domingo, octubre 11, 2015

Una espada, una Piedra y una Mesa Redonda: La Leyenda de Arturo y sus Caballeros


Hay una historia que la mayoría ha conocido por alguna de las muchas fuentes disponibles, tratándose de uno de los mitos que más ha influido el género de la fantasía. A grandes rasgos se trata de la historia de un chico que es el único capaz de sacar una espada clavada en una piedra, lo que le designa como Rey de Inglaterra. Apoyado por el sabio y misterioso mago Merlín y por un grupo de caballeros que forman una hermandad alrededor de una mesa redonda, logra traer paz al país, derrotando a los invasores e impartiendo justicia. No obstante, la traición destruye todo lo que habían construido; primero la de su mujer y el amigo en que confiaba, luego la de un sobrino que es en realidad hijo, el cual comienza una revuelta. Al final, el Reino se consume en la guerra civil y padre e hijo se hieren de muerte mutuamente en la batalla final. Sin embargo, la hermana-amante del Rey, con la que ha tenido grandes enfrentamientos, viene en su ayuda, llevándolo a la maravillosa isla de Avalón, donde descansará de sus heridas y volverá algún día. Esta es la leyenda de Arturo y sus caballeros.

¿De dónde nace esta leyenda? Pues desde el punto de vista histórico se tienen pocas certezas, pues esto debió ocurrir luego de que los romanos retiraron sus legiones de Britania en el siglo V, que para efectos prácticos es lo que hoy conocemos como Inglaterra y Gales. El pueblo que habitaba la isla, formado por los descendientes de romanos y celtas, se dividió en varios reinos pequeños que lucharon entre sí, lo cual facilitó la invasión de hordas germánicas procedentes del continente, en especial anglos y sajones, aunque también se ha contado una minoría de jutos, francos, frisones y godos. Durante los siglos V y VI se libró la guerra en contra de los bárbaros que intentaban tomarse el país, y por un periodo de tiempo bastante largo se logró contenerlos y hacerles retroceder. Esto ha llevado a los estudiosos a pensar que este periodo en que los britanos estuvieron a punto de lanzar a los invasores al mar fue en el que ocurrieron los hechos que inspiraron la leyenda.

Guerreros Sajones
Ahora, la verdad histórica es invariablemente mucho menos glamurosa que los mitos, así que olvidemos a los caballeros de armaduras brillantes y castillos, pues eso corresponde a otra época. El personaje que inspiró la imagen de Arturo, si es que existió, fue una mezcla entre guerrero celta y soldado romano, seguramente vestido con telas multicolores a cuadro y protegido por una armadura de cuero. Pero la verdad es que no sabemos si existió realmente este personaje o alguno de los que lo rodearon, siendo su historia una suma de varios mitos locales que se fueron combinando.

Así se vería el verdadero Arturo
El primero en escribir acerca de Arturo es el monje galés del siglo IX Nennius, quien lo menciona en su “Historia Brittonum” (“Historia de los Britanos”); aunque no le da el título de Rey, sino el de “Dux Bellorum” o Jefe Guerrero, que equivale a general. En la obra de Nennius también se mencionan doce batallas que Arturo pelea en su campaña en contra de los sajones, las cuales culminan con el choque en el monte de Badon, en el que vence a los sajones y trae décadas de paz a los britanos.


Pero el primero en dar forma a la leyenda propiamente tal fue otro clérigo galés, Gruffudd de Trefynwy, más conocido por la variante inglesa de su nombre, Geoffrey de Monmouth. En su “Historia Regum Britanniae” (“Historia de los Reyes de Britania”) de 1036, Geoffrey nos cuenta de todos los reyes de Britania, aunque la mayoría de los datos que nos da vienen de su propia imaginación. Parte con Bruto, el primer rey de origen troyano, pasando por Lear (que sería inmortalizado por Shakespeare) y termina en Arturo. En esta obra se establecen los rasgos más característicos de la leyenda, como la paternidad de Uther Pendragon sobre Arturo, la mesa redonda y la batalla final de Camlann, en que muere el Rey y su enemigo Medraut (Mordred).

