miércoles, noviembre 04, 2015

La Justicia (Acto V)


Veo la televisión en busca de algo que me distraiga. Recorro los diferentes canales, me detengo en Carrie y me quedo mirando un rato. Es la escena del baile, donde la chica usa sus poderes para vengarse de todos los que se han burlado de ella. Ojala el mundo real fuera así de sencillo.
Cambio de canal y el destino me juega de nuevo una broma. “Bowling for Colombine” me muestra cómo unos chicos que son hostigados constantemente por sus compañeros terminan enloqueciendo y desatando una matanza. Al final pasan de victimas a victimarios y la culpa es de los videojuegos, la música y las películas violentas. Sus acosadores nunca son nombrados.
Al final el problema siempre es otro, nunca la crueldad de los menores, porque eso es disculpable y “sólo son cosas de niños”. Hay quienes superan esa ordalía, que tratan de olvidarla, nunca hablando de sus días de estudiante y sintiendo un estremecimiento cuando algo les evoca esos años. No obstante, hay otros que quedan irrevocablemente dañados y, aunque lo intenten, no pueden dejar atrás aquello que les hicieron.
¿Qué despiadado demonio se anida en el alma de algunos como para animar placeres tan sádicos? Esa era una pregunta que se había hecho a diario durante décadas sin tener respuesta. Intentó encontrarla en los ojos horrorizados del cura cuando colgaba de los garfios, también en la mirada carente de sentimientos del médico cuando se vio abrasado por las llamas, pero nada había en ellos que le ayudara ¿Tendría éxito con el siguiente de su lista?.
Prefirió apagar la televisión y volver a sus planes. Aún no había decidido cómo cobrar las cuentas pendientes del siguiente en su lista.

