viernes, diciembre 25, 2015

De por qué no me gusta la Navidad


Estas fechas son complicadas para mí, y no porque sea de esas personas a las que las fiestas de fin de año les produce depresión, sino porque no celebro navidad ni ningún tipo de festividad religiosa, lo cual me pone inevitablemente en la categoría de tipo raro, amargado, mala persona, hijo de puta y candidato seguro a una parcela en el infierno.

Y es que siendo yo un ateo, me parece una completa estupidez celebrar una fiesta que en esencia es religiosa y lo sigue siendo. Muchos podrían decirme que soy inconsecuente debido a mi defensa del Halloween, pero esta última hoy se enmarca en un contexto totalmente diferente y tiene muy poco que ver con el Samhain de los celta ¿o acaso alguno ha visto algún sacrificio humano en la actual noche de brujas?. Por el contrario, la navidad se trata de celebrar el nacimiento de un dios en el cual no creo (de hecho, son muchas más las deidades nacidas el 25 de diciembre y no creo en ninguna de ellas), por mucho que hoy se le quiera dar un contexto laico y para una gran mayoría no sea más que el día en que San Nicolás les trae regalos.


Es que no sé si soy yo, o el resto de mundo no entiende nada de nada, porque cuando suelen preguntarme acerca de la razón por la cual no celebro la navidad y les digo que, como soy ateo, no participo de festividades religiosas, me miran como si fuera de otro planeta. Más de alguno me ha rebatido diciendo que se trata de una fiesta familiar donde se busca la unión e las personas y blah blah blah; pero cuando con cara de circunstancia contraataco con la pregunta de debido a qué celebra la navidad, como que les causa u cortocircuito lógico, no contestando y diciéndome que lo importante es la decoración, la familia, los niños felices, las canciones, el ambiente, las luces y el resto de las cosas.


Y es que incluso cuando era niño esta fiesta me parecía rara. Yo crecí en un pueblito minero en medio del desierto de Atacama, el más árido del mundo. Imaginen mi extrañeza cuando en la televisión veía gente celebrando navidad con nieve, pinos y todas esas cosas. Y de seguro esto lo entenderá cualquier lector que viva al sur del Ecuador, porque toda la parafernalia de la fiesta tiene que ver con el invierno y las tradiciones que principalmente están arraigadas en Estados Unidos y Europa, pero nosotros estamos en verano ¡Con temperaturas que bordean los 30 grados Celsius! Como mierda quieren que no encuentre ridículas las decoraciones de renos, los pinos con nieve artificial o esos pobres sujetos que se ponen una barba falsa, un traje rojo asfixiante y una pansa postiza (aunque en algunos casos es de verdad).


Todos los años, en estas fechas, tengo que darme el trabajo de explicar en mi trabajo que si no quiero dar dinero para decorar la oficina o no voy a participar del amigo secreto (santa secreto en otros países) no es porque se a tacaño, sino porque no participo de la celebración. Para mí la blanca navidad es algo ajeno, igual que Hanukkah, Ramadán o el festival de los penes gigantes en Japón. No tengo problemas con que el resto lo celebren, allá ellos, pero en mi caso no, gracias.


Y no comparto tampoco esa tendencia atea del empate, en que tenemos que tener una fiesta en reemplazo a las religiosas. No me interesa celebrar Saturnalia ni ningún sucedáneo descafeinado, porque no lo necesito. Y si es por los regalos, estos se pueden hacer en cualquier fecha del año indistintamente.
Ahora, tampoco la idea es ponerse puritano y hablar del consumismo y la pérdida del sentido de la fiesta, que es una de las cosas que tan hipócritamente se escucha en las bocas de muchos cristianos, incluso cuando van cargados con bolsas de compra. Si la gente quiere consumir, bien, porque ayuda a la economía.


Por otro lado, también hay quienes, imbuidos por el espíritu navideño, desean compartir con los que menos tienen, así que les llevan cenas y regalos a los pobres para que pasen las fiestas de una manera digna. Esto no es para nada malo; por el contrario, muestra un gran valor humano. El problema es que la mayor parte de la gente se olvida que el resto del año esta gente sigue siendo pobre, se alimenta como la mierda y vive en la miseria. Es bueno que pasen una buena navidad, pero es infinitamente mejor que sus vidas mejoren realmente.
En fin, no es que desee que la navidad no exista y dejen de celebrarla, sólo quiero que se respete mi derecho a no hacerlo.

Si lees este blog y estás celebrando o pronto a celebrar navidades, espero sinceramente que lo pases bien. Por otro lado, si eres como yo, y todo esto de los arboles, renos pesebres y San Nicolás te importa un carajo, estén tranquilos sin que nadie les mire como si fueran posibles asesinos en serie.

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