miércoles, agosto 19, 2015

Homosexualidad y Ficción: El Reflejo de Nuestros Prejuicios (Parte 'X')


Hablé de cómo se ha representado a la homosexualidad en la ficción desde sus expresiones más antiguas a las películas modernas, pero dejé para el final lo que tiene que ver con lo que elegantemente llamamos contracultura; pero al que, a mi parecer, es más apropiado el nombre de cultura ñoña.

La cultura freak moderna es descendiente de las novelas de terror, fantasía y ciencia ficción del siglo XIX, siendo en el horror donde por primera vez se toca el tema. Ya en su momento hablé acerca de la novela “Carmilla” de Joseph Sheridan Le Fanu, quien usa el pretexto del vampirismo para hablarnos acerca de una relación lésbica entre dos hermosas chicas.


No obstante, la osadía de Le Fanu es solo una excepción y no la regla, pues luego nadie hablaría del tema por casi 50 años. Cuando los temas de terror, fantasía y ciencia ficción pasaron a ser una contracultura paralela y, en algunos casos, opuesta a la cultura establecida; estos géneros comenzaron a encasillarse, principalmente como literatura para hombres jóvenes y adolescentes, por lo cual la homosexualidad fue erradicada de sus temas. Primero tenemos las revistas de Pulp en los años 20’s y 30’s, las cuales fueron la ventana de expresión para importantes autores, como Lovecraft y Asimov, pero no para la diversidad sexual. Deben aparecer revistas especiales acerca del tema para la década del 50, algunas casi pornográficas, con especial fijación en temas lésbicos, ya que eran populares entre el público masculino; aunque también hubieron novelas gay con muy buenas ventas. No obstante, estas revistas, con llamativas ilustraciones en sus portadas fueron blanco de el hostigamiento por parte de los conservadores americanos en los 50’s.


En la vereda contigua, otro de los puntales de la cultura freak es el comic, el cual tiene una relación totalmente ambivalente hacia la homosexualidad. Nuevamente tenemos un género típicamente masculino, donde los personajes eran el epítome del modelo de macho imperante a principios del siglo XX, mientras las chicas guapas fungían de interés amoroso y damisela en peligro. Hubo unas pocas excepciones, como Wonder Woman o Lois Lane en cuanto a mujeres empoderadas, pero no era mucho, por lo que pensar en diversidad sexual era casi ilusorio. No obstante, alguien se atrevió a ver más allá, provocando uno de los daños más grande a la industria del comic en toda su historia. El psiquiatra Fredric Wertham escribió en 1954 un libro titulado “La Seducción del Inocente”, en que acusaba a los comic de promover comportamiento reñidos con la moral establecida; se dijo que Superman era un fascista, que Wonder Woman una promotora de un modelo inadecuado a las muchachitas y que Batman y Robin eran una pareja homosexual encubierta. Estas acusaciones infundadas han perseguido al dúo dinámico hasta la actualidad, cosa que vuelve a salir una y otra vez a la luz y es esgrimida por gente que no sabe nada de comic pero que lo escuchó por ahí. Ahora, no habría nada de malo en que estos personajes fueran gais, pero que en este caso la condición sexual se usa como una acusación de connotación negativa por los moralistas.

... mmm... puede ser...

Como en el caso del pulp, se debió crear unas revistas de comic especiales con temática gay, muchos de tinte pornográfico. No obstante, muchos autores fueron más allá, haciendo de sus obras un vehículo para la propaganda y la protesta. Esto fue muy común en los años 70’s, muy especialmente en Europa, donde la contracultura tuvo mayor impulso. También hay un gran auge del tema en el comic en nuestro idioma, nacidos al alero del la revolución intelectual española luego de la muerta de Franco y la desaparición de la dictadura fascista. Una muestra de ello es el comic “Anarcoma” de Nazario, aparecida en los años 80’s y que trata sobre una detective transexual que se mueve en una versión retorcida de Barcelona.


