miércoles, octubre 07, 2015

Los Abusos de la Puta de Babilonia y el Mea Culpa de los Hipócritas


Entre los crímenes más aborrecibles se encuentran aquellos que tienen por víctimas a niños. La explotación y uso de chicos como esclavo es una práctica común en Asia, donde trabajan en la manufactura de muchos de los productos que se venden luego a este lado del mundo, mientras en África tenemos el adoctrinamiento y uso de niños soldados en las diferentes guerrillas que plagan el continente. No obstante, si queremos (y tenemos el estomago para) echar una mirada a lo más despreciable y asqueroso que se le puede hacer a un menor de edad, eso es el abuso sexual.

Siendo desde ya un crimen horrible ¿puede ser aún peor esto? Por desgracia sí, pues cuando en una institución religiosa se acoge y protege de forma sistemática a abusadores, podemos estar seguros de que todo se fue a la mierda. En teoría (muy en teoría) las instituciones religiosas cristianas deberían ser reservas de moral, en la cual los débiles encuentran cobijo y pueden sentirse seguros; pero la verdad es que esto nunca ha sido así. Las iglesias son sectarias, discriminatorias, interesadas en la recaudación de dinero y defensoras de un sistema de creencias propio de la Edad Media. Pero, como si no fuera suficiente, a esto los católicos han sumado la pederastia.


No es una historia de los últimos años en la Iglesia Católica, como estos mismos nos han querido vender. Ya en los monasterios medievales se abusaba de los novicias (la mayoría entraban a muy corta edad), siendo una versión cristiana de la pederastia griega. También están los castrati, chicos a los que se les extirpaba sus órganos sexuales para que mantuvieran una voz angelical por el resto de su vida y participaran de los coros de las iglesias, lo cual también es un tipo de abuso sexual. Pero con el desarrollo de un pensamiento humanista en la sociedad, el reconocimiento de derechos básicos intrínsecos a cada ser humano y la separación, a lo menos nominal, del poder político y religioso, la todopoderosa Iglesia Católica Apostólica Romana tuvo que abandonar su descaro y esconder sus trapos sucios de la vista del público.

Castrati
Y eso es lo preocupante, porque no es que se haya dejado de cometer estos abusos, sino que se mantuvieron en secreto. La iglesia seguía (y sigue) a cargo de hogares para chicos huérfanos, de varias escuelas y en las parroquias se suele hacer actividades especiales para preparar chicos para su primera comunión o la confirmación. Y los feligreses, gente que ve en los curas personas elegidas por dios para guiarlos en su vida religiosa, no sienten ninguna aprensión de poner a sus hijos al alcance de ellos, sin saber que detrás de esas sonrisas afables, voz calma y ademanes suaves puede que se encuentre un depredador sexual.


Ahora, sería injusto decir que todos los sacerdotes son pedófilos, pero es algo a lo menos sospechoso la gran cantidad de ellos que llegan a las filas de la iglesia. Las denuncias de abusos en otras denominaciones cristianas, ya sean protestantes u ortodoxas, son muchas menos, si es que existen. De vez en cuando sabemos de algún pastor que le gusta irse de putas, o algún aspirante a profeta que quiere desposar a una niña de nueve años, pero la verdad son casos aislados, no la avalancha que han sufrido los católicos en los últimos años.
En cada uno de los países donde la Iglesia Católica tiene presencia hay a lo menos una denuncia de algún cura que ha abusado de niños; habiendo casos que, por sus características, nos hacen pensar que estos no son eventos aislados, sino que una práctica común y orquestada en el clero. Hay violaciones de niños en orfanatos de Irlanda, abusos a niños sordomudos en Estados Unidos, Marcial Maciel aprovechándose de sus jóvenes seminaristas en México y los autodenominados Romanones en España, que eran curas asociados con unos laicos para realizar abusos a menores. Por lo visto, no hablamos de depravados solitarios, sino grupos organizados para llevar a cabo su perversión.


¿Cómo es que todos estos sujetos deplorables y corruptos llegaron a vestir sotana? ¿Es que acaso la iglesia no se preocupa de hacerle a lo menos un test psicológicos a los que llegan a sus puertas con la intención de hacerse curas? Al parecer no sólo no lo hacen, sino que son un foco de luz al que estos insectos depravados se ven atraídos. Y es que los abusadores no son tontos, y en este caso la ocasión no hace al ladrón. Muchos de ellos saben perfectamente que al hacerse sacerdotes podrán estar en contacto con niños, lo cual es a lo que se refiere el dicho popular: Dejar al gato cuidando la pescadería.


