martes, diciembre 15, 2015

Historias de Dioses. El Nacimiento de la Fantasía (Parte 3: Dioses del amor y la fertilidad)


El deseo sexual, la fertilidad y el amor son pulsiones básicas que tienen una influencia innegable en nuestra vida diaria. En la antigüedad, la fertilidad; tanto de la tierra, animales y personas; era la bara con la cual se medía la prosperidad de un pueblo. Es por ello que no nos debe resultar para nada extraño que en todos los mitos existan dioses que representen la fertilidad y conceptos derivados, como la lujuria y el amor.


Mesopotamia es famosa por sus cultos a la fertilidad, llegando hasta nuestros días historias de celebraciones de rituales orgiásticos para recrear el poder que dio inicio al universo; muchos de ellos analizados desde el mojigato punto de vista judeocristiano, el cual siempre lo encasilla en prácticas de adoración demoniaca. No obstante, para los pueblos de esa región del mundo los dioses de la fertilidad, el amor y su culto eran algo esencial de su cultura, siendo ajenos a la connotación negativa de la actualidad. Ahora, como una de las deidades de la fertilidad y el amor más antiguas encontramos a una vieja conocida: Inanna. También llamada Ishtar, Astarte o Astarot, fue mencionada la vez anterior como diosa de la guerra, el deseo sexual y el amor. Se la representaba con una estrella de ocho puntas, lo que la relaciona con el planeta Venus, cosa muy común entre las diosas del amor. Esta diosa fue adorada en múltiples lugares alrededor del medio oriente, siendo exportado su culto por los fenicios a la parte occidental del Mediterráneo gracias a la fundación de la ciudad de Cartago, por lo que se realizaron orgías en nombre a esta deidad hasta en el sur de España.


Ahora, si miramos a Egipto, nos encontraremos con Qadesh, la diosa del amor y el placer sexual, la cual no es otra que la misma Inanna adoptada por los egipcios y adaptada a sus gustos estilísticos. Representada como una hermosa mujer desnuda o con un vestido traslúcido, parada sobre el lomo de un león y con una serpiente y en loto en sus manos; se trata evidentemente de una diosa extranjera, porque se la representa mirando de frente y no de perfil, como el arte egipcio solía hacer.


Por su lado, un dios completamente egipcio es Min, deidad lunar, de la lluvia y la fertilidad. Este dios es tan antiguo como el mismo Ra, habiendo pruebas de su adoración en épocas predinásticas, aunque luego se le asoció a Qadesh. Se le representaba como un hombre de piel negra o verde que mostraba su pene erguido. Cuando los egipcios entraron en contacto con los griegos, estos últimos asociaron a Min con el dios Pan.


Otra diosa que muestra una evidente influencia por parte de Inanna es la Afrodita griega, que luego sería nombrada Turan por los etruscos o Venus por los romanos. En la mitología existen varias versiones acerca del origen de esta diosa, siendo una de las más tardías la que la ponen como hija de Zeus, pero en la versión original Afrodita nació de la espuma del mar que se generó luego que los genitales de Urano cayeran en él, cuando Cronos castra a su padre y toma el poder del universo. Afrodita, por lo tanto, sería una deidad mucho más antigua que el mismo Zeus, pero esto no parece importar, ya que es contada como una de los dioses olímpicos. Esta diosa, señora de la belleza, el deseo, la sexualidad y el amor, paradojalmente terminó casada con el más feo de los dioses, el herrero cojo Hefestos. No obstante, el matrimonio siempre fue sólo una cuestión formal, pues la diosa tuvo numerosos amantes, siendo el más importante Ares, el dios de la guerra. También, copiando la historia de Ishtar y Tammuz, Afrodita tiene una relación con Adonis, el más hermoso de los humanos, que muere debido a los celos de Ares y llega al inframundo, donde la esposa de Hades, Perséfone, también se enamora del joven pastor. Al final, ambas diosas se reparten al chico durante una parte del año, siendo esta resurrección el origen de uno de los cultos de misterio de Grecia.


Afrodita también fue importante en la Guerra de Troya y el origen de Roma. Ella fue una de las diosas que se presentaron ante el príncipe Paris para decidir quién era la más hermosa, siendo la ganadora ya que le ofreció al troyano la mujer más hermosa del mundo. Por ello, fue gracias a ella que Helena, reina de Esparta, se enamora de Paris y escapa con él. En la guerra entre troyanos y aqueos que vino después, ella siempre estuvo a favor de los primeros, tanto por su compromiso con Paris, como por el amor que había sentido por un troyano llamado Anquises, con el cual engendró al héroe Eneas. Este último seria uno de los pocos que escaparía de la destrucción de Troya y con la ayuda de su madre se establecería en la península itálica, siendo el antepasado de los fundadores de la ciudad Rómulo y Remo. Incluso el mismo Julio Cesar era reconocido por venir de una antigua familia romana que encumbraba su genealogía al mismo Eneas, y con ello, a la hermosa y deseada Venus.

