jueves, diciembre 17, 2015

Historias de Dioses. El nacimiento de la Fantasía (Parte 4: Diosas Madres)


Nuestra condición de mamíferos genera una relación especial entre la madre y sus crías, todos podemos ver esto en nuestra vida familiar (por lo menos en la mayoría de los casos) y en el comportamiento de nuestras mascotas. “Madre hay una sola” pregona el dicho popular, pero acá veremos que en el caso de las dioses la cosa es más compleja.

El arquetipo de la diosa madre es quizá el más antiguo, teniendo noticias acerca de ella desde el paleolítico. Famosas son las estatuillas y tallados en paredes que, en conjunto, han recibido el nombre de “Venus del Paleolítico”. En ellos vemos representada la idealización de un cuerpo femenino, en algunos casos pareciendo estar en cinta. Se piensa que el culto a esta diosa es una de las primeras expresiones de religiosidad en la historia de la humanidad.


Sin embargo, la diosa madre en su primera aparición en una historia escrita es un monstruo. Tiamat (cuyo nombre etimológicamente significa “madre de la vida”) es un enorme dragón del mar, que junto con el dios del agua dulce Apsu, fueron los padres de los primeros dioses. Pero debido a la muerte de su consorte y que sus hijos hacían mucho ruido, Tiamat crea un ejército de demonios al mando de Kingu para erradicar toda vida. Marduk, el dios patrono de Babilonia fue el encargado de enfrentar a ese ejército y destruir al demonio y a la misma Tiamat. El dios luego tomó la sangre de Kingu y mezclándola con barro creó a los hombres.


Después en Mesopotamia la madre toma un aspecto más benévolo en la imagen de la diosa Ninhursag, quien encarnaba a la tierra. Conocida como Ki por los sumerios y Belit-ili por los acadios; fue muy adorada al principio, aunque con el tiempo perdió terreno ante Ishtar.  Se le atribuía la creación de la vida animal y vegetal, además de ser adorada en Babilonia como la madre del más grande de sus dioses, Marduk.


Egipto, por su lado, tiene muchas diosas que encarnan el ideal de madre. Primero podemos citar Nut, “La Grande que parió a los dioses”, quien era la diosa del cielo. En el arte se la representaba como una mujer desnuda, con la piel azul oscuro y estrellas sobre ella, que se arqueaba poniendo sus manos y pies en el suelo. Su esposo era Geb, la tierra, a quien se lo mostraba acostado bajo su mujer. Todos los días Nut paría al sol, el cual viajaba a través de Nut para llegar a la boca de ella, entrar en su interior y así ser parido nuevamente al día siguiente.


Hija de la anterior junto con sus tres hermanos, Isis fue una diosa muy popular alrededor del Mediterráneo. Adorada como la patrona de la magia y la maternidad, Isis era una astuta deidad, esposa de su hermano Osiris y madre de Horus. Ella fue quien logró sonsacarle su nombre secreto a Ra, descubriendo con esto el poder de crear con la palabra. Cuando su esposo se enfrentó a su otro hermano, Seth, ella reconstruyó dos veces el cuerpo descuartizado de Osiris, aunque la segunda vez no pudo encontrar los genitales, por lo que éste se vio impedido de gobernar Egipto y se retiró al inframundo de Duat. Isis protegió a su hijo de la persecución de Seth y, cuando fue adulto, le reveló en nombre secreto de Ra para que tuviera el poder de derrotar a su tío. El culto de Isis, como ya dije, fue muy popular, llegando a ser una diosa muy importante en la misma Roma. La imagen de ella con el pequeño Horus en los brazos luego se transmutaría en María cargando a Jesús.


Por último tenemos a Hathor, la esposa de Horus. Hija del dios Ra, se la representa en algunas ocasiones como una baca con el disco solar entre sus cuernos. Hathor, como esposa de Horus, le ayudó a éste a vengar la muerte de su padre y a desterrar a Seth. Siendo diosa de la música, la felicidad, el amor y la nutrición, estaba encargada de cuidar del árbol de la vida y le daba consuelo a las almas de los muertos en Duat.


