lunes, enero 11, 2016

Bohemian Rhapsody

Por Luthien Akallabêth 

Nota: Antes de empezar, dale play al vídeo y escucha la canción a medida que vas leyendo.




¿Era esta la vida real? ¿O la fantasía?
Me siento atrapado en un derrumbe, sin escape a la realidad. Abres tus ojos, miras al cielo y me vez. Un pobre chico que no necesita de tu compasión.
Porque se va y viene, alto y bajo… en cualquier dirección que sople el viento… realmente ya no es importante para mí.


Madre:

He matado a un hombre. Puse una pistola en su cabeza, tire del gatillo y ahora está muerto.
Mamá, pensé que mi vida había empezado, pero ahora tengo que irme y dejarlo todo. ¡Oh Mamá! No quiero hacerte llorar con mis palabras, pero si no vuelvo mañana, por favor sigue adelante. Sigue adelante como si realmente importara. Es muy tarde, ha llegado mi tiempo… escalofríos bajan por mi espalda, siento dolor todo el tiempo. Adiós a todos, debo partir, dejarlos atrás y enfrentar la verdad.
¡Mamá! ¡No quiero morir! ¡Desearía no haber nacido nunca!

Puedo verlo. Allí, en un rincón de la habitación mirándome. La silueta de un pequeño hombre que me mira burlesco.
Scaramouche, Scaramouche…
Y esas voces incesantes que resuenan como rayos y truenos. Y me asustan. Me asustan mucho.
Galileo… Galileo…
Solo soy un pobre muchacho, nadie me ama… las voces siguen ahí gritándome, apaleándome con su ensordecedora potencia, y me encojo más y más intentando escapar.
Solo soy un pobre muchacho, nadie me ama…
¡Es solo un pobre muchacho, de una pobre familia! ¡Liberen de su vida esta monstruosidad!
Fácil viene, fácil se va… ¿Me dejarán ir?
¡Bismilah! ¡No! ¡No te dejaremos ir!... ¡Déjenlo ir!... ¡Bismilah! ¡No te dejaremos ir!... ¡Déjenlo ir! ¡Bismilah! ¡Nunca te dejaremos ir! ¡Déjenlo ir!
¡No, no, no, no, no!
¡Ah Madre mía! ¡Déjame ir! ¡Belcebú ha puesto un demonio junto a mí! ¡Junto a mí!

¿Creen que pueden apedrearme y escupirme en los ojos? ¿Creen que pueden amarme y dejarme morir? Oh queridos, no pueden hacerme esto queridos…
¡Solo debo salir!
 ¡¡Solo tengo que salir de aquí!!

- Hey… mira, otra vez está escribiendo como poseído.

- ¿Otra vez? Maldito infeliz… si hace una hora le dieron su medicamento – se cruzó de brazos mientras se inclinaba para observar mejor por la ventanilla de la habitación. Un grueso vidrio de seguridad que dejaba ver el interior de una habitación blanca.

- Este está perdido. Ya ni la medicina le hace efecto… Siempre escribiendo cartas como si estuviera poseído por el demonio…- el otro se rió por lo bajo.

- ¡Ustedes! ¿Qué están haciendo fuera de sus obligaciones? ¿No se supone que deberían estar vigilando la sala común?

- ¡S-Si Doctor! – Dijeron atropelladamente al unísono antes de echar a correr en dirección a la sala común, pasando por los pasillos de pacientes peligrosos.

- Enfermera… - Dijo el Doctor a una joven mujer que se encontraba llenando papeleo en una de las estaciones del piso de psiquiatría, apoyada sobre el mesón. La aludida levantó la cabeza, solícita a las indicaciones del Doctor – Quiero ver el informe médico de este muchacho…

La enfermera, con una experticia que sólo el tiempo y el esfuerzo daba, encontró rápidamente el expediente médico del joven, sacando de él unos papeles, estos eran los más recientes, pues dentro del expediente se podían apreciar algunas hojas amarillentas.
El Doctor leyó los papeles con atención. Diagnóstico: Esquizofrenia de tipo Bipolar. Psicosis. Trastornos depresivos. Esquizofrenia Paranoide.
El Doctor se pasó una mano por la frente y los ojos. Ese chico estaba jodido.

- Enfermera… ¿Ha recibido visitas ese paciente? ¿Sus padres? ¿Algún amigo?

- Ninguna visita Doctor. Ese joven lleva aquí desde mucho antes de que yo entrara. Me parece que lo trasladaron desde la unidad pediátrica en su momento. Pero nunca ha recibido visitas… Creo que sus padres…

- Ah sí… - El Doctor leyó con atención los datos del paciente, deteniéndose en su apellido – Recuerdo el caso de este muchacho… y la muerte de sus padres. Todo muy extraño, no siguieron la investigación del caso, solo encontraron al niño con la pistola… al padre tirado en el piso y a su madre gritando. Por lo que dice el historial médico, está aquí desde entonces.

- La madre del muchacho se suicidó… salió en todos los periódicos, Doctor – Acotó la enfermera – Pero siempre que me toca hacer el turno de noche, lo escucho llamar a su Madre. Probablemente él no lo sabe.

- Y mejor que no lo sepa… - Sentenció el Doctor. Ambos compartieron una mirada de entendimiento. Él joven ya no se encontraba en la realidad y simplemente se dejaba acompañar por sus delirios. Ambos dejaron de ponerle atención al muchacho que seguía en su habitación, ahora más tranquilo y siguieron en sus rondas por el psiquiátrico.

Escucho como esos idiotas hablan de mí.
No tienen idea de lo lucido que puedo estar a veces… fácil viene, fácil se va, fácil viene, fácil se va.
Había esperado este día con ansias. Las cosas son insostenibles entre la figura del pequeño hombre y yo, las voces atronadoras ya no me dejan en paz, y estoy segura que eso que siento por las noches es la presencia del demonio que viene a buscarme por lo que hice.
El bastardo de mi padre puede que me espere en el infierno, pero con gusto me enfrentaré a él una vez más.

Con mucho cuidado, enterró la punta del lápiz en un costado del colchón de su austera cama de psiquiátrico. En una de las esquinas había un pequeño escondrijo, del cual cayeron un infinito número de pastillas, todas de colores brillantes y con un brillo tentador. Debía haber unas quinientas pastillas. Era una locura… pero de nuevo, quizás era algo común aquí, a fin de cuentas… era un psiquiátrico.
Y como si fuesen caramelos, uno a uno se fue tragando las pastillas.
Quien sabe que sucedería, a lo mejor lo descubrían y lograban detenerlo. A lo mejor el muchacho lo conseguía. Pronto los caramelos desaparecieron y solo se dejó caer al piso cuando los primeros espasmos comenzaron.
Y sonrió. Luego de muchos años, sonrió.

Nada importa realmente, todos lo pueden ver…
Nada importa realmente… ya nada me importa realmente….
En cualquier dirección que sople el viento…


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