martes, diciembre 22, 2015

Historias de Dioses. El Nacimiento de la Fantasía (Parte 5: Dioses Solares)


Decir que el sol es importante en nuestras vidas es sólo redundar, pues es evidente que nuestra vida y toda la que puebla la tierra dependen del astro rey. Por lo mismo, no es para nada raro que los pueblos antiguos hayan personificado al sol como una deidad, transformándose en una de las más importantes de sus respectivos panteones. Y es el sol fue muy importante para la mayoría de los pueblos antiguos, siendo el símbolo del poder, el regulador del tiempo sideral y el dios que con su brillo espantaba a las tinieblas de la noche y a los terribles seres que medran en ellas.

El principal dios solar de las culturas mesopotámicas es Shamash, llamado también Utu por los sumerios. Este dios era hermano de una vieja conocida por nosotros, Inanna, y de Sin, el dios de la Luna. Casado con la diosa del amanecer Sherida, formó una tríade con sus hermanos que fue adorada como los señores del cielo. No obstante, una de las acciones más importantes fue, en su calidad de dios de la justicia, entregar el famoso código legal al rey Hamurabi, el cual terminó siendo inspiración para las leyes mosaicas del antiguo testamento.


Otro que nos suena, pues es muy mencionado en la biblia es Baal, quien fue muy adorado en toda la zona de Palestina, Mesopotamia, Asia Menor y Cartago, donde se le identificó con el dios del fuego Melkart. Se lo representaba principalmente como un guerrero joven o como un toro o becerro (un símbolo típicamente solar en todo Oriente), siendo su esposa Asera, que es una de las tantas encarnaciones de Inanna, a la que en Cartago se la llamó Tanit, la diosa patrona de la ciudad. Según los relatos de la biblia, el culto a Baal fue uno de los que se enfrentó al de Yahveh y tuvo varios adeptos dentro de los israelitas, siendo transformado este dios en un demonio por la religión judía y luego también en la cristiana.


Pero una de las civilizaciones más típicamente solares es Egipto, donde los dioses del sol se encuentran por montones. Ra es en esencia la deidad solar por antonomasia, aunque posiblemente no fuera la primera. Como se dijo en la reseña de los dioses supremos, Ra fue el creador que dio nombre y ser a los otros dioses. No obstante, en cuanto a su función solar, Ra viajaba en su barca por el cuerpo de Nut (el cielo), para luego por las noches pasar a Duat, donde era atacado por la serpiente Apep, la cual era espantada por Horus, otro dios asociado al sol como su guía. Por otro lado, Ra fue asimilado a otras deidades que cumplían una función parecida, como es el caso de Amón, dios patrono de Tebas que en un principio representaba al aire. Otras deidades solares, o aspectos del mismo Ra, son Jepri o Khepri, el dios del amanecer representado como un escarabajo que empuja el disco solar o un hombre con cara de escarabajo, y Jnum, dios con cabeza de carnero, quien era la encarnación del atardecer, además de ser alfarero y protector de las fuentes del nilo y las aguas de Duat.

Ra, Amón, Horus, Jepri y Jnum

No obstante, un dios que causó cierta polémica fue Atum o Atón. Supuestamente un dios muy antiguo, quien fue la primera representación del sol en el Nilo, a Atón se lo mostraba sencillamente como el disco solar, dador de vida y felicidad. Su culto se mantuvo como un dios más dentro del panteón egipcio hasta la ascensión del faraón Amenhotep IV, quien se cambió el nombre a Akenatón y quiso imponer a Atón como único dios. Hoy es recordado Akenatón como el faraón hereje, siendo su revolución monoteísta un fracaso que no sobrevivió a él. Al final, Atón se asimiló con Ra.


Por último, más tardío de todos los anteriores, tenemos a Apis, el toro del sol. Hijo de Isis, la cual fue fecundada por un rayo de sol, era un toro o un hombre con cabeza de toro que llevaba el disco solar entre los cuernos. El culto empezó en Menfis, pero luego pasó a Alejandría en la época de los Ptolomeos, donde se veneraba en la forma de toros reales que cuando morían eran momificados. Del culto a Apis se derivó al de Serapis, quien era la unión entre Apis y Osiris, la cual como deidad de la muerte y la resurrección fue adorada tanto por egipcios, griegos y romanos.


