martes, agosto 18, 2015

La Justicia (Acto II)


El funeral del padre Rafael se llevó a cabo en otra iglesia, ya que su parroquia había quedada cerrada debido a la investigación. El lugar estaba lleno de feligreses profundamente dolidos por el terrible final que había sufrido ese joven sacerdote, tan preocupado de su rebaño y de llevar la palabra de Dios a la mayor cantidad de gente por todos los medios a su alcance. En la primera fila, casi a punto de desfallecer, se encontraba la madre del cura, hecha un mar de lágrimas y acompañada por varias señoras que intentaban inútilmente consolarle.
Hubo mucha cobertura de los medios, filtrándose los escabrosos detalles del crimen y siendo difundidos con profusión, lo cual molestó tanto a la policía como a la iglesia, la cual la verdad no sabía muy bien qué hacer con todo esto. No obstante, habían tres hombres que estaban viviendo esto de una manera mucho más personal que los mismos deudos; tres hombres que muy en su interior temían por sus propias vidas.
Se reunieron en la casa de Erik luego del funeral y ahora se encontraban en el estudio, bebiendo una copa de whiskey en memoria del amigo que los dejó. No obstante, a Erik le importaba un carajo lo que le sucedió a Rafael, sino le interesaban las implicancias de ello y cómo podían ser peligrosas. Luego del brindis, los tres se quedaron en silencio sin saber muy bien por dónde empezar, por lo que fue Erik quien asumió la voz cantante, como siempre:
- Entonces, el día en que Rafael fue a verme a la oficina, también los visitó a cada uno de ustedes ¿Les dijo algo en especial?.
Los hombres se miraron entre ellos, tratando de recordar algún detalle importante de esos encuentros, pero la verdad es que en lo único que concordaron era en el errático comportamiento de Rafael; como si intentara darles a entender algo, pero no pudiera ni si quiera hablar de ello de forma indirecta. Lo que les dijo a las tres fue exactamente lo mismo, acerca de cuidarse y si deseaban salir de la ciudad. Sólo a Erik le mencionó eso del chico al que atormentaban en la escuela.
Un suave golpe en la puerta detuvo la conversación de los hombres. Se trataba de Isidora, la hija mayor de Erik, una muy guapa chica de unos quince años que producía inmediatamente que los ojos de su padre se iluminaran. Ella venía a preguntarles de parte de su madre si todos se iban a quedar a cenar, cosa que sólo Julio aceptó, porque Sergio tenía que dirigirse a la clínica para ver a uno de sus pacientes.
Nuevamente solos, Erik les cuenta lo que a él le dijo Rafael acerca de lo que había pasado en la escuela con ese alfeñique al que llamaban mierdecilla. Eso le hizo gracia a Julio, mientras que Sergio, siempre mas cerebral, escuchó en silencio. Al final, Julio, aún con un poco de risa, dijo:
- ¿Qué quieres decir? ¿Qué ese insecto insignificante ha vuelto a vengarse porque le hicimos un par de bromas pesadas en el colegio? ¡Por Favor! Seguramente se ha transformado en un aburrido oficinista con una vida de mierda.
A Erik nunca le gustó que lo contradijeran, por ningún motivo. Él siempre estaba al mando, por lo que era insoportable que alguien pusiera en duda la veracidad de sus ideas, menos aún que se rieran de ellas. No obstante, supo guardar la compostura y solo le dijo a Julio:
- ¿Me crees loco? ¿En serio? ¿Acaso no recuerdas lo que le hicimos a ese pendejo en el auditorio de la escuela?.