Pero en un mundo como el actual, donde los medios de comunicación cada vez se atreven más a poner en evidencia las tropelías de las instituciones, incluida la iglesia, estas cosas ya no pueden ser escondidas bajo la alfombra. Así, gracias a la prensa y a valientes víctimas que se atrevieron a sobreponerse a su dolor y al miedo, hoy nos hemos enterado de qué se esconde tras lo que, para algunos, era la institución que resguardaba el acervo moral de la cultura occidental.


Así pudimos ser testigos de la desidia de las autoridades eclesiásticas, o ya de plano, de intentos de encubrimientos de estos hechos; pues obispos y cardenales parecen mucho más interesados en que la Iglesia Católica siga pareciendo una institución moralmente intachable que de acoger y reparar a las víctimas. La jerarquía de la iglesia, partiendo por los tres Pontífices a los que les ha tocado enfrentar estos hechos (Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco I), se han preocupado ante todo de salvaguardar los intereses de la iglesia, sin ninguna empatía hacia el sufrimiento de la gente. Juan Pablo II, hoy considerado injustificadamente santo, protegió hasta su último aliento a Marcial Maciel, porque este aportaba una gran cantidad de dinero a la iglesia a través de sus “Legionarios de Cristo” y defendía las ideas conservadoras, cosa paradójica por decir lo menos. Por su lado, Benedicto XVI y Francisco I han hablado mucho, pero hecho poco, manteniendo aún las redes de poder que los curas abusadores han establecido dentro del clero.


Y este es otro detalle que llama la atención, porque la mayoría de los casos en que sacerdotes se han aprovechado de menores de edad, estos presbíteros no son curitas de pueblo (hay uno que otro, pero poquísimos), sino que curas influyentes, relacionados con esferas de poder y pertenecientes a agrupaciones clericales determinantes en el devenir de la iglesia. El ejemplo más evidente es Maciel, quien pertenecía al ala más conservadora de la iglesia, siendo también la más cercana  a las cúpulas de poder económico.


Hoy la iglesia, no contenta con proteger y acallar las denuncias en contra de sus curas corruptos, también se encarga de poner trabas a la justicia secular; no entregando la información que han recabado en sus propias investigaciones canónicas a los tribunales, cambiando a los culpables de diócesis una y otra vez, o encerrándoles en monasterios alejados de los países donde realizaron sus fechorías, fuera del alcance de la justicia de los hombres.
La posición hipócrita de la curia y de muchos laicos católicos es tan descarada, que aún se atreven a condenar a homosexuales, a personas que se divorcian, el sexo fuera del matrimonio, el uso de anticonceptivos y el aborto, cuando estos son opciones válidas y para nada objetables moralmente; en cambio ellos violan a indefensos y defienden corporativamente a esos delincuentes y, aún así, se creen con el derecho de sermonearnos acerca de cómo vivir nuestras vidas.


Inevitablemente las cosas deben comenzar a cambiar, lo quieran o no quienes aún defienden a ultranza los postulados del catolicismo. Es estúpido y contra natura que sus sacerdotes deban mantenerse célibes, pues eso sólo demuestra su postura sesgada y retorcida de la sexualidad. Tampoco podemos darles tanta importancia a las autoridades de la iglesia, las cuales en muchos de nuestros países tienen prerrogativas que ningún hijo de vecino posee, gozando de una mano muy blanda a la hora de ser castigados por la justicia civil. Por último, es una vergüenza que nuestros países reconozcan como un Estado al Vaticano, siendo sólo un enclave que sirve para que el Papa siga siendo un monarca absoluto y no un país de verdad; que a pesar de ello es tan influyente como para alterar el deseo popular de países que optan por aprobar leyes que contradicen sus estrechos cánones.


Esta iglesia, que tiene a su haber guerras religiosas y conversiones a sangre y fuego, no se ha quedado contenta y a ello le suma la violación sistemática de menores de edad; lo cual, si el mundo funcionara como se debe, tendría que ser considerado un crimen de lesa humanidad. Pero como vivimos en esta árida realidad, sólo nos queda a nosotros, los ciudadanos a pie, condenar y repudiar a estos “emisarios de Cristo”; pues el poder de la gente informada y movilizada quizá logre, de una vez por todas, hacer caer a la Gran Puta de Babilonia.
Si quieres tener más datos acerca del tema, te dejo dos recomendaciones. La primera es el libro “La Puta de Babilonia” de escritor colombiano Fernando Vallejos, que es un ensayo ameno y entretenido acerca de la historia que no nos cuentan de la Iglesia Católica. La otra recomendación es el documental “Mea Maxima Culpa: Silencio en la casa de Dios” del director Alex Gibney, en la cual nos relata acerca de varios casos de abusos, en especial a chicos sordomudos estadounidenses, y cómo la iglesia los trato de encubrir (lo pueden ver completo en youtube).




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