miércoles, noviembre 25, 2015

Sangre y Gloria: Batallas y Guerras Épicas (Parte 3)


Con la llegada del cine en el siglo recién pasado, los antiguos relatos de grandes batallas que sólo eran rearmados por nuestra imaginación se transformaron en imágenes que podíamos ver maravillados en la pantalla grande. La Guerra de Troya, los caballeros de Arturo, las Cruzadas y muchos otros hechos se transformaron en una realidad que asombró a las masas, pero aún quedaban cosas que decir y que el cine demoraría mucho en poder representar en plenitud.
Fue en 1954 en que la cabeza de los lectores explotó cuando tuvieron la posibilidad de leer la primera parte de la trilogía de “El Señor de los Anillos”, escrita por el profesor de literatura y filólogo John Ronald Reuel Tolkien. Inspirado en las obras de Lord Dunsany y de Robert E. Howard, Tolkien crea un relato acerca de las guerras entre el bien y el mal en un maravilloso lugar llamado la Tierra Media. Tomando razas de la mitología nórdica, como los enanos y elfos, así como aspectos de la mitología celta, Tolkien busca crear una mitología original, pues siempre se lamentó que los sajones (pueblo del que descienden los ingleses modernos) no tuvieran leyendas propias dignas de mencionar. No obstante, a la hora de relatarnos las batallas es que Tolkien se luce en sus descripciones, dándonos imágenes de tal nivel de grandiosidad que el cine se demoró 50 años para ser capaz a nivel técnico de reproducir fielmente su visión. El relato de Tolkien sobre la Tierra Media debe ser uno de los más extensos y completos, abarcando varios milenios de historia.


Amigo cercano del anterior y colega, Clive Stapies Lewis siguió los pasos de Tolkien, pero para esto se inspiró en su fe cristiana. “Las Crónicas de Narnia” nos cuentan acerca de la visita de varios personajes a un mundo maravilloso habitado por seres mitológicos como sátiros, minotauros y centauros y otros, además de animales parlantes. Esta tierra es gobernada por el León Aslan, quien es una representación simbólica de Cristo, y es amenazada por diferentes enemigos, siendo la más importante la Bruja Blanca Jadis. Los libros de “Las Crónicas de Narnia”, a pesar de su inspiración cristiana, no son para nada proselitistas, mostrando batallas épicas especialmente interesantes.


Saltemos ahora a otro género. La  ciencia ficción dura no usaba mucho a la guerra como recurso argumental, siendo más común en las historias de aventura con dejos de ciencia ficción, como lo fueron “Flash Gordon” o “Buck Rogers en el siglo XXV”. No obstante, un ex militar sería quien nos mostraría una versión más seria de las guerras del futuro. “Starship Troopers” de 1959 es una novela del escritor norteamericano Robert A. Heinlein en que nos relata las experiencias de un soldado llamado Juan “Johnny” Rico en una guerra en que la raza humana enfrenta a unos insectos alienígenas. A diferencias de otras obras, acá Heinlein no se concentra en la aventura y el heroísmo de los combatientes, sino en describirnos una sociedad militarizada, donde sólo sirviendo en la milicia se puede conseguir el estatus de ciudadano. También se hace mención de la tecnología usada en las armas de guerra, lo cual le da una nueva dimensión a lo que es una batalla.


Ahora, no es necesario que una contienda este llena de monstruos y criaturas mágicas para ser considerada épica; por el contrario, hechos reales pueden ser presentados como epopeyas épicas sólo dependiendo de cómo se los relate. Este es el caso de la película de 1962 “El Día Más Largo”, basada en la novela de Cornelius Ryan y en la que nos muestran cómo ocurrió el desembarco en Normandía el día D. Este film en blanco y negro va entrelazando diferentes historias y anécdotas de los protagonistas del desembarco, mostrando el heroico inicio de la liberación de Europa del yugo nazi. En esta película actúan tantas estrellas de Hollywood que hoy sería imposible hacer algo similar; contando con Paul Anka (el cantante), Richard Burton, Sean Connery, Henry Fonda, Robert Mitchum, John Wayne y Sofía Loren entre otros.


Y volviendo a la ciencia ficción, el escritor Frank Herbert nos presenta en su novela “Dune” de 1966 una visión bastante particular y original del futuro. Debido a una guerra con las máquinas pensantes que funcionaban como servidores de la humanidad, en el futuro nos hemos tenido que extender por el universo prescindiendo de cualquier artilugio mecánico que imite el pensamiento humano, por lo que se tiene que llevar las facultades mentales del hombre a sus más altos posibilidad con la ayuda de disciplinas y drogas que lo ayuden. Por esto, un planeta desértico es el más importante de todos los del imperio humano, pues solo en él se da una extraña sustancia capaz de hacer que se vea el futuro y pasado lejano, además de ampliar el tiempo de vida de quien la consume. Este planeta es tan importante como para generar el surgimiento de un mesías que liderará a los habitantes del desierto a conquistar el universo en una yihad que purificará a la humanidad de corrupciones.


