martes, enero 12, 2016

Historias de Dioses. El Nacimiento de la Fantasía (Parte 9: Dioses Civilizadores)


Hay rasgos comunes para que un pueblo pase de la barbarie a la civilización. Una de ellas es tener algún  tipo de escritura; que su artesanía no sólo se concentre en los detalles prácticos, sino en los artísticos; también está la creación de géneros literarios; el nacimiento de la música y una lista bastante extensa de logros culturales que generalmente eran atribuidos a dioses, quienes son los que entregan a los humanos los rudimentos necesarios para que se desarrollen como sociedad. Hoy hablaremos de esos dioses.

Conocidos comúnmente como amigos de los hombres, los dioses de la sabiduría hacen su primera aparición en las tierras acotadas por los ríos Tigris y Éufrates. Entre los sumerios el dios de la sabiduría era Enki, también conocido como el señor de las aguas, por lo que hablamos de él cuando tocamos ese tema. Enki fue uno de los dioses a los que se asocia con la creación del hombre, también diciéndose que fue quien los instruyó acerca de las prácticas religiosas. Por otro lado, creó a unos seres acuáticos llamados apkallu, los cuales las hicieron de consejeros de los reyes de los hombres. Por último, cuando los dioses se enojaron con los hombres y enviaron un diluvio para destruirlos, Enki ayuda a Ziusudra para que sobreviva al desastre.


Casi una copia del anterior es Marduk, el dios principal de los babilonios y el vencedor de Tiamat, la diosa monstruo del mar. No obstante, el puesto de dios sabio se lo cedió a su hijo, Nabu. Este dios, representado como un escriba con un sombrero con cuernos y montado en un dragón alado que heredó de su padre, es muy importante, pues las tablas que escribe contienen el destino de los humanos, por lo que él decide la suerte y la duración de la vida de los mortales.


En Egipto hay muchos dioses que tienen un importante papel en cuanto a las artes y las ciencias. Tenemos a Ptah, dios de la ciudad de Menfis que se peleaba el título de dios creador con Ra. Se trataba del dios de la magia, los albañiles y la arquitectura. También se le atribuye haber dividido Egipto en nomos (regiones administrativas), construir las ciudades y asignar a cada dios su lugar en el panteón. Ptah era representado como un hombre momificado y tenía por esposa a una vieja conocida nuestra: Sekhmet.


Otro es el dios lunar Thoth, el de cabeza de Ibis, quien tenía bajo su tutela a los escribas y la música. Thoth también es un gran mago, siendo el inventor de la escritura, un rudimento necesario para hacer conjuros en el antiguo Egipto. No obstante, su principal invento fue la medición del tiempo, separando los años en meses y semanas. Thoth además llevaba registro de los hechos buenos y malos que realizaban las personas, estando presente cuando las almas de los muertos eran juzgadas en el otro mundo.


Un dios que sabemos que fue una persona real es Imhotep, un erudito que vivió hacia el siglo XXVI A.C. y que trabajó al servicio del Faraón Zoser (Necherjet), siendo el constructor de la pirámide escalonada de Saqqara, que sirvió como tumba para su soberano. Fue tal la sabiduría e inteligencia de este personaje, que los egipcios lo transformaron en el dios de la sabiduría y la medicina. Fue tanto su prestigio que llegó a ser adorado por los griegos bajo el nombre de Imutes e influenció la imagen del Hermes Trismegisto.


En Grecia, la principal deidad asociada con la ciencia y la artesanía era Atenea, la hija de Zeus nacida de su cráneo. Esta diosa tenía un montón de aspectos bajo su cuidado, entre los que podemos encontrar a la ciudad de Atenas, la faceta estratégica de la guerra, las artes, la justicia, el olivo y las artesanías. Si bien Atenea era una diosa indudablemente sabia, no llevaba muy bien la competencia, cosa que aprendió en carne propia la joven Aracne, quien se decía era mejor tejedora que Atenea. Hicieron una competencia para dirimir esta disputa, en la cual Atenea bordó la historia acerca de como venció a Poseidón en la competencia para ser patrona de Atenas, mientras que Aracne hizo un lienzo con las aventuras eróticas de Zeus. Al final, la obra de Aracne resultó ser mucho mejor que la de la diosa, pero ésta le recriminó el tema poco recatado y en castigo la transformó en araña. Atenea también era conocida como Palas entre los griegos y Minerva entre los romanos, siendo representada como una doncella con armadura y la cabeza de Medusa en su escudo.


Apolo era otro de los hijos de Zeus, quien encarnaba la luz, el ideal de belleza masculina, el don de la profecía, la música, la poesía y el arte en general, siendo uno de los dioses más apreciados por los griegos, sólo superado por Zeus. Junto a Apolo se encontraban las 9 musas, quienes estaban bajo su mando y representaban a un arte o rama del saber en específico. Estas diosas menores eran hijas de Zeus y Mnemósine, la diosa de la memoria. Las musas eran Calíope (elocuencia), Clío (historia), Erato (canciones de amor), Euterpe (música), Melpómene (tragedia), Polimnia (himnos religiosos), Talía (comedia), Terpsícore (danza) y Urania (astronomía).


