miércoles, enero 20, 2016

Historias de Dioses. El Nacimiento de la Fantasía (Parte 12: Dioses de la Muerte)


La muerte es el final obligatorio para todos, por lo que es normal que el hombre haya imaginado la existencia de un sinnúmero de deidades asociados a este acontecimiento. También se aprecia acá una mezcla rara de anhelo y miedo por lo que les esperaba más allá del fin de su vida física, mostrándonos que podían seguir existiendo en otro reino ubicado en lo profundo de la tierra, pero el problema es que muchas veces este nuevo hogar era oscuro y aterrador. Veamos hoy a los dioses asociados con la muerte.

Acá hay que hacer algunas precisiones, porque existen un par de conceptos asociados al tema pero que no son manejados por todos. Primero tenemos el término “dioses ctónicos”, que se refiere a los dioses que vivían en el inframundo de las diferentes religiones. El otro concepto es “psicopompo” que era el nombre genérico de los guías de las almas de muertos en el paso al otro mundo.
En Mesopotamia el reino de los muertos, llamado Irkalla, era gobernado por la diosa Ereshkikal, la hermana Inanna. Dice la leyenda que ella era una diosa celestial, incluso más hermosa que su hermana, por lo que es raptada por el dragón Kur y llevada al Irkalla, transformándose en su reina. Al tiempo, los dioses hicieron un banquete, pero para mantener el orden de las cosas, los dioses del inframundo no podían subir al cielo, por lo que Ereshkigal envía a su primer ministro Namtar, a quien todos le muestran respeto, excepto el dios Nergal, lo que es tomado como un insulto y debe presentarse ante Ereshkigal para pedirle disculpas. Cuando llega, Ereshkigal se enamora de él y le ofrece un asiento, pero él se niega, le ofrece comida y bebida, pero Nergal se niega nuevamente, también le invitan a lavarse los pies, pero tampoco acepta. Esto se debe a que Nergal sabía que si aceptaba cualquiera de estas atenciones, debería quedarse en Irkalla para siempre. No obstante, Ereshkigal lo invita a acompañarla mientras se baña y, viendo a la diosa desnuda, no se puede resistir a su belleza y se queda con ella, teniendo relaciones sexuales durante seis días, escapando al séptimo. Entonces Ereshkigal se pone furiosa, amenazando que si no le es enviado nuevamente Nergal, ella vaciaría el Irkalla y pronto la tierra de los humanos estaría plagada de fantasmas y monstruos. Entonces Nergal baja iracundo e intenta decapitar a Ereshkigal, pero ella le confiesa su amor y nuevamente se ve subyugado por su belleza, aceptando ser su rey.


En Egipto, el señor del reino de los muertos, Duat, es Osiris, quien fuera en su momento faraón de los vivos. Osiris fue hijo de Geb (la tierra) y Nut (el cielo), siendo su hermano Seth y sus hermanas Isis y Neftis. Como rey de Egipto, enseñó a sus súbditos los secretos de la agricultura, de la adoración de los dioses y dictó las leyes que los regían. Por estos éxitos, Seth le tenía envidia, por lo cual intenta matarle dos veces, teniendo éxito en la segunda cuando lo descuartiza. Luego su esposa Isis, su hermana Neftis y el hijo que tuvo con ésta, Anubis, reúnen las partes de su cuerpo y lo reviven, pudiendo Isis engendrar a Horus, aunque no pudo encontrar el pene de su marido. Sin embargo, un rey sin su virilidad no puede gobernar, así que Osiris se retiró a Duat, donde gobierna a los muertos y les juzga, determinando si deben pasar a una apacible vida más allá de la muerte o si sus almas deben ser devoradas por el monstruo Ammyt. Osiris era representado como un hombre momificado con piel verde.


Anubis fue un psicopompo, hijo ilegítimo de Osiris y patrono de los embalsamadores. Neftis, la esposa de Seth, no podía concebir con este. Esta diosa, gemela casi idéntica de Isis, se pone de acuerdo con ella y se disfraza para poder tener relaciones con Osiris, pensando este que se estaba acostando con Isis. Cuando Seth se da cuenta de la infidelidad de su mujer, decide matar al niño, pero Neftis se lo entrega a Isis para que lo cuide y cría. Cuando su padre se volvió rey de Duat, Anubis se transformó en el guía de los muertos, quien los llevaba ante el tribunal de Osiris, tomando el corazón del fallecido y poniéndolo en una balanza que al otro lado tenía una pluma de la diosa Maat (el equilibrio). Si el corazón es más pesado, el alma era entregada a Ammyt para ser devorada, si se equilibraba, se le permitía seguir su viaje hacia el descanso eterno. Anubis era representado como un hombre nubio con la cabeza de un chacal.


