lunes, noviembre 23, 2015

Sangre y Gloria: Batallas y Guerras Épicas (Parte 1)


Con tantas noticias de guerra apareciendo por todos lados, y siendo el tema dominante durante la semana pasada, me pregunté de qué podía hablar para volver a las ñoñeses sin que este cambio de tema sea forzado. Así que mi comité creativo ha decidido hablar de batallas y guerras épicas en la fantasía y la ciencia ficción.
Desde un principio, la imaginación de los humanos se ha visto fascinada por la violencia, idealizándola a través de la épica, la cual le da un halo de heroísmo muy alejado de lo que es en la realidad. La primera muestra de esto es la mitología de diferentes pueblos alrededor del planeta, los cuelas nos cuentan acerca de grandes batallas entre dioses y monstruos para poder traer el orden a la creación.

Una de las primeras muestras de lo anterior son las historias mesopotámicas acerca de la lucha en contra del monstruo Tiamat. Esta diosa-monstruo de la mitología babilónica representaba al mar, quien con su esposo Apsu, señor del agua dulce (ríos), fueron los padres de todos los dioses. No obstante, los hijos de Tiamat molestaron a la madre, por la que creó una infinidad de demonios comandados por el monstruo Kingu para que destruyera a su progenie. No obstante, los dioses armaron a Marduk como su campeón y este destruyó al ejército de demonios, a Tiamat  y a Kingu, mezclando la sangre de este último con barro para crear al hombre.


Un poco más hacia el occidente se encuentra Egipto, en donde se relataba la contienda entre los hermanos Osiris y Seth. Siendo el primero de estos el dios que fundó la civilización del Nilo, siempre se vio enfrentado a su hermano Seth, quien era el patrono de la oscuridad y el caos. Seth logró en dos ocasiones matar a Osiris, pero en ambas éste fue revivido por su esposa Isis. No obstante, la última vez Seth había cortado el cuerpo de Osiris en muchos pedazos, por lo que Isis debió juntarlos todos, no pudiendo encontrar sus genitales. Como un rey sin virilidad no es rey, entonces Osiris debió retirarse a la tierra de los muertos para volverse su gobernante, mientras la batalla continuó entre su hijo, Horus, y Seth. La pelea fue grande, y en ella Horus perdió uno de sus ojos, pero al final se impuso ayudado por un grupo de héroes conocidos como los Shemsu Hor (Seguidores de Horus), desterrando a Seth al desierto.


Los que siempre nos han legado grandes mitos han sido los griegos, quienes tienen un montón de batallas interesantes. Para empezar está Cronos, el hijo de la diosa Gea (Tierra) y de Uranos (Cielo), quien mata a su padre a pedido de Gea, ya que el dios del cielo constantemente la violaba, produciéndose una infinidad de monstruos de estas uniones. Cronos entonces toma el mando de la creación junto a sus hermanos, los titanes, pero se vuelve un líder paranoico, devorando a cada uno de los hijos que tiene con su esposa y hermana Rea, lo que llevó a ésta a salvar al más pequeño de sus retoños, quien volvería y enfrentaría a su padre en una gran batalla. Hablamos de Zeus.


El líder de los dioses olímpicos, además de ser uno de los amantes más prolíficos de la mitología, también fue un gran guerrero, destruyendo los monstruos más temibles de la creación. Sin embargo, la batalla más importante que contamos a su haber es la que entabló con Tifón, una criatura alada que podía alcanzar las estrellas cuando se erguía , hecho a partir de cuerpos de serpientes, que lanzaba rayos por los ojos, lava por la boca y generaba terremotos y huracanes con el batir de sus alas. Zeus lo venció gracias a su rayo y lo encerró en la parte más profunda del averno, conocida como Tártaro.


Pero si hablamos de guerras épicas, los griegos nos legaron una de las más conocidas e importantes, todo debido a una esposa infiel. El príncipe troyano Paris fue de visita a la ciudad aquea de Esparta, cayendo enamorado de la hermosa esposa del rey espartano Menelao, Helena. Con ella escapa a Troya y esto hace que el marido despechado pida ayuda a su hermano, Agamenón, quien moviliza a todos los reyes aqueos de Grecia para tomar Troya y saldar esta deuda de honor. En esta guerra, que consistió en el asedio por parte de los aqueos a la ciudad de Troya por 9 años, participó toda una generación de héroes, entre los que podemos contar a Héctor, Aquiles, Ulises y Eneas. Al final, luego de la intervención de dioses a favor de ambos bandos en el campo de batalla, la guerra se decidió por la argucia de un caballo de madera. Hay ciertos indicios de que la historia de la guerra de Troya se inspiró en un hecho histórico real, pero el drama que nos relató Homero es fruto fundamentalmente de la fértil imaginación de los helenos.


Antes de dejar los alrededores del Mediterráneo, debemos hacer mención de los mitos judeocristianos. Si bien son mucho menos coloridos que los de otros pueblos, sí cuentan con un par de batallas épicas dignas de mención. Primero tenemos un relato del profeta Daniel, que luego fue retomado por Juan en el Apocalipsis, en que nos narra una batalla en el Cielo entre los ángeles partidarios de Yahveh y los rebeldes, liderados por el Dragón (Diablo). También se hace mención de la batalla de Armagedón, la cual enfrentará a las huestes de creyentes cristianos en contra de las fuerzas del mal lideradas por el Anticristo.