**********

Sara salió hecha una furia del comparendo. Luego de la golpiza que sufrió en la calle a manos de Erik, ella y el diario para quien trabaja se querellaron en contra del ejecutivo. Al final, el abogado de ese cabrón la citó a su despacho para ofrecerle un acuerdo privado en el que se le pagaría una cuantiosa suma de dinero a cambio de su silencio, poniendo siempre claro que bajo ningún punto de vista su cliente aceptaba de manera alguna con esta compensación monetaria la ocurrencia de los hechos. Al final a Sara le faltaron malas palabras en su vocabulario para mandar al carajo a ese leguleyo estirado.
No obstante, a la salida de ese elegante edificio de oficina, Sara se encontró con una cara familiar. Morales, parado junto a uno de esos carros que venden café y sándwich, la esperaba con dos paquetes en la mano.
- ¿Es que acaso ahora soy sospechosa y me estás siguiendo, inspector?.
La periodista fue especialmente caustica en el tono de su voz, pues Morales no fue en su auxilio cuando sufrió el ataque de ese energúmeno. Mandó a policías de patrulla, los cuales la socorrieron y llevaron a un hospital para que atendieran sus lesiones. Hubo luego una llamada para saber cómo estaba, pero nada que no fuera cortesía.
Dando por recibido el golpe, el policía le extendió a la chica uno de los paquetes. Se trataba de un sándwich de atún, de los que ella se declaraba una fanática. Esto le hizo sonreír de mala gana y agregar.
- ¿Qué te traes entre manos ahora, Morales?.
El inspector levantó las manos en señal de inocencia y agregó:
- Quiero saber cómo estás, reportara… y de paso que compartamos datos que pueden ser de interés para ambos.
Ella soltó un bufido, aunque la idea de resolver el misterio de los asesinatos no le molestaba para nada. De seguro con esto se conseguiría un pase para un diario de mejor calidad y, como se estaban dando las cosas, descubriría cuáles eran los trapos sucios que ese hijo de puta que la pateó en la calle escondía, lo cual le producía un placer perverso.
- Está bien Morales, pero que conste que si esta vez no me das un dato que de verdad sea útil, nuestra colaboración llega hasta acá.
 Morales asintió con la cabeza y la invitó a que le acompañara, pues había un parque cerca de ahí donde podrían hablar tranquilos.
Así, en una banca a la sombra de un olmo, los dos hablaron acerca del caso.
- Busqué a ese profesor de gimnasia que me dijiste, Morales. Por lo que pude averiguar, lo echaron de esa escuela de ricachones porque tuvo una relación inapropiada con una de las alumnas. Se trataba de un cerdo y muchos de sus colegas apenas le pasaban, pero también le tenían miedo, ya que era uno de esos tipos que hablan fuerte y se imponía por su físico. Cuando cayó en desgracia todos le dieron vuelta la cara y nunca pudo de nuevo a trabajar como profesor. Entonces se acordó de su alumno favorito, así que fue a pedirle ayuda a ese hijo de puta de Erik, quien ya tenía un puesto importante en su empresa. El muy bastardo le dio con la puerta en la cara. Cuando lo sacaron con guardias del edificio de la empresa, Jorquera lo amenazó con contar lo que sabía. De todas formas eso sólo fue una bravuconada, porque para esa altura el abuso del alcohol lo habían transformado en un guiñapo. Murió hace algunos años en un refugio para vagabundos, por un cáncer al estómago que lo consumió.
Morales levantó la ceja al escuchar el último detalle, y luego remató:
- Eso es una lástima. Si estuviera vivo tendríamos un sospechoso.
Sara se le quedó mirando como si le estuviera tomando el pelo. Luego le dijo:
- ¿No tienes ninguna otra idea, Morales? ¿Qué me dices del mismo Erik? Se nota a leguas que se trata de un sujeto que está dispuesto a todo para ganar. Imagina que sus amigos y él cometieron alguna indiscreción de juventud… ¡Quién sabe! Algún amorío gay que quiere ocultar o algo así. Un cerdo como ese haría lo que fuere necesario para salir librado.
- ¡Tranquila, reportera! – Le contestó el policía – Sé que te encantaría ver a ese sujeto detrás de las rejas, pero no creo que sea por estos asesinatos. Tiene cuartadas para los momentos en que ocurrieron los crímenes, por lo que no puede ser él. Posiblemente esté en la lista del asesino, y él sabe perfectamente el porqué, pero no nos quiere decir nada.
Sara soltó un bufido, pensando que el inspector no se estaba esforzando mucho. Después continuó con el siguiente:
- ¿Y el piloto de rally? Lleva desaparecido varios días. Incluso no fue al funeral del médico.
- Lo encontramos esta mañana en su apartamento. Lo interrogamos y dijo que se encontraba en su cabaña en las montañas pasando unos días con una conocida modelo y que sólo se había enterado de la muerte del doctor cuando volvió a la ciudad. Llamamos a la modelo y nos corroboró todo lo que él dijo.
A parte de saber que alguien estaba matando al grupo de amigos, la verdad es que no tenían nada concreto a lo cual agarrarse para encontrar al asesino. No obstante, a ninguno de los dos le gustaba eso de los misterios sin resolver, así que se quedaron ahí, poniendo a funcionar sus cerebros y repasándolo todo.
- ¿Y ese chico al que esos imbéciles mortificaron? Ese del que te habló la directora y que luego dejó la escuela. A ese pobre diablo le hicieron de todo y eso te puede dejar dañado para toda la vida.
El inspector no miró a la periodista y sólo se quedó con los ojos fijos en el horizonte, como si ahí hubiera una respuesta para la pregunta de Sara. No obstante, impaciente, la mujer le consultó acerca de la razón para su silencio, por lo que Morales al fin contestó:
- Ya había pensado en ese sujeto como sospechoso, así que investigué cual había sido su suerte. Está muerto, reportera. Murió hace más de 15 años de un ataque al corazón.

