jueves, agosto 13, 2015

De 1 a 10 ¿Qué tan estúpido es?: Terapias de Reorientación Sexual


El siguiente artículo nace partir de la lectura de una nota periodística que me dejó con un mal sabor de boca. Hablaré de lo que leí en su momento, ya que hay varias otras cosas que tratar antes; pero principalmente de lo que me explayaré a continuación es acerca de las terapias de reorientación sexual.

Partamos desde lo básico, e intentemos entender lo incomprensible. Las terapias y de reorientación sexual parten de la premisa de que la homosexualidad es una enfermedad, por lo cual puede ser tratada y curada; cosa que fue desestimada por la ciencia médica hace más de 40 años. Una vez más, en este asunto se mimetizan los prejuicios religiosos fundamentalistas con una pseudociencia, de la misma forma que nos han querido vender durante años el cuento del diseño inteligente.


Pero hay que ser justos y decir que en esta historia de terror el papel del villano no ha sido sólo interpretado por la religión, pues la ciencia también hizo lo suyo en su momento. A finales del siglo XIX se comienza a estudiar el funcionamiento de la mente humana y sus procesos; entre ellos nuestra sexualidad, una parte intrínseca de nuestra naturaleza que hasta ese momento no había causado ningún interés científico. A pesar de querer dar un carácter imparcial y basado en los hechos a estos estudios, el lastre de la moral cristiana aún estaba patente en la mente de los investigadores, lo cual produjo que la homosexualidad, considerada un pecado hasta entonces, pase a ser una enfermedad mental, la cual podía ser tratada.


No obstante, la idea de que la homosexualidad era una enfermedad no fue aceptada por todos los estudiosos. Por ejemplo Freud consideraba que todos nacíamos bisexuales y debido a la educación y al ambiente derivábamos hacia la heterosexualidad o la homosexualidad, no teniendo esto que ver con una patología. Pero la mayoría de la comunidad médica estaba de acuerdo con los tratamientos para curar la homosexualidad y los aplicaron de forma sistemática en clínicas psiquiátricas de todo el mundo.


Es importante notar que las técnicas usadas en estos tratamientos hoy serian considerados crímenes de lesa humanidad. A los hombres se les ponían electrodos en el pene y se los exponía a material pornográfico, tanto heterosexual como gay, dando descargas eléctricas en los genitales del paciente si éste se sentía excitado por las escenas homoeróticas. También se usaron drogas, hipnosis y otras técnicas más extremas, como la castración masculina  o la extirpación del útero y el clítoris en las mujeres.


Todos estos tratos inhumanos se mantuvieron hasta la década de los 60’s, en la cual algunos investigadores llamaron la atención acerca de la falsedad de estos paradigmas de la época victoriana que seguían siendo parte de la praxis médica a nivel mundial, siendo la homosexualidad incluso considerada enfermedad por la OMS. No obstante, sólo después de los disturbios de Stonewall en 1969 y del nacimiento del movimiento por los derechos de las minorías LGBT, los médicos hicieron una revisión de cómo estaban procediendo.


Hoy la medicina ha desestimado que la homosexualidad sea una enfermedad y la OMS también, pues lo bueno que tiene la ciencia es que reconoce sus equivocaciones y las enmienda. Sin embargo, hay una minoría de psicólogos y psiquiatras que siguen sosteniendo las viejas ideas de la enfermedad mental de la homosexualidad; pero cuando se investiga más, nos damos cuenta que sus convicciones no están basadas en los hechos científicamente demostrables, sino en prejuicios religiosos.


Cuando las estúpidas ideas defendidas por la religión no pueden ser sostenidas ante la cruda realidad, ésta se disfraza de ciencia e intenta vendernos sus patrañas de otra forma. Es más fácil en la actualidad hablar de diseño inteligente, a decir que uno o varios dioses crearon al hombre del barro, una rama de fresno o se lo sacaron del culo. Lo mismo pasa con la reorientación sexual, donde se refieren a los homosexuales como enfermos, mientras sus mentes dicen “maricones degenerados”.

Y volvemos a los tratamientos de shock, las drogas y la hipnosis, pero le sacamos las extirpaciones de partes de nuestro cuerpo y lo reemplazamos por oración; porque obviamente todo se soluciona rezando. Incluso se han creado en Estados Unidos asociaciones de ex gais que promueven la eficacia de las terapias y cuentan cómo sus vidas eran terribles hasta que encontraron a dios y hoy son totalmente heterosexuales.


