martes, noviembre 24, 2015

Sangre y Gloria: Batallas y Guerras Épicas (Parte 2)


Nos quedamos ayer con la revisión de las batallas y guerras épicas contadas por las diferentes mitologías de la Antigüedad, por lo que ahora nos toca hablar de lo que sigue. Vamos a las magnificas batallas que se pelearon desde la Edad Media en adelante.
Si hablamos del Medievo, instantáneamente pensamos en caballeros de armadura brillante y castillos, lo que inevitablemente nos lleva al mito medieval por antonomasia: El Ciclo Artúrico. Ya hablé en extenso de las leyendas de la Mesa Redonda en otro artículo, pero en cuanto al tema que tratamos en esta ocasión, los hechos del mítico Rey y sus caballeros son un excelente ejemplo de épica. Al principio, cuando Arturo era sólo un oscuro personaje a medio camino entre la realidad y la leyenda, el monje Nennius nos relata acerca de 12 batallas peleadas por él y sus fuerzas en suelo británico, siendo la más famosa la del Monte de Badon, en que vence a los sajones, deteniendo su conquista de la isla por varias décadas. Así también es famosa su última batalla, en Camlann, donde se enfrenta al traidor Mordred y caen la mayoría de los caballeros de la Mesa Redonda, siendo el mismo Rey herido de muerte pero llevado a Avalon por su hermana Morgana para curarse y volver algún día. Es posible que los hechos que relatan estas leyendas hayan sido inspirados por un personaje real, pero los escritores medievales los transformaron en una idealización de la sociedad feudal y del concepto de caballería.


Uno del que sí estamos seguros al cien por ciento que existió es Carlomagno, rey de los francos que llegó a ser proclamado Emperador de Occidente, en lo que fue uno de los tantos intentos de revivir las pasadas glorias de Roma. Obviamente, se escribió mucho acerca de este personaje, tratando de ensalzar sus dotes de guerrero y su caballerosidad, pero lo que más recordamos es la última batalla de uno de sus capitanes, la cual fue inmortalizada en el cantar de gesta “La Canción de Roldán”. Roldán es el sobrino de Carlomagno, a quien le acompaña en su campaña a la España dominada por los moros. No obstante, después de pactar la paz con el Rey sarraceno de Zaragoza, Carlomagno cruza los pirineos para volver a Francia, cosa que es aprovechada por los moros para atacar su retaguardia, que es protegida por Roldán y doce pares de caballeros francos. Las fuerzas de los sarracenos son muy superiores, pero Roldán y sus caballeros son capaces de rechazarlos dos veces, negándose el sobrino de Carlomagno en todo momento de tocar su cuerno para pedir auxilio a su tío,  sólo haciéndolo cuando la situación fue insostenible. Carlomagno llegó al campo de batalla para encontrar a todos los caballeros muertos. Este relato se basa en una escaramuza real ocurrida en el desfiladero de Roncesvalles, pero se cambiaron varios detalles para transformarla en una batalla épica, pues en ningún momento fue un enfrentamiento entre moros y francos, sino una pequeña emboscada montada por tribus de vascones montañeses y que atrapó a la retaguardia franca.


Y fue muy común transformar hechos históricos en relatos épicos llenos de fantasía, como es el caso del poema renacentista “Jerusalén Liberada” o "Jerusalén Libertada" de Torquato Tasso. Inspirado por los hechos de la Primera Cruzada, Tasso nos cuenta cómo los caballeros de la cruz liberan la Ciudad Santa enfrentando a grandes guerreros sarracenos y a sus magos. En esta obra, al igual que los dioses de la Ilíada, intervienen ángeles y demonios para ayudar a los bandos en pugna, aunque se concentra la historia en dos caballeros cristianos, Tancredo y Reinaldo, el primero enamorado de la hermosa guerrera mora Clorinda, mientras que el segundo fue embrujado por la hechicera Armida, pues también estaba enamorada de él. Es interesante lo que hace “Jerusalén Liberada”, pues transforma una de las campañas militares más brutales de la historia en un cuento de hadas (los cruzados arrasaron con todas las ciudades que tomaron, cometieron canibalismo en la ciudad de Ma’arrat al-Numan y cuando tomaron Jerusalén mataron a todo el que se les cruzó por delante).


En cuanto a la lengua castellana, nuestra relación con la épica y con la fantasía en general es más bien distante. Tenemos el ejemplo del “Cantar de Mio Cid”, que nos relata el exilio de Rodrigo Diaz de Vivar y cómo este emprende varias campañas de conquista para demostrarle al rey de Castilla lo injusto de su situación. Este relato, anónimo y escrito en verso, muestra algo muy característico de la literatura castellana, pues elimina cualquier agregado fantástico, siendo una clase distinta de épica, muy realista.