**********

Julio vio claramente como Erik estaba perdiendo el control. Su mujer al fin lo había echado de la casa y le había puesto una orden de alejamiento de ella y una demanda de divorcio. Ahora estaba viviendo en un apartamento, llevando putas en las noches para montar juergas con mucho alcohol y drogas, lo cual se podía leer perfectamente en la sus ojeras y su tono de piel cenizo. Pero también había dejado de ser cuidadosa en su trabajo, ya que justo en ese momento, mientras  Julio estaba sentado frente a él en su despacho, Erik cortaba cocaína con una tarjeta de crédito.
- ¿Te ves un poco tenso? – Acotó Julio con sorna.
- Si viniste a decir mierda, ya sabes dónde está la puerta para que te vayas.
- Tranquilo, mi querido amigo. Sólo estoy acá porque tengo información que quizá nos sirva a ambos; mal que mal, somos los siguientes en la lista del asesino.
Erik aspiró una de las líneas y de inmediato sus pupilas se dilataron. Luego agregó:
- No estoy de ánimo para aplaudir tu sentido del humor de mierda, así que ve al grano.
Julio optó por ignorar la incansable bravuconería de Eric, y sencillamente se puso de pie, miró por la ventana y le dijo:
- Siempre supe que ustedes pensaban que yo era el más tonto de todos, pero no es así. Llevo un par de semanas desaparecido, pero no debido a lo que le dije a la policía; la modelo que usé como coartada es una amiga que mintió por mí. La verdad es que estaba investigando.
Erik se puso de pie y fue por un trago, pues le encantaba mezclar la droga con el alcohol. Cuando apuraba el primer sorbo y escuchó lo de investigar, no pudo aguantar las ganas de reír, escupiendo lo que tenía en la boca. Después volvió a su asiento y preguntó:
- ¿Acaso encontraste algo, Sherlock?.
Julio tentado estuvo de volarle un par de dientes a Erik, pero se comió su rabia y le dijo:
- Pues que todo lo que suponíamos no era cierto. Es imposible que la mierdecilla venga en busca de nosotros, porque murió a los años de dejar la escuela. Al parecer estuvo en un manicomio, pero después le perdí el rastro hasta que lo encontré en un cementerio. Busqué su parte de defunción y dice que murió de un ataque al corazón.
- ¡Entonces un fantasma nos está matando!.
La expresión del ejecutivo terminó de sacar de sus casillas a su amigo, quien le tomó del cuello de la chaqueta y lo zarandeó diciendo:
- ¡No es el momento de comportarte como un imbécil! ¡Hay un loco hijo de puta que cree que esto es una película de terror y viene por nosotros! ¡Reacciona, maldito imbécil!.
Erik le dio un empujón a Julio para que le soltara, quedando ambos ahí parados, con los ojos llenos de furia, a punto de tranzarse a golpes. En ese momento entró Rita, la secretaria de trato seco de Erik. Ni siquiera movió un músculo de su cara al ver a los dos hombres jadeando, sólo dijo:
- Señor, llegaron sus hijos a verle.
A pesar de que la mujer de Erik le había prohibido acercarse a ella, no le había impedido el acceso a sus hijos; esto porque, a pesar de todo, el ejecutivo se desvivía por ellos.
La presencia de los chicos hizo que ambos se calmaran, Erik le dijo a Rita que les hiciera esperar a un momento, que de inmediato estaría con ellos; mientras que Julio se dirigió a la puerta para salir, informando antes:
- Ese Morales, el policía, ha conseguido órdenes de prohibición para que ninguno de los dos pueda salir del país. De todas formas, busca un lugar seguro para que ese loco no te encuentre. Lo que es yo, me voy a las montañas.
Y sin más salió de ahí.

**********

Habían pasado un par de días en que la investigación se estancó totalmente, por lo que Morales se encontraba nuevamente analizando las pistas que tenía pegadas en su pizarra de corcho. Estaba claro que esos hombres estaban siendo castigados por algo que cometieron, y todo apuntaba a las mortificaciones que ellos hicieron sufrir a un pobre chico; pero éste se encontraba muerto, por lo que no podía ser el culpable de los asesinatos. Debía de haber otra cosa.
Por enésima vez sonó su teléfono, pero no estaba de humor para hablar con Sara, quien en los últimos días lo había estado molestando constantemente para que le permitiera de una vez por todas escribir la historia. El seguía inflexible, pues no quería un escándalo más grande que el que ya existía.
Siguió un rato en sus pensamientos, cuando volvió a sonar su celular, pero esta vez por un mensaje de texto. Obviamente era Sara, pero lo que escribía fue lo que hizo que Morales quedara con la boca abierta:
“Descubrí al asesino. Por idiota tendrás que leerlo en el diario”.


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