lunes, enero 11, 2016

Adiós al Hombre que Vendió el Mundo


La verdad es que hoy tengo esa maldita sensación de: “¿Qué mierda está pasando?”. Hace un par de semanas me tocó hablarles del sensible fallecimiento de uno de los monstruos del rock, Lemmy Kilmister; ayer me lamentaba por la partida del icono del terror ochentero Angus Scrimm, y hoy, como si hubiera sido un gancho directo a mi quijada, me entero de la muerte de David Bowie.

A veces uno piensa que los artistas son tan especiales como para sufrir de los mismos males que el resto de nosotros. Pero llega el momento en que nos damos cuenta de que son tan mortales como todos y que pueden morir, como en el caso de David Bowie.


Conocido como el Duque Blanco, aunque tenía una infinidad de alter egos, Bowie fue un camaleón cuyo verdadero nombre era David Robert Jones, y se le considera uno de los artistas pop más importantes, talentosos y originales del pasado siglo XX y de lo que llevamos del actual. Hoy nos hemos acostumbrado a asociar el pop con un género desechable donde se fabrican estrellas artificiales, pero hace 50 años era un campo de pruebas para ideas novedosas, en lo cual Bowie fue un prócer. En la época en que el rock se volvió experimental, él fue uno de los que sacó discos conceptuales, que nos contaban las historias de los extraños y fascinantes personajes que él encarnó.


Pero este histrionismo no se quedó relegado sólo a los escenarios de conciertos, sino también llegó al cine. Es así como Bowie tuvo una destacada carrera como actor, dándoles a sus personajes un toque atractivo y al mismo tiempo perturbador. Recordemos que fue el amante de una vampira obsesionado con su deterioro en “The Hunger”, Jared el Rey de los Duendes en “Laberinto”, Poncio Pilatos en “La Última Tentación de Cristo”, Andy Warhol en “Basquiet” y muchos otros, incluyéndose a sí mismo, pues él en sí era todo un personaje.


La muerte de David Bowie significa que otra gran estrella se apaga, legándonos la luz de su enorme obra, que llega incluso hasta los últimos días de su existencia, pues sólo la semana pasada había presentado su último disco “Blackstar”, siendo su primer sencillo “Lazarus”, cuyo videoclip y letra nos muestra que él sabía que estaba viviendo sus últimos días.



Bowie fue el hombre que vendió al mundo, y lo hizo a cambio de su enorme talento, lo que resultó un negocio redondo para todos nosotros, los que disfrutamos de su arte.



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