El tratamiento es tan ridículo que parece chiste. Si el paciente es hombre, debe dejar cualquier conducta afeminada, relacionarse con hombres hétero e imitar sus comportamientos (¡Cuidado! Sin mirarlos con malos ojos), no relacionarse con mujeres si no es para el romance, evitar cualquier actividad no apropiada a su sexo (cocinar, limpiar la casa, ver telenovelas, ir a comprar ropa, etc.) y bajo ningún punto de vista  masturbarse pensando en otro hombre. En el caso de las mujeres se las impulsa a ponerse en el lugar que les corresponde por naturaleza, a usar ropa adecuada y de color rosado preferentemente, a aprender a cocinar y a ser cuidadosas en que el normal cariño que demuestren por sus amigas no se transforme en un manoseo impúdico. Si a todo lo anterior le sumamos drogas que producen náuseas o disfunción eréctil, choques eléctricos cuando es necesario y mucha oración, luego de un tiempo tenemos machos recios y damas femeninas y dóciles.


Más allá del sarcasmo, lo que hacen estos tratamientos es crear personas rotas psíquica y emocionalmente. Muchos de ellos se criaron en ambientes homofóbicos donde internalizaron que lo que sentían estaba mal, por lo cual recurren a estos tratamientos para poder encajar en su entorno. No obstante, lo único que consiguen en aumentar la culpa y el odio a ellos mismo, pues al final la terapia sólo elimina lo que ellos consideran comportamientos homosexuales, pero no la homosexualidad misma. Es como alimentar a un león con tofu por todo un año y pretender que al final se ha vuelto vegetariano; el pobre animal muere o termina comiéndose al hijo de puta que le hizo eso.
Y por desgracia eso de ex gais felices con familias modelo es una mentira burda, pues lo que ellos viven está muy lejano a la felicidad. Muchos de quienes han pasado por los tratamientos de reorientación sufren de profundos cuadros depresivos y algunos han llegado hasta el suicidio.


Pero al principio de este artículo yo les hablé acerca de algo que había leído y que me impulsó a escribir. Pues resulta que un reportaje aparecido en el portal eldiario.esdenuncia la existencia de violaciones correctivas a chicas lesbianas en Perú. Es tan malo como suena, pues se trata de que, cuando se descubre que una chica es lesbiana, el método para curarla de su enfermedad es violarla; y no por cualquiera, porque en la mayoría de los casos es un familiar o un amigo cercano. Ahora, en Latinoamérica tenemos muchas más cosas en común de la que nos gusta reconocer, así que si ocurre en Perú ¿Cuántos casos más habrá en el resto de los países de este rincón del mundo? Es obvio que este seudo tratamiento barbárico sólo responde al enquistado machismo de nuestras sociedades, el cual se encuentra en mayor o menor grado en cada una de ellas, y que fundamente la burda idea de que “La mocosa es lesbiana porque no ha probado verga”. Y extrañamente, también funciona en el sentido contrario, porque desde niño que vengo escuchando el cuento de que los hombres se hacen gais debido a una violación en la niñez; lo cual termina de establecer el concepto de que si pruebas pene, te queda gustando.


Pero, si todo el mundo sensato dice que estas prácticas se basan en una premisa errada, entonces ¿Cómo es posible que las organizaciones que las practican las defiendan? Pues a los violadores de niñas les importa un carajo justificarse más allá de lo que les dije antes; pero el montón de agrupaciones cristianas que pretenden que la homosexualidad es una enfermedad sí, porque para contradicciones con la ciencia ya tienen suficiente con el asunto del creacionismo. Entonces, como es lo más fácil, inventan una conspiración de homosexuales que intentan cambiar la mentalidad de las personas en todo el mundo a través de la aprobación de leyes que los beneficien y así destruir la sociedad en general y a la familia en particular. Es el famoso cuento del lobby gay y su complot para hacernos a todos maricones o marimachos.


Desde los tratamientos hasta las violaciones, todo esto es una estupidez criminal. Tratar de cambiar lo que una persona es intrínsecamente, desde un principio es una empresa condenada al fracaso y que al final deja mentes y vidas rotas. Si existe algún tratamiento de ayuda a los homosexuales, son aquellos que les llevan a la aceptación de quiénes son y a interiorizar que no hay nada malo en ellos. De hecho, es esta sociedad homofóbica la que necesita una terapia que la saque de ese oscurantismo que carga desde hace demasiados siglos, con sus religiones idiotas e ideas primitivas acerca del papel que cada uno cumple según su sexo. Mientras las mentes de algunos sigan atrapadas en estos paradigmas, conceptos como diversidad y tolerancia seguirán siendo ilusiones abstractas e inalcanzables para todos.

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