lunes, noviembre 09, 2015

De 1 a 10 ¿Qué tan Estúpido es?: Antisemitismo y sionismo.


En el último mes he dejado de lado un poco mi revisión de la estupidez humana, principalmente porque era el mes dedica al terror y quería mantener los artículos dentro de ese marco. Pero como ya hemos dejado octubre atrás, esta semana la dedicaré en exclusiva a hablar acerca de varias tonterías que me tienen atragantado.
Esto nació de varias publicaciones que he leído en facebook durante las últimas semanas, por ello hoy me quiero cargar a dos ideas que son contrarias en su concepción pero igual de estúpidas. Me refiero al antisemitismo y al sionismo.

Partamos de las definiciones básicas. El antisemitismo es sencillamente el odio hacia los judíos, plateado a partir de razones religiosas y racistas; el cual ha existido de formas variadas en el occidente desde hace más de dos milenios. Por su lado, el sionismo nace como respuesta al anterior, aduciendo que, como un pueblo perseguido, los judíos tienen el derecho a reclamar territorios que, según ellos, son ancestrales, usurpando los hogares de quienes por milenios sí han vivido en esos paramos: los palestinos.


Ya en la antigua Grecia y en el Imperio Romano hubo una tendencia a despreciar a los judíos. Tanto en el Imperio Seleucida como en el Egipto Ptolemaico, nacidos ambos del desmembramiento del reino forjado por Alejandro Magno, se sentía desagrado por los hebreos y sus tradiciones, teniendo los primeros que lidiar con una revuelta liderada por la familia de los Macabeos y que aparece contada en el último libro del Antiguo Testamento de las Biblias católicas. Por su parte, los romanos sentían una especial aversión hacia los judíos, debido a que éstos mantuvieron una resistencia obstinada a la ocupación que devino en tres guerras entre los siglos I y II de la Era Común.


Luego fueron las religiones nacidas a partir del judaísmo las que negaron a su padre ideológico y lo persiguieron. Los cristianos, una vez que lograron encumbrarse a ser la religión oficial de Roma, se dedicaron a perseguir a todos los que no estuvieran de acuerdo con ellos, tanto a cristianos de otras corrientes,  a las religiones politeístas que estaban antes que ellos y a los judíos. A lo largo de la Edad Media, las matanzas y expulsiones de judíos eran cosa común. Durante las cruzadas, hubieron varias masacres a lo largo y ancho de Europa alentados por la Iglesia Católica, la cual también impuso que los judíos en ciudades cristianas debían vivir en guetos y usar un birrete amarillo para ser identificados.


En el caso de los musulmanes, a pesar de que Mahoma no les tenía mucho cariño a los judíos y lo dejó bastante claro en El Corán, en los reinos islámicos se les respetó bastante y protegió hasta la llegada de las cruzadas. De ahí en adelante, corrientes más fundamentalistas del Islam se impusieron y comenzaron a perseguir a judíos con la misma saña que en Europa.
Esto siguió incluso durante la época de la Ilustración, habiendo figuras importantes de ese periodo, como Federico el Grande de Prusia, Catalina la Grande de Rusia y el filosofo Voltaire que mostraron actitudes antijudías.

Voltaire
Pero el antisemitismo moderno nació en Europa durante el siglo XIX. En Francia ocurrió el caso Dreyfus, en que un oficial del ejército francés fue acusado y condenado al destierro por traición con pruebas de mierda, respondiendo esto en verdad a que Alfred Dreyfus era judío. En Alemania las logias de tipo masónicas que dieron origen al nacionalismo más recalcitrante también adoptaron las ideas de odio a los judíos, siendo los primeros en postular que se trataba de una raza inferior y buscando sacarse de encima cualquier influencia semítica, por lo que dejaron de ser cristianos (una religión fundada por un judío) y abrazaron a los dioses nórdicos y las óperas de Wagner. En tanto en Rusia, donde los zares y sus fieles cosacos siempre fueron famosos por su odio a los judíos, se publica un libro titulado “Los Protocolos de los Sabios de Sion”, el cual relataba los planes que un grupo de rabinos hicieron en una reunión en un cementerio y que tenían como fin conquistar el mundo. Este libro es tan burdo, que sólo hace falta que como pie de página ponga una risa maquiavélica (MUAHAHAHAHAHAHHAHAHA!!!!!).


Pero por esa misma época nació la respuesta a la corriente antisemita imperante, siendo esta el sionismo, que copiando la idea de que los judíos son un pueblo unido por un antepasado en común, postula que tenían derecho a tener su propio país en el cual no ser perseguidos; “La Tierra Prometida” del Antiguo Testamento. En primera instancia optaban por Palestina, pero cualquier otro lugar del mundo pudo servirles.


Ahora, el desarrollo del antisemitismo es por todos sabidos, con un pintor de casas que culpa a los judíos por no reconocer su talento y termina desatando el pogromo más grande contra estos. Hitler no inventó el odio a los judíos, pero lo llevó a niveles de barbarie impensables, creando toda una industria de la muerte en que mueren 6 millones de seres humanos; pues antes que judíos, eran humanos.


Terminada la guerra y conociéndose los horrores que han tenido que sufrir, los judíos sionistas comienzan a emigrar a palestina, en manos de los británicos desde la Primera Guerra Mundial, desatando una de las crisis más duraderas de la historia moderna. El Estado de Israel, amparándose en los crímenes de los nazis, comete los mismos en contra del pueblo palestino, quienes llevan varios milenios viviendo en esa región. Todo esto porque los judíos la reclaman como su “Tierra Prometida”, pues un amigo imaginario se la prometió a Abraham.


