jueves, julio 30, 2015

Asimov: El Padre de los Robots


La ciencia ficción nació como un género que se atrevió a romper paradigmas. Hijo ilegitimo de la novela gótica de terror y los relatos de aventura, a diferencia de sus padres, la ciencia ficción se movía en el límite de lo posible y lo fantástico, alimentado de los grandes progresos alcanzados por lo ciencia en los últimos 200 años y yendo más allá. Hay varios próceres que escribieron historias maravillosas y artísticamente importantes, incluso cuando intelectuales más snob levantaban la ceja con un rictus de disgusto ante los que consideraban advenedizos.

Uno de estos grandes escritores es el ruso-americano Isaac Asimov, quien revolucionó la ciencia ficción cuando la amenaza de las ideas poco originales y arriesgadas estaba a punto de volver al género en un paraje gris y aburrido.
Asimov nació en Rusia en 1920, pero cuando tenía 3 años su familia emigró a Estados Unidos; específicamente a Nueva York. Criado en el barrio de Brooklyn, desde pequeño se mostró como un chico brillante y aficionado a la lectura. Su padre, Judah, regentaba una tienda de golosinas en la cual se vendían también las famosas revistas de pulp – llamadas así por la mala calidad su papel, hecho de pulpa de madera –, las cuales principalmente publicaban historias de terror, ciencia ficción y fantasía, dando la oportunidad a nuevos escritores para que presentaran su trabajo. A Judah le gustaba que su hijo leyera en especial las de ciencia ficción, porque si la revista llevaba la palabra “ciencia” debía ser beneficioso para el chico.


La carrera literaria de Asimov empezó cuando este contaba con 19 años, en las páginas de las mismas revistas que tanto le gustaba leer. No obstante, no sólo se dedicó a imaginar fantasías científicas, sino que estudió ciencia de forma seria, graduándose como bioquímico y luego obteniendo el grado de doctor en química. Fue profesor asociado y luego titular de la Universidad de Boston, publicando una cantidad impresionante de libros de los temas más variados.


La vida personal de Asimov no fue demasiado notoria. Le daba miedo volar, pero disfrutaba de los lugares cerrados, por lo que pasaba la mayor parte del tiempo en su casa escribiendo. Tuvo dos matrimonios a su haber y dos hijos de su primer enlace. Falleció en 1992 debido a complicaciones en las coronarias y los riñones; no obstante, 10 años después, su segunda esposa, Janett Opal Jeppson confesó que el autor sufría de sida, del cual se contagió debido a una transfusión en 1983.


Asimov fue repetidamente reconocido en vida debido a su obra, contando con varios premios Hugo y Nébula, además de un cráter en Marte y un asteroide (el 5020) con su nombre.
La obra de Asimov en la ciencia ficción se ve intrínsecamente asociada a los robots, aunque la verdad es que abarca muchos más tópicos. De hecho, los robots sirven como una alegoría de muchas más cosas que las obvias. A través de ellos, estudia nuestra psicología, cómo reaccionamos ante lo nuevo y diferente, qué define la condición humana y qué podemos considerar nuestro próximo paso evolutivo.


Los cuentos y novelas de Asimov terminaron siendo parte de un todo que tiene como columna vertebral a la saga de Fundación, donde se entrega una versión muy original del porvenir de los seres humanos, su relación con los robots y la colonización de la galaxia.
En una época donde la ciencia ficción había caído en lo pueril, llenándose de monstruos radiactivos, científicos locos y extraterrestres malvados mal argumentados; donde las cosas ocurrían de manera caprichosa y conveniente, Asimov y otros se encargaron de proyectar historias posibles en un ambiente futurista, siendo este escritor uno de los más optimistas al respecto. En primer lugar, los robots de Asimov difieren mucho de la concepción de su época, porque de ser unos esclavos mecánicos que terminan revelándose contra la humanidad, se transforman en herramientas inteligentes que gobiernan sus proceder por las monolíticas Tres Leyes de la Robótica, un concepto que luego veremos con más detención.


Pero Asimov lleva los límites al máximo e intenta cuestionar qué define la condición humana en sí. ¿Podemos decir que los seres humanos son sólo los miembros de la especie homo sapiens o esto puede ampliarse? Una máquina creada por nosotros, tan compleja que puede desarrollar sentimientos y pensamientos abstractos elevados ¿Puede ser considerada un ser humano? ¿Es que acaso el siguiente paso de nuestra evolución no será biológico, sino tecnológico? Estas son sólo algunas de las preguntas existenciales que nos plantea Asimov, con gran imaginación, pero con los pies afianzados en la realidad.


Y esto hasta cierto punto molestó a alguno de sus primeros lectores, pues les pareció que carecían del espíritu de aventura y de las fantasías alocadas a las que estaban acostumbrados, siendo por el contrario fríos relatos cerebrales, con detalles técnicos acerca de robots y los problemas que estos conllevaban. Pero esto era sólo porque no alcanzaban a entender la envergadura de lo que Asimov estaba creando. Muy pocos escritores tienen el honor de patentar conceptos científicos ficticios tan acabados como la robótica, la robopsicología, positrónica o psicohistoria. Es más, grandes mentes científicas creen que en su momento estas no serán sólo ideas en los cuentos de Asimov, sino ramas reales de la ciencia, como ya ha ocurrido con la robótica.


Pero lo más encomiable de Isaac Asimov es que su trabajo en ciencia ficción fue sólo una parte ínfima de su legado literario. Fue un importante divulgador científico, tomando esos enrevesados conceptos en lo que se cimenta la ciencia y traduciéndolos para la gente común. También fue un excelente historiador, cronista, poeta, escritor de novelas de misterio y textos humorísticos. En resumen, un erudito al que le encantaba compartir su conocimiento con el mundo.


