viernes, enero 15, 2016

Historias de Dioses. El Nacimiento de la Fantasía (Parte 10: Dioses Juerguistas y Tramposos)


Si eres dios, inmortal, con grandes poderes y, en algunos casos, pareces supermodelo, es obvio que te guste ir de juerga de vez en cuando; no todo puede ser las responsabilidades del poder universal. No obstante, hay algunos que se tomaron esto muy en serio y se fueron de fiesta por toda la eternidad, mientras que otros invirtieron su tiempo en andar por ahí timando a todo el mundo porque era entretenido. Hoy hablaremos de los dioses juerguistas y los tramposos.

Una de las asociaciones más antiguas que hacemos con la fiesta es el alcohol, el cual fue destilado por los pueblos antiguos primeramente de la cebada, consiguiendo la cerveza, y después de la uva el vino. En la cultura mesopotámica el descubrimiento del alcohol está relacionado con la leyenda de un dios embaucador. Ya hemos hablado de Enki en los dos capítulos anteriores, tanto como dios de las aguas como de la sabiduría, pero no hemos tocado su beta de sinvergüenza. Este dios vivió por un tiempo en la tierra bendecida de Dilmun (la versión original del Jardín del Edén) junto a su esposa Ninhursag, la diosa madre de la tierra, donde tuvieron una hija llamada Ninsar. Luego Ninhursag abandona a Enki y éste comienza a mirar con otros ojos a su hija, a la que seduce  y con la que engendra a Ninkurra, otra chica. Pasa el tiempo, Ninkurra crece y a Enki le parece atractiva, así que ahora seduce a su nieta y tiene otra hija/bisnieta llamada Uttu. Enki quiso también que su bisnieta fuera suya, pero Uttu era muy difícil de engatusar, por ello se disfraza de un jardinero para que lo deje entrar al jadín y la emborracha para luego violarla. Cuando Uttu despierta y se da cuenta de lo que le han hecho, pide ayuda a su bisabuela Ninhursag, quien saca el semen de Enki de su  matriz y lo planta en la tierra, saliendo ocho plantas de él. Luego, cuando Enki va de paseo por el jardín, ve estas plantas desconocidas y le pide a su sirviente, Isimud, que las corte y se las dé de comer, cayendo enfermo de inmediato debido a la maldición que sobre ella arrojó Ninhursag. Al final, preocupado por lo que podría suceder si Enki muere, Enlil, dios del cielo, acompañado por un zorro, convencen a Ninhursag que lo perdone, por lo que la diosa crea a ocho deidades que van curando cada parte del cuerpo de Enki, siendo una de ellas Ninkasi, la diosa de la cerveza y el alcohol que es la encargada de saciar los corazones.


En Egipto un dios muy popular entre el pueblo llano era Bes, quien era una importación traída de Nubia. Se le representaba como un feo enano barbudo, con grandes genitales y la lengua afuera, gesto que le ayudaba a espantar los malos espíritus. Se le consideraba el dios de la danza y la música, siendo tardíamente también asociado con el sexo, por lo que en algunas ciudades habían lugares conocidos como “Habitaciones de Bes” usados por las personas para tener encuentros sexuales (como moteles parejeros egipcios). Este dios fue tan famoso que su culto se extendió por todo el Mediterráneo, incluso teniendo una isla dedicada a él, a la cual los romanos llamaron Ebesus, siendo hoy la famosa Ibiza.


Otra diosa que sabía pasarlo bien era Bast o Bastet. Esta diosa es representada como una gata o como una mujer con la cabeza de un gato, siendo la protectora de la familia y los hogares, diosa de la abundancia, de la danza, la música, el placer y los cálidos rayos del sol. Se le solía confundir con Sekhmet, la diosa sanguinaria con cabeza de leona, llegando ser consideradas una sólo deidad. Como los gatos, Bast era una diosa de personalidad contradictoria, a veces ronroneando y en otras rugiendo. En la ciudad egipcia de Bubastis se encontraba el centro de su culto, con un templo donde se criaban gatos y se los momificaba cuando morían y donde se celebraba “La Fiesta de la Embriaguez” en que todos bebían, cantaban y bailaban para mantener contenta a Bast.


