jueves, enero 07, 2016

Historias de Dioses. El Nacimiento de la Fantasía (Parte 8: Dioses del Fuego)


El fuego es quizá el elemento que más influyó para que pasáramos de ser unos primates que vivían en cuevas a ser una civilización que hoy planea explorar el espacio. Y es que esta fuerza natural, en principio destructora, ha ayudado a la humanidad a dar forma a su entorno, a cocinar sus alimentos y tener una vida más larga, a darle forma los metales y a poner en movimiento vehículos movidos por la fuerza del fuego. Es por ello que hoy hablaremos de los dioses del fuego.
En Mesopotamia, en específico en Sumer, el dios del fuego se llamaba Gibil, que luego en Acadia y Babilonia sería conocido como Gerra. Hay varias versiones acerca de su nacimiento, siendo las más comunes una que lo pone como hijo de An y Ki, dioses del cielo y la tierra respectivamente, o de An y Shala, una de las tantas diosas de la fertilidad, o de esta última con Ishkur, dios de las tormentas. En el poema épico “Enûma Elish” se le representa como un hábil herrero que mantenía las armas de los dioses afiladas.


En tanto, en Egipto los atributos positivos del fuego estaban asociados al sol, en especial al dios tutelar del astro rey, Ra. No obstante, en su carácter más destructivo, Sekhmet, la diosa con cabeza de león, estaba asociada con la fuerza del fuego y su potencia arrasadora. La leyenda cuenta que esta diosa era hija de Ra y que fue encargada de castigar a los humanos que le faltaron el respeto a su padre, desatando matanzas que inundaron la tierra con la sangre de hombres, mujeres y niños. Es por esto que, para detenerla, Ra puso tinajas con cerveza teñida rojo para que pensara que era sangre y la bebiera, embriagándose. Debido a esto, en su honor los adoradores de Sekhmet celebraban la fiesta de la embriaguez.


Para los griegos el fuego tenía dos aspectos primordiales: la llama que arde en la fragua y la que es de uso doméstico. El fuego como herramienta de los artífices estaba bajo la tutela del dios herrero Hefestos, llamado Vulcano por los romanos. Dice el mito que fue concebido por Zeus y Hera, o sólo por esta última. No obstante, cuando la madre vio que su hijo era feo, se sintió avergonzada y lo arrojó del Olimpo, cayendo al mar. Ahí dos ninfas marinas, Tetis y Eurínome, lo crían en la isla de Lemnos, donde se transforma en un maestro en herrería, pero nunca pudo recuperarse de una lesión en la pierna debido a la caída, por lo que quedó para siempre cojo.


Con el tiempo, Hefestos hizo obras de suma belleza para los otros dioses, entre ellas sus tronos, regalándole a su madre uno de diamante. No obstante, había una trampa, pues el trono inmovilizó a Hera. Muchos dioses le pidieron a Hefestos que liberara a Hera, pero él se negó debido a la forma en que ésta lo trató. Sólo la intervención de Dioniso, dios del vino, logró convencer al herrero luego de embriagarlo. Al final, para liberar a su madre, exigió que le entregaran en matrimonio a Afrodita, aunque la relación entre ellos nunca fue de las mejores, siéndole ella infiel en repetidas ocasiones, en especial con Ares, dios de la guerra. Por otro lado, en las fraguas de Hefestos y con la ayuda de sus cíclopes y unas doncellas hechas de oro por él, el dios hizo las obras más maravillosas, como los carros del sol y la luna, el tridente de Poseidón, el rayo de Zeus, el yelmo que volvía invisible a Hades y muchas otras maravillas.


Por otro lado, el hogar, el fuego que ardía en las casas, estaba dedicado a Hestia, o Vesta para los romanos. Hestia era la hermana mayor de Zeus, siendo la primogénita de Cronos y Rea y la primera a la cual devora el rey de los titanes. Cuando la guerra contra su padre fue ganada por su hermano, Hestia se dedicó completamente al cuidado del fuego del Olimpo, manteniéndose siempre virgen, incluso cuando Poseidón y Apolo quisieron desposarla. Por lo anterior, Zeus le cedió los primeros sacrificios a su hermana, desde los animales hasta el primer brindis que se hacía en los banquetes.


Aunque no hay muchos mitos acerca de Hestia, pues vivía en el Olimpo sin inmiscuirse en los asuntos ni de dioses o mortales, se cuenta que en un banquete en el Olimpo, Priapo, el dios de enorme pene, se emborrachó y quiso violarla, pero el burro de Sileno la despertó, permitiéndole escapar.
Ya como la romana Vesta, esta diosa fue una de las más importantes, contando con el servicio de las chicas más hermosas de la ciudad, quienes se mantenían vírgenes y eran llamadas vestales. Estas vírgenes eran muy respetadas por todo el pueblo y las autoridades de la ciudad, siendo una de ellas, una princesa de Alba Longa, a quien sedujo Marte para que diera a luz a los hermanos Rómulo y Remo, quienes fundaron Roma.