En Grecia el rey del inframundo era Hades, lo cual resultaba un poco confuso porque ese nombre también era usado para designar el reino de los muertos. Hades era el hijo mayor de Cronos y Rea, fue devorado por su padre de bebé y rescatado años después por su hermano menor, Zeus, al cual se unió para derrotar a su padre y los otros Titanes. Luego, en la repartición del universo que vino después, Hades se queda con el inframundo, siendo conocido desde entonces como un oscuro tirano que gobernaba su feudo con mano de hierro. Tuvo una reina, Perséfone, quien también era su sobrina, la cual pasaba la mitad del año con él y la otra mitad con su madre, Deméter. Los griegos no le tuvieron mucho cariño, pensando que pronunciar su nombre llamaba a la muerte, por ello lo llamaban Plutón, que significa “El Rico”, refiriéndose a que los minerales preciosos del interior de la tierra eran de su pertenencia. Los romanos lo identificaron con Dis u Orcos, deidades ctónicas latinas, mientras que los etruscos tuvieron a Aita.


Entre los psicopompos griegos podemos encontrar a Hermes, quien guiaba las almas de los recién fallecidos hasta los límites del averno, marcado por el rio Aqueronte. Ahí debían esperar la barca de Caronte, a quien había que pagarle un óvalo para que los pasara al otro lado, por lo que a todos los difuntos griegos y romanos los enterraban con monedas en sus bocas. Si no tenían como pagar, Caronte los dejaba como sombras a ese lado de la orilla, volviéndose fantasmas.


En la mitología celta, en específico la galesa, también contaban con un barquero, siendo éste el dios marino Manannan Mac Lir, quien llevaba las almas de los muertos a otro mundo. Esta leyenda del hombre del ferry aún se mantiene, muy especialmente en Irlanda y Gales.


Por su lado, también entre los galeses es famoso Arawn, señor de Annwin, un fiero guerrero que era muy temido por los mortales. No obstante, también se dice que se trataba de un dios honorable y que contó con la amistad de un rey humano, Pwyll de Dyfed, con quien supuestamente cambiaron de lugar durante un año, siendo ambos justos gobernantes de sus respectivos reinos. Arawn luego aparecerá en las tempranas versiones del mito artúrico como Gwyn ap Nudd, rey del país subterráneo, mientras que Pwyll y su hijo Pryderi se transformarán en Pelles el Rey Pescador y Percival.


En Irlanda la muerte era representada por una de las facetas de la diosa guerrera Morrigan, conocida como Babd. Se la representaba como un cuervo o corneja que recorría los campos de batalla, siendo su presencia el anuncio de una muerte inminente. También se decía que su canto antecedía a la muerte de un héroe o algún rey.


En la cultura nórdica, el papel de psicopompo y dios de la muerte paradojalmente lo cumple Odín, quien se paseaba por los campos de batalla eligiendo a los guerreros dignos para ser llevado a su presencia en Walhalla y que se convertían en einherjard, los guerreros que acompañarían al dios en el Ragnarok. En esta tarea era ayudado por las valquirias, deidades femeninas encargadas de llevarse a los guerreros escogidos. La imagen moderna de las valquirias es de hermosas doncellas asociadas con los cisnes que montadas en caballos alados, pero el mito original nos habla de feroces guerreras que usaban como cabalgadura horribles lobos que se alimentaban de la carne de los caídos, siendo ellas capaces de transformarse en cuervos. Esto es lógico si se piensa que era muy común ver deambular a ambos animales en busca de comida por el campo después de una batalla.


No obstante, la diosa del inframundo nórdico, cuyo nombre era Helheim, era Hela o Hel, hija del dios embustero Loki y de la gigante Argboda. Esta diosa era una mezcla de belleza y corrupción, pues una mitad de su cuerpo era de una mujer hermosa, mientras la otra estaba podrida como un cadáver. Su sombrío y frío reino estaba destinado para todos aquellos que no fueran elegidos para ir con los dioses o que no hubieran muerto ahogados. El más preciado de los muertos de Hela fue Baldr, dios de la belleza y la luz, quien murió debido a un engaño de Loki. Por ello cuando le rogaron que lo regresara, ella le dice al enviado de Odín que sólo lo hará si cada dios, elfo, enano, gigante, persona, animal, planta o cosa del mundo lloraba por el dios, lo que no ocurrió porque la giganta Thok no quiso hacerlo, aunque luego se descubrió que en realidad era Loki disfrazado de gigante.


Ahora bien, si morías ahogado en el mar, no ibas ni al cielo con los dioses o al infierno de Hela, sino que eras recogido por las redes de la diosa marina Ran, esposa del gigante Ægir. Apenas mencionada en los mitos, esta diosa se llevaba a todos los marinos ahogados en el mar a su oscuro palacio en lo profundo del océano. Según algunas genealogías, Ran sería la madre del dios vigilante Heimdall.


