lunes, enero 04, 2016

Historias de Dioses. El Nacimiento de la Fantasía (Parte 7: Dioses del Mar y las Aguas)


El mar debió de causar sentimientos contradictorios en los pueblos de la antigüedad. Esa enorme masa de agua salada que se alzaba bravía en las costas debió de llenarles de pavor, pero al mismo tiempo entendieron que era una enorme fuente de sustento alimenticio, además de ser la vía de comunicación con tierras lejanas. Pero tenemos otras fuentes de agua más amigables, como ríos, lagos y la misma lluvia, las cuales también son deificadas, creando un ciclo mitológico del agua. Les invito a conocer a los señores del mar y las aguas.

He hablado de ella muchas veces, ya sea como monstruo primordial, gran diosa madre y, ahora, como la representación del gran mar. Tiamat era la diosa con cuerpo de dragón que encarnaba el agua salada y al mar; quien junto con Apsu, la encarnación del agua dulce, fueron los progenitores de los primeros dioses. No obstante, cuando sus hijos comenzaron a serles molestos porque hacían mucho ruido, y luego, cuando estos dejaron a Apsu sumido en un sueño eterno, Tiamat decide destruirlos creando una raza de demonios para deshacerse de sus hijos. No obstante, ellos la enfrentan y la destruyen, siendo el dios que se la vence diferente en cada versión de la leyenda.


Luego de la desaparición de Tiamat, el poder sobre los mares pasó a otro dios, una encarnación más benévola de los océanos. Enki o Ea se volvió en el patrono de las aguas, a quien se le atribuye la creación de la raza humana a partir del sacrificio de otro dios y de mezclar la sangre de éste con barro para crear a las siete primeras parejas de las que descienden los humanos. También es el creador de una raza de seres marinos conocidos como apkallu o abgal, que eran hombres mitad pez de gran sabiduría, quienes ayudaron con sus consejos a los primeros reyes de los hombres.


Propio de la zona de zona de Palestina y sus alrededores, tenemos a Dagón, muy nombrado en la Biblia por ser un dios muy popular entre los filisteos. Ahora, en la interpretación de Dagón como dios del mar hay cierta controversia. Se piensa que su primer nombre era Dagán, siendo un dios del trigo adorado en la ciudad de Ugarit. No obstante, cuando los hebreos entraron en contacto con los filisteos, lo describen como un dios del grano pero con la mitad del cuerpo de pez, lo cual no tiene mucho sentido. Esto se debe a que la palabra dagán (espiga) se transformó en dagón (pez). No obstante, este dios asumiría un papel muy importante en otra mitología moderna, pero de ella hablaremos luego.


Los egipcios no fueron un pueblo muy marino, pues más que nada se limitaban a hacer viajes por tierra y sus marinos no se alejaban mucho de las costas. No obstante, el mar era el principio primordial del que emergió toda la vida del mundo. Nun era un océano sin fin y caótico, sin consciencia de sí mismo, por lo que no existía realmente. De Nun emerge espontáneamente el dios creador Ra, quien piensa y comienza a nombrar las cosas, dándoles ser. Así, el es el primero en hablar a Nun, quien toma consciencia y comienza a existir. Nun es más bien un concepto abstracto, pero los egipcios lo personificaron como una deidad con forma humana y cabeza de rana o como un hombre portando la barcaza de Ra.


No obstante, en cuanto al agua, para los egipcios era mucho más importante el Nilo, el río alrededor del cual gravita toda la civilización de las pirámides. Era obvio que el río Nilo tuviera un dios tutelar para los egipcios, siendo este Hapi, dios con la piel azul o verde y rasgos femeninos (senos caídos y vientre abultado), quien se encargaba de las crecidas del río, lo que fertilizaba los campos con limo y producía la prosperidad de Egipto.


También tenemos a Anuket, diosa de las aguas en general y de las fuentes del Nilo en particular, quien era representada como una diosa con una corona de plumas y a veces acompañada por su ave sagrada la gacela. Por otro lado tenemos a Sobek, el dios con cabeza de cocodrilo, quien creó el Nilo a partir de su sudor. Sobek siempre fue una figura ambigua, temida y amada, pues quizá en un principio era un dios maligno que luego fue transformado en un benefactor.


Pero un pueblo que por la geografía del país que habitaban debió tener una relación muy estrecha como el mar son los griegos, habitantes de una península y un archipiélago por donde era mucho más fácil movilizarse por mar que por tierra. El primer dios del mar de la mitología griega es el titán Oceano, hijo de Gea y Urano y hermano de Cronos, quien fue destituido de su reino una vez que su hermano fue vencido por Zeus.