Venus y Eneas
Pero entre los grecolatinos hay otra divinidad que se asocia con el amor y el deseo, siendo también adoptada por la iconografía cristiana  como el modelo de los querubines en siglos posteriores. Eros, como Afrodita, tiene un origen poco claro. Se dijo que era hijo de la anterior diosa con su amante Ares, pero la versión más aceptada es que Eros nació del caos primigenio junto con otras deidades arquetípicas como Gea (la tierra), Uranos (el cielo) y Erebus (la oscuridad). Se lo representaba como un joven alado con un arco y flechas, las cuales disparaba a los corazones de los humanos y dioses para crear sentimientos. Si la flecha era de oro, la persona alcanzada se enamoraba, mientras que las de plomo producían odio. Para los romanos Eros fue conocido como Cupido, teniendo por esposa a una princesa llamada Psique, la mujer más hermosa del mundo, a quien Venus odiaba y que había pedido a Cupido que le hiciera amar a un ser horrible, ocurriendo un accidente que hace que el dios y la princesa queden prendado el uno del otro. Un detalle que muy pocos conocen es que Cupido/Eros iba acompañado por otros dioses menores de su misma apariencia que fueron conocidos como los Erotes, quienes eran Himero (deseo sexual), Potos (pasión), Hedílogos (adulación), Peito (persuasión), Antero (desamor) e Himeneo (matrimonio).

Eros y Psique
Para los celtas de Irlanda el amor es masculino, siendo representado por Aengus, el hermoso hijo del dios Dagda y de la diosa Boann, quienes lo engendraron debido a una relación extramarital, por lo que hicieron brillar el sol intensamente durante 9 meses y así segar a sus parejas para que no descubrieran el estado de gravidez de Boann. Aengus creció educado por su medio hermano Midhir, y cuando llegó a la edad adulta, soñó con una hermosa muchacha de la que se enamoró. Viendo a su hijo enfermo de amor, tanto Dagda como Boann buscaron a la chica, encontrándola a la orilla de un lago después de varios años. Su nombre era Caer y, cuando se pidió formalmente su mano, sus padres la negaron, habiendo una guerra. Pero Aengus se reunió con ella en el lago y se enteró de que se le negó la mano de Caer porque estaba encantada y año por medio tomaba forma de cisne el 1 de noviembre y la mantenía por los próximos 12 meses. Al final, Aengus decide quedarse con ella y ambos se transforman en cisne año por medio.


La vez anterior también hablamos de Morrigan, diosa de la guerra y la muerte, pero al mismo tiempo encarna el deseo sexual. A pesar de ser una deidad terrible, todos saben que se trata de una hermosa mujer de pelo muy negro, por lo que los que se atreven a aceptar sus favores no se arrepienten. Este es el caso de Dagda, que encuentra a Morrigan lavando ropa ensangrentada a orillas del río en la noche de Samhain (acción que anunciaba la muerte de alguien), por lo que se acerca mientras está agachada y tienen relaciones sexuales en la posición del perro, conocida por los celtas como pose de Morrigan.


En el caso de los nórdicos, el amor, la fertilidad y la sexualidad es representada por la diosa más popular de su panteón, la bella Freyja o Freya, quien pertenecía a una raza de dioses agrícolas conocidos como los Vanir, diferentes a los guerreros Aesir, entre los cuales se cuenta a Odín y Thor. Freya era una joven hermosa de cabello dorado que viajaba por el cielo en un carro tirado por gatos, tenía un palacio en el que recibía a la mitad de los héroes muertos y las manzanas doradas que ella cuidaba le daban inmortalidad a los dioses. La diosa era uno de los principales objetivos cuando los gigantes atacaban a los Aesir y Vanir, ya sea por deseo lujurioso o por el prestigio que daría tenerla como esposa. No obstante, ella fue desposada por Oðr, el dios ciego.


En Mesoamérica, entre los aztecas, hay casos muy interesantes de dioses del amor con otros aspectos de la vida bajo su tutela. Uno de las deidades más peculiares que podemos encontrar es Tlazoltéotl, la diosa de la lujuria, la fertilidad, el adulterio, el excremento y el tratamiento de aguas negras. En algunos casos se le representa como una mujer nativa exuberante y deseable, mientras que en otros se mostraba en la poca decorosa pose de defecar. No obstante, recordemos que los pueblos de precolombinos tenían una cultura muy diferente a la europea occidental, por lo que nos parecen extrañas estas asociaciones. La verdad es que Tlazoltéotl (“La que Come Mierda” según la traducción del nombre) es la diosa del excremento desde el punto de vista de que toma los desechos, purificando. Esto tanto a nivel físico como espiritual.


El dios del amor náhuatl es Xochipilli, el “Príncipe de las Flores”, quien también presidía los juegos, la belleza, el maíz y la ebriedad. Tenía una hermana, Xochiquétzal quien es más que nada una versión femenina de Xochipilli, gobernando los mismos aspectos de la vida, a los que suma la fertilidad y las artes. También contaba con una esposa, Mayáhuel, quien era la patrona del maguey, la planta de la cual se destila el tequila.


