sábado, diciembre 12, 2015

Historias de Dioses. El Nacimiento de la Fantasía (Parte 2: Dioses de Guerra)


Anteayer hablamos de los dioses supremos de diferentes panteones alrededor del mundo, dejando planteado que para la próxima entrega hablaríamos acerca de los dioses de la guerra, lo cual haremos ahora.

Este es uno de los tópicos más interesantes cuando hablamos de mitología y la asociamos a la idiosincrasia de los pueblos que la idearon, pues denota la visión que poseen de la guerra y su valoración moral. Si bien todo pueblo que ha querido formar una nación sobre la faz de la tierra en algún momento de su historia ha sufrido de guerras, hay algunos que le dan al conflicto un halo idealización que para otros es ajeno.
Empecemos por las más antiguas culturas del medio oriente. Los sumerios, quienes podrían ser los primeros inventores de la escritura, tenían una diosa que cumplía una extraña doble función, ser patrona del deseo y placer sexual, además de la guerra. Inanna fue la diosa patrona de la ciudad de Uruk, de la cual se decía era hija de los dioses lunares Nannar y Ningal y hermana gemela del dios solar Uto. A Inanna se la representa como una hermosa mujer alada con los pies de un ave de presa, o sólo como una estrella de 8 puntas que está asociada con Venus. De entre sus muchos mitos, uno de los más conocidos es su descenso al Inframundo, llamado Irkalla por los sumerios. Ahí intentó hacerse del reino, pero fue vencida por su hermana Ereshkigal, quien la mata, provocando que en el mundo nadie sienta deseo de aparearse. Viendo la posibilidad de una catástrofe, el dios Enki engaña a Ereshkigal para que le devuelva el cadáver de Inanna y poder resucitarla. No obstante, Ereshkigal se cobra un precio por el engaño y hace que Dumuzi, el dios pastor amado de Inanna ocupe su lugar en Irkalla. Este mito fue variando a lo largo de los siglos, siendo adoptadas por otros pueblos, como en el caso de los fenicios Ishtar y Tammuz o los griegos Venus y Adonis.


En los mitos de Egipto también la guerra tenía connotaciones femeninas. Había varias diosas que representaban el belicismo, pero al final la mayoría fueron asimiladas con Sekhmet o Sejmeth, la diosa con cabeza de leona, hija del supremo Ra y esposa de Ptah, dios del conocimiento. Para los egipcios se trataba de una diosa de furia terrible, que se solazaba en las matanzas y que castigaba a quienes ofendían a Ra. No obstante, cuando se la aplacaba, les daba a sus adoradores la fuerza para vencer a sus enemigos. Era una diosa más temida que amada, lo cual demuestra la postura más pacifista de la civilización del Nilo.


Pasando a los griegos, su visión de la guerra es ambivalente, contando con dos deidades asociadas con lo bélico. La más popular es Atenea, quien también era patrona de las ciencias. Cuenta el mito que la primera esposa de Zeus fue la titánide Metis, a quien Zeus devora cuando se le profetiza que uno de los hijos que engendre con ella le quitará su trono. No obstante, Metis ya estaba embarazada, por lo que en su momento Zeus comenzó a sufrir un fuerte dolor de cabeza que le llevó a pedirle a Hefestos que le abriera la cabeza con un hacha. El dios herrero hace caso al rey de los dioses y de la cabeza de este último emerge Atenea ya adulta y completamente armada. A pesar de ser descrita como una diosa bella (aunque sus estatuas la representan algo masculina) la patrona de la ciudad de Atenas se mantuvo siempre virgen, siendo la diosa de los constructores, filósofos, artesanos, ingenieros, inventores de todo tipo y de los estrategas militares, pues era una diosa guerrera que se imponía a través de la inteligencia y no de la fuerza bruta.


Todo lo contrario era el medio hermano de la anterior, Ares. Hijo de Zeus y de su esposa-hermana Hera, Ares era un bruto adicto a la masacre que no contaba con la estima de los griegos. No obstante, también representaba la suprema virilidad, lo cual lo llevó a ser amante de Afrodita, el máximo principio femenino. En el campo de batalla se hacía acompañar por un montón de deidades menores terribles entre las cuales se cuentan sus hijos Fobos (terror) y Deimos (dolor), sus hermanas Enio (violencia) y Eris (discordia), y por los espíritus de guerra femeninos conocidos como las Makhas, entre las que tenemos a Cidoimos (confusión), Homados (fragor de la batalla), Alala (grito de guerra), Proioxis (embestida) y  Palioxis (retirada). Un detalle importante de notar acerca de Ares en Grecia es que sólo era tenido en consideración en Esparta, ya que en el resto de Hélade a penas se le rendía culto.


