lunes, enero 18, 2016

Historias de Dioses. El Nacimiento de la Fantasía (Parte 11: Dioses Malignos y del Caos)


Los dioses para los antiguos y modernos creyentes representan un orden cósmico en el que pueden desarrollar su vida, pues estas entidades todopoderosas cuidarían de ellos. Pero ¿De qué los cuidaban? ¿A qué le temían tanto estas gentes? Pues habían otros seres, tan poderosos como los dioses, que traían el caos, la oscuridad, la muerte a y la destrucción a toda la creación. Estos seres, algunas veces demonios, en otras parte de los mismos dioses, son los heraldos del mal el caos y la destrucción. De ellos hablaremos en este artículo.

No obstante, debemos hacer un par de aclaraciones antes de seguir. La concepción del bien y el mal imperante en occidente debido a la moral judeocristiana no es homologable a todas las mitologías del mundo, habiendo algunas en que no existe una figura maligna definida. Otras, por su lado, desdeñan el concepto de la maldad y le dan mayor importancia al del caos, el cual, de triunfar, retrotraería al mundo a un estado previo a la creación.
En el caso de los mesopotámicos, ellos mezclaron los conceptos de maldad y caos a la hora de crear los enemigos de los dioses, con los cuales estos comparten el mismo origen. El monstruo del mar y diosa madre Tiamat fue quien parió primero a los dioses y, cuando se molestó por el ruido que estos hacían y luego de que ellos mataron a su primer esposo Apsu, dio a luz a miríadas de demonios, frente a los que puso como líder a Kingu, quien sería su hijo y nuevo amante. Pero los dioses se armaron y, liderados por Marduk, vencieron a las huestes de demonios. Tiamat fue muerta por el dios babilónico y Kingu, el rey de los demonios, fue sacrificado y su sangre se mescló con tierra para hacer el barro del que están hechos los humanos.


Otro ejemplo de demonio mesopotámico es la temible Lamashtu. Esta demonio poseía un cuerpo peludo, cabeza de leona, orejas y dientes de burro, garras afiladas y patas de pájaro. Se decía que raptaba a los niños recién nacidos  para devorarlos, además de producir aborto en las mujeres al tocar sus vientres. También en algunas ocasiones atacaba a adultos, aunque estas eran muy raras. Por ello la gente recurría al esposo de esta demonio, quien era el único capaz de ahuyentarla.


Pazuzu era el esposo de Lamashtu, un terrible rey demonio del viento suroeste, quien traía plagas y tormentas. Se le representaba como un hombre con cabeza de león, patas de ave, alas de águila, garras en las manos y el pene en forma de una serpiente. Es notable la contradicción que representa en sí Pazuzu, pues era un demonio muy peligroso, pero que era capaz de espantar a otros de su tipo, como es el caso de su esposa Lamashtu. Por ello, los recién nacidos y las madres en cinta solían llevar talismanes con la imagen de Pazuzu para protegerse. Por otro lado, este demonio es muy importante para la cultura popular moderna, ya que es el demonio que posea a la pequeña Regan en la película “El Exorcista”, también aparece su estatua en videos y el arte del disco “Demon Days” de la banda Gorillaz y una gárgola que es creada por el profesor  de “Futurama” se llama Pazuzu.


Por su lado, los judíos se vieron influidos por la los mesopotámicos en cuento a la concepción de demonios, aunque en un principio la religión mosaica no consideraba ningún poder capaz de enfrentarse a Yahveh, quien era la fuente de todo bien y mal. Ya para la época en que nació Jesús los judíos creían que había una enormidad de demonios pululando por el mundo, estando todos bajo el mando de un gran rey demonio. Luego, a través de la demonización de muchas otras deidades, el cristianismo llegó a concebir a Lucifer, el ángel que se reveló contra los designios de Jehová y ahora busca la destrucción de la humanidad.


En Egipto la primera encarnación del mal y del caos fue la serpiente Apep, también conocida como Apofis. Se trataba de una enorme serpiente que anidaba en Duat, la tierra de los muertos, y atacaba cada noche a  Ra y su barca cuando pasaba por esas tierras. No obstante, el monstruo siempre era repelido por los dioses encargados de escoltar a Ra en su viaje, siendo este papel atribuido a Horus o incluso a Seth. Sin embargo, para los egipcios Apep era indestructible, porque pensar en aniquilar el mal  era imposible, ya que era necesario para que el concepto de Maat (equilibrio) existiera.


Un dios que comenzó siendo sólo un ser algo violento, pero que llegó a ser considerado una encarnación maligna es Seth. Hijo de Geb (la tierra) y Nut (el cielo), era hermano de Osiris, Isis y Neftis, siendo esta última su esposa. Se le representaba con la cabeza de un animal indeterminado, parecido a un oso hormiguero, aunque algunos lo han asociado a un perro (uno especialmente feo), siendo considerado el dios del desierto, la violencia, la guerra y “todo lo que no es bueno”. En un principio fue muy adorado, pues protegía los límites de Egipto, así como a la barca de Ra en contra de Apofis. No obstante, cuando se impuso el culto a Osiris, pasó a ser el ser maligno que mató a su hermano para hacerse del gobierno del país y que fue vencido por Horus, el hijo vengador, quien lo desterró a las ardientes arenas.


