miércoles, diciembre 09, 2015

Historias de Dioses. El Nacimiento de la Fantasía (Parte 1: Dioses Supremos)


Sé que he hablado en muchas de mis publicaciones acerca de los dioses, y en varias me he referido a ellos en no muy buenos términos, por lo que creo que debo ser justo. No es culpa de estos personajes de ficción las barbaridades que se hacen en sus nombres, sino de los que creen que son seres reales a los que deben adorar y entregar su dinero. Por ello, en esta serie de artículos hablaré de dioses, pero como una clase de personajes ficticios, ámbito en el cual son muy interesantes de estudiar.

Ahora bien, mi intención no es hacer una especie de tratado acerca de la mitología universal, sino que presentar ciertos aspectos interesantes de tipos específicos de deidades, sus orígenes y comparaciones, así que los presentaré según el papel que estos dioses desempañan dentro de sus respectivos mitos, partiendo en este artículo con los dioses supremos.
En todos los panteones, y especialmente en aquellos que cuentan con una sola deidad, hay un rey, quien comanda a sus pares y es reconocido como el representante máximo de la autoridad divina. Esto principalmente se debe a que los hombres en la antigüedad proyectaban su forma de organizarse en el gobierno a lo que ocurría en el plano divino. “Así en la Tierra como en los Cielos” es una frase pertinente, aunque el sentido es al revés. Así, las antiguas civilizaciones gobernadas por monarquías pensaron que sus dioses tendrían un rey de gran poder.


Empecemos por los más antiguos en comenzar a escribir su historia: los mesopotámicos. Si bien en las escuelas nos enseñaron acerca de la cultura que nació entre los ríos Éufrates y Tigris, la verdad que no fue una sola, sino la sucesión de varias civilizaciones que rescataron parte del legado de la anterior. Los primeros fueron los sumerios, seguidos por acadios, babilónicos y asirios principalmente. Según los sumerios, el rey de todos los dioses es An, señor del cielo, al que los acadios llamaron Anu. Como la mayoría de los pueblos antiguos, para los sumerios el principio primigenio era el caos, representado por el agua, ya sea por la diosa monstruosa del mar Tiamat o por el dios de las aguas subterráneas Apsû. De esta pareja desciende An, teniendo como esposa a Ki, la diosa de la tierra, con la que engendró a los Annunaki, los dioses de sumerios y acadios. En la actualidad estos dioses estelares han sido usados en diferentes teorías acerca del origen extraterrestre de la humanidad.


Más al norte que los sumerios aparecieron  los asirios, quienes tenían por dios principal a Assur, quien tuvo una interesante transformación a la par de quienes lo adoraban. Representado como un árbol en un principio, Assur era el dios de la vegetación y la vida, pero cuando Asiria se va transformando en un imperio, Assur se vuelve en un dios guerrero con el disco solar como atributo.


Tiempo después, cuando los asirios decayeron, Babilonia se transformó en el poder imperante en Mesopotamia, estos tomaron a su dios Marduk y lo transformaron en el rey de todos los demás. Para darle continuidad al mito, identificaron a Marduk con el sumerio Enkil, dios del viento e hijo de An (Ea para los babilónicos), pero en este mito el hijo hereda el puesto de su padre. Además, uno de los grandes logros de Marduk fue vencer a la monstruosa Tiamat y sus demonios, lo que le permitió la crear al hombre.


La civilización que pelea en antigüedad con los sumerios es la egipcia, quienes a diferencia de los anteriores, fueron una cultura continua, con altos y bajos, que duró varios milenios. El primer dios supremo de la cultura egipcia fue Ra o Re, quien era sólo una de varias deidades solares que fue ganando protagonismo para volverse el más grande de todos para la época de la V Dinastía. Luego, cuando aparecieron otros dioses populares, ya que el centro de poder iba pasando de una a otra región de Egipto, Ra fue fusionado con los dioses de estos nuevos centros de poder, como Amón y Atúm. Según el mito, Ra es el primer dios en nacer; hijo de Nun, el agua primordial; y quien da origen a toda la creación a través de la palabra. Para los egipcios, el nombre verdadero de las cosas encerraba su esencia, por lo que el poder de nombrar implicaba crear, el cual es el atributo principal de Ra. Así, este dios se transformó en el primer faraón de Egipto, tomando forma humana para ello. No obstante, con el tiempo comenzó a envejecer, por lo que muchos humanos se burlaron de él, por lo que le pidió a la terrible diosa leona Sekhmet que diezmara a los irrespetuosos. No obstante, Ra siguió envejeciendo, pero no entregaría su poder hasta que alguien descubriera su nombre secreto, en el cual se encontraba la fuente de su fuerza. Esto sólo lo logró gracias a una treta la inteligente Isis, quien hace que Ra sea mordido por una serpiente y ella lo cura del envenenamiento sólo cuando éste le susurra su nombre verdadero, el cual será confiado a su hijo Horus, quien se vuelve el nuevo rey de los dioses.


Tomando características de muchas otras deidades, los hebreos crearon a su Yahveh. También conocido en la actualidad como Jehová por los cristianos y Alá por los musulmanes, Yahveh era un dios semita de palestina que se fusionó con otros como El y Baal para transformarse en el dios único del judaísmo. No obstante, también se alimenta del egipcio Ra, copiando eso de crear a través de la palabra, y de los babilónicos con su leyenda del diluvio universal. Yahveh ha sufrido varias transformaciones a lo largo de los siglos, como por ejemplo que en un principio tenía una consorte, llamada Shekiná; o que de un iracundo gobernante del antiguo testamento, pasó a ser el amoroso padre de los cristianos y vuelta a celoso dios único de los musulmanes.


Ahora, cuando hablamos de dioses supremos, el que inmediatamente asalta nuestra memoria es Zeus, ya sea por su cercanía cultural o porque sus mitos siguen siendo inspiración para películas, libros y varias obras en otros medios. Zeus era el hijo menor de Cronos, el titán del tiempo, y su esposa Rea, quien lo salvó de ser devorado por su padre y lo escondió  en la isla de Creta. Al crecer, Zeus se enfrenta a su padre y lo vence, encarcelándolo a él y al resto de los titanes en el tártaro. A pesar de ser el hijo menor de Cronos, Zeus se vuelve rey del Olimpo en detrimento de sus hermanos mayores Hades y Poseidón. No obstante, Zeus es merecedor de su posición de dios supremo debido a sus grandes proezas, contándose entre ellas la derrota de los gigantes, la del monstruo Tifón, la casi destrucción de la humanidad a través un diluvio y la de sofocar un intento de golpe de estado comandado por su esposa y hermana Hera. También es conocido como uno de los amantes más prolíficos de la antigüedad, aunque la verdad es que no era un seductor, sino un violador que tomaba las formas más variadas para poseer a los objetos de su deseo. Este dios, de origen cretense, es el epítome de la deidad masculina suprema, extendiéndose su culto por todo el mediterráneo e identificándose con otras deidades. Es tal su influencia, que su nombre es en sí la raíz de la palabra dios (Zeus = Theos = Deus = Dios), absorbió o reemplazó a otras deidades como al Amón egipcio, al Jove romano  o a Tinia de los etruscos. Incluso, si se afina mucho la vista, podemos  darnos cuenta que el musculoso dios que aparece en el famoso fresco de Miguel Ángel de la Creación del Hombre de la Capilla Sixtina es sólo una versión más recatada de Zeus.


En el norte de Europa se dieron varias civilizaciones, entre ellas la de los celtas, que poblaron casi toda la zona occidental del continente, incluyendo las Islas Británicas. No obstante, entre los celtas de continente es muy difícil encontrar algo así como un dios supremo, quizá debido a que estos pueblos jamás representaron una unión política en sí. Tenemos que ir a Irlanda para encontrar a algo semejante a un rey de los dioses. Dagda o Dagodeiwos (dios bueno) es el primer líder de los Thuata dé Danann, la raza divina que vivió en Irlanda. Dagda es representado como un hombre corpulento o gordo, de cólera y risa fáciles, que es experto en magia y un guerrero aterrador. Con su enorme masa de guerra podía matar instantáneamente a alguien aplastándolo, pero con el mango de ésta podía devolver la vida. Sin embargo, las leyendas de Dagda difieren mucho de las de otros dioses supremos, pues parecía que no le importaba la dignidad de rey, prefiriendo la vida disipada, la comida, la bebida, las mujeres, la poesía, música y la emoción de la batalla. El papel de dios supremo pronto se lo cedió a Nuada el del Brazo de Plata.


Nacida en las tierras más frías de Europa, la cultura nórdica tiene uno de los dioses supremos más peculiares de todos, reuniendo entre sus características ser un dios de la guerra, de la muerte, de la sabiduría y la poesía. Odín, también llamado Wotan o Woden, es el rey del panteón vikingo, quien fue hijo de Bor y la giganta Bestla. Junto con sus hermanos Vili y Ve se enfrentaron y mataron a Ymir, el padre de los gigantes de hielo, creando con su cuerpo al mundo. Odín fue siempre un buscador de sabiduría, no importando cuál fuera el precio a pagar por ella. Se colgó del árbol del mundo para conocer los secretos de las runas y se arrancó un ojo para que la fuente de Mimir le diera el conocimiento de todas las cosas. Odín vivía en Valhalla, su palacio en Asgard, junto a su esposa Frigg y a sus hijas, las valquirias; siempre esperando a la llegada de la última batalla en que el lobo Fenrir le mataría. El Padre de Todo de los nórdicos ha llegado a nosotros con una imagen muy característica, con su yelmo con alas y montado en su caballo de 8 patas, pero en las leyendas es más común verlo como un vagabundo y un loco.


Pasando al continente americano, tenemos una infinidad de dioses en las culturas que se dieron acá, aunque en muchos casos es casi imposible determinar una figura principal en los panteones, en parte porque tienen varias deidades importantes que se reparten el poder o porque sus mitos nos han llegado muy mutilados debido a la conquista española, como es el caso de los mayas. En cuanto a los aztecas, hay tres dioses que se reparten de alguna forma el poder. El primero es el guerrero solar Huitzilopochtli, quien derrotó a sus hermanos a penas nació en una terrible batalla y le dio el nombre de méxicas a los aztecas. Después tenemos a Quetzalcóatl, el creador y protector de la humanidad. Por último, está el terrible Tezcatlipoca, señor de la hechicería y los guerreros.

Huitzilopochtli
Más al sur tenemos a los quechuas y aimaras, quienes formaron el imperio más grande de la América prehispánica, el Inca. Acá el dios supremo es Viracocha, Huiracocha o Wiracocha, quien es el creador del mundo y del hombre. Viracocha es representado como un hombre de barba que lleva un báculo en cada mano, tratándose de un sabio dios pacífico que creó a los humanos a partir de rocas. Los españoles identificaron a Viracocha con el dios cristiano para hacer más fácil la conversión de los quechuas y aimaras.


Yendo a las grandes civilizaciones del Extremo Oriente, primero nos encontramos con los hindúes, que cuentan con tres dioses principales que encarnan cada uno un aspecto del ciclo de vida del cosmos. Primero tenemos a Brahma, el dios de cuatro cabezas que representa al poder creador, nacido del principio divino impersonal llamado Brahman. Luego tenemos a Visnú, el Preservador, quien posee cuatro brazos y piel azul, siendo sus avatares más conocidos Rama y Krishna. Por último tenemos a Shiva, el Destructor, quien deshace la creación para que esta se renueve. Estos tres dioses forman la Trimurti (“Tres Formas” en sanscrito), aunque la visión acerca de la función y supremacía de uno sobre el otro depende de las creencias de las diferentes corrientes del hinduismo, siendo en la actualidad la más popular el visnuismo.