Ahora, cuando los romanos entraron en contacto con los helenos tomaron a Ares y lo identificaron con su propia deidad bélica, Marte. No obstante, contrario a lo que se piensa comúnmente, no es que Marte sólo fuera Ares con otro nombre, sino que se trataba de una antigua divinidad que era adorada en varias ciudades de la península, teniendo su origen en el Maris de los etruscos y sumando a sus atributos el de dios de la agricultura. Para los romanos era su antepasado, ya que fue él quien embarazó a una vestal de la ciudad de Alba de la cual nacieron los gemelos Rómulo y Remo, siendo el primero de ellos adorado por los romanos con el nombre de Quirino. El templo de Marte en la Ciudad Eterna era uno de los más importante y sus sacerdotes, llamados salios, realizaban un ritual de danza guerrera cada vez que los romanos iban a la guerra.


En el caso de los celtas, como la mayoría de sus los pueblos guerreros, casi todos sus dioses eran aficionados a las batallas. Sin embargo, como deidad de la guerra propiamente tal tenemos a Morrigan, “La Reina Fantasma”, quien se presentaba en los campos de batalla en la forma de un cuervo y le daba la victoria al bando que su capricho favorecía. Morrigan, como la Inanna sumeria, era también la diosa del deseo sexual, mostrándose como una diosa trinitaria, con los aspectos de la doncella, la madre y la anciana. Durante la fiesta de samhain, que dio origen al actual halloween, se celebraba la unión de Morrigan con el dios padre Dagda, como símbolo de renovación y fertilidad.


Y si hablamos del pueblo que representa el ideal guerrero por antonomasia, esos son los nórdicos, donde sus dioses eran guerreros en su mayoría que vivían preparándose para la batalla del fin del mundo. No obstante, la más grande de todas las deidades guerreras del norte es Thor, el hijo de Odín y la diosa Jörð, señor del rayo, la agricultura, la justicia, la fuerza y la guerra. Se le describe como un alto y fuerte guerrero que va armado con su martillo de guerra llamado Mjolnir y montado en un carro tirado por carneros. Las leyendas acerca de él son variadas, hablando siempre de su fuerza, furia, valor y sentido de la justicia; estando acechado por su némesis, la gigantesca serpiente de Midgard, con la cual se enfrentaría en el Ragnarok de forma definitiva. En la actualidad la imagen de este dios está influenciada por los comic de Marvel y las películas basadas en ellos, pero esta dista mucho de lo que en realidad nos cuentan los mitos originales, en los cuales Thor se movía en la frontera entre el héroe legendario y el guerrero sediento de sangre y matanza.


Otro pueblo igual de violento que los nórdicos, pero mucho más avanzados, son los méxicas, quienes dieron origen al imperio al que hoy llamamos aztecas. El principal dios guerrero de esta civilización era Huitzilopochtli, la encarnación del sol. Hijo de la diosa de la tierra Coatlicue, la que quedó embarazada cuando del cielo cayó una bola de plumas azules en el momento en que barría su templo. Como Coatlicue era viuda, su hija mayor Coyolxauhqui (la luna) instigó a sus 400 hermanos, los señores estelares Centzonhuitznahua, a perseguir a la madre y matarla por haber ensuciado la memoria de su padre. Al final, todos cercan a Coatlicue en un monte cuando ésta está sufriendo dolores de parto, naciendo al final Huitzilopochtli, completamente desarrollado y armado. Para enfrentar a sus hermanos, el dios del sol toma a la serpiente de fuego Xiuhcoatl (el rayo) y se confecciona un hacha, masacrando con ella a sus hermanos y descuartizando a Coyolxauhqui. Esta era la representación alegórica del amanecer para los náhuatl, en que el sol vence a la luna y las estrellas y los exilia del cielo.


Y en América también tenemos dioses de la guerra que favorecen otro aspecto totalmente discordante. Este es el caso del maya Ek Chuah, quien era al mismo tiempo dios de la guerra, del comercio ambulante y del cacao. Se le representaba como un guerrero con la piel pintada de negro, con el labio inferior colgante y con un fardo de mercancías. Un dios malévolo en la guerra y propicio en el comercio.