Pasando a los griegos, lo primero que les vendrá a la mente a los hipotéticos lectores es que obviamente tengo que hablar de Apolo, pues es el dios solar de esta civilización. Esto, en realidad es falso. Apolo no era el dios del sol de los griegos, sino el dios de la luz, la belleza masculina, las artes, dador y sanador de enfermedades e inspirador de profecías. Era hijo de Zeus y de Leto, siendo hermano de mellizo de Artemisa, diosa de la caza y los terrenos salvajes. El principal centro del culto a Apolo era su oráculo en Delfos, a donde iban todos los griegos a consultar acerca de su destino, desde los ciudadanos comunes, hasta los gobernantes. En Roma, Apolo fue conocido como Febo.


El verdadero dios solar de Grecia era Helios, quien con su carro tirado por corceles ( o toros, según versiones más antiguas) de melena de fuego cruzaba el cielo cada día. Una de las leyendas más conocidas de este dios es la de su hijo Faetón, quien le pidió a su padre la posibilidad de conducir su carro, ya que había quienes ponían en duda que él fuera hijo del dios sol. A regañadientes, Helios sede y Faetón intenta hacer el recorrido que su padre hace a diario. No obstante, el joven no tiene la pericia suficiente, y baja mucho, quemando bastas zonas que se transforman en el desierto de Libia; o se eleva demasiado, incendiando la bóveda del cielo, de lo cual queda como vestigio la vía láctea. Al final, Zeus debe fulminar al chico con su rayo para evitar que el desastre sea mayor. En Roma, el culto a Helios bajo el nombre de Sol Invictus se hizo muy popular para la época de los emperadores de la dinastía de los Severos, siendo un intento de crear una religión monoteísta para el Imperio.


Pero uno de los dioses más determinantes de la época final del paganismo en el Bajo Imperio Romano es Mitras, un dios exportado de Persia que también es reconocido en el panteón hindú. Mitras era adorado principalmente por soldados, siendo el dios del sol, quien nació de una roca y domó y mató al toro primigenio (un símbolo solar recurrente) en una cueva, por lo cual el culto a este dios se llevaba a cabo en cavernas especiales llamadas Mitreos. Su religión creció en paralelo al cristianismo y fue su competencia directa en esos años; aunque al final el cristianismo ganó y tomó muchas cosas del mitraismo, entre ellas la celebración del 25 de diciembre como el nacimiento de su dios.


Un dios común en todas las tierras habitadas por celtas es Belenus, el resplandeciente, señor del sol y el fuego como fuerza creadora. Su nombre tiene muchas derivaciones en las diferentes zonas en que fue adorado, como por ejemplo Bel, Belli o Beleno. En su honor se celebra una de las fiestas más grande del mundo celta, Beltaine, el primero de mayo, en el cual se santificaba el fuego. Belenus también es conocido por ser uno de los dioses que constantemente es invocado por Asterix y Obelix en sus cómic.


Para los nórdicos, el sol era representado por Balder o Baldr. Hijo de Odín y Frigg, una noche soñó cosas terribles que lo atormentaban, por lo que su madre se dio cuenta de que algo terrible esperaba en el futuro de su hijo, produciendo su muerte. Entonces Frigg pidió a cada una de las cosas de la tierra que le juraran nunca dañar a Balder, cosa que todos aceptan, pues el dios era muy amado. Al único que no le pide nada es al muérdago, pues pensó que sus hojas y tallos eran muy débiles para construir un arma. Fue así que los dioses se divertían lanzando cosas a Balder, no sufriendo éste ningún daño, hasta que Loki, quien era el única que odiaba al dios, hace una flecha de muérdago e insta al hermano de Balder, el ciego Hoðr, a que también participe de la entretención. La flecha de muérdago atraviesa el corazón de Balder y este muere. Por último, Frigg intentó resucitar a su hijo pidiendo a Hel, la reina del inframundo, que se lo devuelva, cosa que esta aceptó sólo con la condición de que todos en la tierra lloraran por Balder. Todos, incluidas las cosas, lloraron por el dios del sol, excepto la giganta Thok, por lo que Balder se quedó muerto. Luego se supo que Thok sólo era Loki disfrazado, por lo que éste sufrió un castigo por sus fechorías.


