miércoles, diciembre 30, 2015

Historias de Dioses. El Nacimiento de la Fantasía (Parte 6: Dioses Lunares).


De una forma muy distinta a la de su contrapartida diurna, la luna ha inspirado admiración en los humanos desde que vivíamos en cavernas. Este cuerpo celeste nos fascinó por ser siempre cambiante, brillando en la noche como un gran disco de plata, como una delgada hoz o completamente oscura. Esto en los antiguos evocó los ciclos de la naturaleza, como el embarazo y la vida misma. También ayudó a marcar el paso del tiempo, contándose las lunas (meses) que tiene un sol (año) en su recorrido por las estrellas. No obstante, donde el sol era constante, la luna se manejaba por sus propias reglas de tiempo; así como sol era un iluminador señor de las ciencias, la luna beneficia el misterio y la magia. Hoy hablaremos de los dioses lunares.

A diferencia de su contraparte solar, marcadamente masculina, el ámbito lunar es compartido por ambos sexos, como lo vemos en el dios sumerio Sin o Nannar. Hijo de Enlil y Ninlin, dioses asociados con el cielo y el aire, también fue padre a su vez de Inanna y de Shamash (el sol). Se le representaba como un anciano con una barba azul, como el lapislázuli, montado sobre un toro. Su consorte era Ningal, la diosa de las cañas, y era muy adorado por los pastores.


Así como estaban plagados de dioses soleres, los egipcios también tenían un número considerable de asociados a la luna. Primero tenemos al dios Thoth, cuyo nombre era realmente Dyehuty, a quien se le representaba con la cabeza de un ibis. Era el dios de los escribas y la sabiduría, señor de las ciencias, la magia y creador de las palabras, por lo cual contaba con una enorme popularidad entre los egipcios, un pueblo ante todo culto.


Menos conocido que el anterior es Jonsu, un dios feroz que era un gran cazador y que con sus presas alimentaba a los otros dioses. También se le consideraba señor de la medicina, representándole como un joven momificado o como un dios con cabeza de halcón, portando en ambos casos el disco lunar sobre su cabeza.


Otro del que ya hemos hablado es Min, dios lunar de la fertilidad, llamativo por ser representado como un hombre negro con el pene erecto, lo cual simbolizaba la fertilidad.


No obstante, el dios titular de la luna era Iah, a quien se lo asociaba con la muerte, pues la luna se renueva a lo largo de su ciclo. No obstante, este dios fue siendo desplazado cada vez más por las anteriores deidades nombradas, siendo asimilado a estas definitivamente.


Por su lado, en Grecia tenemos a Selene, quien es realmente la diosa de la luna, aunque a veces se le adjudica este honor a Artemisa. Hermana del dios Helios y de la diosa Aurora (quien presidía el amanecer), esta diosa comenzaba su recorrido por los cielos una vez que su hermano terminaba el suyo, viajando en un carro tirado por bacas blancas. A Selene se le representa como una hermosa joven con la cara muy pálida, túnica blanca y coronada con una medialuna de plata. Tuvo como amante al hermoso pastor Endimión, con quien tuvo 50 hijas y quien fue bendecido con el sueño eterno para que la diosa pudiera cuidarlo y contemplarlo por toda la eternidad.


Como dije antes, así como se confundía a Apolo con Helios, el primero dios de la luz y el segundo del sol, lo mismo pasaba con Artemisa y Selene. Diosa de los terrenos salvajes y la caza, Artemisa, llamada Diana por los romanos, recorría los bosques acompañada por sus perros y sus ninfas. Esta diosa se mantuvo siempre virgen, sintiendo cierta aversión por los hombres. Uno que sufrió de esto fue Acteón, un príncipe tebano que tuvo la osadía de espiar a la diosa mientras se bañaba en un estanque con sus ninfas. Al ser descubierto, Artemisa lo transformó en un ciervo que fue cazado y destrozado por su propia jauría de perros. Otro detalle interesante es que las historias de aquelarres se inspiraron en los cultos que mujeres hacían a Artemisa en los bosques, habiendo registros de ello en varios escritos de preocupados obispos de los primeros años del cristianismo. Luego, más avanzada la Edad Media, Artemisa fue reemplazada por el Diablo y sus adoradoras se transformaron en brujas