En China nos encontramos que su mitología original ha sido recreada por cada una de las tres religiones que imperan en el pais; el taoísmo, el confucionismo y el budismo. No obstante, todos tienen la seguridad de que el gran gobernante de los Cielos en la actualidad es Yù Di, o el Emperador de Jade, también llamado Yù Huáng (Augusto de Jade) o Tiān Gōng (Abuelo Celestial). Se dice que fue un príncipe heredero del trono del Reino de la Pura Dicha, asumiendo el gobierno cuando su padre murió. Fue un gran rey y, cuando vio que todo su pueblo era feliz, se dedicó al estudio del Tao, logrando su dominio sólo después de 120.976 años. No obstante, continuó con sus estudios, consiguiendo transformarse en un dios luego de 211.708.000 años. Justo en ese momento, los cielos eran invadidos por un demonio que llevaba casi el mismo tiempo estudiando el Tao y no podía ser vencido por ningún dios. Yù Di subió a los cielos entonces y se enfrentó al demonio, venciéndole en una épica batalla que hizo temblar la creación misma. Entonces el creador del universo, Yuanshi Tianzun (Venerable Celeste del Comienzo Original), le entrega el gobierno de los cielos y la tierra a Yù Di hasta que llegue quien lo sucederá, conocido como Yùshén Tiānshī (Maestro Celestial del Amanecer de Jade de la Puerta Dorada). Este mito muestra uno de los aspectos más interesantes de la mentalidad china, y es el hecho de que un mortal puede llegar a la divinidad mediante la búsqueda de la sabiduría y la perfección.


Vamos ahora a Japón, donde nos encontramos con una gran sorpresa. De todas las grandes civilizaciones, la japonesa es una de las pocas (si no la única) que tiene a su panteón gobernado por una diosa. Amaterasu Okami es la diosa del sol, la luz y la belleza de la que descenderían los emperadores de Japón (dogma negado luego de la Segunda Guerra Mundial). Nacida de uno de los ojos del dios Izanagi, siempre tuvo problemas con su hermano Susanoo, dios del mar y las tormentas, que en una ocasión la ofende tanto, que Amaterasu se encierra en una cueva sin que nadie la convenza de salir. Entonces, como el sol no volvió a brillar, los otros dioses organizaron una treta para sacar a Amaterasu, armando una fiesta afuera y colocando un espejo frente a la entrada de la cueva. Cuando Amaterasu se asomó a ver por qué había tanto ruido, se quedó embelesada ante la imagen del ser más hermoso que había visto, que no era otra que ella misma en el espejo. Esto fue aprovechado por los otros dioses para cerrar la entrada de la cueva y convencerla de que se quedara con ellos.


Pero no todas las mitologías responden a una religión, sino que hay grandes escritores del siglo XX que han creado panteones nuevos para sus obras de fantasía. Entre estos, quizá el más original de todos sea H. P. Lovecraft que para sus Mitos de Cthuluh creó varias deidades monstruosas que viven y esperan en el vacío del espacio. El más grande estos dioses exteriores es Azathoth, “el primer motor del caos, la antítesis de la creación, el necio sultán de los demonios, el que roe, gime y babea en el centro del vacío final”. Se trata de una enorme masa sin conciencia ni forma que es mantenido en transe por los otros dioses para que no destruya el universo, al cual creo en un descuido.


También tenemos a Tolkien y las deidades que ideó para sus mitos de la Tierra Media. Ahí tenemos a Ilúvatar o Eru, el creador de todo y padre de los hombres y los elfos, quien les pide a las entidades divinas que están a su servicio, los ainur, que creen una canción de la cual nace la idea de la creación de Arda, la Tierra. No obstante, a nivel más local, los representantes de Ilúvatar en la Tierra Media son los Valar, que son gobernados por Manwë o Súlimo , señor del viento y de las aves, que se vio enfrentado al primer Señor Oscuro que quiso dominar Arda, Melkor Morgoth.


Bueno, esta es la primera parte de recuento de los dioses supremos de las mitologías más importantes. Obviamente han quedado varios fuera, pero la idea hacer una revisión lo más completa posible, no un manual absoluto de mitología. Así que si falta un dios que a ti te gusta, agrégalo en los comentarios.
Para el próximo capítulo hablaremos de los dioses de la guerra.


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