Por otro lado tenemos a Hermes, conocido como Mercurio por los romanos, quien cumplía la función de mensajero de los dioses, guardián de los límites, psicopompo, señor de la astucia, la elocuencia y el comercio. Este último aspecto es muy importante para un pueblo como el griego, quienes se abrieron a las infinitas posibilidades que les daba el Mediterráneo como ruta comercial, por lo que este dios fue especialmente importante para ellos. A Hermes se lo representa como un joven con un sombrero de ala ancha con alas, contando también con un par de alas en los pies. Entre sus herramientas una de las más llamativas es el caduceo, una vara con alas en su extremo superior y alrededor de la cual se enroscaban dos serpientes, siendo este un artilugio mágico capaz de dar vida o muerte. Aún en la actualidad se usa este símbolo para representar la profesión médica.


Pasando a los celtas, hay varios dioses que cumplen el papel de civilizadores, siendo uno de ellos el galo Ogma u Ogmios, quien fue el inventor del sistema de escritura usado por la mayoría de los pueblos de cultura celta, llegando a encontrarse estelas con inscripciones en este idioma hasta en Escocia. Se trata del Ogham, un sistema alfabético que se vale de muescas para formar palabras. Ogma era representado como un anciano con una piel de león cubriéndole y una masa en su mano.


Un caso extraño es el de Lugh, dios irlandés que no tenía ninguna ocupación en especial, pues era un dios de todo, lo cual lo hacía un dios de nada. Llamado también Samildanach, lo que quiere decir el múltiple artesano, era hijo de Cian de los Tuatha de Danann, y de Eithne, la hija del rey de los fomorianos Balor. Cuando el joven Lugh tuvo edad para portar las armas, se presentó en la fortaleza de Nauda, señor de los Tuatha de Danann, y ofreció sus servicios como cantante, poeta, armero, orfebre, herrero, mago y una infinidad de tareas más; siéndole siempre negado el paso, pues en la fortaleza ya tenían alguien que hiciera el trabajo que él decía. Sólo cuando preguntó acerca de si en la fortaleza había alguien que dominara tantas cosas como él, los guardias le dejaron entrar y presentarse ante el rey. En la batalla que enfrentó a los Tuatha de Danann con los fomorianos, Lugh fue uno de los héroes y mató a su poderoso abuelo, Balor.


Los vecinos de los celtas, los nórdicos, contaban con varios dioses que les enseñaron los rudimentos de una vida civilizada. El principal de ellos es Odín, quien entregó uno de sus ojos a la fuente de Mimir para ser más sabio, aunque eso le provocó locura. Este dios también se colgó durante nueve días y nueve noches del árbol del mundo para que se le fuera entregado el secreto de las runas, las cuales eran un sistema de escritura y un oráculo al mismo tiempo.


Otro que se muestra más refinado dentro de este panteón de guerreros es Bragi, el hijo de Odin que se dedicó a la poesía. Patrono de los bardos, Bragi amenizaba las celebraciones de Odin en Walhalla, entreteniendo a los guerreros que ahí se congregaban y recibiendo a los invitados. Bragi está casado con la diosa de la juventud Idun, la cual cuida de las manzanas doradas que dan la inmortalidad.


Vamos a dejar un poco a los rubios habitantes del norte de Europa y nos dirigiremos a Mesoamérica. Se suele decir que los dioses de las civilizaciones de este lado del mundo eran seres sedientos de sangre, lo cual es un estereotipo que fue asumido por los conquistadores españoles, quienes por su fanatismo cristiano no fueron capaces de ver más allá de los rituales sangrientos. De este pueblo, el principal dios de la civilización y protector de los hombres es Quetzalcóatl, asociado a su vez con el dios Kukulcán de los mayas. Los náhuatl tienen muchos mitos acerca de la creación, siendo algunos contradictorios entre sí, uno de ellos dice que los primeros dioses fueron Ometecuhtli y Omecíhuatl, los principios masculinos y femeninos, quienes tuvieron 4 hijos. Tezcatlipoca, Xipetótec, Huitzilopochtli y Quetzalcóatl, siendo éste junto con Tezcatlipoca quienes dieron muerte al monstruo Cipactli para crear el mundo. También fue Quetzalcóatl quien bajó al inframundo a buscar los huesos sagrados que mezcló con su sangre para crear a los humanos. Era considerado un dios benevolente que dejó los fundamentos de la civilización y luego se marchó al oeste, prometiendo volver algún día por el este. Por desgracia, algunos confundieron a conquistador español Hernán Cortés con Quetzalcóatl, lo cual significó el fin de la civilización náhuatl.