La obra de Asimov es una de las más bastas que pueden encontrarse, así que leerla completa es una verdadera odisea. No obstante, si nos concentramos en lo que es ciencia ficción, podemos separarla en grupos para su lectura. Primero tenemos sus colecciones y cuentos acerca de robots, entre los que podemos contar “Yo, Robot”, que consta de 9 relatos acerca de los primeros años de convivencia entre los humanos y sus asistentes cibernéticos. Luego otras cuatro novelas (“Las Bóvedas de Acero”, “Sol Desnudo”, “Los Robots del Amanecer” y “Robots e Imperio”) completan la historia del desarrollo de la robótica y la expansión de la humanidad por la galaxia.


Después viene la trilogía del Imperio Galáctico y la saga de Fundación, las cuales cuentan una historia de proporciones que dan vértigo. Acá nos muestra un futuro en que grandes cosas se deciden, donde la humanidad se enfrenta al Imperio Galáctico, el cual se encuentra al borde de desaparecer debido a las teorías estadísticas desarrolladas siglos atrás y que forman la ciencia conocida como psicohistoria, la cual postula que a los elementos pequeños de una población no se le puede predecir el comportamiento, sin embargo a la población total sí.


Nuevamente en esta saga podemos ver a los robots en su misión de ayudar a la humanidad, la cual está determinada por las Tres Leyes de la Robótica, agregando un nuevo axioma a lo ya existentes, conocido como Ley Cero. Lo anterior deja las Leyes de la Robótica de la siguiente manera:

-Primera Ley de la Robótica: un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que el ser humano sufra daño.
-Segunda Ley de la Robótica: un robot debe obedecer las órdenes dadas por seres humanos, excepto cuando éstas entren en conflicto con la Primera Ley.
-Tercera Ley de la Robótica: un robot debe proteger su propia integridad, siempre cuando esto no afecte el cumplimiento de la Primera y Segunda Leyes.
-Ley Cero de la Robótica: un robot no puede hacer daño la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño.

Las cuatro sentencias anteriores pueden ser consideradas uno de los más grandes legados de Asimov. De hecho, él pensaba que de todos sus obras, las Leyes de la Robótica sería una de las que sobreviviría por más tiempo a su persona; cosa de la que no estaba en nada equivocado, pues en la actualidad las empresas de tecnología en las que se desarrollan proyectos de robótica tienen como guía a las leyes en cuanto a las directrices a las que deben atenerse las inteligencias artificiales.


Lo que debo advertir a esta altura es algo que puede sonar pueril pero de suma importancia para entender la obra principal de Asimov. No se deben leer cuentos en orden cronológico de aparición, ni tampoco sus novelas. Esto debido a que él no fue desarrollando su saga de forma ordenada, sino entregándonos historias aisladas o que se pueden encasillar en pequeños grupos y que al final, uniendo las piezas, nos muestran el mosaico de una grandiosa historia ideada en la mente de este escritor.
Por desgracia (o quizás no), la incomprensión de las obras de Asimov a llevado a que hayan muy pocas adaptaciones de su obra. De todas maneras, las cosas que puedes ver para acercarte a Asimov por otros medios son:
En 1988 se hizo una adaptación del la novela corta “Anochecer” con el mismo nombre. El planeta Kalgash es muy semejante a la tierra, pero goza de un día perpetuo ya que recibe la luz de 6 soles. No obstante, cada 2029 años ocurre un evento astronómico que produce que anochezca, lo cual puede producir locura en los habitantes del planeta y el fin de su civilización.


En 1999 el director Chris Columbus y el actor Robin Williams nos presentan “El Hombre Bicentenario”. Escrita por Asimov en conmemoración a los 200 años de independencia de Estados Unidos, esta historia nos habla de Andrew, un robot que comienza a mostrar creatividad y el desarrollo de sentimientos, lo cual lo hace volverse cada vez más humano. Con el tiempo, Andrew va cambiando su apariencia de robot para pasar a ser un androide con apariencia humana, aunque nadie acepta que una máquina inmortal pueda ser considerada miembro por derecho de nuestra raza.


Una película que no es en sí obra de Asimov, aunque use el nombre de una, es “Yo, Robot” de 2004. La verdad es que la producción contaba con un guión que hablaba de un robot que cometía asesinato y un detective que debía investigarlo, pero en un momento del desarrollo de la cinta adquirieron los derechos de la recopilación de cuentos de Asimov y, para aprovecharlo, le cambiaron el nombre a la cinta, incluyeron las Tres Leyes de la Robótica,  a personajes como Susan Calvin y Alfred Lennig, además de la empresa ficticia U.S. Robots. No obstante, a pesar de no ser una mala película, se aleja del espíritu que Asimov infundió en sus relatos, cayendo en el estereotipo que tanto detesto el autor y llamaba “Complejo de Frankenstein”.


¿Puede un hombre soñar el futuro de forma cierta? ¿Los conocimientos científicos de hoy nos pueden ayudar a ver lo que vendrá? Pues la verdad es que sí. Lo hizo en su momento Julio Verne, con sus naves voladoras y submarinos, cosa que vimos hechas realidad en el siglo XX, así como también ocurrió con Wells, quien previó las Guerras Mundiales ¿Acaso es muy alocado pensar que pasará lo mismo con Asimov? Hoy tenemos internet, robots en las líneas de ensamblaje de diferentes productos, robots que nos ayudan en la exploración espacial o en las cirugías de complejidad, así que no nos extrañemos cuando en 10 años los robots caminen por nuestras calles y se comuniquen con nosotros con agradables voces moduladas por computadora.

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