Ya hemos hablado de los mitos náhuatl y como en ellos Huitzilopochtli era un dios solar y de la guerra, aunque no era en sí “el” dios del sol. En efecto, según la cosmovisión náhuatl, han existido 5 soles, cada uno encarnado por una deidad en particular. El primer sol o Nahui-Océlotl (Cuatro Jaguar), regido por el terrible Tezcatlipoca; el segundo sol o Nahui-Ehécatl (Cuatro Viento), representado por el benevolente Quetzalcóatl; el tercer sol o Nahui-Quiahuitl (Cuatro Lluvia), a cargo de Tláloc, dios de la lluvia; el cuarto sol o Nahui-Atl (Cuatro Agua), regido por Chalchiutlicue, diosa de los lagos y las corrientes; y por último el quinto sol o Nahui-Ollin (Cuatro Movimiento), en que el astro rey es representado por el dios Tonatiuh o Tonatiuhtéotl. Según las diferentes fuentes que se cuentan para este mito, los nombres y dioses de los soles cambian, pero siempre se cuenta que cada era solar termina debido a un gran cataclismo.


Más al sur, en el imperio del Inca, los quechuas y aimaras adoraron a Inti como dios sol. Se trata de un dios benévolo, casado con su hermana Mama Quilla (la luna), con quien engendra al primer inca, Manco Cápac, y a su mujer Mama Uqllu, quienes dieron inicio a la civilización en los valles del Perú y fundaron la ciudad de Cusco. En la actualidad, una de las representaciones de Inti (el disco solar con rayos y una cara humana en su centro) aún es usada en Sudamérica, particularmente en las banderas de Argentina y Uruguay, en las cuales recibe el nombre de Sol de Mayo.


En la India, el dios que representa al sol es Sutra, miembro de una familia de dioses celestiales conocidos como los aditiás, pues todos sol hijos de la diosa Áditi y del iluminado Kashiapa. En los antiguos textos hindús, Sutra es representado como un dios hecho de oro, quien se asocia con otros dos dioses de carácter parecido: Indra, dios del cielo, y Agni, el dios del fuego. Es importante notar que para la mayoría de los hindúes el carro de Sutra (sol) gira alrededor de la tierra y la luna se encuentra mucho más lejos, doblando la distancia que separa el sol de la tierra.


En las leyendas chinas el emperador de oriente, Di Jun, y su esposa Xi He tuvieron diez hijos que se transformaron en soles, los cuales se turnaban para iluminar el mundo. No obstante, un día se aburrieron y decidieron subir todos al mismo tiempo al cielo, lo que causó una gran catástrofe, así que el arquero Hou Yi los fue batiendo uno a uno del cielo hasta que sólo quedó uno. No obstante, este sol es inconstante en su tarea, entreteniéndose demasiado durante su viaje o tardando mucho en salir, así que el Emperador de Jade eligió a un mortal recto, el emperador Yandi, para que se encargara de que el sol cumpliera su tarea como era correcto, acompañándole en su viaje montado sobre un carro tirado por dragones.


De la diosa del sol de Japón ya hemos hablado mucho en estas reseñas, aunque se puede decir más. Cuando el dios padre Izanagi volvió de su fallido intento por rescatar a su esposa Izanami del Yomi (mundo de los muertos), se dirigió a un arrollo para lavarse de la inmundicia con la que había quedado cubierto. En ese momento, de su ojo izquierdo nació una hermosa diosa plena de luz y calor a la que se le dio el nombre de Amaterasu Okami, naciendo también en ese momento sus hermanos Susanoo, dios del mar y las tempestades, y Tzukuyomi, dios de la luna. No obstante, su relación con estos últimos siempre fue compleja, ya que Susanoo sintía envidia de Amaterasu y la insultó matando a sus doncellas, por lo que ocurrió el mentado episodio de su encierro en una cueva y como lo otros dioses la engañan para que salga. En tanto, el comportamiento irracional de Tzukuyomi, quien en un momento de furia mató a la diosa la comida, la llevó a dejar de hablarle. Es por eso que la luna intenta alcanzar al sol y lo logra en contadas ocasiones (eclipses), pero el astro rey siempre se le escapa. Hasta la Segunda Guerra Mundial Amaterasu era considerada la antepasado de los emperadores del Japón, siendo el símbolo de esta deidad el espejo.


Así es como las mitologías han imaginado al sol, siendo en la mayoría de los casos una deidad masculina, asociada con el oro, el fuego, la fertilidad masculina, los toros, entre otros. No obstante, este cuadro se completa sólo cuando vemos a su contraparte, la luna, de la cual hablaremos en el próximo episodio.


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