Vecinos de los anteriores, los mayas tienen a Ixchel, la diosa de la luna, el amor, la gestación y el trabajo textil, quien según algunas versiones se encontraba cazada con el dios solar Itzamná, con el cual tuvo 16 hijos. En los códices mayas que sobrevivieron a la barbarie de los conquistadores se la ve como una mujer que teje acompañada de un conejo o como una anciana vaciando odres de agua sobre la tierra.


Dirigiendo la mirada a la India, la relación que tienen con el amor, el sexo y la fertilidad es del todo natural. Ellos fueron los inventores del Kama Sutra, el manual sexual más famoso de la humanidad, y del sexo tántrico, que lleva a las prácticas amatorias a un plano espiritual que sólo se puede encontrar en occidente en las religiones mistéricas de Grecia. En la religión hindú, el sexo, el amor y el placer son representados por el dios Kámadeva, quien fue creado por Bráhma, y se representaba como un hermoso joven montado en un perico y que lanzaba flechas como Cupido. Kámadeva fue quien ayudó a Parvati a llamar la atención del dios Shiva, lanzándole sus dardos de deseos para sacarlo de su meditación y que se fijara en la hermosa diosa. Pero cuando el dios de la destrucción se da cuenta de que Kámadeva fue el que interrumpió su búsqueda de paz, se enfurece y lo incinera, lo cual trae el problema de que, sin el dios del amor y el sexo, el mundo morirá. Por ello Shiva lo revive.


La esposa de Kámadeva es Rati, quien viene siendo una versión femenina del anterior. Es una hermosa chica, a veces representada como embarazada, pero siempre sexualmente atrayente, quien era parte de un grupo de diosas conocidas como Apsaras, las que están relacionadas con el agua. En su honor se escribió otro manual sexual menos conocido que el Kama Sutra llamado Ratirahasya.


En China la versión de la fertilidad es mucho más recatada que en el resto del mundo. Zhu Sheng Niang Niang es la diosa de la fertilidad, el embarazo y los partos. En este caso, si bien los chinos no desconocen la connotación sexual de la reproducción, pero no le dan tanto énfasis como al hecho mismo del embarazo y el nacimiento. De hecho, la imagen de Zhu Sheng Niang Niang es el de una dama de blanco parada sobre un loto abierto y con un niño en brazos, lo cual es muy familiar para los occidentales.


En Japón hay varias fes de origen como el budismo y el taoísmo que se entremezclan con el tradicional Shinto. En esta amalgama podemos encontrar deidades que han hecho un largo viaje para llegar a la Tierra del Sol Naciente, como lo es el caso de Aizen Myō-ō. Este es un dios insertado en Japón por el budismo Mahayana, el cual representa la pasión y la lujuria transformadas en fuerza para la iluminación. Originario de la India, donde se le llama Rāgarāja, se representa como un ser demoniaco de piel roja oscura, cabello llameante, seis brazos y un tercer ojo vertical en la frente.


Ahora, una diosa típicamente sintoísta  es Ame-no-Uzume, diosa de la danza, la sensualidad y la fertilidad. Cuenta la leyenda que cuando Amaterasu se sintió ultrajado por su hermano Susanoo, se encerró en una cueva, por lo que no brillaba el sol y el mundo moriría. Entonces el resto de los Kamis (dioses en Japón) urdieron un plan. Pusieron en la entrada de la cueva un espejo gigante y armaron una fiesta afuera, con música y mucho sake. En la mejor parte, Ame-no-Uzume da vuelta una tina y comienza bailar sobre ella sensualmente, mostrando sus piernas y pechos. Este stripteases hace que el público enloquezca y que Amaterasu salga a ver qué pasaba, encontrándose con su reflejo en el espejo y quedando maravillada por su belleza. En eso los otros dioses cierran la cueva y pueden convencer a la diosa del Sol que se quede con ellos. Todo gracias a la voluptuosa Ame-no-Uzume.


Ahora, de los mitos modernos creados por nuestros escritores, una diosa de fertilidad que sale de lo común es Shub-Niggurath, creada por H. P. Lovecraft. También llamada “La Cabra Negra de los bosques con sus diez mil retoños”, se la describe como una masa informe llena de bocas (o vaginas dentadas) y pequeños apéndices semejantes a patas de cabra. Está constantemente pariendo criaturas de pesadilla y en ocasiones elige humanos con los que aparearse. Esta diosa representa una imagen bastante aterradora de la sexualidad, quizá debido a las malas experiencias que tuvo Lovecraft a lo largo de su vida, en especial debido a la enfermedad venérea que aquejó a su padre (sífilis) y que seguramente su madre también padeció.


Hasta acá dejamos esta historia de sexo, lujuria y amor. Para la próxima calmamos las hormonas y hablamos de las diosas madres. 

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