema de la delincuencia es repartir balas a diestra y siniestra, por lo que piden tener fuerzas policiales con mayor libertad de acción y protestando con indignación cuando se investiga a algún policía que ha participado de un tiroteo para saber si actuó o no de forma correcta. Y es que no podemos entregar el uso de las armas a nuestras instituciones de orden sin tener resguardos, porque el poder absoluto corrompe y el disparo es el último recurso al que se debe apelar, intentando siempre minimizar el daño ¿Por qué se tiene tanto cuidado en investigar cuando un policía hace uso de su arma de servicio? Pues para evitar ejecuciones sumarias y tiroteos en que sean alcanzados inocentes.
A la hora de hablar con liviandad y odio acerca de la muerte de estos dos jóvenesse deberíapensar primero en esto: Exequiel Bolbarán Salinas tenía 18 años, cursaba el primer año de la carrera de psicología y era fanático del equipo de futbol Colo-Colo; en tanto, Diego Guzmán Farías tenía 24 años, había egresado de la carrera de Técnico en Prevención de Riesgos, el día anterior a su asesinato terminó su práctica profesional y era militante comunista. Exequiel murió de una bala en el cuello y Diego de dos impactos en su tórax. Ambos tenían familia, amigos, sueños y proyectos que se vieron truncados de pronto y sin razón. Por ello, si no tienes nada decente que decir con referencia a sus muertes, sería mejor que mantuvieras cerrada tu boca.

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