Estatua de Geoffrey de Monmouth

Gracias a las traducciones al francés de la obra de Geoffrey, es que al otro lado del Canal de la Mancha comienzan a escribirse libros al respecto, siendo el más exitoso en esta tarea el novelista y poeta Chrétien de Troyes (1150 – 1183). La mayoría de sus obras están ambientadas en la corte de Arturo, introduciendo  tópicos como Lancelot, el castillo de Camelot y, más importante de todo, el Santo Grial, del cual se verterían miles de litros de tinta acerca de conspiraciones y la familia de Cristo. Las novelas de Chrétien (“Erec y Enide”, “Cligès”, “Yvain, el Caballero León”, “Lancelot, el Caballero de la Carreta” y “Percival, el Cuento del Grial”) fueron de mucha influencia para los que vinieron después, especialmente para Wolfgang von Eschenbach, quien con su “Parzival” extendió la leyenda por Alemania.
Lancelot y Ginebra
Pero el mito no toma su forma final hasta la llegada de un caballero de dudoso honor llamado Thomas Malory. No se sabe mucho de este autor, sólo detalles generales y algunas cosas contradictorias. Algunos dicen que era un bandido, mientras que otros que en verdad se trataba de uno de los tantos prisioneros políticos que dejó la guerra civil de las Rosas en Inglaterra. Mientras Malory se encontraba encarcelado, comenzó a componer la novela definitiva de la leyenda artúrica, siendo este libro conocido como “La Mort d’Arthur” o “La Muerte de Arturo”. Acá ya tenemos absolutamente todos los episodios y personajes de la leyenda, incluyendo las historias secundarias como el romance de Tristán e Isolda, el origen demoniaco de Merlín y la búsqueda del Santo Grial. Se trata al mismo tiempo de una novela con un claro ambiente nostálgico y triste, pues nos habla de una época que está en retirada, ya que la obra fue escrita hacía 1470, cuando las nuevas tecnologías dejaban atrás la edad de los caballeros, estando a punto de despuntar la era de los descubrimientos.

Percival encuentra el Santo Grial
Un detalle anecdótico acerca de este libro es que su primer editor, un sujeto llamado William Caxton se equivocó al compaginarla, poniendo a toda la novela el título del capítulo final. “La Muerte de Arturo”. El nombre que Malory quiso darle era “El Libro Completo del Rey Arturo y sus Caballeros de la Mesa Redonda”.
Y la novela de Malory pudo haber sido la última escrita acerca del Rey y sus caballeros, pues durante las épocas que siguieron a la Edad Media no fue un tópico popular en la literatura. Durante la Reforma Protestante en Inglaterra y la posterior Era Isabelina, las leyendas de Bretaña fueron ignoradas y mal vistas, pues estaban asociadas al catolicismo que se esperaba erradicar. Es por ello que una de las mejores plumas de la lengua inglesa y universal no lo toma en cuenta como tema para sus obras de teatro. Sólo nos queda soñar lo que Shakespeare pudo haber hecho con este material. Por otro lado, en el resto de los países de Europa, los ideales de la caballería y la fantasía de su ambientación eran motivo de burla. Recuerden que la obra cúlmine de la literatura hispánica, “El Ingenioso Hidalgo, Don Quijote de la Mancha”, es una sátira a todo lo que representan las antiguas novelas de caballería, denunciando que la lectura de estos escritos en exceso fantasiosos podían volver loca a la gente. Por ello hubo que esperar varios siglos para que el Rey Arturo volviera a ser considerado como inspiración para escritores modernos.


Fue el romanticismo el que propició que los caballeros de Mesa Redonda volvieran a cabalgar. El siglo XIX dio a luz un movimiento cultural conocido como el romanticismo, el cual revalora los temas del pasado medieval, pero los hace accesibles al nuevo público. Como el romanticismo no tiene prejuicios ante las historias fantasiosas, este movimiento será el que generará la novela de terror gótico, los romances científicos (ciencia ficción) y las novelas de fantasía. En cuanto al tema que nos atañe, Lord Alfred Tennyson publica entre 1859 y 1885 un conjunto de poemas conocidos como “Idylls of the King” (“Idilios del Rey”), en los cuales retoma la historia ya establecida por Maroly, haciéndole sólo unos cuantos cambios.


Y también se adaptó la leyenda a la opera, o por lo menos parte de ella. El compositor clásico amado por Hitler, Richard Wagner (1813 – 1883), se inspiró en antiquísimas leyendas nórdicas para sus creaciones, pero también en los mitos del ciclo artúrico. Así fue que le puso su música al trágico romance de Tristán e Isolda y al viaje iniciático en busca del Grial por parte de Percival. Las obras de Wagner no sólo contaron con la admiración de Hitler, sino también de su contemporáneo, el Rey Ludwig II de Baviera, quien construyó el palacio de Neuschwanstein como su Camelot personal.