En los 70’s, debido a los horrores de la guerra de Vietnam, el cine y los libros dejaron de tener una visión heroica acerca de la contienda, plantándose la crudeza y el cinismo. Pero un joven cineasta con más ilusiones que dinero nos permitiría volver a soñar. George Lucas en 1977 tomó una parte de mitos caballeros medievales, otra de misticismo oriental y mucho de los seriales de ciencia ficción de su infancia para mezclarlas y presentarnos “La Guerra de las Galaxias”. Con efectos especiales totalmente novedosos para su época, Lucas deslumbró al público con sus vertiginosas escenas de combates espaciales, en especial la Batalla de Yavin, en que se destruye la Primera Estrella de la Muerte; y la Batalla de la Luna de Endor, donde la Flota Rebelde se enfrenta a su contraparte imperial y a una nueva Estrella de la Muerte a medio terminar. Un clásico del género que elevó totalmente el estándar de lo que debía ser mostrado en pantalla para sorprender al público.


Pero otros que también dieron que hablar en el campo de la animación son los nipones, quienes nos trajeron grandes batallas espaciales con robots gigantes como protagonistas. Si bien en Japón siempre ha existido una fascinación por los robot de grandes proporciones, la serie que dio un verdadero vuelco a lo que se venía haciendo fue el clásico de 1979 “Movil Suit Gundam”, que nos muestra a los robots como vehículos de batalla que son la evolución natural de los tanques acorazados. Con muchas continuaciones, líneas alternas y precuelas, Gundam es uno de los íconos de la cultura japonesa, legándonos secuencias de batalla que aún están lejos de ser emuladas por el cine actual, tanto en su emoción como en la carga dramática.


Ya para los 80’s, una adaptación americana de otra serie de Japón hizo soñar a muchos que éramos niños en esa época. La serie “Super Dimensional Fortress Macross” se unió con otras dos, que no tenían relación con ella, para crear una sola historia que se llamó “Robotech” en Estados Unidos. Se puede decir mucho acerca de ambas versiones, incluso existe una controversia entre quienes prefieren la japonesa Macross a la americana Robotech, pero lo que no podemos negar es que en ellas se encuentran las mejores secuencias de batallas de toda la animación de la época. Aún recuerdo perfectamente cómo la nave SDF-1 junto a un puñado de Zentraedi rebeldes se enfrentan a una enorme flota invasora de 4 millones y medio de naves ¡Épico!


A pesar de ser cruda y poca apegada a los hechos históricos que la inspiraron, “Corazón Valiente” de 1995 puede ser considerada como el renacimiento del cine épico. Dirigida y protagonizada por Mel Gibson, la película nos cuenta la historia del guerrero escocés William Wallace, quien lidera a su nación en la guerra de independencia en contra de los ingleses y su malvado Rey, Eduardo I Zanquilargo. Con escenas de batallas espectaculares rodadas en la campiña de Irlanda, “Corazón Valiente” fue el éxito que marcó el retorno de las grandes producciones.


Otra muestra de que un hecho real contado de cierta forma puede tomar ribetes épicos es la novela grafica de Frank Miller de 1998 “300”. Inspirado en la batalla de las Termopilas ocurrida el 480 A.C., Miller nos muestra una visión idealizada de los espartanos y su modo de vida, quienes con valentía se enfrentan a un ejército persa varias veces superior. “300” fue adaptada al cine por el director Zack Snyder en 2007.


Ya para finales del siglo XX las nuevas tecnologías computacionales permitían hacer cosas impensadas en la pantalla, cosa en la que fue pionera la saga de ciencia ficción “Matrix”. Si bien esta serie de películas ha tenido muchas críticas acerca de que la calidad del argumento fue decayendo hacia su final, en la tercera entrega, llamada “Matrix Revolutions”, vemos una de las batallas más espectaculares del cine entre los últimos sobrevivientes de la humanidad y las maquinas que quieren aniquilarlos.


Quizá la última gran saga que apela a lo épico de forma natural es “Harry Potter” de la inglesa J. K. Rowling, quien crea una muy original historia de magia y fantasía alrededor del personaje de un chico que se está educando en una escuela para magos y que es perseguido por fuerzas siniestras desde su nacimiento. A medida que la historia avanza en cada libro, va escalando la lucha de las fuerzas en pugna, hasta que llegamos a la alucinante Batalla de Hogwarts, en que no sólo se apela a la épica, sino también al drama que implica un enfrentamiento donde los amigos mueren.


Por desgracia, en la actualidad la sobreexplotación de un género cuando se ve que puede ser una mina de oro, baja el nivel en cuanto a calidad de las cosas que nos entregan. La mayoría de las historias épicas tienen su versión cinematográfica, pero no contentos con eso, en la actualidad estamos invadidos de películas que sólo se basan en la espectacularidad de sus peleas, siendo el trasfondo argumentos pobres o repetitivos. Uno ejemplo de esto es la famosa “Avatar” que no es otra cosa que la historia de Pocahontas con grandes efectos especiales.


La épica es un género extraño y contradictorio. Algo tan deleznable y brutal como la guerra, en estas historias es transformado en algo positivo, heroico y lleno de gloria. Una victoria por lo general implica una matanza, así que sería maravilloso que la guerra sólo existiera en nuestra imaginación y se quede ahí para siempre.

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