En cuanto a los tramposos, Isis es una de los más grandes, pues se valió de su ingenio para reconstruir el cuerpo de su marido Osiris cuando Set lo despedazó, quedando embarazada a pesar de no haber podido encontrar su pene. Tiempo antes de esto, Isis creó una cobra de una gota de saliva de Ra para que el animal mordiera y envenenara al dios creador. Así, cuando estaba a punto de morir, ella se ofreció a salvarlo, pero debía confiarle su nombre verdadero, ya que sólo con ese conocimiento lograría hacer un antídoto. Ra le dijo este secreto y ella después se lo confió a su hijo Horus para que se transformara en el rey de los dioses.


Los griegos también tienen una muy interesante colección de juerguista y tramposos, empezando por el mismo Zeus, que solía cambiar de forma para seducir o violar a las diosas y mortales que despertaban su libido. Se transformó en el rey tebano Anfitrión, esposo de Alcmena, para engendrar con ésta a Hércules; tomó la forma de una lluvia de oro para tener sexo con Danae , con quien tuvo a Perseo; como un cisne violó a Leda para que diera a luz a Castor, Polux y Helena de Troya; como un pequeño pajarito engañó a Hera para que lo metiera a su cama y poder violarla; y así un largo etcétera. Zeus fue un tramposo libidinoso de primera.

Zeus y Leda
Hijo del anterior y de la humana Sémela, Dionisos fue el principal dios fiestero de los griegos. Por una treta de la celosa Hera, Sémela fue carbonizada antes de que pariera a Dionisos, por lo que Zeus tomó al feto y lo implantó en su muslo, llevándolo por el resto del embarazo, hasta que nació y lo dejó al cuidado de Hermes. Luego, en su infancia, fue educado por el anciano sátiro Sileno, quien le enseñó los secretos del vino. Así, ya adulto, el hermoso Dionisos recorrió toda Asia Menor y Grecia expandiendo el culto caótico del zumo de uva fermentado, siempre acompañado por Sileno y un montón de otros sátiros y ninfas llamadas ménades. En Grecia se celebraban los misterios de Dionisos, donde el vino, la música, la danza y el sexo eran la forma de llegar a contactar al dios. Por su lado, en Roma, donde se le conocía como Baco, se celebraron los Bacanales, fiestas orgiásticas cuyo nombre hasta hoy son sinónimo de la decadencia que se asocia al modo de vida romano.


Por su lado, el medio hermano de Dionisos, Hermes, fue uno de los más grandes tramposos de Grecia. En el capítulo anterior se habló de él como el dios de los viajeros y el comercio, pero también lo era de los ladrones. Hijo de Zeus y de la ninfa Maya, ya recién nacido comenzó su carrera, pues le robó sus reses a Apolo, reconciliándose con este último cuando le regala su nuevo invento, la lira. Tiempo después, cuando Zeus andaba rondando a la ninfa Ío, para que Hera no le hiciera nada, el padre de los dioses la transformó en una ternera, pero la diosa la rapta y pone a su gigante Argos, que tenía cien ojos, a cuidar de Io para que Zeus no la toque. Entonces el Rey del Olimpo envió a Hermes, quien con sus historias y canciones consiguió que Argos se duerma; luego lo mata y rescata a Ío.


Hijo del anterior, Pan era un ser quimérico, un hombre muy peludo, con patas y cuernos de cabra, quien era el dios de los terrenos salvajes, las rebaños y la sexualidad masculina. Era uno de los acompañantes de Dionisos en sus viajes, persiguiendo a las ninfas y muchachas cuando se perdían en los bosques. Era un amante de la música, tocando una flauta hecha de juncos llamada siringa. Por otro lado, también producía un miedo irracional en quienes entraban en sus dominios, proviniendo de ahí la palabra pánico.