Luego vino el reparto del universo entre los hijos de Cronos, quedándose con el poder sobre todas las aguas Poseidón, llamada Neptuno por los romanos. A Poseidón se le representaba en carro tirado por hipocampos y armado con su tridente, siendo conocido como un dios irascible por los griegos, quienes asociaban las tormentas con los cambios de humor del dios. También fue el antepasado directo de los atlantes, siendo padre del fundador de la civilización desaparecida y su dios tutelar. También se encargó de inundar la tierra cuando Zeus quiso eliminar a la humanidad con un diluvio. No obstante, todos los griegos reconocen que el gran aporte de Poseidón a la humanidad es el caballo, el cual creo golpeando el suelo con su tridente, en busca de hacerse con el título del dios patrono de la capital de la región de Ática; no obstante, le ganó Atenea con la invención del olivo, por lo cual Atenas lleva su nombre.


Otra deidad marina menos conocida, pero que fue adorada por los griegos era Proteo, el “anciano del mar” y pastor de las focas. Se decía que Proteo tenía un poder profético increíble, pero que no le gustaba usar. Por ello, solo quien pudiera atrapar al dios era merecedor de sus vaticinios. El problema es que Proteo también es un avezado cambiaformas, pudiendo asumir cualquier aspecto, lo que hace muy difícil atraparlo.


Entre los celtas, hay varios dioses que tienen relación con las aguas y el mar. Entre los galos y britanos se adoraba a Nodens, señor del mar, la pesca, la cacería y los perros. Por su lado, los galeses e irlandeses tenían a Manannan Mac Lir (Manannan el hijo del mar), quien está asociado con los Thuata de Danann, aunque parece ser un dios mucho más antiguo. Manannan gobernaba sobre “La Isla de las Manzanas”, una especia de Más Allá celta que se identificaba con las Islas Mann y que le daba a Manannan el carácter de psicopompo (guía de los muertos en el otro mundo).


El dios del mar de los nórdicos en Njöðr, quien pertenecía a la raza de los vanir. Encargado de aquietar las olas en las costas, cuidar de las tierras fértiles y ayudar a los pescadores, Njöðr estaba casado con la diosa Skaði, la encarnación del invierno. No obstante, su matrimonio no fue para nada feliz, pues Skaði no soportaba vivir a la orilla del mar. Además, ella eligió a su marido gracias a que Odín quiso desagraviarla por la muerte de su padre, poniendo a todos los candidatos a marido detrás de un biombo, solo mostrando los pies. Ella eligió al de pies más blancos, pensando que se trataba de Balder, el más bello de los dioses, pero resultó siendo Njöðr. Aún así, la pareja fue padres de Freyja y Frey.


Pasando a América, los náhuatl no fueron conocidos como grandes navegantes, pero si tenían una relación vital con el agua y sus ciclos, la cual estaba regida por Tláloc, un dios de aspecto feroz con la piel pintada de verde y largos colmillos sobresaliendo de su boca. No obstante, este dios regia la evaporación del agua y la lluvia, pero no la que se encontraba en la tierra, como los ríos y lagos, los cuales dependen de su esposa, la diosa Chalchiuhtlicue, la misma que fue uno de los cinco soles náhuatl, y con quien engendró al dios de la luna Tecciztécatl y a la diosa del agua salada Huixtocíhuatl, quien a su vez fue esposa del oscuro Tezcatlipoca. Además estaban los tlaloque, cuatro dioses que estaban asociados con el agua y la lluvia y que eran asistente de Tláloc.


En cuanto a los aimaras y quechuas, quienes sí tuvieron una mayor relación con el mar, tenemos a la diosa Mama Cocha, quien presidía todas las aguas, tanto del mar, ríos, lagos y manantiales. Siendo la esposa de dios supremo Viracocha, Mama Cocha representa el lado femenino de la creación, siendo parte de la tríade de diosas madres de la mitología andina, junto con Pachamama y Mama Quilla. Se dice que Mama Cocha era una mujer muy hermosa de tez blanca y que era hija del sol y de la luna, lo que la hacía hermana del primer Inca.


