miércoles, julio 08, 2015

De 1 a 10 ¿Qué tan Estúpido es?: Anti-Vacunación


Hace tiempo que tengo ganas de liberar la bilis negra que me carcome por dentro cuando escucho o leo sobre cosas estúpidas que la gente cree a pie juntillas. Si bien el titulo implica que se le pondrá nota a la estupidez de estas ideas, la verdad es que sólo se llama así porque suena bien (de hecho, hace verso) y si tuviera que evaluarlas, todas estas ideas se llevan el 10+1 a la idiotez.

Para empezar, hablaré de una de las ideas más raras de los últimos años y cómo esta ha ganado resonancia en la mente del público, poniendo en peligro la salud de todos a nivel mundial. Hablo del movimiento anti-vacunación que está llenando la red de supuestos argumentos que justifican una postura tan insostenible que su éxito sólo me hace perder fe en la humanidad. ¿De qué se trata esto? Pues simplemente de negarse a vacunar a los niños aduciendo un montón de patrañas.
Para tener perspectiva, hablemos primero acerca de las vacunas. Esta técnica para combatir enfermedades comenzó a ser usada en China 200 años antes de Cristo y consiste en inocular una sepa débil de una enfermedad a las personas para que estas creen anticuerpos que les permita defenderse de la versión poderosa del mismo mal. Para el siglo XVIII, la práctica de la vacunación llegó a Europa y se perfeccionó, consiguiendo crear nuevas vacunas y luchar contra enfermedades que tomaban una cantidad de vidas estratosférica, como la viruela, la polio y la tos ferina, entre otras.


Obviamente, en un principio para la ignorancia de la gente, que te inocularan una enfermedad para inmunizarte de la misma les sonaba a engaño, por lo que hubieron quienes se negaron e incluso las campañas de inoculación provocaron revueltas en algunos sitios; pero poco a poco la gente fue concientizándose, vieron que sus niños no enfermaban o sólo sufrían una versión mucho más suave de la enfermedad, por lo que para mediados del siglo XX las vacunas eran consideradas como uno de los avances más importantes de la medicina.


Pero en los países desarrollados o en vías de, entre las clases acomodadas y supuestamente más educadas, comenzaron a aparecer opiniones contrarias a las vacunas. Los primeros en hacerlo fueron algunos defensores de la medicina alternativa y natural, quienes aducían que había formas menos invasivas de curar enfermedades, con plantitas, florecillas y otras mierdas, por lo que el meter químicos al cuerpo a la larga produce efectos nocivos. Veamos, la aplicación de remedios naturales en sí no es una patraña, siempre y cuando esté respaldada por un conocimiento real de qué y por qué se toma; pero decir que lo natural es buenísimo y lo químico te envenena es sencillamente una idea tonta. En primer lugar todo es químico, tanto lo que nace de los procesos bioquímicos (Dahh!!) de una planta, como aquello que esobtenido en un alambique de destilación en un laboratorio. De hecho, la mayoría de los remedios en tabletas son sencillamente la sintetización del agente activo que existe en sustancias naturales. Por otro lado, la medicina natural se ha usado durante milenios y su éxito no fue para nada impresionante; la gente vivía menos de la mitad de lo que vive ahora, y eso si se lograba llegar a la adultez, pues la mortalidad infantil era aterradora.


Después hay otro tipo de loco anti-vacunas, siendo éste el irresponsable. Este piensa en que no tiene sentido vacunarse él o a sus chicos, porque el resto ya está inmunizado y posibilidad de contraer alguna enfermedad es nula. “¡Pobre chico! No me gusta ver como sufre por los pinchazos de esas jeringas, así que mejor lo dejo sin vacunar ¿Qué podría salir mal?”. Y la verdad es que hasta hace poco tenían razón, porque los padres responsables e inteligentes eran la mayoría y se preocupaban de que los chicos estuvieran inmunizados, pero a medida de que las idioteces de los anti vacunación hacen mayor ruido, la población de no vacunados ha crecido y están apareciendo focos infecciosos de enfermedades que hasta hace poco se pensaban erradicadas.