En Grecia las ideas acerca del bien y del mal no estaban arraigadas en el ámbito de la religión, donde los dioses pueden ser unos verdaderos patanes dependiendo de la situación. Por ello, el enemigo primordial de los dioses Olímpicos es el caos, representado por una miríada de monstruos que puebla el mundo griego. El más temido y grande de estos monstruos es Tifón, uno de los últimos hijos de Gea y cuyo padre fue Tártaro (el vació infinito que estaba más abajo que el averno). Tifón era un monstruo tan grande que podía alcanzar las estrellas, el batir de sus alas producía tornados, sus extremidades inferiores estaban hechas con serpientes, los dedos de sus manos terminaban en cabezas de dragón, lanzaba rayos de calor por los ojos y vomitaba lava. Sólo Zeus fue capaz de enfrentarlo, venciéndole sólo gracias al uso de su arma prodigiosa, el rayo, por lo que pudo encadenar al monstruo bajo el volcán del monte Etna.


También podemos referirnos a Equidna, la madre de los monstruos de la mitología griega. Hija de Forcis (dios marino) y de Ceto (monstruo femenino en forma de pez), tenía el torso de una hermosa mujer, aunque sus ojos eran de un negro absoluto, mientras que para abajo era una serpiente. Su pareja fue Tifón, con el cual engendró a Cerbero (perro guardian del infierno de tres cabezas), Quimera (monstruo mezcla de león, cabra y serpiente), Esfinge (criatura con cuerpo de león y cabeza de mujer), hidra de Lerna (serpiente que llegó a tener 10.000 cabezas) y muchos otros. Dice la leyenda que también obligó a Hércules a aparearse con ella, con quien tuvo a los antepasados de pueblos salvajes de las estepas de oriente, siendo uno de estos los escitas.


En la mitología de los celtas la fragmentación de ésta no nos permite dilucidar si existió algún dios maligno en las tierras continentales, pero en Irlanda se habla de toda una raza de deidades malignas conocidos como fomoreanos. De estos dioses, asociados con el mal, la oscuridad y la muerte, el más poderoso era Balor o Balar. Se trataba de un gigante que tenía un solo ojo en la frente y otro en su nuca. Este último tenía el poder de matar a todo aquel que mirara, por lo que lo mantenía cerrado y sólo abría en batalla. En el enfrentamiento entre los fomorianos y los Tuatha de Danann, Balor mata al rey enemigo, Nauda, usando el poder de su ojo, pero luego es atravesado por una piedra lanzada por su propio nieto, el dios Lugh.


Por su lado, en el artículo anterior de los dioses tramposos hablamos del nórdico Loki, quien para el final de los mitos se fue transformando de un sinvergüenza bromista a un ser malvado. Como conté en su momento, Loki fue el responsable de la muerte del dios solar Balder, lo que desató los hechos que acarrearían el Ragnarok. Debido a esto, Odín y los otros dioses dan caza a Loki , capturándole y llevándolo a una cueva. Allí lo ataron con una cuerda hecha con las tripas de uno de sus propios hijos, y lo pusieron debajo de una serpiente que dejaba caer gota a gota un veneno corrosivo en su cara. Por esto, con una escudilla, la esposa de Loki, Sigyn, evitaba que el veneno le cayera en la cara a su marido, pero cuando debía vaciar el recipiente, Loki se retorcía de dolor provocando terremotos. El embustero Loki se liberaría sólo para el Ragnarok, donde se uniría a los gigantes y monstruos para vencer a los dioses.


En Mesoamérica tenemos un caso especial, que si bien no es un dios totalmente maligno, cumple con varias características de uno de ellos. Hablamos de Tezcatlipoca, el temido dios del cielo y señor del destino y la magia, siendo el más fiero de todos los dioses mexicas, mostrando una increíble sed de sangre. El fue el primer sol que gobernó el cielo, terminando su reinado debido a que Quetzalcóatl se enfrentó a él y lo venció, por lo que Tezcatlipoca tomó la forma de un jaguar y lo devastó todo. No obstante, otra leyenda nos dice que Quetzalcóatl y Tezcatlipoca crearon el mundo a partir del cadáver del monstruo Cipactli, al cual mataron. En esa batalla Tezcatlipoca perdió un píe, ya que lo usó como carnada para atraer al monstruo. A pesar de ser una deidad terrible, con la piel negra, sediento de sangre y que era un juez de hierro a la hora de juzgar el alma de los muertos, fue uno de los dioses más adorados después de Huitzilopochtli.


Otro dios malévolo, pero esta vez maya es Ah Puch, también conocido como Kizin (“El Apestoso”). Se trataba de una deidad de la muerte, señor de la parte más profunda del inframundo maya, quien traía la enfermedad a la tierra. Se lo presentaba como un esqueleto con cara de jaguar o búho, que de su pelo colgaban campanillas y cascabeles.


