lunes, enero 25, 2016

De 1 a 10 ¿Qué tan Estúpido es?: Mesías Fascista


El fascismo es un mal del siglo XX que afectó con especial saña al mundo hispanoamericano, donde este burdo intento de seudo ideología generó algunas de las dictaduras más despiadadas de nuestra historia. Las heridas que estos gobiernos de facto dejaron en nuestros pueblos aún están abiertas, principalmente en la forma de gente que desapareció forzosamente y de la que nunca más se supo, otros torturados, muchos desterrados y todo el odio que dejaron enquistado en el corazón de muchos.
No obstante, cuando la gente comienza a sentirse descontenta del sistema democrático, ya sea por problemas reales como la corrupción, o sencillamente por ese gusto mezquino de vociferar reclamos sin sentido, no faltan quienes comienzan a hacer patente su añoranza por los años en que las botas pisoteaban todo. Tanto en internet como a viva voz, aparece gente que quiere retrotraer todo a esos tiempos de orden obligado, donde todos debíamos ser felices, amables y buenos cristianos a punta de fusil. Estos anhelos del gris embrujo del fascismo conllevan el enaltecimiento de la imagen de unos líderes funestos que se pensaban elegidos por dios para regir los destinos de millones con mano de hierro.

Debido a lo anterior se ha creado una especia de mesías fascista, que cambia de encarnación según el país que escojamos como ejemplo, aunque tienen varias características en común. No obstante, acá hay que advertir que los fascistas de lengua hispánica (y también los que hablan portugués) tienen un patrón común que es aplicable sólo a ellos. Si bien Hitler y Mussolini son una inspiración para nuestros dictadores de derecha, no son el parámetro con el cual pueden ser comparados o medidos. Principalmente, los fascistas iberoamericanos son militares de profesión, que nunca en su vida tuvieron otro interés más allá de las armas, por lo que también son bastante pobres intelectualmente. Otro detalle es su catolicismo casi enfermizo, arguyendo que fue dios quien los puso en el gobierno, lo que obviamente era para ellos más importante que la voluntad popular. Por último, y no menos importante, son seres sumamente vanidosos, que buscaron adjudicarse títulos importantes y mostrarse como hombres probos y entregados a su patria, cuando al final resultaron siendo brutos insufribles y ladrones de poca monta.


Hay muchos ejemplos que podemos tomar de entre nuestra fauna de tiranos, pero haremos un repaso de los más representativos.
El que marcó el camino para todos los suramericanos es el pechoño caudillo de los españoles, general Francisco Franco, el cual aún es añorado por algunos que saludan con el brazo en alto. Para los que solo les suena, Franco fue un santurrón hipócrita que disfrazó sus deseos de poder con el deber de salvar su nación. Contextualizando, España debió aguantar dos siglos de reinado de la Casa de Borbón que la dejó como una de las naciones más atrasadas de Europa, con hambruna en los campos y un dominio de la iglesia sobre las vidas de las personas que era cuasi medieval. Entonces vino la República y nuevos aires llegaron para los agobiados españoles, consiguiendo reformar que eran adelantadas en para esa época, cosa que no agradó a la oligarquía y a la iglesia. Así, un grupo de generales decidió rescatar a España de la modernidad republicana y traerla nuevamente a toda su gloria medieval, por lo que intentaron hacer un golpe de estado que fracasó y devino en una guerra en contra de su propio pueblo.

Milicianos Republicanos en la Guerra Civil Española
En este escenario es que Franco da un paso al frente, siendo un cadete que tuvo una carrera muy deficiente en la academia militar, pero que se hizo de un nombre en las campañas del norte de África y ascendió meteóricamente por ello. A pesar de no ser la principal personalidad de los traidores, supo manipularlos a todos para quedar como Jefe de Estado, puesto en el cual se enquistó por casi 40 años. Genocida, bruto, fantoche, santurrón insufrible, hombre de pocas luces intelectuales pero astuto y vanidoso son los conceptos asociados a Franco. Se pasó toda su dictadura firmando sentencias de muerte, culpando a judíos, comunistas y masones de los problemas de España y creando un culto en torno a su personalidad. Era tal su ambición que cuando se dio cuenta de que no gobernaría por siempre, decidió que sólo podía ser sucedido por un rey, así que decidió reinstaurar a un Bobón en el poder, con la esperanza vana de que esto eternice el fascismo. Nunca se imaginó Franco que Juan Carlos haría reformas para que su país volviera  contar con un sistema democrático.


Vamos a Paraguay, donde tuvieron que sufrir los desvaríos de grandeza de Alfredo Stroessner, quien gobernó el país durante 35 años. Nuevamente nos encontramos con el típico militar cuartelero, apoyado por fuerzas conservadores y fanático anticomunista. Stroessner fue una especie de padrino para sus otros colegas sudamericanos, quienes lo tomaron como un ejemplo. Haciendo una farsa de la democracia, el dictador forzó su reelección una y otra vez en votaciones arregladas donde se perdió hasta la mínima vergüenza, siendo elegido en una ocasión con el 88.8% de los votos. Su gobierno fue una mezcla entre dictadura y mafia, en todo momento apoyado por los Estados Unidos, quienes debido a su enfrentamiento con Rusia, olvidaron totalmente eso de “La Cruzada por la Democracia” y solventaron a las dictaduras de derecha para que aplastaran la amenaza roja. Al final Stroessner resultó un ladronzuelo más de poca monta, quien fue derrocado, paradojalmente, por un golpe de estado y que murió exiliado en Brasil.