Para los pueblos de los Andes, su cultura fue fundada por Viracocha, el dios que creó el mundo y a los hombres. Originario de la cultura Tiahuanaco, Apu Qun Tipsi Wiraqucha es un dios trotamundos, pues el realiza un viaje en el que va creando animales, plantas y hombres para poblar la tierra. Les dota de razón, del habla y les enseña a explotar la tierra. No obstante, hay algo que no les entrega a los hombres, siendo esto la capacidad de escribir, por los que los pueblos andinos fueron una de las pocas civilizaciones avanzadas de la humanidad que no tenían sistema de escritura.


En la India la sabiduría y las ciencias son representadas por uno de los dioses más característicos y reconocibles en occidente. Ganesha era hijo de Shiva El Destructor y de su esposa Parvati. Dice la leyenda que Shiva se marchó cuando Parvati estaba embarazada de Ganesha, por lo que el niño creció sin conocer a su padre. Cuando éste volvió, Ganesha era un adolescente y estaba vigilando que nadie entrara a la habitación de su madre, que se daba un baño, por lo que se enfrentó al recién llegado sin que ninguno de los dos supiera el vínculo que los unía. Al final Shiva corta la cabeza de Ganesha antes de que Parvati pudiera salir y aclarar la confusión. Al ver la pena de su mujer, Shiva sustituye la cabeza de su hijo con la de un elefante y lo revive. Como dios de las ciencias y la escritura, Ganesha es muy adorado por los eruditos y científicos, siendo representado con cabeza de elefante, cuerpo gordo y montado sobre una rata o un bandicut.


Otra deidad hindú asociada con el pensamiento, la cultura y las ciencias es Sarasvati, la esposa del Creador Brahmā. Sarasvati es una sakti, que corresponde a la contraparte complementaria femenina de un dios, lo cual se ha traducido burdamente como esposa. Se trata de una mujer hermosa de vestimenta blanca, que suele estar parada sobre una flor de loto o un cisne, siendo la diosa de la elocuencia, la música  y la búsqueda del conocimiento. Dice la leyenda que era tal la belleza de Sarasvati que Brahmā se hace crecer a sí mismo tres cabezas extras para poder mirarla desde todos los ángulos.


En el Reino Medio, al que los occidentales damos el nombre de China, hay una infinidad de dioses inventores y dadores de adelantos a la humanidad, partiendo por Fuxi. Este dios, marido de la diosa madre de la humanidad Nüwa, fue el verdadero fundador de la civilización, ya que luego de ser creados, los hombres vivían igual que animales, por lo que Fuxi les dio leyes y normas sociales, les enseño a cazar, a vestir, a pescar y reguló la formación de las familias. Otro de los aportes importantes de este dios fueron los 8 trigramas básicos que luego serían combinados en los 64 hexagramas del I Ching.


Por otro lado, el inventor del sistema de escritura china fue un erudito deificado llamado Cangjie. Dice la leyenda que Huangdi (El Emperador Amarillo) no estaba contento con los primitivos sistemas de escritura usados hasta ese momento, así que le pidió a Cangjie que creara otro mejor para toda China. Por ello el sabio se retiró a la orilla de un río para trabajar, pero no consiguió nada hasta que se encuentra con la impresión de la pata de un pixiu (especie de león alado) que cayó del pico de un fénix. Esto le inspiró a crear símbolos que contuvieran la esencia de lo que describían, dando vida al sistema de escritura que se usa hasta hoy en China. En la iconografía Cangjie es representado como un hombre maduro con 4 hojas en la cara.


Luego podemos citar a Shennong, El Divino Granjero, quien les enseñó a los chinos a cultivar la tierra. Pariente de Huangdi, se le atribuyen muchos inventos y descubrimientos, como la catalogación de las plantas entre comestibles o venenosas, probándolas todas en sí mismo. Shennong también fue quien descubrió el té y sus propiedades medicinales, siendo además el inventor del guqin, un instrumento musical de cuerdas.


Por su parte, los japoneses tienen un grupo de siete dioses que rigen aspectos relacionados con la cultura, el conocimiento y la felicidad, siendo conocidos como los Shichi Fukujin o Siete Dioses de la Fortuna. La mayoría de estas deidades no son originarias de la isla, sino exportaciones de la India y China, siendo estos: Ebiso, patrono del comercio, la agricultura, los ejecutivos y extranjeros; Daikokuten, dios de la abundancia y el comercio; Bishamonten, dios de la dignidad y la buena fortuna; Benzeiten, diosa del conocimiento, las artes y la belleza; Fukurokuju, dios de la sabiduría y la longevidad; Hotei, el dios de la satisfacción, y Jurōjin, dios de las ciencias y la enseñanza.


Los dioses del saber fueron muy importantes como reflejo de los logros que estas culturas tuvieron; una idealización de lo que sus civilizaciones fueron, un faro que se irguió sobre la oscuridad de la barbarie.

En el próximo capítulo nos relajaremos y hablaremos de los dioses tramposos y juerguistas. 

1 comentario:

  1. me gustó el artículo, me gustaría ver el de los dioses tramposos y juerguistas, saludos

    ResponderEliminar