Ahora, uno de los escritores y dibujantes de comic gais de tono humorísticos que más ha marcado es el alemán Ralf König, quien nos muestra diferentes situaciones en que entra en juego la sexualidad y la aceptación de esta. Sus dibujos se encuadran en el estilo de la línea limpia, aunque a veces llega a lo grotesco, pero siempre con un sentido del humor agudo y fresco.


Pero quienes hicieron nuevos aportes en cuanto al tema, ya que no tenían que cargar con el pesado lastre de la moral cristiana sobre los hombros, son los japoneses. En el manga y el animé contamos con representaciones de personajes homosexuales con una naturalidad en muchas ocasiones ha puesto en aprietos a los occidentales.
Empecemos por las definiciones. Los japoneses parecen obsesionados en poner cada cosa en su lugar, siendo muy específicos en cuanto a la catalogación de los diferentes géneros que tratan acerca de la homosexualidad, desde los más explícitamente pornográficos hasta los inocentes y románticos. La palabra con que se conoce principalmente el manga de carácter gay es “yaoi”, aunque hay un montón de subgéneros. Por otro lado, los mangas con temáticas lésbicas corresponden al género conocido como “yuri”.


No obstante, en animés y mangas de géneros diferentes también tenemos la aparición de personajes homosexuales. Uno de estos primeros casos es el de “Fuerza G” (“Gatchaman” en Japón) donde conocemos al villano Zoltar o Galactor, que es un hermafrodita nacido de la unión de dos personas de sexos diferentes con un alto coeficiente intelectual; mostrando alternativamente sus dos naturalezas a lo largo de la serie.


Otro ejemplo de una producción japonesa que puso a prueba nuestra censura fue “Sailor Moon”, un manga y animé del género shôjo escrito por Naoko Takeushi. La serie trata sobre un grupo de adolecentes japonesas que se transforman en las Sailor Scouts, cada una con grandes poderes y asociada a alguno de los cuerpos celestes del sistema solar. Dentro de la serie en muchas ocasiones se muestran personajes con sexualidad ambigua, cosa que el doblaje al castellano latino (no estoy seguro de qué hicieron en España) solucionó artificialmente, transformando a los personajes masculinos afeminados en mujeres. No obstante, la pareja formada por Sailor  Urano y Sailor Neptuno, quienes son una pareja de chicas lesbianas, produjeron un quebradero de cabeza en quienes intentaban esconder estos aspecto de la historia al público de occidente. Como ejemplo, en Estados Unidos recurrieron al artero truco de decir que eran primas para justificar su cercanía.


Así podría seguir citando casos de personajes que han llegado a nosotros transformados pues pusieron nerviosos a ciertos quisquillosos. Una muestra patente de lo que se denomina choque de culturas.
Volviendo a occidente y al comic, las cosas cambiaron mucho durante los 80’s y los 90’s, habiendo una verdadera explosión creativa que barrió con los conceptos predeterminados y con la censura autoimpuesta que aún imperaba. La aparición de personajes homosexuales en los comic fue liderada por DC, que en varios temas se mostró mucho más recatada que Marvel, pero no así en esto. Podemos nombrar el caso del famoso John Constantine, creado por Alan Moore para la historieta de “La Cosa del Pantano” a mediados de los 80’s, pero que pronto tuvo su propia serie. Hablamos de un mago británico de clase obrera; un sinvergüenza avezado y bisexual que siempre lleva un cigarro en su boca. Por otro lado, en los últimos años también se le ha dado una connotación romántica a la relación entre Harley Quinn y Poison Ivy, que empezó solo como una amistad.



Pero la relación más llamativa de una pareja homosexual en el comic es la de Apollo y Midnighter, quienes forman parte del grupo de superhéroes “The Authority” de la firma Wildstorm. Es obvio que ambos héroes están inspirados en Superman y Batman respectivamente, pero en este caso ellos son una pareja gay profundamente enamorada, que adopta a una hija con súper poderes y que luchan juntos contra la injusticia.