Por último hablemos de Priapo, un dios menor hijo de Dionisos y Afrodita, quien protegía a los animales de granja, la vegetación, la fertilidad, el vino y el sexo. Debido al desagrado de Hera a consecuencia  de la relación adúltera que mantuvo con Dionisos, tocó el vientre de Afrodita y su hijo Priapo nació feo y con un pene enorme. Es este dios quien intenta violar a la virginal diosa Hestia en una fiesta en el Olimpo, pero su plan fue estropeado por los rebuznos del asno de Sileno, los que despiertan a la diosa.


Entre los celtas de la Galia, el dios de la bebida y la agricultura era Sucellus, a quien se le representaba como un hombre fornido y de barba, que en una mano llevaba un enorme martillo de mango largo, mientras que la otra sostenía un barril de cerveza. No se sabe mucho acerca de sus mitos, pero su culto se extendió por las actuales Francia e Inglaterra. Ahora bien, hay que ser justos y decir que la mayoría de los dioses celtas eran muy festivos.


Un dios y mago fue el galés Gwidyon, hermano de la diosa lunar Arianrhor y de Gilfaethwy, siendo también un embaucador avezado. Ayudó a su hermano a seducir a la doncella Goewin, quien era usada como taburete por su tío Math, quien pensaba que no moriría mientras sus pies descansaran sobre el regazo de una virgen. Por esto ambos hermanos deben huir por mucho tiempo asumiendo formas de animales para que Math no les mate. Después de tres años Math los perdonó cuando le ofrecieron a su hermana Arianrhod para que posara los pies en su regazo, pero cuando se le hizo la prueba de su virginidad, dio a luz a un niño, el cual era de su hermano Gwidyon, con quien lo había concebido por vías mágicas. Luego la diosa Arianrhod se retiró avergonzada y sin dar nombre a su hijo, lo cual era una maldición, por lo que Gwidyon volvió a engañarla, recibiendo el niño de ella el nombre de Lleu Llaw Gyfft. Luego Arianrhod, furiosa, nuevamente maldijo a su hijo, diciendo que nadie nunca lo abrasaría, cosa que nuevamente solucionó Gwidyon haciendo que su hermana misma abrasara al chico gracias a un ardid. Finalmente, Arianrhod dijo que Lleu nunca se casaría con una humana, pero Gwidyon le hizo una mujer a partir de pétalos de flores llamada Blodeuwedd.


Moviéndonos más al norte, nos encontramos con los dioses nórdicos, quienes son mucho menos festivos que sus primos celtas debido a la forma diferente en que el mito de su panteón se plantea. Los dioses celtas son bebedores, poetas y cantantes que celebran la belleza de la vida, mientras los nórdicos son también buenos bebedores, en especial del hidromiel y la cerveza, celebrando grandes festines en sus palacios celestiales, pero lo hacen por el fatalismo de que cada momento puede ser el último, pues todos sabían que el Ragnarok era un fin ineludible donde todos encontrarían una muerte gloriosa.


No obstante, si hemos de hablar de un embaucador, no debemos de dejar de mencionar a Loki. Hijo de gigantes, aunque en las leyendas no lo caracterizan como uno de ellos, fue aceptado entre los dioses nórdicos, llegando a ser considerado como hermano de sangre de Odín. Son innumerables las historias de Loki, en muchas de ellas cumpliendo el papel de un tramposo que ayudaba con su astucia a los otros dioses, como la vez en que ayudó a Thor a recuperar su Mjornir del gigante Thrym, disfrazando al dios de rayo como Freya. También le cortó el cabello a Sif, la esposa de Thor, convenciendo luego a los enanos para que le hicieran una cabellera de oro puro. No obstante estas historias, hacia el final Loki se va volviendo cada vez más siniestro, terminando todo con la muerte de Balder, lo que hace que Loki pase a representar algo totalmente distinto y malvado.