El renacimiento del tema artúrico continuó en el siglo XX, siendo uno de sus primeros cultores el escritor T. H. White, quien publica cinco novelas entre 1938 y 1940, las cuales al final son reunidas en una sola llamada “The Once and Future King”, que en algunas ediciones en castellano se ha llamado “Camelot”, la cual ha inspirado varios filmes, pero de ellos hablaremos luego.


Y quizá el autor más reconocido que asumió la misión de hablarnos de Arturo es el premio nobel de literatura John Steinbeck. Conocido en su momento por obras tan notables como “Las Uvas de la Ira” y “Al Este del Edén”, al final de su carrera, en 1976 escribió “Los Hechos del Rey Arturo y sus Nobles Caballeros”. Esta obra quizá pueda ser considerada la última con una mirada clásica del mito, continuadora de lo que plasmó Malory en “La Muerte de Arturo”.


La renovación de estas historias llegaría de la pluma de la escritora wiccana Marion Zimmer Bradley, quien decidió dar un giro de tuerca con su novela de 1983 “las nieblas de Avalón”, en la cual revisa completamente la historia de Malory pero vista a través de los ojos de sus personajes femeninos, como Igreine, Ginebra y Morgana. También realza la tradición celta del mito, pero mezclándolo con las ideas neopaganas del wicca, mostrando cómo el cristianismo erradica la magia del mundo antiguo.


Otro que quiso hacer algo diferente fue el escritor e historiador Bernard Cornwell, quien escribió una trilogía llamada “Crónicas del Señor de la Guerra”, publicada entre 1995 y 1997. Acá, tomando todos los elementos del mito y mezclándolos con lo que conocemos de la historia de Britania durante la Edad Oscura, Cornwell nos muestra su propia versión de Arturo, la de un cacique de origen celto-romano. Además, nos muestra una sociedad en una pugna cultural, debatida entre seguir con el estilo de vida romano o volver a vivir como sus antepasados celtas, condimentado esto por las disputas entre las diferentes religiones y la amenaza de los invasores germánicos; todo visto a través de los ojos de Derfel, un chico sajón criado por Merlín.


Obviamente, como todos los grandes mitos, tarde o temprano llegó a la pantalla. Una de las primeras adaptaciones es “Los Caballeros del Rey Arturo” de 1953, dirigida por Richard Thorpe y con las actuaciones de Robert Taylor y Ava Gardner. Se trata de un clásico de la época del tecnicolor, con la belleza y el glamur que las películas de la era dorada de Hollywood poseen.


Walt Disney también tomó parte del mito artúrico, adaptando “La Espada en la Piedra” de T. H. White, que es la primera novela de “ The Once and Future King”, en una película animada del mismo nombre. En este film se nos muestra como un chico flacucho llamado Grillo que es acogido en el castillo de sir Héctor, quien le permite al cómico mago Merlín educar al chico.


En la década de los 60’s Alan Jay Larner y Frederick Loewe adaptan la obra de T. H White a un musical llamado “Camelot”. Luego, en 1967 el director Joshua Logan lo llevó al cine con las actuaciones de Richard Harris como Arturo, Vanessa Redgrave como Ginebra y Franco Nero como Lancelot. Para los amantes de las historias cantadas es un excelente musical, pero poco conocido.


En la otra vereda, la de la sátira, tenemos al grupo de comediantes ingleses Monty Phyton y su película “Monty Phyton and the Holy Grail” o “Los Caballeros de la Mesa Cuadrada” de 1975. Se trata de una película llena de humor absurdo, con franceses groseros y un conejo carnívoro.


Y quizá la mejor adaptación a la historia de Thomas Malory sea la película de 1981 “Excalibur”, del director John Boorman, en la cual contó con la participación Nigel Terry, Helen Mirren, Nicol Williamson, Patrick Stuart, Gabriel Byrne y Liam Neeson, entre otros. Con música de Carmina Burana de Carl Orff y de varias obras de Wagner, se trata de una película que pone el acento en lo mágico del mito, mostrándonos un Camelot atemporal y fantástico. Por otro lado, también se aprecia lo que nos quiso mostrar Malory acerca del final de la caballería y la magia, la agonia de un mundo maravilloso en la cúspide de su esplendor.