Por su lado, los griegos también poseen una gran cantidad de diosas maternales. La misma Afrodita es considerada como tal, aunque su ardor sexual la aleja un poco del estereotipo materno imperante. La madre más antigua de los griegos fue Gea, también llamada Gaia o Terra por los romanos, es la diosa primigenia de la tierra, nacida del caos primordial, quien dio a luz por si sola a Urano (cielo) y Ponto (el mar). Con Urano engendró a los titanes, los primeros tres cíclopes y a los hecatónquiros (monstruos de 100 brazos y 50 cabezas). No obstante, cuando Urano encierra a su prole monstruosa en lo más profundo del Tártaro, ella talla una hoz de una piedra de pedernal y se la entrega al menor de los titanes, Cronos, para que castre a su padre. De la espuma que producen los genitales de Urano al caer al mar nació Afrodita y de su sangre nacieron las Erineas, diosas de la venganza.


Otra maternal, por lo menos en la superficie, es la esposa y hermana de Zeus, Hera o Juno en Roma. Se decía que era una hermosa y digna mujer, tan poderosa como su esposo, pero que estaba condenada a vivir a su sombra y soportando sus infidelidades, lo cual la hizo vengativa e irascible. En un principio, Hera no deseaba tener nada que ver su hermano, pero éste se transformó en un pequeño pajarito que enterneció a la joven diosa, quien lo metió en su lecho para abrigarlo. Entonces Zeus adquirió su forma real y violó a su hermana,  por lo que a Hera no le quedó más que casarse (era la patrona del matrimonio y la familia). Ella fue madre con Zeus de Ares, Hebe, Ilitia, Eris y Enio, además de Hefestos, al que concibió sola. Es famosa por perseguir a las amantes de Zeus y a sus hijos con éste, en especial a Hércules. También se recuerda la vez en que complotó con otros dioses para destronar a su marido, en lo que falló debido a que éste recibió ayuda de los cíclopes y los hecatónquiros. Teorías modernas sostiene que Hera fue una diosa de antiguas sociedades matriarcales que los griegos asimilaron y pusieron a la sombra del patriarcal Zeus.


Otra hermana de Zeus es Deméter, Ceres para los romanos, la diosa de la agricultura y la fertilidad de la tierra. Junto a su hermano Zeus engendraron a su hija Perséfone, de la cual se enamora su otro hermano, el oscuro señor del inframundo Hades, quien la rapta y la lleva a su oscuro reino. Deméter, enfadada, hace que nada crezca en la tierra y el invierno se quede permanentemente. Por ello, los dioses le piden a Hades que libere a Perséfone, pero ella había comido unos granos de granada en el Averno, lo cual la obligaba a quedarse ahí. Al final Deméter llegó a un arreglo con Hades y se repartieron el tiempo de Perséfone. Durante la primavera y el verano ella está con su madre, mientras que en otoño e invierno vive con su esposo, Hades. Para los romanos, ciudad donde el grano se repartía gratis al pueblo, Ceres era una de las diosas más importantes de su panteón.


Un caso de asimilación bastante notable es el de Cibeles, una diosa frigia (región de Asia Menor, actual Turquía) a la que se le adoró desde tiempos prehistóricos, siendo luego asimilada con la cretense Rea, lo que la volvió madre de Zeus. No obstante, la diosa siempre tuvo sus propios mitos, siendo representada como una mujer con trajes frigios, montada en un carro tirado por leones (como en la estatua de la fuente que llave su nombre y que se encuentra en Madrid). Junto a ella también se le rendía culto a su consorte Atis, quien enloqueció por ella y se castró, por lo que sus sacerdotes solían ser eunucos. En la época de las Guerras Púnicas, Roma adoptó el culto a esta diosa, identificándola con la sabina Ops, y siendo llamada “La Diosa Madre”, mientras que a sus sacerdotes castrados se les conocía gallios o gallos.


Los judíos, cristianos protestantes y musulmanes no sienten mucho apreció por las deidades femeninas, adorando exclusivamente a su machista dios que gobierna en soledad desde el cielo. Ahora, hay teorías acerca de una diosa femenina que sería la consorte de Yahveh, conocida como la Shekinah, pero al parecer este nombre se refiere al concepto de presencia de dios manifestada con un fulgor. No obstante, tanto católicos como ortodoxos orientales, quienes fueron los que evangelizaron a la mayoría de los paganos europeos y a los nativos de América, tuvieron que incluir una imagen que representara a esa diosa tan arraigada en la espiritualidad de esos pueblos. Por ello es que se transforma a María, madre de Jesús, en una especie de cuasi-divinidad.