Ahora, no es un misterio que la fantasía, el terror y la ciencia ficción comenzaron de a poco a colarse en la parrilla programática de la televisión para volverse los programas más exitosos en la actualidad. Los pioneros de esto fueron series que hoy son consideradas clásicas, como “Los Archivos Secretos X” y “Buffy la Cazavampiros”. Esta última, creada por Joss Whedon a partir de una película bastante mala, resultó ser un muy buen drama juvenil, condimentado con temática sobrenatural y de terror. Entre todos los temas escabrosos que se tocaron en la serie (entre ellos se puede contar las matanzas en escuelas americanas, la drogadicción y la violencia intrafamiliar) está la homosexualidad femenina, ya que nos muestra cómo Willow, la mejor amiga de la protagonista y uno de los personajes más queridos, va asumiendo su sexualidad y como el resto de sus amigos deben aceptarla. Fue la primera serie donde pude ver esto sin presentar dramones innecesarios.


En Inglaterra, uno de los clásicos ñoños que ya lleva 50 años de historia es “Doctor Who”. A pesar que la serie estuvo fuera del aire durante los noventa, cuando volvió a ser puesta en pantalla en 2005 supo cómo adaptarse a los nuevos tiempos, mostrándose fresca y osada. Una de los nuevos tópicos incluidos fueron los de la diversidad sexual, el cual ha sido tocado varias veces a través de los personajes que viajan con el Doctor en la Tardis. Uno de los mejores ejemplos es el capitán Jack Harkness, un encantador y sinvergüenza viajero en el tiempo que se vuelve inmortal y comienza a trabajar para la fundación Torchwood. Jack es un pansexual, que coquetea con todo lo que le parezca atractivo, ya sea humano o no, sin importarle tampoco el sexo.


El otro ejemplo salido del universo del Doctor Who es el de Mme. Vastra y Jenny Flint, que no solo nos plantea una relación lésbica, sino una entre mujeres de distinta especie. Vastra es una silurian, una raza de reptiles humanoides que dominaron la tierra antes de la extinción masiva de los dinosaurios, mientras que Jenny es una inteligente chica londinense de la época victoriana. Ambas, ayudadas por un mayordomo sontaran llamado Strax, forman la Banda de Paternoster, que se encarga de resolver crímenes y proteger el Imperio Británico en 1888. Lo interesante de Jenny y Vastra es que están casadas, mostrándose mutuamente el profundo amor que cada una siente por la otra.


Ahora, el día de hoy la inclusión de personajes homosexuales en obras dirigidas a ñoños ya no es nada nuevo. Se ha vuelto natural mostrar que la sexualidad de los personajes es solo una manera de darles profundidad dramática, y no una determinante que influya en su moralidad. Una de las últimas muestras de esto es la exitosa serie de HBO “Juego de Tronos”, donde se muestran varias escenas de alto contenido erótico. Pero contrario a lo que siempre ocurre, donde se hacen solo escenas hétero subidas de tono, acá también se han mostrado algunas con contenido gay, cosa que ha levantado mucho menos polvo de lo que se podía esperar hace algunos años. Obviamente la mentalidad de la gente ha evolucionado.


¿Por qué es importante que nuestra ficción se haga eco de la defensa de la diversidad sexual? Porque a pesar de que hemos avanzado mucho en los últimos 50 años, desterrando prejuicios de todo tipo, aun existe una minoría importante que se sigue rigiendo por esas moralinas absurdas y retrogradas. Hoy, en pleno siglo XXI, hay grupos ultraconservadores en Estados Unidos que protestan en funerales de chicos homosexuales con carteles que dicen “Dios odia a los maricones”; así que en vista de eso, nunca está de más que nuestra ficción luche por erradicar esas ideas. Mostrar la naturalidad de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo ayuda a que la gente lo interiorice y, ojala, a que a la larga nos transformemos en mejores seres humanos, más felices y tolerantes.

2 comentarios:

  1. te faltaron barios , como los de la serie paralela a Dr who ,Torchwood

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí sé que faltaron varios, pero traté de poner los más importantes. De Torchwood incluí al capitán Jack.

      Eliminar