Otro pueblo de Europa que ha sido caracterizado por el espíritu guerrero de sus mitos son los nórdicos, quienes cuentan con una gama de dioses que enfrentaron terribles desafíos en las frías tierras del norte. Dice la leyenda que el padre de los gigantes de hielo fue Ymir, quien se enfrentó a tres jóvenes dioses llamados Odín, Vili y Ve (Odín, Hœnir y Lóðurr en otras versiones). Estos dioses, de la raza de los aesir, vencieron a Ymir y con su cuerpo crearon Midgard, el Mundo Medio donde habitarían los humanos.


Hay muchos otros relatos de lucha entre los pueblos del norte, pero uno de los más interesantes es el del Fin del Mundo nórdico, conocido como Ragnarök, en el cual los dioses se enfrentaran a sus mayores enemigos, los Jutung o gigantes. También en esta batalla participará el malévolo dios Loki, el lobo Fenrir y a la serpiente Nidhogg del lado de los gigantes, mientras que los héroes que hayan muerto en batalla y fueron escogidos por las valquirias se plantaran junto a Odín y Thor en la lucha final. Lo interesante de este mito es que nos muestra el espíritu trágico que empapaba la visión nórdica de la vida, donde era preferible una muerte grandilocuente en el campo de batalla a una pacífica. También fue tomada por los primeros cristianos para hacer un nexo entre estos mitos y los propios, ya que alegaban que al desaparecer los dioses de Asgard había comenzado la era del reinado de Cristo. De los artistas que se han inspirado en este mito, uno de los más destacables es el compositor romántico alemán Richard Wagner con su tetralogía “El Anillo de los Nibelungos”.


Emparentados de forma lejana con los anteriores, aunque nunca se llevaran muy bien, están los celtas, quienes se desarrollaron en lo que hoy es Francia, Alemania, España, Gran Bretaña y, especialmente, Irlanda. En esta última isla es donde se ha mantenido con mayor celo las leyendas de los antiguos celtas y sus dioses, los cuales fueron conocidos como los Tuatha Dé Danann (Hijos de Dana). Esta raza de deidades es descrita como un pueblo guerrero y amante de las artes como la poesía, la forja y la música; quienes se vieron enfrentados primero a un pueblo bárbaro conocido como Fir Bolg, y luego contra los oscuros dioses de estos, llamados Fomoreanos. En ambos casos el choque ocurrió en el mismo lugar de la isla llamado Cath Maige Tuired (La Llanura de los Pilares), donde es famoso el enfrentamiento entre el héroe tuatha Lugh y el rey fomoreano Balor.


Mucho más al oriente, en la India, tenemos los mitos de los dioses de múltiples brazos conocidos como Devas, quienes se enfrentan a una raza de demonios sedientos de poder llamados Asura. Entre las batallas que se dieron entre ambos grupos hay muchas interesantes, como el enfrentamiento entre el dragón Vritrá, quien corta el cauce de los ríos, y el dios supremo Indra. No obstante, una de las luchas más llamativas es la que tiene como protagonista al asura Majishá, quien en un principio se mostró como un ser bondadoso que seguía las enseñanzas de Brahmá, por lo que éste lo bendijo para que ningún hombre ni dios pudiera vencerlo. Entonces Majishá mostró sus verdaderas intenciones y atacó a los dioses, sacándoles del cielo sin que nadie pudiera enfrentarle. Entonces los devas se reunieron y decidieron que su campeón sería la diosa de la fuerza femenina Durga, quien montada en su león y con las armas que le dieron los otros dioses vence en 9 días a los ejércitos de demonios de Majishá y el décimo mata a este último. Hay varias fiestas religiosas en la india que celebran fiestas en honor a la diosa, que es conocida como Durga-Asura-Mardini (Durga la Asesina de Demonios).


Ahora demos un salto a Mesoamérica, donde antes de la llegada de los españoles se desarrollaron grandes civilizaciones. Una de ellas es la náhuatl, a la cual damos comúnmente el nombre de azteca. Según sus leyendas, al principio sólo había mar y en el deambulaba una terrible bestia gigantesca mitad cocodrilo, mitad pez, llamada Cipactli, la cual era hembra y poseía 17 bocas. Entonces, cuatro dioses conocidos como los Cuatro Tezcatlipocas (el negro, que lleva el mismo nombre, el blanco o Quetzalcóatl, el azul o Huitzilopochtli y el rojo Xipetótec) luchan contra el monstruo y lo matan, construyendo con su cuerpo la tierra firme.


Otro mito náhuatl que nos muestra una batalla épica es el del nacimiento de Huitzilopochtli. La diosa Coatlicue había quedado viuda después de matar a su esposo en un ataque de ira al encontrarlo con otra mujer, pero debido a hecho portentoso, queda nuevamente en cinta. Esto pone en alerta a sus hijos, los señores de las estrellas Centzonhuitznahua y a su hija mayor, la diosa lunar Coyolxauhqui, quienes pretenden matar a su madre por haber quedado embarazada sin estar casada. Coatlicue se refugia en un monte cuando se encuentra con dolores de parto, mientras sus hijos la rodean, pero en ese momento nace Huitzilopochtli, el sol, quien ya es un guerrero adulto y lleno de furia. Él solo acaba con todos sus hermano y descuartiza a Coyolxauhqui. Este mito es una representación del amanecer, donde el sol derrota con su luz a la luna y las estrellas, desterrándolas del cielo. Por otro lado, el culto a la diosa madre Coatlicue se transformó luego en la adoración popular a la Virgen de Guadalupe, siendo ambas llamadas por sus fieles con la misma palabra: “Tonantzin”, que en náhuatl se traduce como “Madre Venerada”.



Bueno, este es el recuento de las batallas épicas que nos relatan las principales mitologías del mundo. Todavía nos queda el periodo que abarca desde los cuentos medievales hasta la actualidad. Así que no desesperen, porque aún tenemos héroes, sangre y gloria por montón.

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