Este del que hablaré ahora lo conozco de primera mano. En 1970 Chile elige Presidente a Salvador Allende, el primer marxista que llega al poder democráticamente en el mundo, lo que vuelve locos a ambos bandos de la Guerra Fría, porque rompía con el estereotipo imperante. Al final, con la ayuda de los Estados Unidos y la indiferencia de la U.R.S.S., las tres ramas de las fuerzas armadas chilenas dieron un cruento golpe de estado, lo cual fue el inicio de una brutal dictadura que duraría 17 años. Si bien no fue el que ideó el levantamiento, el general comandante en jefe del Ejército, Augusto Pinochet, fue el que tomó desde un principio la voz cantante, a pesar de que antes fuera considerado un general leal al gobierno democrático y tenido en alta estima por el presidente Allende. Ya instalado en el poder, Pinochet y sus secuaces instauraron el reinado del terror avalado por una teoría estúpida de la guerra interna, gracias a la cual abundaron las desapariciones, asesinatos y torturas, prácticas que fueron exportadas a sus gobiernos homólogos del extranjero. Pinochet fue otro ladronzuelo con cuentas secretas en el extranjero, pero no fue tan astuto como él creía, pues pierde un plebiscito que pensaba que estaría arreglado y debe dejar el poder. Siguió siendo general por varios años, pasando luego a ser senador vitalicio; pero también sufrió un presidio inesperado en Londres debido a una orden de detención emanada de un juez español debido a crímenes de lesa humanidad, del cual libró solicitando clemencia por su avanzada edad y enfermedades. Para vergüenza de todos los chilenos, Pinochet murió tranquilamente sin tener que pagar por ninguno de sus muchos crímenes.


Un caso aparte es el de Argentina, donde un golpe de estado cívico militar depuso el gobierno de la viuda del general Domingo Perón, María Estela Martínez, comenzando una dictadura que se autodefinió con el eufemismo de Proceso de Reorganización Nacional, el cual duró desde 1976 a 1983, que a pesar de ser la de menos duración, también se cuenta como la dictadura más cruenta y bárbara de esta parte del mundo. A su haber se cuenta secuestros, torturas, el lanzamientos de prisioneros desde helicóptero con peso en los pies al Río de la Plata, la apropiación ilegal de recién nacidos y, quizá lo más descabellado, una guerra contra una potencia militar que inevitablemente iba a terminar mal. Y por si todo lo anterior fuera poco, a falta de un dictador, los argentinos tuvieron que soportar a cuatro; cuál de todos más insufrible. Tenemos al santurrón e incompetente Jorge Rafael Videla, a Roberto Eduardo Viola, al megalómano nacionalista Leopoldo Fortunato Galtieri y a Reynaldo Bignone, a quien no le quedó más que devolver el gobierno a un presidente democráticamente elegido después de siete años de régimen desastroso en todos los sentidos. Algo que habla a favor de los argentinos y de lo que se pueden sentir orgullosos es que fueron capaces de llevar a estos criminales a la justicia y ponerlos tras las rejas.


El problema es que las anteriores solo son algunos ejemplos de nuestros tiranos, pues en la segunda mitad del siglo XX tuvimos que soportarlos constantemente. En Perú tuvieron a Velazco Alvarado y a Morales Bermúdez; en Uruguay a Bordaberry, Demicheli, Méndez y Álvarez (los tres primeros civiles); Banzer en Bolivia, Rodríguez Lara en ecuador y Castelo Blanco, Da Costa e Silva, Garrastuza Médici, Geisel y Figueiredo en Brasil. Todo un ramillete de tiranos.


El problema que me lleva a traer a la memoria las historias de estos sujetos despreciables es que con los años muchos olvidan lo que hicieron y lo malo que fue estar bajo su gobierno, habiendo quienes que piensan que sería maravilloso que nos olvidemos de elecciones y le entreguemos el poder absoluto a estos soberanos-salvadores para que nos lleven por el recto camino. Algunos justifican que en dictadura no había delincuencia ni corrupción, cuando la verdad es que éstas eran ejercidas por la gente de uniforme. Nuestras dictaduras no fueron una utopía del orden y el buen gobierno, sino épocas oscuras de nuestra historia, donde no había seguridad, en los cuales llegaban oscuros agentes por la noche a hacer desaparecer a nuestros seres queridos.


Pero… me parece escuchar… ¿Y Cuba? ¿Chávez y Maduro?… ¿Corea del Norte?… ¿Stalin? Pues esos son unos hijos de puta muy grandes; eso está fuera de toda duda; pero si intentas usarlos como justificación para la existencia de dictadores de derecha, entonces, o eres menor de 10 años, o tus argumentos son de un infantilismo alarmante.


Hoy antiguos y nuevos amantes de las botas salen a la luz haciendo apologías a lo bueno que fue el gobierno de estos tiranos, diciendo que si ellos estarían presentes las cosas serían muy diferentes, como si los golpes de estado fueran una especie de remedio mágico para nuestros problemas. En la historia de la humanidad ninguna dictadura ha sido mejor que la peor de las democracias, siendo esto un hecho totalmente verificable empíricamente. Ahora, puedes decir que tus políticos son corruptos, pero ¿Qué haces tú para luchar contra ello? ¿Votas? ¿Te presentarías a un cargo pública si crees poder hacerlo mejor? ¿No te gusta la política? Si prefieres vociferar y esperar que llegue un día un mesías que imponga la justicia a punta de fusil, créeme que si eso sucede te terminarás llevando una desagradable sorpresa.

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