Los pueblos celtas sentían una especial conexión con sus deidades femeninas, lo cual se demuestra en sus mitos. En Irlanda, la madre de toda la raza divina es Dana, Danu o Ana, la progenitora del dios Dagda y de la cual descienden los Thuata dé Danann (El Pueblo de Dana).


Luego tenemos a Brigit o Brigid, la diosa del fuego y la inspiración, la cual fue tenida en gran estima por los irlandeses, pues ella se asociaba con la poesía, la curación y la adivinación. Fue hija de Dagda y se casó con el fomoriano (dioses de la oscuridad) Bress, con quien tuvo un hijo llamado Ruadán. El centro de su culto se encontraba en un santuario en el actual Kildare, donde luego se levantó un lugar de veneración cristiano en honor a Santa Brígida, que no es otra que Brigit adoptada por el cristianismo.


Los nórdicos también tienen varias diosas asociadas con la maternidad. Se menciona a la madre de Thor en muchos textos con el nombre de Jörð, quien está asociada con la tierra, pero de la que no se tienen muchos datos. Por el contrario, la reina de los dioses nórdicos es Frigg, la esposa de Odín y con quien cogobierna el universo. Diosa del cielo, la fecundidad, el amor, la maternidad, el hogar y los matrimonios, era tan poderosa como su esposo y considerada como igual por éste. Tuvo dos hijos: Höðr el ciego y el dios solar Baldr, a quien intentó proteger vanamente de cualquier daño, pues murió debido a un ardid fraguado por Loki.


Entre los náhuatl, hay muchas diosas que reciben el título de Tonantzin, que traducido es “Madre Venerada”, pero la más adorada fue Coatlicue, la diosa de la tierra, la vida, la muerte y la resurrección. Sin embargo, para los gustos estilísticos occidentales modernos, esta diosa seria aterradora, ya que usaba una falda hecha de serpientes y un collar del que colgaban las manos y cabezas de quienes eran sacrificados en su nombre. Ella fue la consorte de Mixcoatl, dios de la tempestad, quien fue muerto por la misma Coatlicue cuando lo descubrió engañándole con otra mujer. Luego, mientras hacía penitencia por este asesinato, Coatlicue ve caer una bola de plumas azules del cielo, las que ella recoge y queda embarazada. Los hijos que tuvo con Mixcoatl, en especial Coyolxauhqui (la luna), intentan matarla por haber manchada la memoria del padre. Rodeada en la cima del monte Cuatepec, Coatlicue da a luz a Huitzilopochtli, quien nace adulto y armado, matando a sus hermanos en una gran batalla. Al llegar los españoles, el culto a Coatlicua se transforma, igualándose a la cristiana María en la forma de la Virgen de Guadalupe. Es tan así esto, que el actual emplazamiento de la Basílica de Guadalupe esta sobre un lugar de culto a Coatlicue.


Los mayas tienen otra diosa madre virgen: Ixquic. Cuanta la leyenda que los dioses gemelos Hun-Hunahpú y Vacup-Hunahpú fueron a Xibalbá, el reino subterráneo de la muerte, a jugar a la pelota con los señores de ahí. Los gemelos pierden y son sacrificados, quedando la cabeza de Hun-Hunahpú puesta entre las ramas de una jícara. Entonces Ixquic, hija de Cachumaquic, uno de los señores de Xibalbá, vio la cabeza y comenzó a visitarla periódicamente. Un día, mientras hablaban, la cabeza de Hun-Hunahpú le escupió en la mano a Ixquic, dejándola embarazada. En vista de esto, Ixquic huye al mundo de los vivos y ahí se quedó a vivir junto con Ixmukané, la madre de Hun-Hunahpú, dando a luz a otros dos gemelos: Hunahpú e Ixbalanqué, que de adultos bajaron a Xibalbá y vengaron a su padre.


Una tradición que se mantiene en las regiones andinas del cono sur es el culto a la Pachamama, Madre Tierra de las culturas aimaras y quechuas. El mito habla de que Pachamama era una hermosa joven con dos pretendientes, Pachacámac, señor del cielo, y Wakon o Kon, señor del fuego y los terremotos. Pachamama elige a Pachacámac y Wakon, el dios puma, es desterrado. Pachamama hoy es un símbolo moderno, así como la Gaia europea, pues es la personificación del planeta y los cuidados que se debe hacer a la ecología.