En la India, el dios del mar es Váruna, quien es un dios bastante antiguo, teniéndose noticias de él de textos védicos, o por alusiones entre los hititas y mitanis, quienes se vieron influenciados por los indios y sus dioses, en especial por Mitras. En ese tiempo, Váruna era un dios del cielo y la lluvia, pero en un contexto negativo, ya que era una divinidad caótico que producía inundaciones o sequías. Luego, con el advenimiento del hinduismo, Váruna pasó a ser un dios menor encargado de regir el océano y que se le representa montado sobre el lomo de un cocodrilo.


El taoísmo chino es muy propenso a hacer de los humanos dioses, habiendo un montón de estos personajes deificados en el panteón tradicional chino. Uno de estos casos es el de Matsu, la diosa del mar, también llamada Tien Fei. Nacida con el nombre de Lin Miniang, era parte de una familia de pescadores que vivían en la ciudad costera de Meizhuo hacia el siglo X. la leyenda dice que salvó a su padre de un tifón, perdiéndose entre las olas luego. No obstante, se transformó en una diosa que protege a los pescadores y los marinos, quienes la ven andar por sobre las olas con un vestido rojo, acompañada por dos demonios que la sirven.


Por su lado, en Japón el señor de los mares es el díscolo Susanoo. Emergido la nariz de Izanagi luego que este volviera del averno, Susanoo siempre sintió mucha envidia por la supremacía de su hermana, la diosa solar Amaterasu. Por eso, un día retó a su hermana a una competencia de creación de dioses menores. Amaterasu creó tres diosas de los restos de la espada destrozada de Susanoo, mientras que este hizo a cinco dioses de las cuentas de la fertilidad de su hermana. Al final, a pesar de que él había creado más dioses, Amaterasu le dijo que la materia prima eran sus cuantas, así que los dioses eran considerados de ella, por lo que era la ganadora. Este truco enfureció a Susanoo, que destruyó la hilandería que en que Amaterasu pasaba la mayor parte del tiempo y descuartizó a su caballo, lo que produjo que ella se encerrara en una cueva, historia de la que ya les he hablado antes. Luego de este episodio, Susanoo es desterrado, por lo que en una tierra lejana se encuentra con un granjero que ha perdido a siete de sus 8 hijas en las fauces de una monstruosa serpiente con 8 cabezas y 8 colas de escorpión. Susanoo dice que matará al monstruo si se le permite casarse con la chica, llamada Kushinada-hime, cosa que el padre acepta. Al final, usando enormes toneles de sake, Susanoo embriaga al monstruo y le corta cada una de sus cabezas y colas, encontrando en la cuarta de estas últimas la espada Kusanagi, la cual se la regala a su hermana para que le perdone.


Como anuncié arriba, la imagen de Dagón sería retomada en el siglo XX por el escritor estadounidense H. P. Lovecraft, transformándolo en un monstruoso dios marino, padre de una raza de criaturas anfibias conocidas como Los Profundos. Este dios/monstruo puede ser encontrado principalmente en dos relatos del escritor: “Dagón” y “La Sombra sobre Innsmouth”.


Otro que innegablemente está asociado con el mar en el universo de Lovecraft es Cthulhu, el monstruo que duerme bajo las ruinas hundidas de la ciudad de R’lyeh en medio del Pacifico Sur. Adorado por Dagón y sus hijos, Los Profundos, este enorme ser extraterrestre, de 10 kilómetros de altura, cabeza con tentáculos, alas correosas y cuerpo de dragón, despertará de su sueño y marcará el fin de la humanidad sobre la tierra.

Mucho más benignos son los Valar (dioses) de los mitos de la Tierra Media creados por J.R.R. Tolkien. Entre ellos tenemos a Ulmo, el Vala encargado del mar y todas aguas, quien es el único Valar que no tiene residencia en Valinor junto a sus pares. Se dice que cuando se presenta asume la forma de un gigante con una armadura de escamas de color verde, azul y gris, o como una enorme ola.


El mar y el agua en todas sus facetas son representaciones básicas en la mayoría de las mitologías. Esto no está exento de paradojas, pues en muchos de estos relatos la creación ocurre a partir del mar, incluyendo el relato del Génesis bíblico; cosa semejante (guardando las diferencias) al origen de la vida en la tierra, que proviene de nuestros océanos. Ya sea como la matriz de toda vida o el hábitat de los monstruos, el mar nos sigue fascinando, siendo una de las pocas fronteras inexploradas dentro de nuestro propio planeta.
Ahora bien, como no puedo hablar de un tópico sin tratar luego a su opuesto, en el próximo capítulo hablaremos de los dioses del fuego.



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