Pero quizá el peor de todos los anti-vacunas es el paranoico, que indistintamente puede pertenecer a las dos categorías antes mencionadas. El paranoico es como Mulder, porque quiere creer, por lo que busca cuanto estudio sin fundamentos hay en internet  y que justifique su modo de pensar. Las teorías de los paranoicos son variadas y algunas suenan a mala película de ciencia ficción, como que las vacunas son usadas por los gobiernos y las farmacéuticas para el control mental o que nos inoculan enfermedades que se activan en nuestra adultez para que poder vendernos sus medicamentos. No obstante, la teoría que más está en boga hoy es la del autismo, sustentada por un estudio publicado en la revista británica “The Lancet” por un médico de nombre Andrew Wakefield, quien estudió una muestra de doce (sí ¡12!) pacientes en los que determinó una relación entre el autismo y la administración de la vacuna triple vírica (contra el sarampión, la rubiola y las paperas). Cualquier persona con dos dedos de frente se dará cuenta de que con doce casos no puedes llegar a una conclusión definitiva ni mucho menos, demostrándose luego que las conclusiones de Wakefield fueron decididamente fraudulentas, pues deseaba comercializar vacunas alternativas y hacerse millonario gracias a los miedos de la gente.


Los anti-vacunas paranoicos son huesos duros de roer, porque tienen un montón de información de mierda a la cual echar mano para justificar su postura (como que un premio Nobel dijo que las vacunas eran malas, aunque aún no logro saber cuál). Puedes mostrarles uno y mil estudios acerca de que no hay relación alguna entre el autismo y las vacunas, pero cuando se vean acorralados recurrirán a su último refugio del cual nunca podrás sacarlos: “Todos esos estudios fueron pagados por las farmacéuticas para seguir envenenando a los niños”. ¿Qué se puede hacer cuando alguien no atiende a ninguna razón?.


Y como siempre, las concienzudas celebridades del espectáculo se hacen eco de estas cruzadas y, como les da notoriedad, muchos aparecen defendiendo la anti-vacunación cuando no tienen absolutamente ninguna experiencia profesional como para opinar de temas médicos. Sencillamente se escudan en el ambiguo “Yo creo que…” el cual ha dado pie para que creencias de mierda se propaguen a lo largo de toda la historia humana.


Pongamos las cosas en su lugar: Las vacunas no producen autismo, por mucho que tengan una cantidad pequeñísima de mercurio; nadie lo ha probado fehacientemente, sólo existen al respecto elucubraciones que se acercan a la superchería.


Por el contrario, hay hechos que sí son fácilmente demostrables. Una de las enfermedades que más vidas tomó durante nuestra historia, la viruela, hoy ya está totalmente erradicada con la ayuda de la inmunización a través de la vacunación. Enfermedades que a principios de siglo XX producían estragos, hoy apenas existen en los países desarrollados, como la polio y el sarampión. Pregúntenles a los más viejos, aquellos que tienen sobre los 70 años, acerca de sus infancias; interróguenlos acerca de cuántos hermanos tuvieron y cuántos llegaron a la adultez. Todas las familias antes de los 60’s del siglo XX tenían a lo menos un niño muerto, víctima de enfermedades que hoy suenan medievales.


Como dije, la anti-vacunación es un fenómeno del Primer Mundo o de los países en vías de desarrollo, donde la gente se ha olvidado de los estragos de estas enfermedades y cree cualquier teoría loca que aparece en televisión o internet. En cambio, en los países del Tercer Mundo, el problema es cómo conseguir una mayor cobertura de la vacunación para poder evitar muertes. Si hay algo que achacarle a las farmacéuticas no es que fabriquen vacunas, sino que antepongan sus intereses económicos ante los de la gente que no tiene acceso a estas medicinas.
El fin de semana recién pasado un pequeño de seis años murió en Barcelona aquejado por difteria. Según las informaciones, sus padres son contrarios a la vacunación así que el pequeño no estaba inoculado. En Estados Unidos este año han ocurrido brotes preocupantes de sarampión, cosa que se pensaba desaparecida; estos brotes se presentan principalmente en familias de estrato social medio-alto que han decidido no inocular a sus pequeños con vacunas.


La anti vacunación no sólo es una estupidez defendida por estultos que pretenden saber más que la ciencia, sino es también un crimen. Pueden decirme que hay un médico que dijo que las vacunas son malas, pero yo puedo citar a cientos que lo rebaten con estudios serios y datos fidedigno y comprobables, no citas vagas ni el famoso “yo creo que…”. Y le llamo crimen porque deja a niños indefensos frente a enfermedades que se pueden evitar con sencillez y pone en riesgo a quienes no pueden ser vacunados porque sufren de alguna enfermedad que lo impide (por ejemplo, el SIDA).
Ahora, no tienes por qué creerme a mí, que tampoco soy un experto en el tema, por lo que te llamo a informarte, pero a hacerlo con un espíritu crítico, viendo cuáles son las fuentes y analizando los datos. No dejes que cualquier pelagatos conspiranoico te venda cuentos chinos, pues sólo la ciencia se puede pronunciar acerca de estos temas. 

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