Pasando a la India, podemos ver a Parvati, la diosa que es esposa de Shiva, el Destructor, con el cual concibió a Ganesh, el dios con cabeza de elefante. No obstante, Parvati tiene encarnaciones diferentes y muy importantes. Una de ellas de Durga, la diosa madre y supremo principio del poder femenino, la cual enfrentó y venció al demonio Majishá. Por otro lado, también está su personalidad de destrucción desatada, llamada Kali, la diosa negra y desnuda que viste una falda hecha con brazos y piernas cercenadas, tiene un collar de cráneos y danza sobre el cuerpo de su esposo, Shiva.


En la mitología tradicional china tenemos Nüwa, la diosa madre y benefactora de la humanidad. Se dice que Nüwa fue la creadora del mundo, haciendo un animal por día, siendo los humanos los creados a partir del barro el séptimo día. No obstante, también era la guardiana de los límites del cielo, ya que cuando la pelea entre dos de los dioses más poderosos destruyó una montaña que era uno de los pilares del cielo, ella lo reparó usando las patas de una tortuga gigante, evitando que el reino de los dioses cayera sobre el mundo de los mortales.


La imagen de la diosa madre en Japón es muy determinante, pues tienen a una deidad femenina a la cabeza de su panteón. En efecto, Amaterasu en cierta forma cumple la función de madre, en especial de los emperadores. No obstante, si vamos a la primera diosa madre, tenemos a la ambigua imagen de Izanami. La primera pareja divina del Shinto son Izanagi e Izanami, quienes golpearon el mar con una lanza sagrada para que emergiera una isla de el en la cual vivir. No obstante, en la ceremonia del matrimonio, Izanami habla primero que su esposo, lo cual es un mal augurio y sus primeros hijos nacen deformes. Luego, intuyendo que algo ha salido mal en la ceremonia, la realizan de nuevo y ahora Izanagi habla primero, deshaciendo la maldición. Izanami pare todas las islas del archipiélago de Japón y a una infinidad de deidades, siendo la última de ellas Kagutsuchi, el dios del fuego, que provoca la muerte de su madre. Así, desolado, Izanagi baja al Yomi, el mundo de los muertos, en busca de su esposa, pero ella le dice que no puede salir de ahí, porque había comido del alimento infernal. Entonces, le dice a Izanagi que espere mientras habla con los señores del infierno, pero él no se aguanta y entra a buscarla, encontrándose con Izanami como un cadáver podrido, lo que a ella la humilla de sobremanera y lanza a marabuntas de demonios en contra de Izanagi. Al final ella lo maldice y le dice que cada día matará a mil humanos, a lo que contesta que, de ser así, el creará 1500. Así, en Japón la diosa madre se volvió una diosa de la muerte.


Una mitología completamente moderna es la de la religión Wicca, que se creó a principios del siglo XX. Inspirada en el paganismo celta, nórdico, griego y egipcio, además de las corrientes esotéricas del siglo XIX, tomó conceptos antropológicos y ecologistas para crear una fe pagana moderna que englobara a todas las que la precedieron. Los wiccanos creen en La Diosa triple, íntimamente relacionada con la luna, de la cual todas las demás diosas de las otras religiones son facetas.


Ahora, entre las deidades tolkinianas hay muchos casos que pueden homologarse con la diosa madre, en especial porque Tolkien era un católico practicante y la imagen de María le era muy familiar. No obstante, son dos los casos más claros, siendo uno Varda Elentari, la madre de las estrellas, esposa de Manwë y creadora de las constelaciones. La otra es Yavanna Kementári, la esposa de Aulë, quien fue la creadora de la vida vegetal y animal, incluyendo a los ents.



Como ven, no todo es ternura en la historia de las diosas madres, habiendo aspectos oscuros en esta leyenda, la cual corresponde al arquetipo más antiguo que acompaña nuestra imaginación desde las cavernas. Una diosa que empezó como el ideal femenino de la fertilidad y ha llegado a ser el símbolo del cuidado del medio ambiente.

En el próximo capítulo hablaremos del Sol.

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