No obstante, podemos encontrar algunas pinceladas de fantasía en la obra del poeta Alonso de Ercilla “La Araucana”, que nos relata la guerra entre los conquistadores españoles y los indios mapuches del sur de Chile. Acá Ercilla muestra a ambos bandos como nobles contrincantes en el campo de batalla, aunque cae en lo que se llamaría en el siglo XIX como el mito del buen salvaje, mostrándonos a los araucanos como un pueblo inocentes hasta la llegada de los ibéricos. No obstante, si vemos las crónicas históricas de la verdadera Guerra de Arauco, veremos que la realidad es mucho más cruda que la heroica visión de Ercilla.


De vuelta a la lengua inglesa, la épica comienza a ceder terreno ante otros géneros, en especial en la época dorada del teatro isabelino, donde la tragedia es la que reina en las tablas londinenses, en especial en las obras de Shakespeare. Sólo pasado este periodo vuelve a aparecer una obra que nos habla de heroísmo en batalla, siendo esta “El Paraíso Perdido” de John Milton. En este poema, Milton revisita el mito de la creación judeocristiana, dándole mayor dramatismo, ya que incluye un relato acerca de la rebelión de Lucifer que lo muestra como un antihéroe romántico que aboga por la libertad ante un dios tiránico; lo cual es muy raro, pensando que Milton era un puritano practicante.


Para los siglos XVII y XVIII el racionalismo desterró la fantasía y la épica a una categoría de arte inferior y chabacano, sólo pudiendo ser un divertimento para las capas más bajas de la sociedad. Esto duró hasta que a finales del siglo XVIII, pues de ahí en adelante se dio el surgimiento del terror gótico y la ciencia ficción. No obstante, la épica no vuelve a ser tocada hasta que un noble irlandés crea un subgénero conocido como espada y brujería a principios del siglo XX.
Edward Plunkett, más conocido por su título de Lord de Dunsany, fue el padre de la fantasía moderna, siendo la fuente de la que se alimentaron escritores como Lovecraft, Lewis, Tolkien y muchos otros. Dunsany fue el primero en crear panteones de dioses originales para sus historias míticas, las cuales ocurrían en tierras maravillosas que eran una idealización a medio camino entre la Antigüedad y la Edad Media, con seres míticos, magos, guerreros y princesas. Pero por sobre todo estaba la aventura y la idea heroica de la guerra que prevalece en la mayoría de los cultores del género a lo largo del siglo veinte.


Más conocido por crear al hombre salvaje más famosa de la literatura y el cine, Tarzan, el escritor norteamericano Edgar Rice Burroughs fue autor de libros variados dentro del género de lo fantástico. Unos que nos evocan imágenes de heroísmo en batalla so los del Ciclo Marciano, protagonizados por John Carter, un oficial confederado que encuentra una cueva mientras es perseguido por uno indios y cae dormido en su interior, despertando luego en el planeta Marte. Allí Carter se enamora de una Princesa y debe enfrentar a las malvadas fuerzas de una ciudad que se mueve con un sistema de piernas mecánicas, contra los marcianos blancos y contra los algunas tribus de salvajes marcianos verdes. Es una de las primeras obras en que la ciencia ficción se cruza con la fantasía épica.


En la época en que estas obras literarias encontraban cabida y un medio de difusión en las revistas de papel barato conocidas como pulp, otro escritor creó una saga que hasta la actualidad nos sigue entregando historias de aventura y guerra. Robert E. Howard nos presentó en 1932 a Conan, un bárbaro de la región de Cimmeria que protagoniza varias aventuras en una era que se da entre el hundimiento de la Atlántida y antes del nacimiento de las civilizaciones conocidas. Esta era, llamada Hiborea está dominada por la magia y el oscurantismo, donde los poderosos oprimen a los débiles. Conan, un aventurero que cuadra con el arquetipo de antihéroe, se ve metido en varias guerras, enfrentando ejércitos de muertos vivientes, criaturas reptilianas,  a otros reinos e incluso monstruos primigenios, por lo que la épica de las batallas está asegurada. Es importante notar que si lees la obra de Howard te encontraras con monstruos idénticos a los que aparecen en los mitos de Cthulhu de Lovecraft, lo cual se debe a que ambos escritores fueron muy buenos amigos e incluían aspectos de las obras del otro como homenaje mutuo.


Pues acá nos quedamos, en el albor de una nueva era, donde un escritor sudafricano se inspira en sus horrendos recuerdos de la Primera Guerra Mundial y crea una historia de fantasía que sólo es comparable con los mitos de la antigüedad. Eso lo veremos en el próximo capítulo.

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