En América del norte tenemos al más grande de todos los tramposos, siendo este Coyote, quien fue reverenciado por varios pueblos indígenas de lo que hoy es Estados Unidos. Este dios, que muchas veces se presenta en la forma del animal homónimo, es un embaucador y un bufón, el cual busca enseñarles lecciones a los otros a través de sus bromas. También podía asumir otras formas a la hora de cometer sus tropelías, siendo famoso además por su gran apetito sexual, aunque esta parte de la leyenda fue suprimida por los colonos blancos cuando las transcribieron, en especial porque muchas de las aventuras románticas de Coyote son del tipo lésbicas, transformándose en una hermosa chica para seducir a otra.


En las regiones del suroeste de Norteamérica encontramos al flautista Kokopelli, quien recorría las aldeas de la región trayendo consigo músicas, danza y la primavera. Era muy común que al día siguiente de que Kokapelli haya armado una fiesta en algún pueblo, las mujeres del lugar hayan quedado en cinta. No obstante, otras versiones de la leyenda nos dicen que Kokapelli era una diosa, la cual en uno de sus viajes se enamoró de un lobo, pero tuvo que dejarlo porque su lugar se encontraba en la luna. Debido a esto los lobos aúllan a la luna, llamando a Kokapelli, quien les responde con la música de su flauta.


Entre los mexicas encontramos a un pariente de Coyote, conocido como Huehuecóyotl, el Viejo Dios Coyote. Al igual que su pariente del norte, Huehuecóyotl era un tramposo, pero al mismo tiempo el dios del destino, la danza, los deseos mundanos, la belleza masculina, la adolescencia y la adultez. Era un personaje contradictorio, a veces benéfico, mientras que otras un ser egoísta y malvado capaz de provocar guerras por su pura diversión.


Ahora, las fiestas de los náhuatl también estaban regadas por grandes cantidades de alcohol, siendo una de las diosas más adoradas debido a este aspecto Mayáhuel, quien era la diosa del maguey o agave, de donde se destilaba la bebida tradicional de los aztecas, el pulque. Dice la leyenda que era una joven que vivía con su abuela, una diosa estelar, y que un día fue vista por Quetzalcóatl, quien la cortejó e invitó a que bajara a la tierra para que pudieran amarse en la forma de dos ramas entrelazadas. Cuando la abuela de Mayáhuel descubrió esto, bajó a la tierra, tomó la rama en que se había transformado su nieta y la destrozó, tirándola al suelo. Luego, Quetzalcóatl recuperó su forma, recogió los restos de su amante y los plantó, saliendo de la tierra una planta de maguey y, de ella, emergió Mayáhuel transformada en una diosa.


Luego de esto, Mayáhuel terminó su relación con Quetzalcóatl, se juntó con el dios de la medicina y el peyote Patécatl y fueron padres de los Centzon Totochtin, los Cuatrocientos Conejos, quienes eran dioses menores de la embriaguez, de los cuales sólo se conocen los nombres de algunos, como Ometochtli, Acolhua, Tlihua, Tepoztécatl, etc. Ahora, hay que aclarar que eso de “cuatrocientos” no es exactamente el número de estos dioses, sino que en la lengua náhuatl se usaba para denotar una cantidad enorme indefinida.


Visitemos un lugar que no hemos tocado en estos artículos, el África Subsahariana, donde encontraremos a otro embustero famoso. Anansi era el dios araña, quien es conocido por su astucia entre los pueblos del África occidental y en el Caribe. Hay una gran cantidad de historias acerca del dios araña, como la vez en que compró las historias que hacían famoso al dios de los cielos, Nyankompon. Como éste puso como precio que atrapara y le trajera a varios animales mucho más grandes que él, Anansi logró  esto engañándolos a todos. También se dice que una vez vio al leopardo tomando agua en el río, fijándose en los hermosos testículos de ese animal. Por ellos, y debido al calor, Anansi engañó al felino para que se bañara, dejando sus gónadas afuera y así poder robarlas. Cuando leopardo se dio cuenta, Anansi lo convenció de que fueron los monos quienes las robaron, pero en compensación le ofreció sus propios testículos. Así, el leopardo aún persigue a los monos y entre sus piernas cuelgan unos pequeños y arrugados testículos de araña, mientras que Anansi es feliz luciendo sus hermosas y grandes bolas.