En la mitología de los pueblos andinos encontramos a Supay, el dios que habitaba en interior de las montañas, donde se encontraba su reino. Los indígenas lo veían como un ser ambivalente, pues era un demonio temible, pero también era el dueño de las riquezas que se encontraban en el interior de las montañas, por lo que trataban de mantenerlo contento. Luego, con la llegado del catolicismo, Supay se asimiló al Diablo, siendo hay aún un ícono recurrente en la cultura aimara y quechua, ya que el diablo andino de los bailes religiosos conocidos como diabladas no es otro que Supay.


Muy semejante a lo que pensaban los celtas, en la India existía una raza de dioses malvados o demonios conocidos como asura, los cuales en todo momento intentan arrebatarles el poder a los devas (nombre de los dioses hindúes). Hay muchos asura en las historias de la India, pudiendo encontrar entre ellos varios ejemplos dignos de mención. Uno de ellos es Naraka, quien no nació asura, sino que era hijo del dios Visnú, pero se volvió malvado debido a su amistad con el asura Bana. Su madre era la diosa de la tierra Bhumi, quien le solicitó a Visnú que lo hiciera invulnerable, cosa que el dios aceptó, aunque se encargó de que no fuera inmune totalmente, siendo posible a Visnú destruirlo con su poder. Así Naraka conquistó todos los reinos de la tierra y el cielo y ningún dios pudo resistirse a su poder. Solo fue derrotado por Krishna, la encarnación de Visnú.


Otro asura importante es Majishá, el demonio búfalo que no podía ser vencido por ningún varón ni dios, cosa que le concedió el dios Brahmá debido a su devoción. Entonces Majishá, sabiéndose imparable, enfrentó a los dioses más poderosos y los venció a todos, tomando el cielo. Finalmente, los dioses crearon una diosa que acumulaba todo el poder del principio femenino, la hermosa Durga, quien montada en su tigre arremetió contra Majisha y lo venció.


En cuanto a las culturas china y japonesa, en ellas no hay una figura realmente concreta del mal encarnado. Si bien sus mitos están plagados de monstruos terribles, criaturas que raptan bebés, que seducen a los hombres para comerlos, que violan mujeres o aquellos que atormentan las almas de los pecadores en los correspondientes inframundos, la verdad es que, o son seres malignos menores, o sólo tienen que cumplir una función desagradable por que es su papel en el orden de las cosas.

Demonio japonés Oni
Ahora, una mitología donde no hay necesidad de buscar mucho para encontrar malos es la creada por Howard Phillips Lovecraft, debiéndose esto a que todos los monstruosos dioses de las historias del escritor de Providence son malignos. No obstante, quizá acá lo que importa es quién es el más malo de todos, lo cual se puede prestar para varias discusiones. Yo me voy a comprometer al dar mi opinión y diré que el más perverso de todos los dioses lovecraftnianos es Nyarlathotep. También conocido como el Caos Reptante, este dios no es ni por mucho la más poderosa de las entidades cósmicas que viven en el universo lovecraftniano, pero puede ser la más malvada para nosotros porque es una de las pocas (quizá la única) que puede pensar como humano, sabiendo cómo tentarnos, qué nos hiere, cómo volvernos locos y cuáles son nuestros mayores miedos. Nyarlathotep se presenta de varias formas diferentes, a veces como un elegante caballero, un faraón, una masa de tentáculos dorados o como una esfinge sin rostro; no obstante, la que parece ser su verdadera forma consiste en un enorme monstruo con el cuerpo poliposo y una lengua roja enorme en la parte en donde debería ir su cabeza.


Por su lado, Tolkien se inspiró en el Diablo cristiano y en los oscuros dioses de otros mitos para crear a Melkor, el Señor Oscuro original. Siendo parte de los ainur que participaron en la gran música que hubo al principio, fue quien produjo una discordancia que desafinaba con los temas planteados por Ilúvatar. No obstante, cuando los Valar bajaron a Arda (el mundo) para darle forma fue con ellos, pero una vez ahí se dedicó a hacer tropelías que le devinieron en una guerra abierta con los otros Valar. Entre su prontuario está la destrucción de los pilares que sostenían la primeras luces de Arda, la corrupción mediante tortura a algunos elfos para crear a la raza de los orcos, la muerte de los árboles que iluminaban la Tierra Media, el robo de los Silmarils creados por Fëanor y la muerte y esclavitud de millones de humanos, elfos y enanos en la Tierra Media. Llamado Morgoth por los elfos, Melkor fue el verdadero Señor Oscuro, del cual Saurón era solo una sombra.



Los dioses del mal son el anverso de lo que representan sus bienhechoras contrapartidas, pero como vimos, no son una constante. Sin embargo, el siguiente tema, que pone fin a esta revisión de dioses, es tratado en todas las mitologías. La próxima vez hablaremos del los dioses de la muerte.

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