Por su lado, Estados Unidos, queriendo tener un aliado en la religión, apoya sin condiciones a Israel, no importa la barbaridad de estos cometan, pues ellos son la vía más segura para intervenir en la política de esa zona del mundo. Además, y paradojalmente, los mismos fanáticos cristianos que odiaban a los judíos hoy son los que los apoyan, pues la derecha protestante americana defiende la existencia del Estado de Israel con la esperanza de que el gobierno judío se decida a demoler el Domo de la Roca y la Mezquita de Al-Aqsa para reconstruir el templo de Salomón en Jerusalén, lo que desencadenaría el Fin del Mundo y la segunda venida de Cristo. Suena loco, pero es cierto.


Ahora, el antisemitismo se ha vuelto algo condenable, con leyes que lo penan en la mayor parte del mundo. Pero la estupideces siempre sobreviven de alguna manera, incluso parasitando en causas justa. Hoy el antisemitismo se disfraza de liberal y defensor de los derechos humanos, respaldando la causa palestina, pero si escarbas un poco, la muerte de palestinos les importa un carajo, pues todo lo que desean es seguir vomitando su odio irracional por los judíos.
Como guinda de la torta, desde un tiempo a esta parte en Chile y en Argentina se ha popularizado la estúpida teoría de que los judíos quieren crear un segundo estado en la Patagonia, cosa que fue un invento de un economista argentino llamado Walter Beveraggi or los años 70’s, quien no era nada más que un fanático de ultraderecha que le encantaba saludar con el brazo en alto.


Acá, en ambos casos, todas las razones que se esgrimen son sólo mitos, supersticiones y creencias carentes de base en realidad. En primer lugar, muy a pesar de los racistas y de los judíos que pretenden que son un pueblo con una unión cultural y genética, eso es falso. No existe la raza ni el pueblo judío, pues el judaísmo es una religión. Cualquiera de nosotros podría convertirse al judaísmo si lo deseara, y esto en ningún momento cambiaría su genética. Así pues, hablar de una raza inferior, perversa y maldita es una soberana estupidez.


Lo otro que me extraña es que tantos cristianos, de todas las diferentes denominaciones, odien a los judías, siendo que los principales personajes que dieron inicio a su religión eran judíos. Jesús nunca dejó de serlo durante su vida, ni ninguno de los apóstoles. Tampoco la madre de Jesús, a quien los católicos y ortodoxos tanto adoran, dejó de ser judía. Son una religión que nace a partir del judaísmo, que reconocen sus mitos, cuyos fundadores fueron judíos pero que siente odio por ellos. Paradójico, por decir lo menos.


Ahora, basándose en la misma estupidez de la raza judía, el estado de Israel pretende darle cohesión nacional a su proyecto político, recorriendo a el cuento de la Tierra Prometida y a que los crímenes que sufrieron de mano de la Alemania nazi les absuelven de los que cometen en la actualidad. La fábula de la biblia, como ya lo dije en miartículo sobre el Éxodo, no tiene ninguna validez histórica, y haber sufrido todos los crímenes de los campos de concentración sólo debería inspirar a esa gente a no repetir el mismo patrón de comportamiento; pero eso sólo podría ocurrir en un mundo ideal.


El Holocausto, uno de los asesinatos en masa más grande de la humanidad, es utilizado y manoseado según quien lo esgrima. Están los negacionistas, que dicen que es imposible haber matado tanta gente, que es propaganda de los judíos, lo cual choca en todo momento con el hecho de que 6 millones perecieron, gente de la que se tienen registros de sus vidas y de cómo murieron, así que negar lo evidente es simplemente una muestra de miopía intelectual. Por otro lado, hay quienes justifican el Holocausto en base al accionar actual del Estado de Israel, lo cual es como castigar a tu hijo por la mala nota que aún no se saca. Por el contrario, los que usan a los 6 millones de personas como la justificación para los crímenes actuales, simplemente le faltan el respeto a su memoria.


Este es el típico caso en que las creencias religiosas y los mitos deforman la percepción de la realidad de las personas, haciendo que su moral se relativice y justifique lo injustificable. Es tan deplorable la muerte de un niño judío en un campo de concentración durante la dictadura de Hitler como la de otro que es masacrado en la Franja de Gaza por soldados israelíes. Ambos son seres humanos más allá de las cosas en que creen y el color de sus pieles, lo cual debería ser lo que prime siempre a la hora de emitir un juicio.


¿Tiene el Estado de Israel derecho a existir? En mi opinión no, porque se basa en un cuento de hadas sin ninguna atisbo de realidad. No hay tal Tierra Prometida ni descendientes de Abraham. Un estado debe ser formado sobre los cimientos de un proyecto político inclusivo, abierto, libre de fundamentalismos religiosos e ilusiones nacionalistas.



Como siempre, en esto juega un papel importante la religión como catalizador de de nuestros más violentos e incivilizados impulsos, pues ya los cruzados sabían que todo el derramamiento de sangre que ocasionaron era apoyado por su dios, así como también los musulmanes en su yihad. Odiaron a los judíos por no ser parte de su religión, porque mataron a Jesús (cosa del todo discutible, pues ni siquiera tenemos pruebas reales de que el melenudo de barba haya existido) o porque quieren conquistar el mundo a través de un plan maestro de lo más sonso. Al final, lo único que todos los protagonistas de esta historia tienen en común es una profunda, obscena y testaruda estupidez. 

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