Para los náhuatl, el mundo de los muertos era conocido como Mictlán, el cual era gobernado por el temible Mictlantecuhtli, también conocido como Popocatzin (“El Humeante”). Se trataba de un ser con una armadura hecha de huesos, o tan delgado que se le podía ver el esqueleto, quien regía sobre un reino donde no brillaba el sol, que estaba plagado de insectos y animales nocturnos, y en el que los muertos eran sombras que pululaban penosamente. También ahí se guardaban los huesos primigenios, que eran los huesos de los primeros habitantes de la tierra, los que fueron robados por Quetzalcóatl para mezclarlos con su sangre y hacer al hombre.


Importante aún hoy en la cultura mexicana es Mictecacíhuatl, la esposa de Mictlantecuhtli, con quien muchas veces aparece enfrentada en el mito. Era la guardiana de los huesos de los difuntos, siendo su celebración el germen de lo que sería el actual Día de Muertos. También podemos ver reminiscencias de esta diosa en personajes de culto popular como La Santa Muerte (santa popular no reconocida por la Iglesia Católica) y la Catrina (representación de la muerte creada por el caricaturista José Guadalupe Posada).


En tanto, los mayas tenían una fauna de dioses de la muerte aún más escalofriante que los aztecas. El mundo inferior de los mayas es llamado Xibalbá, un lugar subterráneo lleno de peligros y cosas horrendas que es gobernado por varios dioses terribles y monstruosos, conocidos como los Señores de Xibalbá. De ellos, los dos más importantes son Hun-Camé (Uno-Muerto) y Vacup-Camé (Siete-Muerto), quienes desafiaron a los dioses gemelos Hun-Hunapú y Vacup-Hunapú a un juego de pelota, venciéndoles y descuartizándolos. Después los hijos de Hun-Hunapú, Hunapú e Ixbalanqué bajaron a Xibalbá y jugaron a la pelota con los dioses, quienes les pusieron innumerables trampas que estos pasaron sin problemas hasta que vencen a los dos dioses y los descuartizan.

Hun-Camé
Para los quechuas y aimaras, el mundo de los muertos es conocido como Aku Pacha, que se encuentra bajo las montañas y es un reino de fuego gobernado por el dios Supay, del que hablamos en el artículo anterior y que luego fue representado como el diablo. Sin embargo, Supay no es una criatura completamente maligna, ya que podía mostrarse benévolo y justo con los muertos.


Dando el salto a oriente, se da una peculiaridad muy llamativa. Los hindúes tienen como dios de la muerte a Iama, quien es el dios que juzga con justicia el alma de los que han muerto, castigando a los malvados y permitiendo a los buenos volver a reencarnar. Se le representa como un rey de piel verde o azul, ojos centellantes y ropas color sangre, montado sobre los lomos de un toro. Lo interesante de este dios es que debe ser uno de los más antiguos de la humanidad, encontrándose vestigios de su culto en los restos de las primeras culturas del valle del Indo. Además, fue exportado a otras religiones, siendo conocido como Yama en China, el rey del inframundo Yu Di, mientras que en Japón es Emma-Ō, traido a la isla por los budistas.


No obstante, el shinto tiene varios dioses asociados con la muerte. Partamos por los shinigami, que son demonios que deciden el momento en que alguien debe morir, cumpliendo más o menos el papel de psicopompos. También se dice que las personas que se suicidan son poseídas por un shinigami que los hace atentar contra su vida.


No obstante, la principal representante de la muerte en Japón es la antigua diosa madre Izanami. Ella fue la esposa de Izanagi, y junto a él engendró las islas del Japón y a la mayoría de dioses y demonios, pero cuando parió al dios del fuego, éste la dejó con una quemadura en los genitales que le significó la muerte, por lo que su marido bajó al Yomi, el inframundo nipón, para traerla de regreso. No obstante, ella lo detuvo en la puerta, diciendo que esperara mientras negociaba su salida. Izanagi esperó pero, al impacientarse, entró y tuvo a visión de Izanami con el cuerpo podrido, como un cadáver. Por su parte, la diosa, avergonzada, lanzo a miles de demonios en contra de su marido, quien escapó del Yomi y cerró la puerta con una roca. Así, Izanami se quedó para siempre en el inframundo como diosa de la muerte.


Una mitología moderna a la que hemos citado en varias ocasiones es la creada por el escritor sudafricano J. R. R. Tolkien. En la Tierra Media quien cumple la función de psicopompo en Námo, el valar del destino, también llamado Mandos, aunque ese nombre corresponde realmente a sus estancias que se ubican en la parte más occidental de la tierra. A esos palacios llegan las almas de los elfos, hombres y enanos luego de morir.


Así debería terminar la revisión de los dioses según las funciones que cumplían en sus mitologías, pero creo que, como siempre, quedan temas que ayudarán a redondear el tema, así que aun quedan algunas cosillas más de las cuales hablar.

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