jueves, noviembre 12, 2015

De 1 a 10 ¿Qué tan Estúpido es?: Los Juicios de Brujas de Salem.


Hay cosas que pasaron hace tanto tiempo que hoy nos suenan como anécdotas, cosas curiosas que nos muestran la ignorancia y fanatismos de épocas pasadas, pero en el caso del suceso del que hablaré, sus ecos llegan a la actualidad. En esta ocasión discutamos de la cacería de brujas en Salem.

Pongamos las cosas en contexto. Durante el siglo XVI se generó una revolución religiosa a lo largo y ancho de Europa que llevó a la escisión del cristianismo occidental en varias religiones diferentes. Si bien movimientos disidentes en contra del catolicismo siempre hubieron, desde la Baja Edad Media venían apareciendo con más fuerza, siendo muy conocido el caso de los cátaros en el sur de Francia, de los husitas en Bohemia y de los lolardos en Inglaterra. No obstante, sólo con la aparición de Martín Lutero y Juan Calvino es que estas supuestas herejías tienen la oportunidad de transformarse en religiones en toda regla. Pero un caso especial es el de Inglaterra, donde su iglesia de separa de la de Roma sólo por que el Papa no consintió la disolución del matrimonio del Rey Enrique VIII con Catalina de Aragón, lo que crea la Iglesia Anglicana, que si bien hace varios cambios con respecto al catolicismo, no son tan radicales como en el caso de otras religiones reformistas.


Pero hubo grupos que no estaban contentos con la reforma anglicana, queriendo pasos más decididos hacia la purificación de la iglesia. Estos extremistas, influenciados por las severas ideas de Juan Calvino, se conocieron como Puritanos, siendo determinantes en la historia del siglo XVII en Inglaterra, incluso llegando al poder cuando la revolución contra de Carlos I devino en la dictadura de Oliver Cromwell. No obstante, esto sólo duró por poco tiempo y la supremacía anglicana volvió imponerse, lo que llevó a grandes cantidades de puritanos a emigrar a las nuevas colonias inglesas en América, en especial en la zona que hoy corresponde al noreste de Estados Unidos, más conocida como Nueva Inglaterra.


Estas comunidades, aldeas y ciudades, vivían en constante temor; uno real representado por los indios que no estaban para nada contento con la usurpación de sus tierras, y otro del todo irreal, que tenía que ver con las obras del demonio y las brujas. Eran supersticiones que traían de Inglaterra y que se acrecentaron en estas tierras salvajes, en especial entre unos fanáticos religiosos que veían como pecaminoso el baile, las risas o cualquier muestra de alegría. Sólo la biblia era fuente de sabiduría y una guía para la vida; cualquier cosa fuera de ella era mala.


En este ambiente fue que se dio una de los procesos de judiciales más estudiados y complejos de la historia, pues en una época cuando la cacería de brujas estaba desapareciendo del mundo cristiano, estos puritanos demuestras que la ignorancia y intolerancia se puede dar en cualquier momento de la historia.
En Salem, un pueblito cuyos habitantes se encontraban divididos debido a rencillas personales y a la psicosis que les hacía vigilarse los unos a los otros. Entonces, en la casa de un pastor llamado Samuel Parris, su hija y su sobrina se comienzan a quejar que estaban siendo mortificadas por unas presencias invisibles que les mordían y pellizcaban. Se acusó entonces a una esclava de color de ser una bruja, pero ésta, llamada Tituba, comienza a darle a los puritanos lo que tanto deseaban: los nombres de quienes habían pactado con el Diablo.


Primero se comenzó con dos mujeres, una anciana y una mendiga, pero luego las acusaciones se extendieron a personas de toda clase, avaladas principalmente por los desvaríos de un grupo de niñas formada por la hija y sobrina de Parris y otras que se sumaron. Decían ver que el Diablo le susurraba a los supuestos brujos, que les enviaban animales invisibles para atormentarlas, que les hostigaban con pesadillas y un  montón de cuentos de los más ridículos; pero que esos puritanos temerosos de dios se creyeron de principio a fin.


A los acusados se les metió a una cárcel indigna, se les expropiaron sus bienes y se les expuso a un juicio público que solo era un espectáculo para hacer el escarnio de ellos. Para cualquier persona con el mínimo de sentido común, el tribunal era un chiste de lo más cruel, con jueces que no eran juristas de profesión, sino fanáticos a los cuales lo menos que les preocupaba era dar un juicio justo a los acusados. No había defensores y las visiones de esas chicas histéricas se tomaban como prueba más que suficiente  para condenar a esos desdichados a la ahorca.
Entre los condenados se contaba gente que habían probado llevar una vida piadosa con creces, estando entre ellos un pastor puritano (que casualmente estaba enemistado con el reverendo Samuel Parris). Pero esto no importó para los histéricos colonos que veían en todos lados las sombras del Maligno. 20 personas murieron en este proceso, 19 en la horca y uno aplastado por el peso de grandes piedras.


Todo esto duró hasta que el gobernador de la colonia volvió de un viaje a Inglaterra y las voces de los moderados se hicieron escuchar. Se disolvió la corte especial y se entregaron los casos a la justicia ordinaria que no condenó a nadie más.
Muchos dirán que esto es producto de una época oscura en que la razón estaba asfixiada por el celo religioso; pero ocurrió en 1692, 200 años después del fin de la Edad Media, 150 años después de Copérnico, 50 después de Galileo y contemporáneo a mentes como Newton y Leibniz. Shakespeare, Marlowe y Milton ya habían escrito sus maravillosas obras y el mundo hace mucho que había dejado de ser un disco plano alrededor del cual giraba el sol. Para que se hagan una idea, que hubieran ocurrido estos juicios en esa época es igual de anacrónico que las lapidaciones actuales de mujeres en países islámicos.


Se siguen estudiando en la actualidad las razones para esta histeria colectiva, existiendo teorías que van desde las rencillas personales, luchas entre familias poderosas y alucinaciones producidas por la ingesta de pan de centeno fermentado. No obstante, tras de todo esto se puede oler ese desagradable tufillo a fanatismo religioso que tienen varios sucesos similares. Puede que una mezcla de todas las teorías explique en parte lo sucedido, pero se necesitó un pueblo embrutecido por la religión para que esto pasara; fanáticos aullantes que pedían la cabeza de sus vecinos sólo porque creían que eran secuaces del Diablo.


Pero a esta alturas es lícito pensar ¿Qué tiene de importante un hecho que ocurrió hace mas de 300 años? Pues lo que en esa época era una colonia inglesa, en la actualidad es parte del país más poderoso del mundo. Estados Unidos tiene en lo más profundo de su alma la semilla del fanatismo religiosos de quienes fueron sus fundadores. A pesar de ser una nación nominalmente laica, desde la declaración de independencia a la constitución y muchos otros documentos expresan la idea de ser una nación elegida por dios. “En Dios Confiamos” es el lema de sus billetes, lo cual no ha sido puesto ahí sólo porque suene bonito.


¿Les es conocida la persecución del Macartismo en los cincuentas? ¿El Ku Klux Klan? ¿Los davidianos de Waco? ¿La Iglesia de Westboro? Pues en ellos está el germen que trajeron los puritanos a estas tierras; el odio contra lo diferente, la idea de que dios les da la razón, la intolerancia religiosa, el racismo, la ignorancia y la muerte.


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