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Otra encarnación lunar en Grecia es Hécate, una diosa que fue adoptada por esta civilización, pero que era adorada primeramente por pueblos vecinos de Asia Menor, cobrando luego una gran importancia. Llamada la “Gran Diosa” o diosa triple, pues se presentaba en la forma de la Doncella, la Madre y la Anciana, muy común en los pueblos de raíz indoeuropea. Hécate era la Reina Fantasma, diosa de los muertos que vive en el inframundo, estando relacionada con Perséfone. En cuanto a su carácter lunar, Hécate es la representación de la luna nueva, la magia y la guardiana de los pasos entre este mundo y en otro. Su imagen es una de las que inspiraron la creación de la Diosa del Wicca.


Pasando a los pueblos celtas, encontramos muchas diosas trinas que son muy semejantes a la Hécate griega, como lo es Morrigan, la cual se dividía en sus tres aspectos como Macha, Badb y Nemain, o la misma Brigid. No obstante, muy pocas se asocian literalmente con la luna, a excepción de Arianrhod, una diosa galesa. Conocida como la Señora de la Rueda Plateada, Arianrhod era hija de Dôn (equivalente galés a la diosa Dana) y Beli Mawr (uno de los tantos nombres de Belenus), siendo hermana de los dioses Gwydion y Gilfaethwy. Se dice que la diosa tuvo relaciones con su hermano Gwydion y concibió dos hijos a los que desconoció. Con los años, esta diosa, así como sus parientes de Irlanda, se transformó en hada en los cuentos populares.


Para los nórdicos la luna era representada por el dios Máni, quien se dice era hijo de Mundilfari y Glaur. Acá también se habla de una hermana, quien sería una encarnación del sol, llamada Sól, pero que luego fue desplazada por el culto a Balder. Máni recorría el cielo nocturno en un carro tirado por caballos de plata y era perseguido en todo momento por el lobo Hati, uno de los hijos del lobo Fenrir y que, cuando estaba a punto de alcanzar al dios, producía eclipses.


Ya pasando a Mesoamérica, nos encontramos con los náhuatl, para quienes una de las primeras encarnaciones de la luna es una diosa que ya he mencionado antes: Coyolxauhqui . Su nombre significa “Adornada de Cascabeles” y fue la hija mayor de la pareja formada por los dioses Mixcoatl y Coatlicue. Luego de la muerte del padre de Coyolxauhqui, Coatlicue queda embarazada mágicamente de Huitzilopochtli, por lo que junto con sus 400 hermanos, los dioses de las estrellas Centzon Huitznáhuac, intentan matar a Coatlicue, que se encuentra refugiada en el monte Coutepec. Al final nace Huitzilopochtli adulto y armado con el rayo, con el cual vence a sus hermanos y descuartiza a Coyolxauhqui, por lo que en los relieves de los templos aztecas es representada con el cuerpo desmembrado.


Pero hay otro dios lunar náhuatl llamado Tecciztecatl. Como dije anteriormente, los aztecas creían que habían existido cuatro soles antes del actual, cada uno presidido por un dios en particular. Cuando se extinguió el cuarto sol, los dioses se reunieron a elegir quién de ellos sería el quinto sol, quedando como candidatos el pobre y humilde Nanauatl y el rico Tecciztecatl. Entonces hicieron una hoguera y quien deseara ser el sol, debía sacrificarse en el fuego. Tecciztecatl dudó de la prueba, cosa que no ocurrió con Nanauatl, quien se lanzó de inmediato a la hoguera. Viendo esto, Tecciztecatl le sigue y entonces hubo dos soles. Pero los otros dioses se enfurecieron por la cobardía que mostró Tecciztecatl y le lanzaron un conejo, el cual al chocar con él y quemarse le quitó brillo, pudiendo sólo ser visto de noche  y quedando para siempre marcado con la silueta de un conejo.