**********

Le habían dado caza tras el baño de hombres, donde intentaba esconderse. Fue fácil atraparlo cuando por un lado Rafael y Julio le cortaron el paso, mientras Erik y Sergio le acorralaban por su lado. Se trataba del nuevo deporte favorito de los chicos: dar caza a ese mierdecilla dondequiera que estuviera y hacerle la vida imposible.
Aprovechando que era la hora en que todos ya se estaban retirando a los hogares, pudieron arrastrar al chico, que aunque chilló un poco, nada podía hacer debido a su pobre constitución a lado de esos mastodontes. Así, entre malos tratos e insultos, lo llevaron hasta el auditorio de la escuela; un recinto con butacas para unas 500 personas y un bonito escenario donde se presentaban los cuadros artísticos de las diferentes academias que funcionaban en ese recinto.
Pero lo que teníamos ahora en el escenario era a cuatro energúmenos que gritaban y aullaban como bestias de presa alrededor de ese asustado niño que tenía los lentes empañados debido a las lágrimas. Esto último fue acicate para el sadismo de los cuatro amigos, que se turnaron para golpearle la cabeza con las manos abiertas y zarandearlo como un muñeco.
A pesar de las preguntas acerca de por qué lo trataban así, Patricio no recibió respuestas, sólo más golpes e insultos, terminando con un puntapié que le descargó Erik en el estomago y que dejó al chico en posición fetal sobre el suelo, tratando de recuperar el aliento.
Justo en ese instante, Rafael comenzó a mirar la parte de arriba del escenario y se dio cuenta de que habían un montón de cuerdas y poleas que correspondían al sistema que sujeta los telones y la escenografía. Entonces, en un escape de ingenio cruel, se le ocurrió una nueva idea para divertirse. Tomó una de las cuerdas que colgaba de una de las poleas y sin esforzarse mucho se la paso por la cintura al pequeño Patricio, que seguía sin aliento en el piso. Luego hizo un nudo por la parte de su espalda del chico y fue a una de las esquinas del escenario, donde el otro extremo de cuerda estaba sujeto a un gancho en la pared.
Al rato, cuando apenas se había recuperado del golpe en su vientre, Patricio se ve elevado de un tirón del suelo y comienza a girar sin control, lo que hace de inmediato que se maree. Entonces se transforma literalmente en una piñata viviente, recibiendo los golpes y las pullas crueles de sus agresores. Estuvo así como 20 minutos, subiendo y bajando y girando de un lado al otro mientras ellos le vejaban. Al final, cuando ya estaban aburridos, Rafael volvió a sujetar el otro extremo de la cuerda al gancho de la pared y a todos les pareció gracioso dejar a Patricio colgado ahí, así que se marcharon.
Los ruegos del pequeño chico no hicieron mella en sus abusadores, quienes salieron riendo de buena gana por la “broma” que le habían gastado; nadie escuchó sus súplicas.
Casi a la media hora lo encontró uno de los auxiliares de aseo de la escuela, casi inconsciente. Lo llevaron a la enfermería y llamaron a su madre. Todos le preguntaron qué había pasado pero él no dijo nada; al final inventó que no había visto a los que le atacaron, que le habían tapado la cara y que perdió el conocimiento. Patricio no le diría a nadie la verdad, pues estaba aterrado.

**********

Sara ya iba por su segundo café, escribiendo algo mosqueada en su vieja laptop. Un par de mesas más allá estaba un oficinista calvo que le miraba con los ojos desorbitados su escote, inmune a la cara de pocos amigos que ella le dirigía. Estaba tratando de completar el artículo acerca del funeral del cura mientras esperaba a ese cabrón que ya estaba atrasado en una hora.
El inspector Morales llegó sin dar ninguna disculpa por su atraso, sólo pidió un café cortado con unas media lunas para acompañar. Se conocían desde que Sara era sólo una novata en busca de hacerse un nombre y por lo visto, le había gustado al detective, porque habían tenido un constante intercambio de información que les beneficiara a ambos. Ahora, Sara siempre se preguntó acerca de por qué ese tipo le ayudaba; por lo cual le ponía pruebas, como el escote que llevaba en ese momento. Sabía que Morales le miraba las tetas, porque al fin y al cabo seguía siendo hombre, pero nada más; ni invitaciones o insinuaciones que no tuvieran que ver con el caso que les competía a ambos. Todo estrictamente en el ámbito de lo profesional.
- ¿Tiene lo que acordamos, reportera?.
Sara odiaba la frialdad con que la trataba ese sujeto, pero no estaban ahí para hacer vida social, así que le informó:
- El cura no tiene nada sucio a su haber; por lo visto entró al seminario una vez terminados sus estudios secundarios. Lo invitaban a la tele para sermonear a la gente porque era elocuente y guapo, lo que le traía las insinuaciones de muchas feligresas y más de algún feligrés, pero nada más. Ni niños abusados o manejo escuro de dinero.
- ¿Y el resto? – Volvió a consultar Morales mientras se llevaba la media luna a la boca.
- El doctor es un famoso oncólogo que trabaja en una importante clínica privada. Tiene peces gordos pacientes, algunos políticos influyentes y gente de la televisión. Los que trabajan con él dicen que es un hombre tranquilo, de trato amable pero distante; “frío” fue la palabra que varios usaron. Tiene esposa desde hace dos años, pero no han sido padres.
 “El piloto de rallye es todo un donjuán, contando con un par de modelos famosas en su prontuario. Viaja mucho por el mundo, como es obvio, pero ha comenzado a pasar más tiempo en el país, quizá debido a que ya no se encuentra en su mejor estado competitivo. Tiene contrato con varios auspiciadores y es dueño de una importadora de autos de lujo, así que lo del rallye lo puede dejar cuando le dé la gana.
“El más interesante a mi parecer es el ejecutivo. Ha tenido una carrera meteórica desde que salió de la universidad, dicen que gracias a su falta de escrúpulos a la hora de sacarse competencia del camino. Todo apunta a que su próxima parada será en la oficina central de firma en el extranjero. Está casado con su novia de universidad y tienen dos hijos, lo cual no le impide hacer de las suyas con varias secretarias. Tuvo un par de acusaciones por acoso sexual que se arreglaron extrajudicialmente, así que tenemos a todo un galán entre manos”.
Morales tomó nota de lo que Sara le decía y luego se quedó pensando con el lápiz en la mano. La periodista, impaciente, le consulta acerca de a qué viene todo esto, y él le contesta:
- El padre Rafael visitó a cada uno de sus amigos de infancia unos días antes de que lo asesinaran. Todos dijeron que se comportó algo extraño, pero que sólo les propuso que dejaran la ciudad por un tiempo.
- ¿Estás diciendo que el cura sabía algo grave y no se los dijo claramente?.
Morales seguía haciendo conexiones en su cabeza, intentando crear alguna teoría para explicar este extraño proceder de la víctima, pero le faltaban piezas del puzle y, aunque interesante, la información que le daba Sara no le ayudaba.
- La verdad es que por ahora las visitas a sus amigos es la única pista que tengo. Por lo que nos arrojó el examen del forense, el padre Rafael fue drogado, por lo que lno pudo resistirse a lo que le hicieron. Pero lo más importante de todo, es que la forma en que lo asesinaron es especialmente cruenta y espectacular, como si el asesino quisiera montar un show o mandar un mensaje. Esto no es un homicidio común y corriente.
Sara también estaba segura de que esto no se trataba de un asesinato más, por lo que sintió en la boca del estómago una cosquilla de excitación al saber que esta podría ser la gran historia que hiciera despegar su carrera; el golpe periodístico que cualquiera desearía en su profesión. No obstante, cuando estaba tomando nota de lo que le había dicho Morales para incluirlo en su reportaje, él la detuvo y le dijo:
- Aún no puedes usar lo que te cuento, reportera. Puede incluso que el asesino sea uno de esos tres y lo estaríamos poniendo sobre aviso. Debemos investigar más y saber que hay realmente tras de esto.
- ¡No me vengas con esa mierda, Morales! Sabes que yo vivo de esto; me importa un carajo que maten a un cura en una iglesia de un barrio de ricachones, sólo quiero contar la historia y ser la primera en hacerlo.
- Pues cuenta lo que te dije – la desafió el inspector -, pero nuestra colaboración queda hasta acá y cuando sepa la verdad detrás de este crimen te tocará enterarte de ello por los noticieros.
Ese bastardo era un hueso duro de pelar. Podría recurrir a trucos sucios, como menearle las tetas y cosas así, pero eso no funcionaba con ese sujeto. Sabía que ella dependía más del detective que viceversa, por lo que no le quedó otra que aceptar las condiciones de Morales y consultó con que seguirían.
- Estos sujetos fueron amigos en su estadía en la escuela, separándose sólo cuando fueron a la universidad. Si el crimen del padre Rafael está conectado con su grupo de amigo, eso debe tener que ver con sus años de estudios.
- ¿Entonces quieres que investigue en la escuela en que estudiaron?.
- No; eso lo haré yo. Tu sigue buscando cosas oscuras de estos sujetos… habla con sus ex compañeros para ver si saben algo. En cuanto tengamos información, nos reunimos.
Morales se puso de pie, dejó un billete que cubría lo que había consumido y un poco más y se fue. Sara se quedó ahí, con su artículo a medio terminar en la laptop y pensando en por dónde empezar a investigar.

**********

Sergio llegó esa mañana a su consulta y le pidió a su secretaria que le preparara un café. Una vez en su escritorio, comenzó a revisar sus mail, la agenda del día y las fichas de los pacientes a los que debía ver en esa mañana. Estaba en eso cuando se da cuenta que en su correspondencia hay un sobre sin remitente. Se trataba de un sobre de papel caqui sin nada en especial, sólo con su nombre escrito con letras de normógrafo. Tomó su abridor de sobre y rompió uno de los bordes, desparramando el contenido sobre la superficie del escritorio.
Lo que vio hizo que un frío corriera por su espalda.
Eran alrededor de dos docenas de fotos, todas muy claras y bien enfocadas, mostrando a Rafael colgando de las cadenas del techo de su parroquia, como si fuera un pedazo de carne. Pero lo que más aterró al médico fue darse cuenta de que fueron tomadas cuando su amigo aun estaba vivo, pues una de ellas mostraba en primer plano el rostro desfigurado de dolor de Rafael.
Como poseído por un paroxismo, Sergio comenzó a desparramar las fotos sobre la mesa en busca de algo que no fuera sólo la imagen de su amigo sufriendo esa agonía indecible, algo que echara un poco de luz acerca de quién había hecho semejante bestialidad. No encontró nada, pero la última foto hizo que definitivamente los colores se le fueran del rostro. Era una imagen diferente, que mostraba su curso en la escuela, cuando tendrían 14 o 15 años; la misma que vieron en la reunión de ex alumnos y que a Julio le causó gracia porque aparecía Patricio, el chico al que mortificaban. La fotografía estaba rayada con marcador rojo; alguien había tarjado a Rafael y puesto un número 1 sobre su cabeza; pero el problema es que había un dos sobre la cabeza de Sergio.



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