En la India, donde conceptos abstractos deben ser personificados por dioses para que la gente común los entienda, tenemos a maya, que es el mundo ilusorio material, el cual mantiene al alma atrapada en el ciclo de las reencarnaciones. Este principio a su vez es representado por una diosa, Maya o Maia, quien es la encarnación la ilusión, siendo hija de Ánrita (falsedad). Dice la leyenda que ella cubre su velo los ojos de Vishnu para que caiga en su divino sueño.


Una de las encarnaciones más adoradas del protector Vishnu es Krishna, quien a pesar de su origen regio, fue criado por pastores de vaca debido a que su tío, un tirano que tenía miedo a que se cumpliera la profecía que decía que un sobrino le mataría, intentó en varias ocasiones deshacerse de él. No obstante, todos los métodos que usó el tío de Krishna para matarlo eran descubiertos por éste, pues desde bebé fue muy astuto. Solía meterse en problemas y ser muy travieso, por lo que su madre adoptiva lo reprendía continuamente. Una vez le robó a su madre un poco de mantequilla y, cuando ésta le dijo que abriera la boca para ver si se la había comido, Krishna le hizo caso y la mujer vio el universo en su interior. También fue un seductor avezado, a pesar de ser solo un púber. Con su flauta y su bella estampa, Krishna sedujo a todas las gopis (pastoras), fueran casadas o solteras.


Luego, pasando a China, nos encontramos con uno de los personajes más famosos de oriente. Me refiero a Sun Wukong, el Rey Mono, quien es el protagonista de uno de los clásicos de la literatura china, “Viaje al Oeste”. Mono nació de una roca y se fue a vivir con sus congéneres, siendo elegido rey por ellos al ser el más inteligente. No obstante, cuando su mejor amigo muere, se da cuenta de su propia mortalidad y busca remediarlo, poniéndose bajo las enseñanzas del sabio maestro Bodhi, quien le enseña muchas técnicas de pelea y magia, pero luego lo expulsa de su templo cuando Mono muestras sus hermanos de especie su habilidades como si fuera un espectáculo. Después Sun Wukong se vuelve incontrolable, robó el báculo que servía como pilar para pacificar las aguas del mar, venció a reyes dragones, a ejércitos celestiales, se comió los melocotones divinos y la píldora de la inmortalidad, venció a más dioses y sólo cuando Buda lo atrapa en la palma de su mano es que Sun Wonkung se somete y entra al servicio del monje Sanzang, con quien viaja al oeste en busca de de los textos del budismo para traerlos a China.


En tanto, en Japón también tenemos casos de fiesteros y tramposos. Podemos nombrar a Ame-no-Uzume, la sensual diosa de la danza que fue una de las cómplices en el ardid para sacar a Amaterasu de su encierro en una cueva, o a Susanoo, quien provocó que su hermana se escondiera y que se valió de una treta para matar a un monstruo de 8 cabezas y quedarse con una hermosa doncella. No obstante, hay un dios/diosa/algo que es extraño, pues proviene quizá de la época del animismo. Inari es la deidad del la fertilidad y el arroz, de la que no se tiene seguridad acerca de su sexo, ya que a veces aparece como una hermosa doncella, como un anciano o como un monje de sexo indefinido. No obstante, normalmente se representa a esta dios/a como un zorro, siendo servida por los kitsune, espíritus que también asumen la forma de zorros y que suelen ser unos embaucadores recurrentes en los cuentos del Japón.


Bueno, hoy hemos revisado una historia llena de alcohol, danza, canciones, risas, sexo y engaño, lo cual hace tan interesantes y entretenidas a esta clase de deidades. Pero la próxima analizaremos una arista muy diferente. en el capítulo que viene hablaremos de los dioses del mal y la oscuridad.

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