Vestales
Entre los celtas, el principal dios del sol y el fuego es Belenus, quien fue adorado de una u otra forma por todos los pueblos celtas del continente, cosa muy extraña para una cultura en que su religión era fragmentaria, con dioses que sólo eran reconocidos en ciertas regiones específicas. Junto a Belenus, entre los galos y britanos se adoraba a Belisama, quien se decía que era esposa del anterior, patrona de los lagos, los ríos, el fuego y la artesanía. En Irlanda tenemos a Brigid, diosa madre y triple del fuego, la inspiración y la sanación. Brigid tiene relación con varias diosas, como la Brigantia de los galos, la Minerva romana, hasta llegar a la Santa Brígida católica. En honor a esta diosa se celebraba el 1 y 2 febrero la fiesta celta de Inbolc, en que se enaltecía la fertilidad y el fuego.


Para los nórdicos el fuego era el elemento del gigante Logi, Loge o Hálogi, quien con su mujer tuvieron dos hermosas hijas, Eisa y Eimirya, siendo esta última la esposa de un guerrero llamado Vifil y madre de Viking, el protagonista de una importante saga y el origen del nombre usado para referirse a ellos mismos por los nórdicos. Ahora bien, a Logi se le suele confundir con el malévolo Loki, por el parecido de los nombres, error que cometió Richard Wagner en su tetralogía “El Anillo de los Nibelungos”.


Ahora, entre los náhuatl hay varias deidades que se asocian con el fuego. El inventor de las llamas era Tezcatlipoca, pero la representación final del elemento corresponde a Huehuetéotl, “el dios viejo”, Xiuhtecuhtli. Este dios tenía la cara pintada de rojo y amarillo y el aspecto de un anciano, estando también asociado con la hierba. La esposa de Xiuhtecuhtli era Chantico, la diosa de los volcanes, el fuego del corazón y del hogar.


Entre los mayas quiché uno de sus dioses principales fue Huracán, dios de las tormentas, el viento y fuego, quien fue uno de los creadores del mundo. Su nombre ha sido usado para designar las tormentas tropicales, aunque realmente se llamaba Hunracán, que se traduce como "Una Pierna". Se le representaba como un hombre con la mitad del cuerpo de serpiente y otras características reptilianas, siendo uno de los dioses que creó a los humanos a partir del maíz y que luego desató un gran diluvio para castigarles.


En el sur de mundo, a la sombra de los Andes, el fuego es representado por la diosa Mama Nina, quien era considerada una diosa menor, aunque formaba el grupo de las cuatro diosas elementales, entre las que podemos contar, además de ella, a Pachamama (La Tierra), Mama Quilla (El Mar) y Mama Wayra (El Viento).


En la India, el fuego es tenido en gran estima como elemento y por lo que simboliza, estando bajo la tutela de Agni. Representado como un hombre de cabello y ojos rojos, con dos caras (que representan la naturaleza destructiva y creadora del fuego), tres piernas y 14 brazos. Siempre va montado sobre un macho cabrío o en un carro tirado por estos animales. Su misión actualmente es ser el mensajero de los dioses, aunque antes del hinduismo, cuando la religión predominante era la védica, él era uno de los tres dioses principales, junto con Indra (el cielo) y Sura (el sol).


En China el dios del fuego es llamado Zhu Rong, quien le entregó a la humanidad el elemento que regía, enseñándoles los secretos del fuego. Por esto el dios del agua, Gong Gong, sintió envidia y envió a cuatro lagos y cinco mares a extinguir el fuego sagrado que cuidaba Zhu Rong. En vista de este agravio, Zhu Rong montó en un dragón de fuego y se lanzó a batallar con Gong Gong, siendo la pelea tan violenta que destruyeron una de las montañas que sostenían el cielo, cosa que tuvo que ser arreglado por la diosa Nüwa antes de que todo se desmoronara.


En cuanto a Japón, su dios del fuego es Kagutsuchi. Era uno de los hijos de Izanagi e Izanami, siendo parido por ésta con gran dolor, ya que al ser un espíritu de fuego, le produjo una enorme quemadora a su madre que al final se la lleva a la muerte. Entonces Izanagi enloqueció y, tomando su espada, destrozó a su hijo recién nacido. No obstante, del cadáver y la sangre del recién nacido dios del fuego nacieron muchos otros dioses menores.


Finalmente, inspirado especialmente por el Hefestos griego, Tokien crea al Vala Aulë, quien era un experto herrero encargado de los grandes trabajos para dar forma a la hermosa Tierra Media. Señor del fuego, creador de piedras preciosas y los minerales que hay bajo la tierra, Aulë se sintió desesperado por estar esperando la llegada de los Hijos de Ilúvatar (elfos y hombres), por lo creó a los enanos, quienes luego fueron adoptados por Ilúvatar. La esposa de Aulë era Yavanna, la señora de todo lo que crece de la tierra, así como uno de sus asistentes más sobresalientes fue Saurón, quien luego le traicionaría.


El fuego, el destructor y creador, el que nos da abrigo en las casas, que cocina el alimento, derrite los metales y nos permite darles forma. La flor roja de Mowgli, el gran paso que dimos para dejar de ser animales, pero que también ha consumido nuestros logros con total desapego. El símbolo de la pasión, de la purificación,  del Espíritu Santo y del la condenación infernal. Todo esto es el fuego y mucho más, así como también sus dioses.

En el próximo capítulo veamos a los dioses de la civilización.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario