miércoles, octubre 14, 2015

De 1 a 10 ¿Qué tan Estúpido es?: Halloween Satánico


Si hay algo que me saca de mis casillas es la ignorancia, en especial cuando ésta se debe a ideas religiosas (lo cual suele ser una constante). El origen para este artículo está en algo que mi madre me contó: ella es profesora y se le ocurrió decorar el salón en que hace clases con motivos de la fiesta de Halloween, la cual desde hace algunos años se celebra en mi país. No obstantes, los directivos de su escuela le dijeron que no debía hacerlo, pues siempre que se hace algo con respecto al Halloween llega algún padre preocupado reclamando que están incentivando a sus hijos a celebrar una fiesta satánica.
Establezcamos primero el contexto. La fiesta de Halloween, que todos conocemos por el cine y la televisión, hasta hace una década no era celebrada en mi país (Chile), siendo importada principalmente por los comerciantes que deseaban tener una época extra en el año en la cual sus ventas aumentaran. Esto desató dos tipos de reclamos, los de algunos nacionalistas que decían que esto era propio del imperialismo cultural americano y ajeno a nuestra idiosincrasia; mientras que también estaban los religiosos cristianos, especialmente los protestantes, que ven en la iconografía de la fiesta un velado intento por promover el satanismo. La verdad es que yo me enorgullezco de las trediciones de mi país, pero personalmente esa paranoia imperialista de algunos me parecen en sí ridícula; pero en cuanto a lo que dicen mis queridos cristianos, a veces me siento sobrepasado.


Veamos, la fiesta de Halloween tiene su origen en la cultura celta, quienes habitaron gran parte de Europa, incluyendo Francia, España, el norte de Italia, parte de Alemania, Inglaterra e Irlanda. Este pueblo, que en la actualidad es reconocible gracias a la caricatura “Astérix” creada por René Goscinny y Albert Uderzo, tenía la costumbre de dividir el año en dos partes, una luminosa y la otra oscura, que obviamente coincidían con las estaciones primavera-verano y otoño-invierno respectivamente. Dentro de sus calendario habían dos fiestas que eran las más importantes y marcaban el cambio de estas etapas del año; la primera era Beltaine el 1 de mayo (comienzo de la parte luminosa) y Samhain el 31 de octubre (comienzo de la parte oscura). Ahora, como estas fiestas tenían que ver con el paso de las estaciones en el hemisferio norte, acá en el lado sur deberían invertirse, pero como sólo son tradiciones de religiones que ya no existen (lo siento neopaganos, supérenlo) importa un carajo.
En la noche de Samhain, que coincidía con la cosecha de granos para sobrevivir al invierno, según los celtas las barreras entre este mundo y el de los espíritus se debilitaban, pudiéndose pasar de un lado a otro con cierta facilidad. Por ello, en esa noche podían verse a fantasmas, duendes y hadas vagar entre los vivos, por lo que en esta fiesta se les rendía homenaje a los familiares que habían dejado este mundo, cosa que hasta ahora no me suena para nada diabólica.


Por otro lado, cuando el cristianismo se transformó en la religión dominante en el Imperio Romano, trató de satanizar todo aquello que estuviera relacionado con las antiguas religiones, aunque había fiestas tan populares que no pudieron ser desterradas, sino que sólo quedó asimilarlas. Así ocurrió con el 25 de diciembre, que era una fiesta de carácter solar, pues muchos de los dioses asociados con el astro rey tenían esa fecha para su nacimiento, por lo que arbitrariamente los padres de la Iglesia decidieron que su propio dios también nació ese día. Pero en cuanto a lo que nos atañe, el politeísmo romano tenía su propia fiesta de muertos, conocida como Lemuria, la cual se celebraba el 13 de mayo, fecha que los cristianos adoptaron para su Día de Todos los Santos. Pero cuando el cristianismo comenzó a expandirse por el norte, se dieron cuenta de que existía una fiesta mucho más popular el último día de octubre, lo que les llevó definitivamente a trasladar el Día de Todos los Santos al 1 de noviembre con la intención de erradicar esa celebración.


Pero, muy a pesar de los preocupados cristianos, era difícil erradicar una fiesta que ya había superado el ámbito de la religión, pasando a formar parte de la tradición popular; así que la celebración se mantuvo en Inglaterra e Irlanda durante los siglos siguientes, cambiando a lo largo de los años y agregando detalles que un principio no poseía. Por ejemplo, el nombre original de Samhain se dejó de usar, cambiándose a “All Hallows Even”  o “Vísperas de Todos los Santos”, nombre que se contrajo a la palabra actual Halloween.


Pero la fiesta como actualmente la conocemos fue ideada en Estados Unidos a mediados del siglo XIX, erradicando definitivamente cualquier implicancia religiosa en ella y transformándola en una fiesta profana, como lo es el carnaval en otros países. No obstante, la idea de disfrazarse para pedir dulces y hacer travesuras casi se sale de control para principios del siglo XX, cuando en varias ciudades de Estados Unidos hubo verdaderos motines, con incendios y varios daños a la propiedad pública y privada. No obstante, con esfuerzos de las autoridades se logró encausar la celebración a lo que es ahora, una fiesta familiar.
Así, a través de los años, Estados Unidos fue exportando su fiesta a otros países, o asimilándola a fiestas locales del mismo talante que ocurrían en esas fechas. Este es el caso del Día de Muertos mexicano, que se celebra también en otros países centroamericanos, el cual tiene origen en las culturas mesoamericanas y se celebra del 1 al 2 de noviembre. Hoy, debido a la globalización y a la influencia de los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos, ambas fiestas con temas similares han comenzado a hermanarse, aunque hay personas a ambos lados del rio Grande que esto no les agrada.


Cuando era niño, todo esto de “La Noche de Brujas” era una cosa que sólo veíamos a través de los programas de televisión norteamericanos, los cuales siempre hacen especiales al respecto. Recordado de mi infancia es el capítulo de “Peanuts” (que en algunos países es conocido como “Charlie Brown”, “Snoopi” o “Carlitos”) en que uno de los chicos confundía las fiestas y esperaba a la Gran calabaza de Halloween como si se tratara de San Nicolás. Luego vinieron “Los Simpsons”, que cada año hacen el deleite de los más ñoños con sus “Casitas del Horror” y todos los guiños que estas tienen a la cultura geek.


Para la década de los 90’s, la fiesta de Halloween comenzó a extenderse por el cono sur, llegando incluso a algunas partes de España; aunque los disfraces de monstruos y toda la parafernalia terrorífica asustó a las personas, asociando inevitablemente esto a una especie de celebración en honor de Satán. Ahora, es cierto que existen grupos de imbéciles que han hecho sacrificios de animales en cementerios la noche del 31 de octubre, pero en todas partes tenemos enfermos mentales que creen que viendo películas de terror pueden aprender a invocar al diablo.


Hoy las calabazas con sonrisas macabras son cosas comunes en estas latitudes, muy a pesar de quienes se sienten violentados en sus convicciones religiosas o en su identidad cultural. Ahora, puedes estar o no de acuerdo con esta fiesta, así como muchos que se quejan que la navidad sólo es una treta para hacernos comprar en exceso; pero tus reclamos no se deben basar en la ignorancia o en la mentira. El Halloween en sí no tiene nada que ver con el Diablo, ya que el origen de la fiesta está en el politeísmo celta, lo cual no tiene por qué tener una connotación negativa, menos aún infernal. De hecho, de la fiesta original no queda nada, sólo la fecha, siendo hoy un divertimento para que nuestros niños se disfracen de monstruo y pidan dulces.


El asunto es que si no te gusta el Halloween, no tienes por qué celebrarlo. Enciérrate en tu casa y apaga las luces para que los niños no vayan a pedir dulces… o entrena a tu perro para espante a cualquier persona que se acerque a tu hogar… y prepárate para las posibles multas. Pero por sobre todo, no te dediques a pontificar en contra de los que sí disfrutamos de esta fiesta, los que gozamos con las maratones de terror en televisión, los programas especiales, las golosinas, los disfraces ingeniosos y que le enseñamos a nuestros niños que las criaturas de los cuentos de terror no deben ser temidas, sino que son parte de la diversión. Ahora bien, si te toca ser víctima del dulce o truco, lo siento. Nosotros también tenemos que aguantarnos que nos golpeen la puerta en los momentos más inoportunos para hablarnos de Cristo.

Tengan todos un feliz y horrendo Samhain.


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