jueves, junio 11, 2015

R.I.P.


Tengo pena, y no se trata de esa clase abstracta que se dice pero en realidad no se siente, sino de la sincera.
Admiré a Christopher Lee, a pesar de que cuando era niño me aterraba. Si bien para los ochentas sus películas ya eran viejas, la televisión las pasó con mucha asiduidad en esa época, en las famosas “Tardes de Cine” que sonaran familiares para los que son chilenos y mayores de 30.


Actor especializado en villanos, cantante de heavy metal, amante de la fantasía y el terror, espía durante la Segunda Guerra Mundial, conocido de Tolkien, primo de Ian Fleming (escritor de las aventuras de James Bond), hijo de una condesa italiana y, por esa línea, descendiente del mismísimo Carlomagno; Lee es un ícono de la cultura británica y mundial.
En su carrera como actor interpretó a la mayoría de los monstruos clásicos, como la criatura de Frankenstein, al Conde Drácula y la momia Kharis, también fue Sherlock Holmes, el malvado Dr. Fu Manchú, Francisco Scaramanga (villano de James Bond), Rasputín, Rochefort de “Los Tres Mosqueteros”; y los actuales Conde Doku y Saruman.


Su voz profunda y grave fue característica, por lo que también tuvo carrera en la música, en especial el heavy metal, donde colaboró con bandas como Rhapsody of Fire y Manowar. Pero tuvo  discos como solista, siendo muy comentados el álbum temático de Carlomagno, su colección de villancicos y la versión metalera de “El Hombre de la Mancha”.


Pero su voz también nos deleitó en el doblaje y en la lectura de libros y textos, como el “Conde Drácula” de Stoker y la mejor versión que he escuchado de “El Cuervo” de Poe.


¿Cómo medimos la grandeza de un hombre? ¿Podemos medirla? No lo sé, pero hoy todos estamos de luto, los aficionados al cine en general y del terror en particular, los amantes del heavy metal, los fanáticos de Star Wars y del Señor de los Anillos, lo cual debe significar algo.

Un grande (quizá el más grande de todos) nos ha dejado, pero nos queda su arte, lo cual asegura que, de alguna manera, seguirá con nosotros siempre.


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