Mucho tiempo después, en 2001, aparece una adaptación de “Las Nieblas de Avalón” de Zimmer Bradley, con Julianna Margulies como Morgana y Anjelica Huston en La Dama del Lago. Si bien se aleja en muchos aspectos del libro, la producción de la miniserie es impecable, respetando el hecho de que la historia se cuente desde el punto de vista de las protagonistas femeninas.


Otro intento interesante fue la película de 2004 de Jerry Bruckhaimer “Rey Arturo”, que busca darle un trasfondo histórico al personaje, usando para ello una de las muchas teorías de acerca de la verdadera identidad del personaje, siendo esta la que postula que Arturo está basado en un comandante romano de la caballería sármata llamado Artorius Castus. En este film actúan Clive Owen, Keira Knightley e Ioan Gruffudd.


Ahora, hay muchas otras series y películas que trataron de escenificar el mito artúrico, pero he puesto las más interesantes y que se destacan por su calidad. Si piensas que he pasado una muy importante por alto, ponlo en los comentarios.
No obstante, hay más medios en que Arturo llega a nosotros el día de hoy, algunos menos convencionales. En cuanto al comic, uno de los más destacables y que dejaron una marca a fuego en la historia de este medio es “El Príncipe Valiente” de Harold Foster, aparecida en 1937. En las páginas de esta historieta se nos cuenta acerca de Valiente (Valiant en el original) quien es Príncipe del mítico reino de Thule, pero del que debe escapar pues cae en manos de un usurpador. Valiant se dirige a Camelot, donde intentará conseguir un asiento en la Mesa Redonda. Con gran esmero en los dibujos, la obra de Foster es recordada por la belleza de los paisajes de sus viñetas.


Algo más rupturista y separado por varios años de la anterior es “Camelot 3000”, una novela grafica de 1982 que estuvo a cargo del escritor Mike W. Barr y el dibujante Brian Bolland. En el año 3000, Inglaterra y el mundo sufren de una invasión extraterrestre, lo cual propicia el retorno de Arturo para defender a los ingleses y al resto de la humanidad. Una nueva Mesa Redonda se formará con las reencarnaciones de sus caballeros más destacados, pero también el ciclo de traiciones que destruyera el Camelot original volverá a producirse.


Por último, en el ámbito de los juegos de rol, quizá el más grande de todos los que tocan el tema del ciclo de Britania es “Pendragon”, el cual fue publicado por primera vez en 1985 y que en la actualidad ya tiene cinco ediciones, siendo la última de 2010. Este juego se basa principalmente en la obra de Malory y que se ha vuelto en objeto de culto para muchos roleros.


No he hablado mucho de la leyenda en sí en este artículo porque, como yo lo hice en su momento, te invitó a ir a las fuentes que he nombrado arriba. Hay para todos los gustos y son perfectamente accesibles por medio de la red. Ahora, puede que leer las versiones más antiguas sea demasiado engorroso, pero los libros de White, Steinbeck, Zimmer Bradley y Cornwell son una lectura amena para el público moderno.
¿Cuál es la importancia de un mito como el artúrico? Pues principalmente su universalidad, porque en el país que preguntes, a lo menos escucharas que la gente tiene una noción vaga al respecto. Ahora, la ideales que plantea sigue estando presente en la mente colectiva actual; el anhelo de un gobernante justo, el deseo de igualdad y los valores del honor. Hoy las reuniones entre personeros importantes se hacen alrededor de una mesa redonda, la imagen de los magos clásicos sólo son variaciones de Merlín y Camelot sigue siendo otra palabra que usamos para hablar de utopías. Sin los caballeros de la mesa redonda no podrían existir las modernas Ligas de la Justicia o los Avengers; la Orden Jedi está formada por caballeros cuyo consejo se reúne en una sala redonda, además que no es complejo hacer paralelismos entre la historia de Luke y de Percival; y si miras con mucha atención, te darás cuenta de que Aragón y Gandalf nos recuerdan a otra pareja Rey – Mago de nuestra literatura.



Hay mitos que terminan tomando vida propia, y este es el caso de Arturo, que de ser (si es que existió) un cacique britano apodado El Oso (Art) se transformó en el arquetipo del rey medieval y la quintaescencia de la fantasía hasta la actualidad.

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