Para los quechuas y aimaras, la luna es una diosa llamada Mama Quilla, hermana y esposa del dios del sol, Inti; siendo también la diosa del matrimonio, defensora de las mujeres y patrona del ciclo menstrual. Hay varias leyendas que rodean a Mama Quilla, siendo una la de un zorro que se enamora de ella y sube al cielo para tocarla, siendo abrazado por la diosa con tanta fuerza, que su silueta quedó marcada en la superficie del satélite. También se dice que los eclipses eran producidos cuando un puma o serpiente intentaba devorar a la diosa, por lo que la gente lanzaba flechas al aire y hacía ruido para espantar al animal. Mama Quilla es la madre del primer Inca y fue servida en sus templos por sacerdotisas.


Saltándonos a la India, nos encontramos con el psicodélico dios Chandra, quien es representado como un hermoso joven que va montado en un carro tirado por caballos o antílopes. No obstante, uno de los datos más interesantes es que también está asociado con el soma, un narcótico usado en las ceremonias mágico-religiosas de los hindúes y del cual existe un absoluto desconocimiento acerca de qué tipo de droga era y de donde se extraía. En la actualidad existen varias teorías, pero la verdad es que sólo se pueden hacer conjeturas basadas en las descripciones de los textos védicos.


En China la luna vuelve a ser femenina, representada por la hermosa diosa Chang’e. Según la leyenda de los 10 soles, la cual conté en el artículo anterior, Houyi el arquero derribó a 9 de los diez soles, dejando a este último para que cumpliera su función de manera correcta, pero el padre de los soles maldijo a Houyi y a su esposa, Chang’e, volviéndoles mortales. Con el tiempo, Houyi buscó la manera de volver de nuevo a ser inmortales, encontrándola en una píldora que le entrega la Emperatriz del Oeste. No obstante, cuando llega a casa, deja la píldora en un cajón y se va, no explicándole a Chang’e de qué se trataba, por lo que ella , curiosa, abrió la caja. Estaba en eso cuando vuelve su marido y, asustada, se toma la píldora. Chang’e de inmediato comienza a flotar y a brillar, debido a la sobredosis, pues sólo necesitaba la mitad de la píldora para ser inmortal. Houyi pensó en derribarla con una de sus flechas, pero fue incapaz de disparar a su esposa, por la que esta llegó a la luna, donde se quedó a vivir. Ahí, la única compañía de la diosa es un conejo que prepara elíxires y cuya sombra se ve en la luna. Hoy el programa de exploración lunar del gobierno chino se llama Chang’e.


En la fe shinto de Japón el dios de la luna es Tsukuyomi, hermano de la diosa solar Amaterasu y del dios de las tempestades Susanoo. Fue muy apegado a su hermana mayor, viviendo con ella en el reino celestial de Takagamahara. No obstante, un día en que estaba ebrio, montó en cólera porque la diosa de la comida. Uke Mochi, le ofreció un banquete que sacó de su propio cuerpo y la asesinó, emergiendo del cadáver de Uke Mochi los alimentos más importantes para los humanos (de sus ojos salió el arroz, de sus orejas el mijo, de su vagina el trigo, de su nariz las judías y de su ano la soja). Lo anterior enfureció a Ameterasu, que decidió no hablarle ni verlo nunca más. Por ello el sol se aleja de la luna en el cielo y cuando lo alcanza, Amaterazu quema con su calor la faz de su hermano, volviéndola negra y obligándole a dejarla ir.


Por último, como dije anteriormente, la Diosa adorada por la religión Wicca no solo es la Madre Tierra, sino que tiene más elementos en común con las deidades lunares. La Diosa tiene tres aspectos, siendo doncella, madre y anciana; rige el ciclo menstrual de las mujeres y su símbolo tiene clara representaciones lunares. En resumen, es una oda al sincretismo religioso.


Obviamente, la luna en las diferentes mitologías es un complemento del sol, siendo los mitos de deidades lunares y solares inseparables. Estos dos astros son los que regulan nuestro tiempo y nuestras funciones biológicas, por lo tanto era imposible que no fueran deificados por los pueblos antiguos.

Para el próximo capítulo conoceremos los dioses del mar.

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