Por su lado, los incas no mostraron una especial devoción por la guerra y sus dioses; aunque si buscamos, podríamos considerar como tal a Illapa, señor del trueno, el rayo y las lluvias. Se decía que el rayo era el resplandor de sus vestidos al moverse por los cielos y que el trueno se producía por el ruido de un cántaro que Illapa rompía con una masa para hacer que lloviera. Cuando llegaron los españoles, identificaron  este dios con su santo nacional Santiago, el que también hacía sonar el rayo cuando cabalgaba entre las nubes.


En la India el dios guerrero por excelencia es Karttikeya, el hijo del dios de la destrucción Shiva. Dice la leyenda que esta deidad nació cuando el flujo de semen del Shiva cayó en el fuego, calentándose tanto que sólo Agni, dios del fuego, pudo tocarlo y depositarlo en el rio Ganges, naciendo de él Karttikeye sin tener madre. De pequeño, el dios fue alimentado por seis ninfas de sus pechos al mismo tiempo, por lo que el bebé debió de crear cinco cabezas extras para poder hacerlo. Este dios de la guerra es representado con sus seis cabezas, armado con lanza y montado sobre un pavo real.


China y Corea comparten el mismo dios guerrero, siendo este Chi You. Al parecer se trata de una persona que fue elevada al nivel de dios, siendo el rey de un pueblo llamado miao, que se enfrentó con el Emperador Amarillo Huangdi, siendo vencedor este último. No obstante, las habilidades de general de Chi You lo llevaron a unirse a los inmortales como dios de la guerra, el cual ha sido adorado desde entonces en esas tierras. No se puede asegurar si su existencia fue un hecho histórico real, pero Chi You es uno de los tantos casos en la cosmovisión china en que un mortal alcanza la categoría de deidad.


En la fe shinto de Japón el señor de la guerra es Hachiman, que como su contraparte china parece estar basado en un personaje real, posiblemente en el decimoquinto emperador de Japón, Ōjin Tennō, quien vivió hacia el siglo IV D.C. y que, según la leyenda, vivió 110 años. Este dios es venerado también como patrono de la agricultura y guardián de la felicidad y bienestar de Japón. Conocido como “El Dios de los 8 Estandartes”, el símbolo de Hachiman es la paloma.en el budismo japonés también se rinde culto a Hachiman como un importante Bodhisattva.


Viajemos desde los reinos humanos del pasado a una era muy antiquísima, antes de que estos existieran; a la Edad Hiboria. Gracias a la ficción creada por el escritor Robert E. Howard, conocemos a Crom, el dios adorado por los cimmerios, al pueblo al que pertenece el famoso bárbaro Conan. Siendo una deidad oscura que observa a su pueblo desde la montaña, es él quien insufla valor en los corazones de los guerreros. Además de esto, este dios no hace nada más, porque ayudar de otra forma no le interesa, haciendo caso sólo a quienes tienen tenacidad para seguir luchando.


Por su lado, Tolkien, quien tomó inspiración del anterior autor, creo a los valar, los señores de la Tierra Media, entre quienes se encuentra Tulkas, el mejor guerrero. Llamado también El luchador, El Valiente o Astaldo, fue uno de los últimos valar en llegar a Arda y se enfrentó a Morgoth, llevándole encadenado ante los otros valar. Tulkas no necesita de armas más que sus manos y no monta caballos, porque ningún animal es más rápido que él.


Por último, en la saga “Canción de Hielo y Fuego” de George R. R. Martin, la principal religión en los reinos de Poniente es la Fe de los 7, que sostiene que existe un solo dios que se divide en siete facetas arquetípicas, siendo una de estas el Guerrero, quien representa la fuerza y valentía en batalla.


Estas son las principales deidades de la guerra que las mitologías han creado, y si las miramos con detención podemos ver ciertos detalles que son muy llamativos. En primer lugar, a diferencia de los dioses supremos, que en su mayoría son hombres, acá la cosa está más repartida, siendo interesante esa doble asociación que diosas como Inanna y Morrigan tienen con el sexo, cosa que también ocurre en los griegos, pero de manera diferente, ya que Ares está asociado siempre con su amante, afrodita; guerra y sexo. Además, estos dioses por lo general han sido más temidos que amados en aquellos lugares donde se tuvo una vocación más pacifista.

Y si hemos hablado de los dioses de la guerra, también deberíamos hacer una revisión de los las deidades del amor, la fertilidad y el sexo. Pero esto será en el próximo capítulo. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario